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La escritura de Sarmiento: “Facundo” , un lenguaje plural*

                                                                                             

 

Zulema Morresi**

 zulemamorresi@tutopia.com

 

La pretensión de argumentar en relación a la validez de lo ensayístico en el campo del saber , resulta pertinente  para responder a un debate inscripto en nuestra tradición intelectual.

Desde la polémica Mitre- López en relación a la metodología de la historia,  la presencia de posturas antagónicas sobre el camino de validación de los saberes hace que la dicotomía ciencia / pasión literaria represente una forma recurrente de inteligir la producción discursiva .

Esta singular percepción acerca de la producción de conocimiento ha persistido, opacando la posibilidad de aceptar que los dos “métodos”: el científico y el que rescata la construcción imaginativa por sobre el dato aséptico , pueden considerarse como componentes no excluyentes del oficio de investigar; (lo que  implicaría desde ya cuestionar o rever el tratamiento de los acontecimientos en términos de “dato”).

Es al peso de esta dicotomía tradicional que intentamos responder, interrogar, desbaratar argumentativamente con esta investigación.

Seleccionamos a  Sarmiento como una de las figuras a recorrer analíticamente para argumentar contra la postura que delimita el campo de la ciencia y del ensayo, considerando a este último como género literario. Manera disciplinar de clasificar que no da cuenta de la polifonía de la producción de conocimiento.

 Los escritos de Sarmiento, sobre todo uno de ellos:  “Facundo”representa una modalidad de análisis en la que resulta difícil deslindar lo ficcional de lo real, lo ensayístico de su pretensión de transmisión de saber sobre nuestra sociedad.

Rompe con el límite: género literario- escrito sociopolítico.

El autor mismo expresa en el prólogo, que si bien los datos  con los que trabaja son certeros, no ha podido lograr un análisis científico. Le preocupa la falencia metodológica. Si bien es un ensayo político, la pretensión del autor no queda satisfecha

En una carta que envía a Alsina expresa esta preocupación, lo que “ le falta al Facundo” es lograr un equilibrio entre la neutralidad del relato y la pasión del escritor.

Como afirma Gustavo Nahamías[1] , Sarmiento anticipa las discusiones entre ciencia y ensayo que comenzarán a desarrollarse a fines del S XIX. Esta discusión primero acontece en el  campo de la historiografía, como vimos, entre Mitre y López; luego en el de la sociología entre Peña y Germani.

Estas posiciones ya están presentes en la preocupación de Sarmiento, que reconoce en su obra una dualidad; al valorar el método científico y al mismo tiempo imprimir la pasión política en sus escritos. Es este imperativo político el que lo lleva a publicar antes de “pulir” para darle cientificidad a sus estudios. El político y el científico operan de manera tensional, tensión que se concreta en el cuerpo de su obra “Facundo”

¿Por qué esta obra?.  “Facundo” es un punto de referencia importante. Inclasificable, inaugura una tradición de la literatura en Argentina. Considerado por los estudiosos como un ensayo histórico-literario, esta obra se  origina en un hecho accidental, la llegada a Chile de un enviado del gobierno de Bs. As., Baldomero García.

Constituye una táctica de lucha política de los exiliados argentinos en Chile contra el gobierno de Rosas. El libro , en un principio se escribió como folletín en el diario “El progreso” , pero responde a un objetivo más amplio: relatar la historia argentina de la época, tomando como eje la figura de Quiroga

El mismo Sarmiento lo consideró un ensayo, “ensayo y revelación para mi mismo de mis ideas”. A pesar de ser una obra de ficción, su eficacia reside en que focaliza algunos escenarios de la época, iluminando ciertos aspectos de la configuración del espacio socio político, su colorido nos permite comprender ese período, como afirma Piglia([2]), con más riqueza que si acudimos a un historiador.

Sarmiento, en la edición de 1845 advierte al lector que la obra contiene inexactitudes en relación a algunos hechos debido a que el trabajo fue escrito: “de prisa, fuera del terreno de los acontecimientos, y sobre un asunto” del que él no había escrito nada hasta el presente. Lo que no quita seriedad a la obra, el mismo autor asegura que los hechos fundamentales son de “una exactitud intachable”.

Este libro,  considerado una obrita por Sarmiento, aún hoy, representa uno de los análisis más interesantes del período. Después de haber transcurrido más de 150 años de su publicación se han producido infinidad de estudios historiográficos, sin embargo el Facundo, no pierde su singularidad.

El historiador Tulio Halperín Donghi en su libro: “Una nación para el desierto argentino”rescata a Sarmiento junto a otros escritores de la generación del ¨37 como autores que intervinieron en la construcción de la argentina moderna.. En el caso de Sarmiento, no sólo por la eficacia de su discurso político en esa época, sino como intérprete de la misma. Considera a este autor, “preciso”, en el cuadro de futuro que pinta sobre la sociedad argentina.

Podríamos decir de “Facundo”, que es una ficción que produce verdad. Algunos argumentos en favor de nuestra hipótesis son por ejemplo el de  Saer; en su libro “Sobre los viajes” afirma: “Me parece adivinar aquello que, más allá del político, del ideólogo y del polemista hace de Sarmiento un escritor: la capacidad, a pesar de la firmeza casi monomaníaca de sus ideas, de dejarse maravillar por todo lo que en realidad diversa y adversa las contradice, de esta hospitalidad a lo antagónico nace su literatura, sus mejores páginas se las debemos, no a sus esquemas a veces rígidos de reformador, sino a su lealtad con lo real”[3].

El historiador José Luis Romero, al comentar el “Facundo”  escribe que su textura se teje de efectos literarios no buscados, un análisis profundo frío y sereno, que es a su vez un alegato político de estilo apasionante. Nos dice que “leído como historia profunda”, no se queda en el nivel de los hechos, busca su napa más profunda al interpelarlos.

En una entrevista, publicada en “Crítica y ficción”, Ricardo Piglia sostiene que en nuestro medio política y ficción se relacionan de un modo particular, se “entreveran”, se “desvalijan mutuamente” afirma que ésta  modalidad representa : “una manera de ver la política en la literatura argentina más interesante e instructiva que el trabajo de los analistas políticos, sociólogos e investigadores. En el caso de Sarmiento, para este autor, la política se expresa como “sueño loco de la civilización”. Política y literatura son dos universos a la vez irreconciliables y simétricos.”

Piglia , a partir de esta constatación, elabora algunas hipótesis, entre ellas que  la novela en la Argentina se ha desarrollado ajena a los géneros europeos consagrados del S XIX, el Facundo es una de las primeras expresiones de esta mixtura, expresa esa relación particular entre ficción y realidad: éste que “es un libro de ficción escrito como si fuera verdadero”,  le da forma a dicho desplazamiento. Agregamos,  de ahí su función paradigmática .

Estas afirmaciones nos llevan a contrapuntear dos experiencias del pensamiento argentino, por un lado la polémica persistente, irresuelta que no logra dar una respuesta definitiva a esa discusión que comienza con la misma producción historiográfica y sociológica, no logra señalar los límites entre el campo científico y el ensayo ( creemos que esto representa una ventaja).

Quizás la polémica se deba a que en la misma producción este límite queda caprichosamente borrado.

Por otra parte a  reconocer esta hibridez metodológica  como parte de la mejor tradición  intelectual argentina, lo que nos conduce a argumentar en favor de lo ensayístico como irrupción esclarecedora en el campo del saber.

Esto no significa que desconozcamos la presencia de lo ensayístico en cualquier producción científica, justamente es esta inevitable presencia la que disloca la cadencia discursiva regular para producir algo del orden del saber, en tanto posibilidad de decir algo distinto. ¿Cómo hacerlo si quedamos atados a la recurrencia de la regularidad metódica?.

El caso de Sarmiento, y en especial su obra “Facundo”,  condensa esta combinación de modo significativo, de ahí que , como decíamos, resulta llamativamente paradigmática, para mostrar esta modalidad de producción de saber.

Es en ese desliz entre precisión, argumentación lógica, descripción minuciosa, crítica colorida y apasionada, en esa heteronomía que reside su eficacia como saber.

Pero esta no es la única dicotomía que recorre nuestra historia; también es dicotómica nuestra forma de inteligir los procesos políticos. En este sentido Sarmiento intenta explicar la situación y el grado de desarrollo del país utilizando la grilla civilización – barbarie y se posiciona del lado de la civilización. Percepción que podríamos asimilar a lo que Foucault considera el discurso histórico político que se instaura en occidente a partir del SXVII y piensa a los acontecimientos en términos de guerra.. Forma persistente y no resuelta de procesar los acontecimientos, léase unitarios- federales;  peronismo- antiperonismo; etc, etc.

Sarmiento es un precursor de este molde, pero no se queda atrapado en sus marcos, lo que se ve en la complejización de sus relatos y en la caracterización que hace de sus personajes.

Incluso en  el campo científico encontramos analogías con producciones posteriores como la de Gino Germani, fundador de la Sociología científica. Cuando Sarmiento explica los procesos sociales y políticos ve cómo la antinomia: civilización- barbarie se resolverá superando a esta última, ya que la barbarie es una forma de atraso, resabio feudal indeseable como la sociedad tradicional para Germani.

En un punto de Facundo nuestro autor destaca la racionalidad como una característica de los unitarios, también Germani sostiene que en la sociedad moderna predominan las acciones electivas por sobre las afectivas. Sarmiento considera a la emergencia de la barbarie como producto de la crisis de poder generada por la revolución de mayo, pensando al período post- revolucionario como una etapa de transición hacia el desarrollo del país.

 

“Facundo”: entre intuición y método.

Una lectura en clave “metodológica”.

 

 Esta obra puede ser apreciada desde varias vertientes, es por un lado una narración sobre un período de la historia argentina, por otra, el autor describe con la riqueza de un viajero atento, de un naturalista, los espacios geográficos y sociales, y finalmente,  representa un intento de explicación teórica de los hechos y lugares que analiza. Esta conjunción de miradas implica una postura en cuánto a lo que quiere mostrar , a cómo lo pretende mostrar. Su objetivo no se agota en la construcción de una narración de los acontecimientos, intenta explicarlos. Si bien reconoce los límites con que se encuentra para lograrlo, también expresa la importancia de este tipo de análisis cuando reconoce el valor de la obra de Tocqueville en el párrafo que citamos a continuación:

“A la América del Sur en general y a la República Argentina sobre todo le ha hecho falta un Tocqueville, que premunido del conocimiento de las teorías sociales, como el viajero científico de barómetros, octantes y brújulas, viniera a penetrar en el interior de nuestra vida política como en un campo vastísimo y aún no explorado ni descrito por la ciencia, y revelase a la Europa, a la Francia, tan ávida de fases nuevas en la vida de las diversas porciones de la humanidad, este nuevo modo de ser que no tiene antecedentes marcados y conocidos”...

....”Este estudio, que nosotros no estamos aún en estado de hacer, por nuestra falta de instrucción filosófica e histórica, hecho por observadores competentes habría revelado a los ojos atónitos de la Europa un mundo nuevo en política, una lucha ingenua, franca y primitiva entre los últimos progresos del espíritu humano y los rudimentos de la vida salvaje, entre las ciudades populosas  y los bosques sombríos.”[4].

En primer lugar podemos señalar la influencia del historiador francés en el pensamiento de Sarmiento , del cual valora el manejo de la teoría para analizar los hechos. Manejo que permitiría un conocimiento más acabado de nuestra peculiar forma de hacer política, lo que posibilitaría una clasificación de dicho accionar en diferentes tipos.

A pesar del reconocimiento de estas limitaciones , “Facundo”, muestra cómo el autor lleva a la práctica un análisis que va más allá del relato de los hechos. Un análisis explicativo  que se acerca al procedimiento de la sociología. Interpreta, clasifica, generaliza.

La primer gran clasificación es entre civilización y barbarie. Formas de vida y pensamiento que alcanzan su máxima expresión en ciertos personajes. Podemos tomar dos figuras contrapuestas: Rosas y Rivadavia. , este último, exponente de la civilización, qué según Sarmiento , trae las ideas que los europeos no pudieron llevar a la práctica: seguridad individual, respeto de la propiedad, responsabilidad de la autoridad, equilibrio de poderes, educación pública. Así lo caracteriza encarnando la civilización:

“Que le quede a este hombre, ya muerto para su patria, la gloria de haber representado la civilización europea en sus más nobles aspiraciones, y que sus adversarios cobren la suya de mostrar la barbarie americana en sus formas más odiosas y repugnantes; porque Rosas y Rivadavia son los dos extremos de la República Argentina que se liga a los salvajes por la pampa y a la Europa por el Plata.”[5]

A partir de 1820 se van conformando estos dos tipos con mayor nitidez, ,el unitario por un lado, como vimos, y el federal, la barbarie, que para la época de Sarmiento es encarnada en Rosas.

Este último es descrito por Sarmiento como un sanguinario calculador, a diferencia de Quiroga, más ingenuo, sentimental.

Al calificar a los hechos protagonizados por Rosas expresa:

“De eso se trata, de ser o no ser salvaje. ¿ Rosas, según esto, no es un hecho aislado, una aberración, una monstruosidad?. Es, por el contrario una manifestación social, una fórmula de una manera de ser de un pueblo”[6].

Para introducir los acontecimientos que quiere describir  va delineando las tipologías que pretende clasificar.

El “tipo”  unitario se caracteriza del siguiente modo:

“El unitario tipo marcha derecho, la cabeza alta; no da vuelta aunque sienta desplomarse un edificio; habla con arrogancia, completa la frase con gestos desdeñosos y ademanes concluyentes; tiene ideas fijas, invariables, y a la víspera de una batalla se ocupará todavía de discutir en toda forma un reglamento o de establecer una nueva formalidad legal, porque las fórmulas legales son el culto exterior que rinde a sus ídolos, la Constitución, las garantías individuales. Su religión es el porvenir de la República.” ....”Es imposible imaginarse una generación más razonadora, más deductiva, más emprendedora, y que haya carecido en más alto grado de sentido práctico”...

... “En cuánto al temple de alma y energía, son infinitamente superiores a la generación que les ha sucedido....lo que más los distingue de nosotros son sus modales finos”...[7].

El unitario está ubicado en los días de la revolución;  para explicar la emergencia del tipo federal recurre a la revolución como el acontecimiento que lo pone de manifiesto. El proceso revolucionario produjo un aflojamiento de todo vínculo nacional, al ser descentrada la autoridad, debe pasar mucho tiempo para fijar nuevas raíces, en este estado de deliberación y voluntad , en el que se pierde  ese convenio entre gobernantes y gobernados que es la autoridad, es allí donde emerge el federalismo, que consiste en ese estado de transición entre una autoridad y otra.

Como vemos esa dicotomía es transitoria, propia de los momentos de cambio.

La separación entre regiones es producto de la crisis social que hace que no se reconozca una autoridad centralizada estable. Siguiendo esta lógica el autor afirma que por su conformación geográfica, sus llanuras y ríos que comunican las diferentes regiones ; “es” unitaria, “una e indivisible”.

Vemos como  articula la explicación de los hechos políticos al medio geográfico, modalidad que expresa un determinismo mesológico  y a la vez una visión organicista de la sociedad. Podemos apreciar cómo, la contraposición civilización- barbarie, es para Sarmiento expresión  del conflicto entre Buenos Aires y el interior, sus recursos y formas culturales.

Pero el estilo de  Sarmiento oscila entre esas explicaciones generalizadoras y la descripción minuciosa del detalle que da color al relato.  Incluso sus generalizaciones permiten rescatar lo singular ya que se articulan a acontecimientos locales y personajes individuales, lo que dinamiza su significatividad.

Cuando agrupa a federales, también marca las diferencias entre ellos, Rosas y Quiroga son diferentes, aunque a la vez  tipificados.  Cuando en la introducción nos dice que se ocupará de contar la historia de Facundo, lo diferencia de Rosas de la siguiente manera:

“Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento; su alma ha pasado a ese otro molde más acabado; más perfecto; y lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtiose en Rosas en  sistema, efecto y fin”. [8]

El primero pasional, el segundo calculador maquiavélico, hay una evolución hacia una forma de carácter más racional

. Como afirmábamos, distingue, tiene la capacidad de describir la especificidad de cada uno, y luego, en su afán sintetizador explica esa diferencia como parte de un proceso evolutivo, pero la intención del autor no es explicar su presente, sino el período inmediato posterior a la revolución:

“ He creído explicar la revolución argentina con la biografía de Juan Facundo Quiroga porque creo que el explica suficientemente una de las tendencias, una de las dos fases diversas que luchan en el seno de aquella sociedad singular” [9]

Las tipologías no se agotan en este par dicotómico. También cuando caracteriza a los habitantes de la pampa los clasifica en: el rastreador, el baqueano, el gaucho malo y el cantor. Afán clasificador que  da cuenta de su intento sistematizador y al mismo tiempo le permite rescatar matices que la clasificación de bárbaro borraría.

En el primer capítulo hace una descripción geográfica del medio ambiente de la pampa en la que muestra su capacidad para pintar el color local, incluso cuando no conoce el lugar más que a través de la literatura, ( Sarmiento no conocía esos paisajes y se basa  en la descripción hecha por Echeverría en “La cautiva”). Además de destacar la singularidad de la pampa, intenta, articular el paisaje con las costumbres de sus habitantes. Afirma que el aspecto físico genera “caracteres, hábitos e ideas” Los medios de vida del pueblo campesino influyen en su carácter y espíritu. Su vida pastoril es la que imprime ese sello de dejadez: “vagancia” , ya que el ganado le proporciona los medios de vida y su cuidado no requiere de trabajo sostenido. No es el aspecto físico, geográfico, como algo inerte, lo que determina la cultura, ya que la presencia de ríos navegables podría haber generado otras formas culturales,  pero en este caso, como no fueron aprovechados estos recursos naturales, no se ha avanzado culturalmente . En este sentido el determinismo que podemos atribuir a Sarmiento no es una mecánica entre naturaleza-cultura. Es el peculiar aprovechamiento de algunas riquezas del medio, las que se tienen más a mano, (en este caso la ganadería), el que moldea pautas culturales.

 Un trabajo comparativo le permite reforzar sus afirmaciones sobre esta articulación hombre- medio; compara la campaña de la Argentina con Asia y al gaucho con el árabe:

“La vida primitiva de los pueblos, la vida eminentemente bárbara y estacionaria, la vida de Abraham, que es la del beduino de hoy, asoma en los campos argentinos, aunque modificada por la civilización de un modo extraño”[10].

A partir de allí comienza a desarrollar un análisis comparativo señalando similitudes y diferencias.

Pero al ensayar estas explicaciones generales no deja de poner de manifiesto otros aspectos de la vida pastoril dando tonalidades que realzan el paisaje .

Tanto en su descripción del gaucho en este caso, como en la del caudillo riojano, (a pesar de su postura a favor de la civilización) , podemos apreciar una apertura en su mirada que  le permite destacar aspectos que  muestran cierta admiración por estos personajes y sus formas de vida.

Como afirma el mismo autor:

“Estos rasgos prueban la teoría que el drama moderno ha explotado con tanto brillo; a saber, que aún en los caracteres históricos más negros hay siempre una chispa de virtud que alumbra por momentos y se oculta. Por otra parte, ¿ por qué no ha de hacer el bien el que no tiene freno que contenga sus pasiones?. Esta es una prerrogativa del poder, como cualquiera otra.”. [11]

La admiración por Quiroga puede apreciarse incluso en la descripción de su bárbara ferocidad.

El llamado “tigre de los llanos” merece esta denominación. Sarmiento hace un paralelismo entre las características de la fiera y las de este personaje, haciendo jugar en esta comparación su carácter y su figura. Afirma :

“También a él le llamaron Tigre de los llanos, y no le sentaba mal esta denominación, a fe. La frenología y la anatomía comparada han demostrado, en efecto, las relaciones que existen entre las formas exteriores y las disposiciones morales, entre la fisonomía del hombre y la de algunos animales a quiénes se asemeja en su carácter.” [12]

Estas afirmaciones , ingenuas , pueden ser leídas para su época como un intento de conciliar la intencionalidad política con  la veracidad científica, utilizada esta última como recurso  para dar más fuerza a la construcción del personaje.

El autor reconoce , a pesar de su fiereza, las cualidades de este tigre humano, lo que le da al relato una cadencia emocional de la que carecería una fría descripción. La pretensión objetivista se mezcla con la pasión en la misma trama del relato y esto le da vivacidad a la historia que narra, así, lo podemos apreciar en el siguiente párrafo:

“La estructura de su cabeza revelaba, sin embargo, bajo esta cubierta selvática, la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar”. [13]

Estas descripciones están en relación con los objetivos que se plantea el autor y se condicen con la metodología utilizada para llevarlos a cabo. El relato tendrá un sentido en tanto explique el proceso de la revolución que se inició en 1810. Las disgreciones descriptivas y los recursos literarios sirven a este fin porque revelan los matices de  este proceso más general.”...

“...Yo necesito un poco aclarar este caos para mostrar el papel que tocó desempeñar a Quiroga y la grande obra que debió realizar. Para pintar el comandante de campaña que se apodera de la ciudad y la aniquila al fin, he necesitado describir el suelo argentino, los hábitos que engendra, los caracteres que desenvuelve. Ahora, para mostrar a Quiroga saliendo ya de su provincia y proclamando un principio, una idea, y llevándola a todas partes en las puntas de las lanzas, necesito también trazar la carta geográfica de las ideas y los intereses que se agitaban en las ciudades. Para este fin necesito examinar dos ciudades opuestas, Córdoba y Buenos Aires, tales como existían hasta 1825”. [14]

Facundo es el personaje central en tanto figura que opera como actor de un drama más amplio en el que encontramos el sentido de su accionar.

Para explicar el drama histórico que está construyendo, Sarmiento se pregunta:

“Si quitáis a la historia la muerte de Dorrego, ¿Facundo habría perdido la fuerza de expansión que sentía rebullirse en su alma, Rosas habría interrumpido la obra de personificación de la campaña en que estaba atareado sin descanso ni tregua desde mucho antes de manifestarse en 1820, ni todo el movimiento iniciado por Artigas e incorporado ya en la circulación de la sangre de la república?. No! lo que Lavalle hizo fue dar con la espada un corte al nudo gordiano en que había venido a enredarse toda la sociabilidad argentina; dando una sangría, quiso evitar el cáncer lento, la estagnación; poniendo fuego a la mecha, hizo que reventase la mina, por la mano de unitarios y federales, preparada de mucho tiempo atrás”. [15]

La textura de este drama se constituye de las relaciones entre diferentes fuerzas sociales encarnadas en los personajes, el accionar de los mismos se ubica en esa trama y al mismo tiempo la va tejiendo.

Para escribir esta historia recurre, como vimos a la literatura, a concepciones teóricas (fundamentalmente al romanticismo) y a fuentes que explicita del siguiente modo:

“He evocado pues , mis recuerdos, y buscado para completar , los detalles que han podido suministrarme hombres que lo conocieron en su infancia, que fueron sus partidarios o sus enemigos, que han visto con sus ojos unos hechos, oído otros, y tenido conocimiento exacto de una época o situación particular. Aún espero más datos de los que poseo, que ya son numerosos. Si algunas inexactitudes se me escapan, ruego, a los que las adviertan, que me las comuniquen; porque en Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación  de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno, a lo cual creo consagrar una seria atención, porque sin esto, la vida y hechos de Facundo Quiroga son vulgaridades que no merecerían entrar sino episódicamente en el escenario de la historia”. [16]

Ensayo brillante, este libro conjuga un análisis del acontecer histórico con un intento de explicación del funcionamiento social por medio de un relato coloreado con innumerables recursos literarios. El ensamble de estos elementos es lo que produce un saber, una verdad.  Nada más atinado que recurrir a palabras del propio autor, ( en una carta que escribe a Valentín Alsina),   para argumentar que este ensayo irrumpe en el campo del saber, produce una verdad sobre este tramo de la historia argentina:

“Los hechos están ahí consignados, clasificados, probados, documentados; fáltales, empero el hilo que ha de ligarlos en un solo hecho, el soplo de vida que ha de hacerlos enderezarse todos a un tiempo  a la vista del espectador y convertirlos en cuadro vivo, con primeros planos palpables y lontananzas necesarias; fáltales el colorido que dan el paisaje, los rayos del sol de la patria; fáltales la evidencia que trae la estadística que cuenta las cifras, que impone silencio a los fraseadores presuntuosos y hace enmudecer a los poderosos impudentes. Fáltame para intentarlo interrogar el suelo y visitar los lugares de la escena; oír las revelaciones de los cómplices, las deposiciones de las víctimas , los recuerdos de los ancianos, las doloridas narraciones de las madres que ven con el corazón fáltame escuchar el eco confuso del pueblo que ha visto y no ha comprendido, que ha sido verdugo y víctima, testigo y actor; falta la madurez del hecho cumplido y el paso de una época a otra, el cambio de los destinos de la nación, para volver con fruto los ojos hacia atrás, haciendo de la historia ejemplo y no venganza”. [17]

Esta modalidad de contar una historia, descentrada del campo disciplinar propiamente dicho, produce un efecto esclarecedor sobre los acontecimientos narrados. Sarmiento pone en escena el drama de  la sociedad argentina,  por medio de una escritura que resulta más eficaz que muchas narraciones sujetas al rigor metodológico disciplinar tanto de la historia como de la sociología.

Ciertamente esta forma de escritura se acerca a lo que Michel de Certeau propone como operación historiográfica. Este autor,  en el prólogo a la segunda edición de “La escritura de la historia” define a esta actividad del siguiente modo:

La historiografía, (es decir “historia” y “escritura”) lleva inscrita en su nombre propio la paradoja- y casi el oxímoron - de la relación de dos términos antinómicos: lo real y el discurso. Su trabajo es unirlos, y en las partes en que esa unión no puede ni pensarse, hacer como si los uniera. Este libro nació de la relación que el discurso mantiene con lo real del que tratan. ¿Qué alianza existe entre la escritura y la historia?. Ya era fundamental en la concepción judeo-cristiana de las Escrituras. De aquí se sigue el papel desempeñado por esta arqueología religiosa en la elaboración moderna de la historiografía que ha transformado los términos y el tipo mismo de la relación pasada, para darle una figura de fabricación y ya no de lectura e interpretación. Desde este punto de vista el nuevo examen de la operatividad historiográfica desemboca, por una parte, en un problema político (los procedimientos propios de un “hacer historia” nos remiten a una manera de “hacer la historia”), y por otra parte, en la cuestión del sujeto (el cuerpo y la palabra enunciadora), cuestión rechazada a la zona de la ficción o del silencio por la ley de una escritura científica”. [18]

Al no estar sujeto a la ley de la ciencia, el ensayo que nos ocupa representa una producción singular, que no se cierne a una línea definida. Es esta originalidad, de contar sucesos verdaderos por medio de un mecanismo narrativo que borra los límites entre ficción y realidad, que contiene mezcladas diversas modalidades discursivas, la que efectiviza la figura y los hechos que pretende destacar.  Creemos que su efectividad no se agota en la ilustración de una historia sino que además ejerce  una función performativa  de nuestra propia identidad.

 

 

 


 

*Este escrito se enmarca en el proyecto de investigación: “Ensayo y saber. La fuerza de lo ensayístico en la instauración del saber”. Dir. Rosângela Rodríguez de Andrade.

      ** Docente e investigadora de las Facultades de Ciencia Política y Psicología. UNR.

 

[1] Nahamías, G.”El eclipse de Sarmiento para una sociología de las pasiones”, en “Historia crítica de la sociología argentina”, Compilador, Horacio González, Colihue, Bs. As., 1999.

 

[2] Piglia, R., “Crítica y ficción”, UNL, Santa Fe, 1986.

 

3Saer, J. “Sobre los viajes”, en Botana, N, “Los nombres del poder, domingo Faustino Sarmiento”, FCE, Bs.As, 1997, p. 85.

 

[4] Sarmiento, Domingo F. , “Facundo”, Losada, Bs. As., 1999, p. 47.

 

[5] Ibídem, p. 151.

 

[6] Ibídem, p. 49.

 

[7]  Ibídem, p.152.

[8] Ibídem, p. 45.

 

[9] Ibídem, p.52.

[10] Ibídem, p. 69.

 

[11] Ibídem, p. 191.

 

[12] Ibídem, p.115-116.

 

[13]  Ibídem, p. 116.

 

[14] Ibídem, P. 142.

 

[15] Ibídem, p. 176.

 

[16] Ibídem, p. 53.

 

[17] Ibídem, p. 57.

[18]de Certeau, Michel, “La escritura de la historia”, Universidad Iberoamericana,      México, 1993, p. 13.