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Nota del Periódico “El Eslabón” (Rosario) – Agosto 2003 - Suplemento Contrapunto (cultura y algo más...).

 

EL IDIOMA DE LOS ARGENTINOS

 

El 20, 21 y 22 de noviembre se desarrollarán en la sede de gobierno de la UNR las Jornadas sobre el Pensamiento Argentino. Contrapunto entrevistó a los organizadores del encuentro, que intenta reponer en el centro del debate político cultural las distintas tradiciones y autores del pensamiento argentino.

 

Por Juane Basso /

 

Eduardo Toniolli es ayudante de la Cátedra Proyectos políticos Argentinos y Latinoamericanos dictada en la facultad de Ciencias Políticas de Rosario por el docente, ensayista y pensador nacional Horacio González. Cuando me comentó que un conjunto de cátedras similares del país estaban organizando unas Jornadas sobre el Pensamiento Argentino, le dije “tenemos que hacer algo en el Contrapunto”. El domingo 13 de julio, estando los dos en Capital Federal, me llamó y me dijo “traete el grabador que tenemos una reunión y después lo entrevistas a Horacio.”

La cita fue a las 11 de la mañana en el pintoresco bar Británico del porteño barrio de San Telmo. Un resfriado bandoneón tendía la cortina de fondo del encuentro preparatorio de las Jornadas de Pensamiento Argentino. Los parroquianos presentes eran docentes, egresados y estudiantes de distintas carreras humanísticas de facultades de Rosario, Buenos Aires y La Plata. El local Horacio González presidía la reunión, que comenzó con un llamando al gallego para que traiga el café y culminó, luego de discutir los ejes de las jornadas con los otros organizadores, con la invitación de González a que demos inicio a esta entrevista.

 

¿Por qué reflexionar sobre el pensamiento nacional en este presente, y en la universidad, de Rosario?

Este es un viejo ámbito de los estudios sobre el pensamiento argentino, que es algo que ha dado grandes trabajos en la universidad. Las jornadas tienen que marcar una nueva convocatoria a la reflexión sobre los grandes hechos culturales, intelectuales y políticos de la historia argentina. Esto supone distintos estilos de trabajo, de índole monográfica, ensayística, de investigación, y supone una convocatoria amplia y abierta a todas las corrientes de pensamiento en Argentina. Al decir corrientes de pensamiento estamos dando la máxima amplitud a lo que habitualmente el mundo universitario suele querer ver con clasificaciones más acotadas. Desde Lugones, alguien que marca con su obra una fuerte discusión en la Argentina, hasta alguien que también marca esa discusión pero con una escritura más universitaria de alto nivel como José Luis Romero; o desde Ingenieros, alguien que tiene una obra relevante a comienzos del siglo 20, en campos como la criminología o la filosofía moral, hasta Carlos Astrada, que es un relevantísimo filósofo de formación alemana, pero con una fuerte impronta en la discusión argentina y con una rediscusión del concepto de mito.

 

¿Por la selección de temas y autores, se puede plantear que ésta propuesta es un desafío hacia la lógica hegemónica de la universidad argentina?

Es un intento de llamar la atención sobre temas, que no están abandonados, pero que aparecen colocados en estantes que de algún modo le quitan su potencialidad. La idea es abrir la potencialidad de estos temas, de estas vidas y de estos pensamientos que pertenecen a la historia de las luchas políticas argentinas. Una relación entre texto y lucha, compromisos sociales, tiene que estar presente de un modo tal que si esta jornada sale bien, tiene que invitar nuevamente a interrogarnos sobre el lenguaje de la universidad. Llamar a un nuevo pluralismo en la universidad, pero con una fuerte incorporación de los lenguajes que se hacen cargo de la memoria social y crítica de la argentina.

 

¿Creés que durante un tiempo, estos autores y temas quedaron desplazados del ámbito universitario, que no tuvieron sus continuadores?

 

No, podemos mencionar grandes trabajos de estudiosos de historias de las ideas argentinas como Oscar Terán, Horacio Tarcus, Altamirano en Buenos Aires, ó Ricardo Falcón en Rosario. Son grandes trabajos, pero no pueden estar acotados a un área específica llamada Historia de Las Ideas,  porque también se limitan estos trabajos que hoy se abren a un diálogo mayor, destabicando la supuesta prefiguración de áreas fijas que la universidad de algún modo precisa, pero si las cristaliza se convierten en temas de sucesivos congresos de especialistas de tal o cual autor o estilo de trabajo. La idea de esta convocatoria es que todas esta personas mencionadas y muchas más vengan a pensarse también como escritores de las escrituras argentinas. Estamos ofreciendo un público mayor con un intento de convocatoria que desde Rosario intenta mirar hacia al mediterráneo, el litoral, hacia Buenos Aires, La Plata. Que se haga en Rosario tiene una gran relevancia, respetando todos los lenguajes y los trabajos académicos de envergadura que se hicieron en Argentina, que son los mencionados y muchos más. En Rosario están Nicolás Rosa y Alberto Giordano, que también piensan sobre esos temas. Roberto Retamoso, alguien que puede pensar en Juan L. Ortíz desde una poética del territorio, una fuerte lírica nacional, o un Oscar del Barco, los representantes de la Córdoba filosófica, el mediterráneo argentino con todos sus legados, eso no está siendo pensado  por la universidad. Está siendo catalogado por la universidad y en muchos casos con grandes trabajos, por ejemplo María Pía López con un trabajo sobre Lugones. Pero es cierto que la gran mayoría de los estudiantes, y diría también los docentes, a estos nombres se los cruzan solamente y en contadas ocasiones en alguna esquina de la ciudad, en  las calles de la ciudad que llevan el nombre de autores como estos. Voy a decir una vulgaridad que seguramente Galasso diría mejor, pero no es posible conocer al dedillo la vida de Jürgen Habermas y no conocer a Juan Bautista Alberdi. Habermas es muy relevante, pero no puede ser que el modelo universitario deje a Alberdi como un tema poco propicio para hazañas curriculares o para obtención de subsidios. Son vistos como temas para un sector especializado, pero Alberdi o Sarmiento –este menos porque pertenece a la memoria del aparato escolar argentino– están perdidos frente a un Anthony Giddens, Habermas o Peter Sloterdijk.

 

 

 

Las ideas y la práctica histórica.

 

El filósofo Juan Giani participa en la organización de las jornadas, es titular de la cátedra Problemática del Pensamiento Latinoamericano y Argentino de la facultad de Humanidades y Artes, y desde principio de año está desarrollando un seminario sobre “el Mito Gaucho”. El docente le explicó a Contrapunto los alcances del próximo encuentro.

 

¿Cuáles son los objetivos de la propuesta?

Haciendo un seguimiento por la historia de las ideas políticas y sociales rioplatenses uno lo que observa es la presencia permanente, casi obsesiva,de casi todas las corrientes de pensamiento político cultural argentino del siglo XX, por el problema del gaucho. Centrado fundamentalmente en dos obras que son el Martín Fierro y Juan Moreira. Prácticamente ninguna corriente significativa en la Argentina se priva de interpretar lo que yo llamo el Mito Gaucho, una especie de relato del origen de la Nación. Buscar una especie de secreto de la argentinidad en la figura del gaucho.

 

¿A que creés que se debe esa obsesión, esa búsqueda permanente en tantos autores de las diferentes corrientes político-culturales argentinas?

Creo que hay distintas causas: una más general puede ser la que se genera en los momentos que se perciben como críticos o situaciones dilemáticas, los intelectuales o los sectores vinculados a las producciones de ideas tienden a interrogarse por las causas de esas crisis.

 

¿Podés citar un momento histórico como ejemplo?

Juan Moreira, texto de 1881, de enorme impacto cultural en ese tiempo. Cien años después, en 1973, Leonardo Fabio, en plena emergencia del peronismo de los setenta, hace una película sobre Juan Moreira y se convierte en una de las películas más vistas de la historia del cine argentino. Una figura cultural que surge en 1881 por un autor de la burguesía ilustrada de la época, Eduardo Gutiérrez, que escribe un libro que funda el teatro nacional y casi cien años después, en el marco del surgimiento de un momento de fuerte presencia de los discursos nacionalistas, socialistas, revolucionarios, un cineasta, hace esta película con un enorme éxito. Hay una continuidad en ese intento de Fabio de sostener una esperanza revolucionaria en un relato de origen del pasado; allí hay una operación simbólica discutible en términos de cuan legítima es. Lo que si tuvo es una repercusión notable, esa operación.

 

¿De qué le sirve a los jóvenes trabajadores de la cultura, del campo de las ideas, revisar estas polémicas, estas producciones?

En la UNR, y creo que es un fenómeno bastante extendido, es muy precaria la presencia del pensamiento argentino y latinoamericano. No digo inexistente, porque sería injusto, pero tiene menos lugar que el que debería tener, y doy ejemplos que yo me encuentro en mi trabajo intelectual. Hay textos que son fundantes en la historia cultural argentina, que son prácticamente inconseguibles, que no se editan más y que encontrarlos en una biblioteca de usados o en una biblioteca pública es prácticamente una tarea detectivesca. Por ejemplo, El Payador o Prometeo, de Leopoldo Lugones o El diario de Gabriel Quiroga de Manuel Gálvez. Las naciones necesitan preguntarse por el proceso por el cual llegaron a ser lo que son. Pero uno tiene que ir al arcón de las producciones políticas culturales con un criterio heterodoxo. Un caso concreto es el de Jauretche, que declara estar escribiendo una sociología nacional, pero si uno aborda esos textos desde el modelo de Talcot Parsons, lo que menos parece es un texto sociológico. En cambio es claramente una sociología si lo que se intenta es interpretar el desarrollo social argentino en base a un parámetro singular. Es una singularidad de mucha incidencia en la vida cultural argentina. Y en lo particular a mi me interesa mucho la inmediatez en la relación entre las ideas y la práctica histórica.

 

 

 

Argentinos hasta dónde y desde cuándo.

 

La entrevista se extendió al resto de los organizadores que participaban de la mesa. Eduardo Toniolli profundizó sobre los objetivos de la jornada:

“El título da cuenta de un intento. Nos mueve la pretensión de superar eso que se conoce genéricamente como las fronteras de las ciencias sociales. En este sentido las jornadas son una apuesta transversal, una reflexión desde la historia viva de la Argentina. Si realizamos una mirada sobre las pasiones y reflexiones que atravesaron nuestra historia, sorprende la recurrencia de la pregunta sobre los lazos primarios de unidad que dan cuenta de la existencia, o no, de una Nación: desde el ‘argentinos, hasta dónde y desde cuándo’ del último Sarmiento, pasando por las amargas reflexiones de Rojas y Gálvez con motivo del centenario, hasta llegar al "somos una Argentina colonial" de la generación de Forja. Todas esas reflexiones interpelan nuestro presente, y por esto la apuesta a revisar los pensadores que dejaron una huella en la historia de las ideas argentinas, desde Moreno a Cooke, y también aquellos que resultan de referencia ineludible a la hora de abordar las tradiciones políticas argentinas como Juan B. Justo, Lisandro De la Torre o Juan Perón.

Esteban de Gori, egresado de Sociología de la UBA, se encargó de señalar la necesidad de recuperar la riqueza de las polémicas sostenidas entre estos autores:

“Creo que las polémicas de los diversos autores, son polémicas teóricas y políticas que persisten en la actualidad argentina, y persisten en la discusión que transcurre en la universidad. Me parece que ese cuerpo teórico y discursivo es lo que también hay que recuperar para poder pensar la universidad. Es muy importante volver a recuperar estas polémicas como parte de una contienda hacia adentro de la universidad, eso puede revitalizar un núcleo de la política que me parece que hoy está arrasado. Hay que hacerse cargo de asumir esa discusión.

Religar esas biografías con el pensamiento argentino los destinos nacionales y universitarios, este sería el plus de sentido hacia la universidad: intentar religar su destino a estas biografías de autores y textos que tienen que ver con el lugar  donde uno vive, con el lugar donde uno piensa la política.”

 

 

 

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