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  Ciencia y Prensa:

escritos sobre la infancia marginal.

(Buenos Aires 1894-1912)

M. Belén Hirose.

belenhirose@yahoo.com

Mentora: Lila Caimari (Universidad de San Andrés)

 

Victoria, junio de 2003

 


INTRODUCCIÓN

 

El título de mi presentación es “Ciencia y Prensa ...” El primer binomio define mi objetivo: analizar encuentros y diferencias entre los escritos que resultan de las investigaciones de la criminología positivista y artículos de la prensa en relación a cómo es entendida y explicada la infancia marginal.

 

Para alcanzar mi objetivo realicé análisis de contenido. El corpus de la investigación estuvo formado, básicamente, por dos tipos de discurso:

 

Por un lado, artículos de los Archivos de Psiquiatría. Criminología y Ciencias Afines, que era el órgano difusor de la intelectualidad positivista del cambio de siglo del Río de la Plata, con alcance y reconocimiento mundial.

 

§       Archivos de Psiquiatría, Criminología y Ciencias Afines (1902-1913)

 

ü      Víctor Mercante: 3 artículos de 1902 (“Notas de criminalidad infantil” “Sobre criminalidad infantil” “Estudios de criminología infantil”) y 1 artículo de 1905 (“Estudios sobre criminalidad infantil”).

 

ü      José Ingenieros: 1 estudio de 1908 (“Los niños vendedores de diario y la delincuencia precoz (Notas sobre una encuesta realizada en 1901).”)

 

ü      Vidal, A.; García Torres, B.: 2 artículos. Memorias del asilo Correccional de Menores Varones. 1903 y 1904.

 

Por otro lado, reuní anuncios, crónicas y artículos del diario La Nación 

  

§       Diario La Nación (1894-1912)

 

ü      Alrededor de 80 artículos (sin incluir los anuncios sobre los abandonos e infanticidios): 

30 artículos de la crónica policial que relatan delitos cometidos por menores

11 la presencia de menores en las cárceles

39 que tematizan la infancia marginal

 

La otra parte del título delimita el período. Si bien los años de comienzo y finalización son muy precisos, me interesa el marco más general de cambio de siglo. Durante el período se combinaron una serie de fenómenos que lo hacen especialmente adecuado para estudiar la infancia: una sociedad cuya heterogeneidad se vio impulsada por la inmigración (recordemos la imagen de aluvión con la que se la ha descripto) se entretejió con un Estado en expansión, que intenta aplicar políticas de homogeneización orientadas a construir la ‘nacionalidad argentina’. Por ello la clase dirigente del período mira con desconfianza a los inmigrantes, mirada que resulta una referencia ineludible en los estudios historiográficos del período.

 

Las particularidades del marco político, social  y económico de Buenos Aires del cambio de siglo pusieron a la infancia en el centro de las preocupaciones de la elite dirigente. En el proyecto de modernización y construcción de la Nación, el niño fue considerado en razón de su futuro como ciudadano y trabajador de la Nación Argentina. Por ello, la mirada despectiva hacia el ‘inmigrante’ no se trasladó a los niños, ya fueran ellos mismos inmigrantes o hijos de inmigrantes. En las proyecciones de progreso, el niño del presente criado en suelo argentino, se erige como figura central.

 

Esta situación hizo que el abandono creciente de menores y la delincuencia juvenil empezaran a ser objeto de preocupación de todos aquellos involucrados en asegurar el futuro de la Nación.

 

Los criminólogos positivistas tuvieron una participación importante en el proyecto de modernización impulsado desde el Estado, aportando teorías y trabajando como personal científico en la implementación de reformas. Esta conjunción entre ciencia y Estado fue interpretada como predominante en los estudios historiográficos del período, y la imagen de la infancia propuesta desde el positivismo se asumió para el resto de los actores sociales. Es decir, la bibliografía asume la penetración del positivismo en todos los discursos (Salvatore 2000, Scarzanella 1999[1], Ríos y Talak 1999). Sin embargo, luego de analizar el material recopilado, mi hipótesis es que, respecto a los menores, las nociones de la ciencia penetraron sólo parcialmente, siendo algunos conceptos fuertemente resistidos.

 

Vamos a pasar ahora a la comparación.

 

Empecemos por cuál es la concepción de los niños. Por el lado de la criminología, tenemos a Víctor Mercante que concibe a un niño que nace con tendencias al delitos, es decir, que le son congétitas, como ilustra la siguiente cita:

 

Ese pequeño, embellecido con los más simpáticos atributos del corazón humano, …, es, sin embargo, una flora abundante y matizada de crueldades, que en un momento dado, concluyen en el delito purgado por el poético muñeco en la correccional, y que reclama la intervención del juez. (Mercante, 1902, 34)

 

En la crónica social de la prensa, por el contrario, la infancia se presenta como el lugar de la pureza, la alegría y la felicidad. También aquí les voy a leer una cita:

 

… el ser más desdichado, el criminal que sube la grada del patíbulo, el loco encerrado en la celda del manicomio, …, habrá sido en los primeros años de su vida el embeleso de su casa, el encanto de su madre, el niño tierno y delicado que alegraba su hogar con su risa y sus juegos, … (La Nación 1/1/99, pág. 3)

 

Es importante señalar que esta visión corre paralela a la formación de una sensibilidad burguesa alrededor del concepto de familia, en donde la pureza y la felicidad de la niñez eran figuras centrales.

Esta noción no es solo característica de la crónica social de la infancia, sino que también aparece en la crónica policial. A este respecto, en el conjunto de la prensa, encontramos una contradicción ya que sólo los adultos aparecen descriptos como criminales natos. Si bien a los mayores se les aplica “la lente lombrosiana” los menores aparecen resguardados de este tratamiento.

 

Por el contrario, el énfasis está puesto en el proceso de corrupción (lo que implica que hay una instancia inicial corrompida) que sufren los menores que finalmente caen en el delito. Por ejemplo:

 

Anterior a su prisión era vendedor de diarios, uno de esos pobres que se forman entre el trabajo y el vicio. Poco a poco se corrompió, hasta que con fecha 28 de febrero de 1894, estuvo preso por haber lesionado a otro vendedor de diarios.

(La Nación 30/1/1897, pág. 5.)

 

Los canillitas son la figura paradigmática del niño pobre (y también del niño delincuente) de la época. Por eso saber cómo este personaje fue pensado es muy iluminador para nuestro tema.

 

El trabajo de Ingenieros es muy ilustrativo a este respecto. En su estudio sobre los niños vendedores de diario, hace una cruda descripción de la vida y características de estos menores, después de lo cual indica:

 

Y el ambiente de los niños vendedores de diarios, que es un puente hacia el delito, debe ser prontamente suprimido, para evitar ese triste desfile de la niñez hacia formas de actividad que le son perjudiciales, a la vez que perjudican a la sociedad entera. (Ingenieros, 1908, 399)

 

Por el contrario, la prensa presenta una visión romantizada de los canillitas, como podemos observar en la siguiente cita:

 

Hoy habrá, pues, diminución en esta bandada bulliciosa, alegre, útil, que puebla nuestras calles a horas dadas, con su alarido de pregón y su carrera precipitada. (La Nación 5/9/1898 pág. 5)

 

Esta visión romatizada, tanto del niño en general como del canillita, propicia la idea de que para llegar a delincuente, este estado inicial de alguna manera tiene que ser quebrantado a través de un proceso de corrupción.

 

Un proceso que aparece claramente en la fórmula de Ingenieros, que sostiene que los niños vendedores de diarios y la criminalidad infantil, están unidas por un “estrecho parentesco con la vagancia como anillo de unión”

 

Y esta fórmula es de sentido común, me refiero a aquellas funciona como “verdad” que, dentro de los discursos disponibles, es apela sin necesidad de justificación, teniendo como único sustento su calidad de verdad que “cae de sentada”. De hecho, cuando Ingenieros formula esta conexión (y cito) se “resalta en cualquier observación, por superficial que sea.” (330).

 

La fórmula de Ingenieros conceptualiza este proceso de corrupción como “contagio mórbido”. Si bien Ingenieros comparte con Mercante la idea de que el niño tiene impulsos antisociales que le son propios, es finalmente el ambiente el que determina que estos impulsos se desarrollen en detrimento de los sentimientos de sociabilidad.

 

En la prensa, esta idea aparece presentada en la ecuación que iguala “el abandono de hoy” (la masa de niños abandonados que se ven en las calles de Buenos Aires) a la delincuencia de mañana, en una relación causal, es decir, determinante.

 

Para evitar esta situación la solución propuesta es la profilaxis, es decir, separación de los niños de su ambiente y la reclusión en institutos propicios para la regeneración.

¿Cómo se lograría este objetivo?

 

A través de la Educación y el Trabajo. Éstos métodos son anteriores al positivismo y vienen de Reformismo Ilustrado del siglo XVIII, que en el Río de la Plata se materializa en el movimiento penitenciario desde mediados del siglo XIX.

 

En las Memorias del Asilo de Reforma de Menores Varones, publicadas en los Archivos ... , es central el lugar que ocupa el objetivo de la regeneración a través de la educación intelectual es decir, la escuela, y la enseñanza de un oficio, a través del taller. El trabajo fundado no solamente en su capacidad regeneradora, sino también en el ahorro económico que estos talleres implicaban (autoabastecimiento, venta de producción).

Argumento que se repite en muchos artículos de la prensa. En aquellos que trabajé del diario La Nación, la referencia a la necesidad de talleres en los asilos es permanente. Esta necesidad se entiende en tanto le da a los internados la capacidad de ser útiles doblemente: para la sociedad y para ellos mismos.

 

Para implementar esta solución, era necesario separar al menor de su entorno. La intervención que esta acción requería del Estado en las familias populares, quedaba entonces legitimada por los dispositivos de la ciencia.

 

En todos los discursos que vimos, si bien las causas de la criminalidad son ubicadas en el medio social, este medio está circunscripto a su manifestación micro, es decir, al ámbito de relaciones personales.

 

En el caso de la Criminología Positivista, esta característica se puede observar en el trabajo de Ingenieros en el que la consideración de factores ambientales se limita al ámbito inmediato de la familia y la calle.

 

En el caso de la prensa, planteo que esta carcterística es una posible consecuencia de la presentación de los hechos sustentados por su propia realidad. Esto quiere decir, que al presentarse el abandono como un hecho, independiente, que está porque las cosas son así, no se adentra en las causas. En todo caso, se señala a las familias, pero no se pasa ese umbral.

 

Por eso, repito, es el micro medio es considerado como determinante de la criminalidad

 

 

CONCLUSIÓN

 

Luego de analizar la producción científica de los criminólogos positivistas respecto a la infancia marginal y contrastarla con los consensos sobre el mismo tema que se plasmaron en la prensa durante el mismo período, proponemos que la visión de hegemonía científica debe ser matizada.

 

Como pudimos observar, la imagen del niño con tendencias delictuosas congénitas era altamente resistida desde la prensa.

 

En contraposición, se resalta el proceso de corrupción que atraviesan los niños abandonados o vagos para llegar a ser delincuentes.

 

Es en la preeminencia de los factores ambientales en la determinación de accionar delictivo donde se encuentran positivismo y prensa. Ya sea actuando para desarrollar instintos existentes o para crearlos allí donde no existían, en ambos discursos la incidencia del medio es crucial para determinar que un menor delinca.

 

Consecuentemente, la solución planteada fue la intervención de las familias que no cumplieran con la tarea para ellas asignada en el proyecto de Nación: se debía corregir o evitar la corrupción de los menores cuanto antes.

 

(La intervención del Estado en las familias de los sectores populares estaba legitimada desde el positivismo, que justificaba la acción en tanto las clases en cuestión se penetrarían en función a su peligrosidad respecto del todo social. Desde la prensa también se empezó a pedir mayor injerencia del Estado en estas familias. Pero era claro que éste no tenía aún los recursos necesarios para lograr un alcance generalizado. Los niños seguía pululando en las calles de Buenos Aires. Por ello, antiguas y nuevas asociaciones privadas se propusieron - y proponían a la prensa como intermediario - para lanzar iniciativas que aliviaran la pesada crianza de los sectores pobres, restituyendo a lo menores las vivencias propias de los “niños de su edad”.

 

La práctica de reclusión fue entendida desde el positivismo como medida de profilaxis para que estos menores evitaran el contagio y pudieran encausar su regeneración. La educación y el trabajo como tratamiento – y de este último su utilidad para costear los gastos institucionales - fueron generalmente aplicado en los asilos (a pesar de las dudas que tenían los positivistas sobre los beneficios que el aprendizaje de un oficio podía aportar a los menores). La intención de enseñar la disciplina del trabajo se basaba en la fe en su fuerza regeneradora, tradición proveniente del Reformismo penitenciario, pero también estaba relacionado con la necesidad económica y social de mano de obra disciplinada. Desde la prensa la opción del trabajo era en general aceptada, aunque se proponían otras opciones para los menores, como en el caso de la escuela maternal o el Cottage System.)


BIBLIOGRAFÍA

 

Fuentes primarias

ü      La Nación 1894-1912

ü      Archivos de psiquiatría, criminología y ciencias afines 1902-1908.

 

Fuentes secundarias

ü      Alonso, Paula. 1997. ‘En la Primavera de la Historia’. El discurso político del roquismo de la década del ochenta a través de la prensa. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr Emilio Ravignani, N°15, 3ra serie, primer semestre, pág. 35-70.

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ü      Bertoni, Lila Ana. 2001. Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. La construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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ü      ------------------El panóptico y el pantano. Mimeo A.

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[1] En su libro, Scarzanella dedica una sección al tratamiento de las causas célebres. Con respecto a la delincuencia juvenil toma el caso del Petiso Orejudo, aunque su análisis se base más en textos jurídicos y criminológicos que en los artículos de diario.