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              El impacto de la Revolución Francesa  en el Rio de la Plata 

Inés Rosa Montiel

CBC- UBA

inesmontiel@hotmail.com

Instituto Gino Germani

                                          Introducción

 

Por tres siglos los países conquistados fueron gobernados por el llamado “régimen colonial”,  reflejo de las peculiaridades sociológicas de las diversas metrópolis. Las colonias de España durante el hermanazgo admistrativo y espiritual contrajeron algunos razgos comunes.

El pensamiento social se desarrolló siempre en función del medio y los cambios de mentalidad colectiva respondieron a las variaciones  de la estructura social.

Dice alberdi [...] La América española fue guerrera, no industrial, ni comercial, ni agrícola,  desde su cuna [...]

Una guerra de ocho siglos, amor por la adquisición del oro sin trabajar, el mar como camino natural que no lleva a todas partes, la adaptación de la raza colonizadora entre otras tantas, determinaron irreparables desigualdades  en el imperio colonial es mas,  los colonizadores llegaron a estas tierras con muy pocas mujeres lo que posibilitó un halo de mestización euro-afro-indígena- excluida de la vida política y administrativa en los incipientes municipios; núcleos estos que constituían  la sociedad colonial con una mentalidad sui generis, por las costumbres e instituciones impuestas  por los conquistadores, por sus ideas y sentimientos  en particular, por las variaciones que ellas sufrieron en el nuevo medio social que se formó por el contacto y la promiscuidad de las tres razas.

La sociedad colonial tuvo por centro el Perú la codicia la tiñó de sangre preferida por su fácil riqueza  sin embargo, en el Rio de la Plata  fue  distinto.

En síntesis la desigualdad del escenario físico, de sus poblaciones indígenas, de sus fuentes de riquezas y la finalidad económica de sus ocupantes, su régimen político y administrativo en el actual territorio de la Argentina, permitieron la coexistencia de  dos sociedades  una  como la prolongación  de la conquista peruana que en los siglos VXI y XVII contaba con una riqueza superior,   la otra  sociedad producto de la colonización que se irradió desde el Plata fue mediocre.

El propósito del trabajo consiste en dilucidar el pensamiento dominante en la población colonial influenciado por algunas culturas y, las ideas revolucionarias del siglo XVIII que se originan en Europa en particular en Francia   para comprender   su proyección  en el Virreinato del Río de  la Plata.

El mismo es el producto de un largo rastreo bibliográfico donde se involucran a historiadores nacionales e internacionales.

                                  

Las nuevas ideas

 

Algunos autores como Guerra, señala que la relación entre la revolución francesa y la revolución hispanoamericano fueron muy difundidas por los historiadores de principio de siglo, pero hoy  esta conjetura es insostenible. Las ideas francesas estaban muy lejos de ser las únicas ideas de la revolución en el Rio de la Plata. Cuando afirma  Chartier que  los orígenes culturales de la Revolución Francesa se encuentran en los libros, nos está diciendo que había cambiado la forma de interpretarlos, significa que el rol de los ilustrados tarde o temprano iba a conducir a un acontecimiento revolucionario en las distintas capas sociales.  En el Rio de la Plata  en cambio para hablar de revolución debemos tener en cuenta  la especificidad de la Ilustración ibérica como perspectiva global y  la idiosincrasia   de América.

[...]La estructura política de América reproduce con alguna modificación la estructura política castellana[...]  Los conquistadores intentaron transponer en América los modelos de organización social y política de la Castilla de principios del S. XVI por un lado la organización municipal y por otro la de los señoríos. La fundación de ciudades y la atribución de indígenas en encomiendas fueron fenómenos inmediatos y universales[...]: Guerra

La constitución de los reinos fue posterior se relaciona con la conquista de los grandes imperios indígenas por parte de los conquistadores e incorporados a la Corona de Castilla.

Cabe preguntarnos si los reinos americanos tenían la misma consistencia que los reinos peninsulares, porque éstos eran comunidades de pertenencias, de existencia secular que los hacía de hecho indivisibles; en cambio en América los reinos eran entidades más inciertas y  fluctuantes lo demuestran en el S. XVIII los numerosos cambios en las circunscripciones administrativas sobre todo con la creación de nuevos virreinatos, como los de Nueva Granada en 1739 y Rio de la Plata 1776 que fragmentaron el antiguo y único Virreinato del Perú donde   existían  comunidades organizadas social y  políticamente.

   A fines del S. XVIII sólo dos reinos americanos Chile y Nueva España permanecían firme, el primero por su aislamiento geográfico y la cohesión de su población reducida y homogénea. El segundo principalmente por la existencia de un espacio político ya estructurado en parte por el imperio mexicano, por la precocidad de la conquista y de la organización administrativa y eclesiástica, por la densidad de la población indígena, del poblamiento español y del mestizaje, por la intensa evangelización y el culto común a la Virgen de Guadalupe, por el espacio económico bastante unificado y por el grado de elaboración de una identidad cultural propia llevado a cabo por sus élites.

 

Afirma  Lemperiere entre otras cosas [...] si nos hubicamos en 1808 al comienzo de la gran crisis política de la monarquía, la idea de pertenencia a la misma era muy fuerte en América  la ceremonia de jura de Fernando VII  así lo demuestra[...].

Sin embargo,  en América comienza a visualizarse una identidad política suplementaria al de los reinos peninsulares, una concepción de la monarquía  sostenida por dos pilares  uno europeo y otro americano, debido quizás al alejamiento del centro de la monarquía o por la evangelización  o por la  protección de las poblaciones autóctonas o por la necesidad de proteger la relacion con la Península; estos acontecimeintos hicieron que desde un punto de vista político se  diferencien rápidamente de los otros reinos castellanos, comenzando a gobernarse y a concebirse como si constituyeran una categoría especial de reinos.

Esta nueva visión política en América iba construyendo una nueva idea, la de  no depender del Rey como los otros reinos sino de una metrópoli, de la España peninsular sometida a un absolutismo.

Además  surgía otro nivel intermedio de identidad cultural como lo señala BernardoPilar  El de la americanidad.  Es una idea movilizadora de las élites intelectuales americanas, de los jesuítas exiliados, de los miembros de las sociedades económicas y patrióticas, que se traducen en una defensa apasionada del continente.

Céspedes aporta al respecto lo siguiente  [...] Existe un hecho que en rigor carece de antecente porque nunca en la historia de España a partir de 1492 se dio la circunstancia de que el trono quedase vacante y jamás se interrumpió la legitimidad del poder ni ésta pudo ser discutida, ni siquiera discutible, como va a ocurrir desde 1808. En las “Indias” casi siempre respondieron a actitudes y motivos que tienen su mejor y más breve expresión en el grito de “viva el Rey y muera el gran gobierno”: muchas veces dirigidas contra funcionarios públicos de cualquier nivel o contra oligarquías locales o regionales, con frecuencia eran maniobras políticas del criollismo o espontáneas protestas sociales pero no adquirían trascendencia. La génesis y significación del conjunto de estos hechos nos permite clasificarlos en dos grupos: los que tienen intensionalidad y significación política y aquellos que son meros fenómenos socioeconómicos, los segundos son reacciones desesperadas contra situaciones específicas y crónicas de explotación e injusticia, disparadas por períodos de hambre o de opresión intensificada que aspiran a acabar con esas situaciones desde luego, de manera brutal y sangrienta, pero no a subvertir los fundamentos del sistema político[...]

Es decir, durante la segunda mitad del S. XVIII estos hechos tendieron a ocurrir con mayor frecuencia y mayor gravedad en particular los de tipo político debido a la consolidación  del criollismo; los de tipo social por la presencia de negros la casta de mezclas que ascienden y maduran socialmente y que son capaces de oponerse a los prejuicios etnosociales que rigen en las sociedades de castas.

El fenómeno  político y  agravación de las  tensiones no se podría interpretar como la reacción de un nacionalismo ya maduro ante un colonialismo agresivo- era prematuro todavía.  En lo  social los únicos acontecimientos importantes eran las reveliones indígenas más extensas y peligrosas que se registraron desde los años de la conquista; como la  encabezada por Tupac Amaru ocurrida en  Perú (1780) que había generado  suficiente temor entre los españoles, razón por la cual no se atrevieron a divirse ni enfrentarse entre sí  durante la crisis política iniciada en 1808-1810. A ésta siguieron otras rebeliones importantes.

                                Las consecuencias del desmoronamiento

El desmoronamiento político de la monarquía comienza en 1810 debido a una crisis política  en la Península y al  éxito de la invasión francesa en la metrópoli que desemboca en  enfrentamientos entre los mismos españoles una violencia generalizada  que conduce a la guerra civil por distintas razones y caminos.

Comenta Céspedes que esta situación repercute en América   en los Virreinatos de Buenos Aires y Nueva Granada, en Venezuela y tardíamente en Chile (1814-1817). La Junta de Buenos Aires que se establece  como gobierno (1810), organiza  campañas militares con el propósito de someterlas a las otras  regiones del Virreinato que por una u otra razón no la aceptaban y la resistieron como Paraguay, la Banda Oriental y sobre todo el Alto Perú. En Nueva Granada el fraccionamiento geográfio del Virreinato y su ineficaz  organización administrativa facilitaron la aparición de Juntas locales que  lucharon entre sí y contra quienes no las aceptaban. En Venezuela la guerra civil se hizo  sangrienta y mortífera con la  participación  de grupos etnosociales ajenos a las oligarquías españolas.

 

   A partir de 1814 el conflicto tiende a resolverse  cuando las causas exteriores europeas que lo habían provocado desaparecieron con la vuelta al trono de Fernanado VII; quien   actúa como conciliador  sin embargo,  decidió ponerse a la cabeza de unos de los bandos en lucha llamados realistas y declararlo al otro rebelde y traidor (insurgente), sometiéndolo a una profunda represión estuvo a punto de tener éxito, en 1816 y con la sóla excepción  del Virreinato de Buenos Aires todas las Provincias de Ultramar se hallaban bajo su autoridad aunque sólo momentáneamente. Pese a su éxito inicial la política seguida por Fernado VII resultó enormemente destruciva; la represión exigió seleccionar como gobernantes a militares quienes recibían órdenes de actuar con mano dura; esto asustó y paralizó a las burocracias reales de Ultamar que perdieron toda autonomía e independencia y dejaron de funcionar con eficacia, el inmediato desatre administrativo y el uso de los  fondos públicos para gastos militares, fueron  fenómenos sin duda infravalorados en la posterior desintegración de la causa realista.

Debido a la escacés de tropas costosas, tanto las que provenían de España como las  reclutadas y equipadas en Ultramar, Buenos Aires no fue atacada.

Pero en otros territorios la unidad de acción contra el “terrorismo” comenzó a reunir eficacia y ventaja militar; Bolívar y otros líderes despiertan una solidaridad hispanoamericana que trasciende el ya tradicional regionalismo porque demuestran que la unión hace la fuerza. La colaboración de tropas de la Junta de Buenos Aires y exiliados chilenos tuvo un efecto similar; surge así la idea de los ejércitos libertadores- con los resultados ya conocidos-

 

                                  El siglo XVIII en Francia como en España

  

     Halperín Donghi consigna que para comprender las causas por las que los países europeos han seguido vías tan diferentes en su marcha hacia la modernidad, es necesario examinar esquemáticamente las relaciones entre el régimen político, la sociedad y la cultura en el siglo XVIII.     Tanto en Francia como en España las mutaciones eran evidentes en estos tres campos. 

Son compatibles entre ellas?  Es el interrogante.

   La victoria del absolutismo y sus consecuencias es sin duda el fenómeno clave del S. XVIII francés e ibérico. La victoria como salida posible de una vieja pugna que viene de una Europa medieval y que conduce a un  Estado moderno, que pretende crear instituciones representativas de la sociedad.

   La relacion entre el poder real y las instituciones representativas del reino se fundamentan en la victoria del poder real en Francia; victoria definitiva del Parlamento después de la segunda revolución en Inglaterra y empate provisional, statu quo, en la monarquía hispánica de los Austria.

 

    A principios del S. XVIII con la instalación de los Borbones en el trono de España, estos tres  fundamentos se reducen a dos, tienden a semejarse cada vez más al modelo político francés. Es decir, que las dos áreas políticas en el S. XVIII quedan determinadas, la primera es la inglesa en la que las instituciones representativas del reino han triunfado sobre el poder del rey y la segunda constituida por Francia, España y Portugal en las  que tienden a imponerse el absolutismo real.

Paralelamente en este siglo se produce la gran mutación cultural en forma paulatina y que dará origen a la “Ilustración”. En los salones, en las  tertulias, en las academias, las logias masónicas, y sociedades económicas etc., nace la opinión pública moderna donde sólo cuenta la razón.

    Estas mutaciones del imaginario y de la sociedad son ciertamente comunes a toda Europea, pero sus consecuencias son distintas como lo mostró Tocqueville en relacion al régimen político. En Francia  y España la situación era distinta, sus nuevas formas de sociedades y  culturas se construyen al márgen del poder; de ahí la imagen de una sociedad contractual e igualitaria, de una nación homogénea formada por individuos libremente asociados; en contraposición a la sociedad realmente existente que aparece como un conjunto de  cuerpos y estamentos en vez de individuos, jerarquías en vez de igualdad, comunidades políticas heterogéneas producto de la historia y no de la asociación, poderes fundados en la tradición o en la Providencia y no en la voluntad de los ciudadanos:  Guerra.

Es decir  el contraste entre el ideal y la realidad es tan grande que las reformas parecen inadecuadas, sólo una ruptura, una nueva fundación, un nuevo pacto social,  parecen aptos para construir la modernidad.

 

    Sin embargo, me parece simplista oponer radicalmente la Ilustración al absolutismo y hacer de su oposición una constante de todo el siglo  XVIII; dice Guerra lo que los unía era superior a lo que los separaba. Ambos tenían que soportar dos enemigos comunes: el tradicionalismo y la inercia de la sociedad, con su imaginario tradicional de tipo pactista y frecuentemente el rechazo violento de las nuevas modas e ideas. Ambos quisieron “ilustrar” una sociedad llena de ignorancia y de tradiciones opuestas a la razón, someter la Iglesia al Estado, desamortizar la propiedad, acabar con los privilegios de la nobleza y de los diferentes cuerpos- universidades, gremios-, instaurar  la libertad de comercio y la libre iniciativa económica, disminuir la autonomía de los municipios, sustituir la educación por las enseñanzas de las ciencias útiles, desarrollar la educación primaria, entre otros.

  Pero a medida que las “luces” se iba difundiendo y crecían las élites modernas  el poder del Estado comienza a decaer  no podía  satisfacer al nuevo imaginario, aunque el monarca seguía siendo para él mismo  y para una gran parte de sus súbditos “el señor natural” del reino, colocado en la cúspide de una pirámide de dignidades y honor.

 

                                       Aspiraciones diferentes

El proceso revoluconario -1789 en Francia y 1808 en el mundo hispánico

En vísperas del proceso revolucionario en Francia, y en el  contexto de América hispánica - la aspiración al gobierno libre toma la forma de una nostalgia hacia las antiguas instituciones representativas. Esta nostalalgia para algunos significaba la vuelta a una Edad de Oro en la que reinaba la armonía entre el rey y el reino, donde se registra cierta ambigüedad en el lenguaje político  que remite a imaginarios diferentes. Por ejemplo al hablar de “libertad”  unos la entienden como “los individuos son  iguales bajo una misma ley”;  otros se refieren a las libertades-privilegios de los antiguos cuerpos.

Al hablar de la Constitución unos piensan en un texto nuevo que sería como el pacto fundador de una nueva sociedad fundada en la razón, otros en las “leyes fundamentales del reino” tal como las ha ido acumulando una práctica política secular. Sin embargo,  ambas ideas coinciden  con la representación de la sociedad en el Estado, pero difieren en la imagen de la sociedad representada como nación moderna formada por individuos para unos y nación antigua o reino formada por cuerpos para otros.

Estas ideas cobrarán gran importancia una vez que se haya puesto en marcha el proceso revolucionario.

Las posiciones políticas pueden esquematizarse como una triángulo -dice Guerra- en los vértices se encuentran los modernos, los absolutistas y la constitución histórica.    Esta tripolaridad de las posiciones políticas puede explicar una buena parte de los diferentes tipos de regímenes del período revolucionario y posrevolucionario.

La diferencia más importante se localiza en  el campo religioso. A  partir del S. XVII no hay en el mundo hispano minorías religiosas significativas. El catolicismo representa desde esa época un elemento esencial de la identidad hispánica a diferencia de Francia, donde en el primer período revolucionario,  no existe conflicto religioso, y  los nuevos principios coexisten pacíficamente en las constituciones con la exclusividad otorgada al catolicismo.

Otra diferencia importante tiene que ver con  la estructura plural de la monarquía. Hasta principios del S. XVIII sigue estando constituida por reinos diferentes, con sus instituciones propias unidas simplemente por la persona del rey. De ahí la vigencia de un pacto muy fuerte que concierne tanto a la teoría política como el acuerdo para una práctica institucional aún reciente, sobre todo para la lejana América afectada tardíamente por las reformas centralizadoras de los Borbones.

También difieren las circunstancias políticas puesto que, si la Revolución Francesa  enfrentó al Rey y acabó por volverse contra él, la revolución hispánica se hizo en buena parte en su ausencia y combatiendo en su nombre.

El desfasaje cronológico concierne tanto al grado de modernidad de los Estados como a los antecedentes que desenvocan en la revolución francesa que marcan notables diferencias en las dos revoluciones.

Aunque la evolución en esta mutación de las ideas parece semejante en cuanto al imaginario y las formas de sociabilidad cuna de la modernidad, la sociedad española y en particular la americana, se muestran más corporativas y tradicionales y con menos élites modernas que las francesas.  La Revolución Francesa no tiene precedentes y por eso su capacidad inventiva es incomparablemente superior a las que les suceden, en cambio las revoluciones hispánicas dispondrán de nuevas referencias- ideas, imaginarios, símbolos, experiencias constitucionales-que podrán utilizar, a veces de manera diferentes o combinarlas con otras aportaciones, pero que no tendrán que crearlos necesariamente.

La Revolución Francesa codifica las revoluciones posteriores puesto que los actores conocen de antemano adónde puede llevar la lógica revolucionaria.

 

                       Ecos de la Revolución Francesa en el mundo hispánico

 

En cuanto al impacto  que causó  la Revolución Francesa en Hispanoamérica, se podría afirmar que en la España peninsular  fue inmediato y muy grande por la proximidad geográfica por los vínculos comerciales muy intensos que unían a los dos países y por la existencia de una constante emigración francesa hacia España y la presencia de importantes  colonias francesas en las principales ciudades españolas  Cádiz por ejemplo, cuenta en esa época varios miles de franceses que desdede luego favorecían la rápida propagación de las noticias y de la propaganda. Lo mismo ocurre en América. Las regiones más influenciadas son las que están mejor comunicadas como los puertos, las capitales y las costas próximas al foco revolucionario de las antillas francesas.

Los medios sociales más atentos a estos acontecimientos franceses fueron las élites culturales como la alta administración pública, el clero superior, los profesores y estudiantes de seminarios y universidades, los profesionales, la nobleza española y la aristocracia criolla.

Los revolucionarios franceses conscientes de la analogía en las situaciones animaban a los españoles a seguir su mismo camino. En 1792 Condorcet lanzaba su: “Españoles reunid vuestras Cortes”. Estas Cortes revolucionarias que pedía la propaganda francesa tardarán 20 años en reunirse, ya que la simpatía inicial hacia la Revolución Francesa  va pronto a transformarse, primero en desconfianza y luego en hostilidad.

En esta evolución desempeñó un papel fundamental la ejecución de Luis XVI y la persecución religiosa. La persona del Rey estubo rodeada de  respeto religioso y considerada como el vínculo que unía las diversas comunidades políticas de la monarquía; por lo cual la campaña  contra la revolución era de carácter oficial apoyada por una adhesión popular muy amplia y reforzada por la experiencia directa y  presencia en España de numerosos sacerdotes franceses inmigrados. Las reacciones fueron las mismas en América, sostiene Guerra.

La alianza posterior entre la Francia revolucionaria e imperial y la corona española, moderarán esta profunda hostilidad, pero sin borrar enteramente un imaginario hostil que identifica la Revolución Francesa con la impiedad.

Cuando Napoleón da una imagen más respetable de Francia, las élites hispánicas oscilarán entre la admiración  por su eficacia administrativa y militar, y la decepción por la supresión de las libertades lo que lo asimilaba aun nuevo despotismo. En todas estas reacciones se visualizan  una diferencia  generacional muy marcada. Los ilustrados de más edad pertenecían a la generación que había puesto su esperanza en el poder absoluto del monarca y que les permitiría realizar las reformas. Para estos una reforma política  era inadecuada porque el país no estaba aún preparado se daría después de una  reforma social. Para la generación más joven la que se educó durante la época revolucionaria se invirtió el orden de prioridades, primero la  reforma política y después la reforma social. Son los miembros de ésta generación los que conducirán más tarde la revolución en España y en América. 

 

 

 

                               El siglo XVIII en el Virreinato del Rio de la Plata

 

La organización del Virreinato del Rio de la Plata en 1776 se debe a las políticas impulsadas por la Corona española entre las décadas de 1760 y 1780, para reafirmar su condición de potencia, asegurar un control más eficáz de sus dominios y preservarlos frente a otros Estados.

Pero como dice Chiaramonte debemos retrotraernos al siglo XVII  para entender algunos fenómenos durante éste siglo. España decayó como potencia con el advenimiento en 1700 de la dinastía francesa de los Borbones, se inició un proceso de reformas que se aceleró con Carlos III, ejemplo de “déspota ilustrado”. Hispanoamérica era el campo de aplicación del ideal porque la ineficacia administrativa había aflojado los vínculos con la metrópoli, deteriorado la economía y había dejado indefenso al Imperio frente a otras potencias. Todo ello fue encarado a lo largo del siglo con resultados dispares. Muchas de las reformas significaron un control y una presión impositiva que suscitaron  reacciones adversas desde la resistencia de los funcionarios locales hasta las insurrecciones indígenas.

Un claro ejemplo y de gran trascendencia política fue la explulsión de los jesuitas, España expulsó a los jesuítas de sus dominios en 1767, casi al mismo tiempo que Francia y Portugal. Para unos  la Orden simbolizaba el oscurantismo que se quería superar, para otros significaba un competidor temible un Estado dentro del Estado.

En el Rio de la Plata la Corona se hizo cargo del gobierno de 33 reducciones con una población de casi 150.000 indígenas y ubicadas en una de las fronteras amenazadas por los portugueses. Los indios que se sentían amparados por el paternalismo jesuíta iniciaron una larga e infroctuosa guerra. Bajo la administración real las comunidades se disgregaron algunos  volvieron a sus formas tradicionales de vida y otros se incorporaron como trabajadores en la pujante llanura litoral.

Desde comienzos de la década de 1760 la corona española decidió fortalecer el sur de su imperio  flanco abierto a la penetración de los portugueses y de otras potencias. Las operaciones militares locales se combinaron con las negociaciones europeas amenudo de manera contradictoria. En 1776 la exitosa campaña de Pedro de Cevallos se detuvo cuando el Tratado de San Ildefonso firmado en 1777 concedió a los portugueses la zona de Río Grande y siete pueblos misioneros, la decisión estratégica estaba tomada, se creó un nuevo virreinato con capital en Buenos Aires y jurisdicción sobre la Banda Oriental, el Paraguay, Cuyo  y el alto Perú, con el valioso cerro de Potosí incluido.  

Las funciones básicas del Virreinato del Río de la Plata fueron asegurar la defensa, incrementar la recaudación fiscal y garantizar que el comercio sobre todo, las exportaciones de metales preciosos, se dirigieran a la metrópoli. Por ello se incluyó dentro del Virreinato a los distritos mineros del alto Perú que proveían las principales exportaciones y la mayor parte de los recursos del Estado. De este modo Buenos Aires que habia  crecido articulando el comercio con los circuitos interregionales que confluían en el alto Perú iba a acrecentar su capacidad al convertirse en la nueva capital y en puerto habilitado para el tráfico con España, sin embargo si bien era la cabeza del Virreinato su base de sustentación estaba en el alto Perú.

La organización del Virreinato requería de nuevas instituciones de este modo en 1782 se creó el régimen de intendencias dirigidas por funcionarios profesionales que centralizaron el poder en sus manos y redujeron la autonomía de los antiguos cabildos: Halperin Donghi.

La administración borbónica afirma Goldman significó un proceso de renovación y de mayor centralización del poder al mismo tiempo generó un abanico de conflictos entre los grupos de poderes nuevos y antiguos, entre burocracias y élites, entre la nueva capital y las cabeceras de intendencias  y entre las ciudades subordinadas.

Sin embargo el equilibrio se mantenía bajo la vigilancia del régimen monárquico. Pero el Virreinato de La Plata tenía poca antigüedad y solidéz cuando comenzó a debilitarse la metrópolis y consecuentemente el funcionamiento de la relación colonial, razon por la cual la administración virreinal fue perdiendo   equilibrio y  concenso en los distintos sectores e instituciones.

La autoridad del Virrey fue limitada a la Audiencia con funciones judiciales y administrativas; a la Audiencia de Charcas se sumó en  1785 la de Buenos Aires con jurisdicción en las provincias de Paraguay, Tucumán y  Cuyo.  La  nueva administración  dividió el virreinato en intendencias y gobernaciones que respondían al modelo francés; los intendentes bien remunerados y estrictamente controlados a menudo entraron en conflicto con los cabildos. Una Junta Superior de la Real Hacienda se hizo cargo de las finanzas e introdujo modernos criterios de contabilidad.

Ahora bien ¿Cuáles fueron las consecuencias? a) las reformas borbónicas incrementaron el número de funcionarios civiles. b) la importancia de la Iglesia no disminuyó con la expulsión de los jesuítas. c) la vida cultural fue estimulada. La imprenta de los Niños Expósitos posibilitó la circulación de impresos. En Buenos Aires se creó el Real Colegio de San Carlos de estudios universitarios y preparatorios y se creó el protomedicato, entre otras cosas.

Durante casi todo el siglo XVIII las importaciones de Europa no podían competir con la producción local, muchas zonas de sudamérica   generaron productos de amplio consumo que se vendían a las demás regiones. En las últimas décadas del siglo algunas de estas circunstancias cambiaron debido a las reformas implantadas por los Borbones destinadas a recuperar el poder de España en el concierto internacional, ante todo en sus propias colonias. La Corona española dictó en 1778 el Reglamento de Comercio Libre indirectamente se trataba de controlar el contrabando: Chiaramonte.

Al mismo tiempo las mejoras en el transporte marítimo y la revolución industrial, favorecieron la llegada a Buenos Aires de bienes de consumo masivo especialmente textiles y derivados de la agricultura meditarránea, lo cual produjo alteraciones en algunas regiones del territorio argentino.

La apertura del puerto de Buenos Aires autorizada por el Reglamento de Libre Comercio, coronó el crecimiento mercantil porteño del siglo XVIII, exportaba por año un millón de cueros,  en Santa Fe antiguo puerto jesuítico en decadencia, los hacendados encontaron otra alternativa la cría de mulas, que se vendían para ser utilizadas en las minas del Perú. Sin embargo, no dejaron de ser problemáticas la resistencia del  indio y el cuatrerismo, se trató de controlarlos instalando líneas de fortines y cuerpos militares, los mismos habían generado profundas crisis económicas en el interior.

Desde el punto de vista social afirma  Mayo,  las vías de ascenso en la ciudad consistían en el casamiento  entre las hijas de los comerciantes e hijos de otros comerciantes, consolidándose de este modo una empresa mercantil. Al rango más alto de la sociedad virreinal  pertenecía  la “gente decente” que no eran todos ricos; además fue creciendo un sector medio de características diversas, más densos en la ciudad que en la campaña eran los escribientes, empleados, artesanos entre otros.

Desde 1700 muchos esclavos negros fueron introducidos por el puerto de Bs As fundamentalmente para ser destinados al Potosí o al interior.

Dice H. Donghi definir los orígenes étnicos se volvió una obsesión a los tres grupos básicos-indígenas, españoles y negros- se fueron agregando todas las combinaciones posibles.

                                                               

                                                    Economía e ideas

 

Tanto Francia como Inglaterra producían sendas revoluciones,  en particular Francia que había abatido a la monarquía absoluta y predicaba un nuevo orden basado en los derechos inalienables del hombre:  la libertad, la fraternidad y la igualdad ante la ley. A su vez la España borbónica, pretendía mantener en el continente americano un imperio centralizado sobre la base de una burocracia real controlando la producción y el comercio entre las colonias y las metrópolis, es decir pretendía controlar el comercio pero al mismo tiempo pretendía aplicar una mordaza sobre las nuevas ideas democráticas y republicanas.

Después del guillotinamiento de Luis XVI (1793) se mantuvo una cerrada censura en los territorios de España y en el Rio de la Plata, ampliando a periódicos y revistas las prohibiciones para que  las obras de los principales pensadores franceses precursores de la Revolución sean difundidas.

¿Cómo era el escenario rioplaense? pregunta Guerra, en primer lugar gracias a la complicada situación española el Rio de la Plata, en particular el puerto de Bs As,  se benefició  ampliamente con el comercio. La guerra desencadenada en Europa marcó la virtual desaparición de la metrópoli española.

Los criollos que acudían a España para cursar sus estudios no regresaban  con las mismas ideas con las que  habían partido, todos traían  la influencia mas o menos marcada de esas nuevas ideas que circulaban en Europa, el jóven Manuel Belgrano no fue una ecepción entre 1786 y 1794 pasó por Salamanca, Madrid y Valladolid de ahí la célebre frase de Belgrano: “se apodera de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad...”

En mayo de 1794 el auge mercantil de Bs As hizo que  la corona  instalara un Consulado de Comercio en esta ciudad, a pesar de los conflictos generados se transformó en una usina de difusión de los principios económicos renovadores,  la principal figura fue su secretario Manuel Belgrano.

Por lo tanto, estas “ideas subversivas” junto a la influencia de la Ilustración modificaron el sistema colonial y monárquico, paulatinamente fueron apareciendo nuevos  personajes que iban desarrollando la idea de una posible independencia.

Afirma Gallo que esta nueva sensibilidad para con las nuevas  ideas, respondían  a experiencias vitales de algunos hombres de acción que lucharon en las guerras europeas en particular, en la revolución francesa o el impacto que causó la independencia de los EE.UU o el descontento generalizado de los residentes en América  con  la administración colonial. El primer grupo lo encabezaba Francisco de Miranda que desde Europa trabajó por difundir el ideal independentista y lo integraron otros como José de San Martín o Carlos María de Alvear. Los segundos se manifestaron en 1809 con los  levantamientos de Chuquisaca o La Paz.

Los prolegómenos de la revolución dice  Chiaramonte, debemos buscarlo entre otras cosas, en un hecho que marcó la presencia criolla en la historia se trata de “la invasión inglesa”. Y Gallo afirma que el bloqueo establecido por Napoleón contra Londres impulsó al Almirantazgo británico a poner en su mira a las colonias hispanoamericanas. Así fue como en 1806 la flota de Su Majestad se presentó ante las costas de Quilmes. El objetivo central era captar nuevos mercados en sudamérica  el Rio de la Plata era visto como unas de las regiones con mayor potencial económico.

Las invasiones inglesas marcaron serias consecuencias para el futuro político rioplatense. Una de ella se relaciona con la configuración de la opinión pública cuyo primer héroe fue Liniers y su primera víctima Sobremonte.  Goldman sin embargo sotiene que las invasiones inglesas de 1806 y 1807 aumentaron las tensiones, el éxito de la defensa reafirmó la dominación española, pero ocasionó una severa crisis de autoridad en el Virreinato, por el protagonismo que desde entonces tuvo el Cabildo porteño.

Al mismo tiempo con el pretexto de invadir Portugal Napoleón ocupó casi toda España obligando a Carlos IV a abdicar a favor de Fernando VII, a quien desplazó para coronar a su hermano José Bonaparte.  La España insurgente pasó a ser aliada de Gran Bretaña. En las ciudades no ocupadas por los franceses, la población desconocía a las autoridades tradicionales y eligió Juntas de gobierno autónomas. En setiembre de 1808, las Juntas enviaron diputados a Sevilla para conformar  una Junta Central. En 1810 Napoleón ocupó toda Andalucía y disolvió la Junta. Aunque se estableció un Consejo de Regencia a la espera de la reunión de las Cortes en Cádiz se produjo un vacío de poder en el gobierno español.

Sosiene H. Donghui  que la crisis de la monarquía española había movilizado a las  autoridades  de América. En Bs As el movimiento de enero de 1809 pidió la constitución de una Junta como en España. Aunque sofocado el hecho puso de relieve el poder de las milicias encabezadas por los Patricios. Meses después, el 25 de mayo de 1809 un viejo conflicto de la Audiencia de Chuquisaca culminó con un levantamiento de los oidores, más allá de las expresiones políticas se trató de una ruptura de la legalidad colonial. En julio el movimiento se extendió a La Paz y adquirió un carácter abiertamente antiespañol además de reclutar a diversos sectores populares.

                                                       La semana de mayo

La precaria autoridad de Cisneros se apoyaba en que la Junta Central había delegado en él un poder legítimo. El 14 de mayo de 1810 Cisneros pudo detener en Montevideo la fragata inglesa que traía la noticia de la caída de la Junta de Sevilla, pero no logró impedir que dos días después el rumor llegara a Bs As. El bando patriota que contaba con el apoyo decisivo del coronel Cornelio Saavedra creyó que era el momento de reunir una Junta para retomar la soberanía del Rey ausente. El Cabildo abierto del 22 de mayo puso fin a la autoridad del Virrey y dejó en manos del Cabildo la elección del sucesor. El 24 fueron nombrados los miembros de una junta presidida por Cisneros.

Dice N. Goldman, la crisis final del lazo colonial en el Rio de la Plata se produjo cuando llegaron las noticias de una posible derrota total de España con el asedio francés a Cádiz, último bastión de la resistencia española. Esto ocurrió a mediados de 1810.

¿Quién o quienes debían hacerse cargo del poder ahora vacante?   Chiaramonte señala que había surgido  un espacio que hasta ese momento no se había perfilado como una actividad diferenciada y que había brillado por su ausencia durante la colonia: “la política”. Desde el inicio de la revolución, coexistieron en conflicto, soberanías de ciudades con gobiernos centrales. Esta particular formación espacial, el sistema urbano-bastante integrado, pese a la distancia y al releive montañoso- también costituían una estructura social compleja. El 25 de mayo fue concebido como el día de un  pacto inaugural de unión entre los  pueblos que habían delegado provisionalmente el poder en un nuevo gobierno central.

Desde el inicio de la revolución coexistieron en conflictos soberanías de ciudades con gobiernos centrales que orientaron sus acciones a definir una única soberanía rioplatense.

Dice Guerra salvo pequeños grupos intelectuales de Chuquisaca o La Paz nadie conocía a fondo el proyecto revolucionario.

La junta de Bs As convocó a los demás pueblos del antiguo Virreinato a reconocer su autoridad y mandar representantes sobre la base del “principio de retroversión”. Según esta antigua ley hispánica en ausencia del Rey la soberanía debía volver a manos del pueblo. En aquellas regiones donde se manifestaban fuertes sentimientos localistas como la Banda Oriental y el Paraguay este concepto fue muy resistido.

La sociedad patriótica proclamó tres objetivos: recuperar el espíritu revolucionario de mayo, declarar la independencia y elaborar una constitución: Goldman

                                                               Conclusiones  

 

La reflexión en torno a las circunstancias que acompañaron las abdicaciones de Bayona -la desaparición de la figura del rey- que coloca literalmente al reino en escena han permitido sin embargo plantear una problemática diferente respecto al surgimiento y contenido de las reivindicaciones de soberanía nacional.  La acefalía obligaba a la comunidad a pensarse sin el rey, imaginarse que las relaciones entre comunidades es posible, en torno a este acontecimiento se produce entonces, una inflexión importante en el imaginario social.

La movilización patriótica de los “pueblos” en representación del rey ausente fue un hecho revolucionario; los movilizaba  una unidad cultural, no en el sentido actual,  sino como un concepto equivalente a étnico, que implicaba una definición cultural de la comunidad, una  unidad de la sociedad cuyos miembros son individuos con derecho. Esta idea primó en toda hispanoamérica.

Por lo cual, la intención del trabajo consiste en primer lugar mostrar la necesidad de conjugarla históricamente a la revolucion francesa  en su contexto estructural, donde se produjo una ruptura que llevó mucho tiempo reestructurarlo.

Cuestiones de poder político hizo que Francia invadiera España- con todos los avatares que describimos aquí y que permitieron  en hispanoamérica en particular en el Río de la Plata, la germinación de otra revolución que lo conducirá hacia la independencia.

El análisis historiográfico pretende en primer lugar señalar los fenómenos que originaron  la revolución francesa y que de alguna manera se proyectaron  a América. Y en segundo lugar el  mismo se desarrolla  en dos contextos: europeo y americano, para tratar de comprender que los hechos históricos, no son hechos aislados sino que se complementan y se conjugan en la evolucion de las ideas.

La revolución en el Rio de la Plata en particular en Argentina, no es un episodio sino un proceso, surgió de causas económicas bien conocidas, afirmó la soberanía popular como fuente del derecho político, transmutó el organismo administrativo del Virreinato y marcó una orientación ideológica de la minoría ilustrada que la ejecutó. Esa revolución, en su periodo más estricto, duró no menos de ocho años desde el 14 de agosto de 1806 hasta la asamblea del año XIII. Pero en su verdadera gestación histórica, de sus comienzos seguros hasta su realización efectiva, se extendió medio siglo desde Carlos III y el Virreinato de Vértiz (1778) hasta el gobierno presidencial de Rivadavia (1826): Ingenieros.

 

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