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La mirada estrábica: los ojos de Contorno en el cuerpo de Martínez Estrada.

 Cristián Costantini

rubiocos@yahoo.com.ar

 

Una definición de estrabismo dice: “es una alteración en la que los ejes visuales adoptan una posición entre sí distinta a la que se requiere para el estado normal de la visión.”

¿Por qué “mirada estrábica” para hablar de Contorno en el cuerpo de Martínez Estrada? ¿Qué es aquello que se desvía, que está fuera de su eje de perspectiva? Y ¿por qué Contorno elige a Martínez Estrada y no a Borges, a Mallea como representante clave de la “generación del 25”? Precisamente porque Martínez Estrada estaba desubicando de los cánones habituales del pensamiento argentino, inalterable en su vocación de autodidacta, al margen de los amparos institucionales, ninguneado. Lejos de la “sociología científica” de Germani como de los sectores académicos y cada vez más de los intelectuales-satélites de Victoria Ocampo, epicentro de irradiación intelectual por esos años desde la revista Sur. Sin concesiones, Martínez Estrada ofrece una visión desgarradora y a la vez apasionada de un país que lo enfermaba.

Christian Ferrer en un prólogo a La cabeza de Goliat dice: “Fue Martínez Estrada, entonces, un relevador de síntomas: ¿qué está vivo y soportando qué condiciones? ¿Qué está emergiendo y bajo qué condiciones? Sabía apreciar lo grandioso y lo minúsculo, lo fundamental y lo innecesario, lo perdurable y lo ornamental. (...) Martínez Estrada estaba en lucha con Argentina, no como su enemigo, sino como lo estaría alguien que se sabe carnalmente unido a lo que ama, aun cuando lo padezca. Sentía al país como una parte de su propio cuerpo que ha degenerado y que ya no tiende naturalmente hacia el bien, la belleza y la verdad. Justamente, a través de su estilo literario pujaban y se expresaban sus ´dramas del cuerpo´.” (1) Martínez Estrada escribe como un enfermo que busca desesperadamente su cura, médico de sí mismo, ve la enfermedad dentro de la civilización; o quizá el ideal de civilización sea un mal incubado en el cuerpo mismo de la nación que la tierra expulsa, lo hace latir. Martínez Estrada pone la mira en un cuerpo desgarrado. Un cuerpo solitario de donde emana su escritura.

En su ensayo sobre Sarmiento, Martínez Estrada dice: “Facundo es un libro de destierro, que sólo entienden los desterrados, aquellos ciudadanos que contemplan desde fuera el desfile de los mismos acontecimientos bajo apariencias distintas: el desfile de los disfraces, uniformes, hábitos y libreas”.(2). El “drama de la extensión” facúndico se revela en la escritura de Martínez Estrada. La soledad pampeana contiene el mito arcádico del hombre aislado. Aislamiento, abandono, soledad, vacío, desamparo, ausencia, son radiografías que Martínez Estrada extrae de una pampa inicua, muda, extendida ilimitadamente en lo más oscuro de nuestro drama. Escuchemos a Martínez Estrada al final de Radiografía de la Pampa: “Lo que Sarmiento no vio es que civilización y barbarie eran una misma cosa, como fuerzas centrífugas y centrípetas de un sistema en equilibrio. No vio que la ciudad era como el campo y que dentro de los cuerpos nuevos reencarnaban las almas de los muertos. Esa barbarie vencida, todos aquellos vicios y fallas de estructuración y de contenido, habían tomado el aspecto de la verdad, de la prosperidad, de los adelantos mecánicos y culturales. Los baluartes de la civilización habían sido invadidos por espectros que se creían aniquilados, y todo un mundo sometido a los hábitos y normas de la civilización, eran los nuevos aspectos de lo cierto y de lo irremisible. Conforme esa obra y esa vida inmensas van cayendo en el olvido, vuelve a nosotros la realidad profunda. Tenemos que aceptarla con valor, para que deje de perturbarnos; traerla a la conciencia, para que se esfume y podamos vivir unidos en la salud”. (3)

Pasemos ahora a Contorno. La disolución de Las Ciento y Una marca la ruptura de David Viñas con Murena -director de la revista- y los hermanos Viñas fundan Contorno. Tanto Martínez Estrada como Arlt, Borges, Mallea, Marechal, entre muchos otros, serán motivo de análisis y de discusión. Y la dialéctica hegeliana, el materialismo histórico, el existencialismo sartreano, la fenomenología de Merleau-Ponty, serán los soportes teóricos fundamentales que conformen un poderoso aparato crítico. El modelo del intelectual comprometido sartreano se hace eco en gran parte de los integrantes de Contorno. Ismael Viñas, David Viñas, Adelaida Gigli, Noé Jitrik, Adolfo Prieto, León Rozitchner, Rodolfo Kusch, Francisco Solero, Juan José Sebreli, Oscar Masotta, Carlos Correas, Ramón Alcalde, abarcan los diez números de Contorno. Desde los albores de la Revolución Libertadora a los primeros pasos del frondizismo. Desde la crítica literaria a la reflexión e incluso a la participación política al lado del desarrollismo frondizista.

Una de las marcas distintivas de Contorno es el choque dialéctico entre literatura e historia. No podríamos pensar la crítica literaria de Contorno fuera de un marco histórico de producción, de un “contorno” que la define. Literatura e historia, así, están profundamente imbricadas, tensadas en un conflicto permanente. Hablando de Contorno, Silvio Mattoni en su tesis Las formas del ensayo en la Argentina de los años ’50: dice: “En este sentido, el ´contorno´ histórico se ofrece como un dato previo, mientras que la literatura sería su efecto, su sublimación y en algunos casos su enmascaramiento. Sólo cuando la literatura logra dar consistencia a lo real que la precedería y la circundaría, sólo cuando el contorno se vuelve centro de lo escrito se podría leer allí el movimiento inverso, es decir, el desenmascaramiento como afirmación de lo histórico y, por lo tanto, como conciencia histórica que puede conducir a una modificación futura de lo históricamente dado.” (4)

El número 4 de Contorno, fechado en diciembre de 1954, está dedicado a Martínez Estrada. ¿Por qué el interés de Contorno por su obra? ¿De qué modo resuena su escritura entre los contornistas y por qué razón le dedican un número especial? Martínez Estrada es un problema, un motivo de reflexión. Contorno ubica su figura en el centro de una discusión polémica sobre el papel del intelectual en el devenir de la nación, posicionándose con distancia crítica, lejos de toda mistificación, asumiendo su implicancia en la compleja trama social e histórica de un país que ve frustrados sus anhelos de grandeza nacional. Este número elige a una figura  viva -a diferencia, por ejemplo, del número 2 dedicado a Roberto Arlt-. Sí, Martínez Estrada estaba vivo e ineludiblemente los escritores de Contorno sienten la gravitación de sus textos. La apropiación por parte de Contorno de un ensayista como Martínez Estrada no significa inocuamente “homenaje”. Implica movimiento. Puesta en marcha de un discurso crítico.

Comienza Ismael Viñas en su artículo Reflexión sobre Martínez Estrada diciendo: “Martínez Estrada es para nosotros, ante todo, un tema de meditación. Y lo es en múltiples pero convergentes sentidos. Como escudriñador de la realidad argentina y como exponente, como dato de esa realidad. Como toma de posición y como punto de partida. Como existencia y como proposición. Porque lo que nos interesa, a través de él, es averiguar lo que somos, nosotros, definidos por el accidente de vivir en la Argentina de mil novecientos cincuenta y tantos”. (5) Martínez Estrada niega el proyecto feliz de una nación próspera que anunciaban muchos intelectuales y políticos. Rompe con la idea de grandeza nacional. El pesimismo al que tantas veces se le critica es, siguiendo a Ismael Viñas, “la declaración constante de una desilusión”. (6) Contorno reconoce esta vocación de denuncia en la escritura de Martínez Estrada. Aunque difieran en muchos de sus enunciados rescatan su búsqueda solitaria, su desencantamiento con la realidad, que es una disposición para ejercer la crítica intelectual.

Años más tarde, David Viñas reflexiona sobre los años de Contorno y la significación de Martínez Estrada: “(...) para los de la revista Ciudad Martínez Estrada era un ´prócer´; para mí, un hereje. O si se prefiere, el criticismo de Martínez Estrada y sus conductas cotidianas me hacían ver en él a un precursor o modelo  intermedio de lo que podía ser un intelectual de izquierda. (...) Martínez Estrada estaba en el centro de la dramática cultural de ese momento y todo se definía por su pro o su contra.”. (7) No se trataba de exaltarlo, erigirlo como monumento a la intelectualidad argentina,  más bien, como dice Viñas, reconocer su herejía, su no conformismo en cualquiera de las esferas culturales. Los hermanos Viñas parecerían coincidir en una línea “denuncialista”. De esta manera, la negación de Martínez Estrada se afirmaría en un “contorno”. Sí, Martínez Estrada pero historizándolo. Dándole a la contundencia de sus escritos el valor histórico de donde emergen.

David Viñas en su artículo La historia excluida: ubicación de Martínez Estrada dice:  “Martínez Estrada ahora – y antes Roberto Arlt- son interpretados por la nueva generación precisamente como autores problemáticos y de denuncia, fundamentalmente sinceros en la medida en que hablaron de lo intransferible, de lo necesario, del gran problema de todos, confesándose, autodevelándose. Suicidándose. Martínez Estrada (...) porque ejercita la denuncia como negación del constante no-te-metás argentino, de la sempiterna neutralidad, esencial conformismo (...) insistentemente sublimado en la renuncia (...) que no es sino corolario y ratificación del constante dualismo excluyente y simplificador. Esa actitud de Martínez Estrada supone exactamente no la eliminación de lo pecaminoso, sino la inicial aceptación, el hacerse cargo que no significa en ningún momento manso acatamiento. Responsabilizarse denunciando para tomar riesgosamente nuestra realidad, nuestro contorno que es problemático (...). En fin, tomar contacto con lo sustantivo (...) para hacerse cargo de la historia argentina sin permitirse ni permitir exclusiones de ninguna índole”. (8)

¿Dónde estaría la desviación en la mirada de los Viñas? Para Ismael Viñas, Martínez Estrada parecería haber optado por un “mesianismo al revés”. Quedándose en el reino de la  fatalidad, en el infierno de lo social, aislado, sin salida posible. Parecerían coincidir los análisis de los hermanos Viñas en el aire de elegido, de puro en donde desembocan las profecías martínezestradianas. El primer artículo del número 4 se titula Los ojos de Martínez Estrada y es una reflexión de Raquel Weinbaum –uno más de la serie de heterónimos de David Viñas- sobre La inundación, relato de Martínez Estrada donde aparecería alegóricamente el intelectual separado del mundo, deshistorizado, que contempla sabiamente desde arriba. Dice:  “Los ojos de Martínez Estrada descienden con el mismo sabor dulzón y celestial de la música del Padre Demetrio. Se presiente que el autor apenas si se ha deslizado desde el plafón al lado del órgano, porque el mundo de los hombres sigue bullendo ahí abajo. (...) Sólo sirven los ojos. Sólo se ven las causas de efectos exteriores. El universo se ha atornillado allí, y nada más. Únicamente Martínez Estrada sabe del adentro y del afuera. Sus ojos zahoríes y casi divinos le permiten alejarse del aliento y del hedor de los hombres. (...) Es el propio Martínez Estrada quien se ha reservado el papel del que mira, pero el azar es tan gigantesco que resulta implacable”.(9) Los hermanos Viñas proponen una escritura con los pies sobre la tierra. No ya un cuerpo que padece, como el de Martínez Estrada, sino el cuerpo situado en la historia.

La mirada estrábica es una expresión que Ismael Viñas utiliza para dar cuenta del  desdoblamiento de miradas de los intelectuales argentinos que a la hora de analizar la realidad americana la hacen tomando modelos europeos. Martínez Estrada, de esta manera, nos califica como un “pueblo réprobo”. En este punto cabe detenerse en la operación crítica que realiza Ismael Viñas, que dice con respecto a este juicio: “al señalar paralelamente que la cultura europea ha desembocado en un callejón sin salida, parece proponer la impotencia de cualquier salida eventual en esa dirección”. (10) Y es justamente en esa imposibilidad que Martínez Estrada siente como pérdida irremediable y que Ismael Viñas resuelve, en un movimiento dialéctico, abriendo así una grieta donde penetra la historia.

El artículo de Rodolfo Kusch Lo superficial y lo profundo en Martínez Estrada también aparece en el número dedicado a Martínez Estrada. Kusch recata la “realidad profunda” de Martínez Estrada. Un pensamiento que aparecería arraigado a las fuerzas antiguas de la vida en la tierra americana. Dice Kusch: “Porque Martínez Estrada no va a quedar en la historia del pensamiento argentino porque haya hecho ver lo inmoral de nuestra realidad, ni por haber sublimado el planteo intelectual de su angustia en la supuesta soledad del hombre argentino, ni tampoco por su literatura y menos aún por su supuesta posición política. Lo profundo de Martínez Estrada es precisamente la negación de todo ello, es la conciencia de la regresión de nuestra realidad, es la de los invariantes de nuestra historia, es la convicción absoluta de que nuestro país es un país de estructura prehistórica, prácticamente ingobernable, anterior a la política y lo que es peor anterior a cualquier estructuración intelectual”. (11)

Como anota Marcela Croce en su libro Contorno. Izquierda y proyecto cultural: “Martínez Estrada es el intelectual capaz de encarar una denuncia documentada, y en tal sentido es un antecedente de la crítica que ejercerá David Viñas en Indios, ejército y frontera”. (12) A diferencia del vacío martínezestradiano en Viñas encontramos lugares que fueron vaciados por la historia. El espacio no aparece naturalmente. La serialidad sartreana se da a partir de la inserción histórico-biográfica. Las series se revelan unas a otras, nunca como algo estático, sino como productos de la historia. La historización de la denuncia manteniendo el contenido invariante de la historia a partir de la serialidad y las invariantes de Martínez Estrada constituyen un poderoso núcleo de análisis de nuestro propia perplejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CITAS:

 

(1)                      Ferrer, Christian. Prólogo a La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires. Edición La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos. Editorial Losada. 2001.

(2)                      Martínez Estrada, Ezequiel. Sarmiento. Editorial Sudamericana. Colección Índice. Bs.As. 1969.

(3)                      Martínez Estrada, Ezequiel. Radiografía de la Pampa. Ediciones Unesco. Colección Archivos. 2da. edición. ALLCA XX. 1996.

(4)                      Mattoni, Silvio. Las formas del ensayo en la Argentina de los años ’50. Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, Serie Tesis de Posgrado, 2003.

(5)                      Viñas, Ismael. Reflexión sobre Martínez Estrada. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(6)                      Idem.

(7)                      Viñas, David. Martínez Estrada, de Radiografía de la Pampa hacia el    caribe. Edición crítica: Leo Pollmann. Ediciones Unesco. Colección Archivos. 2da. edición. ALLCA XX. 1996.

(8)                      Viñas, David. La historia excluida: ubicación de Martínez Estrada. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(9)                      Weinbaum, Raquel. Seudónimo de David Viñas. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(10)                  Viñas, Ismael. Reflexión sobre Martínez Estrada. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(11)                  Kusch, Rodolfo. Lo superficial y lo profundo en Martínez Estrada. Contorno Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(12)                  Croce, Marcela. Contorno. Izquierda y proyecto cultural. Puñaladas. Ensayos de punta. Editorial Colihue. Bs.As. 1996.

 

 

 

Bibliografía: