Make your own free website on Tripod.com

(Adelanto)

Cecilia Aramendy: estudiante de la carrera de Sociología de la U.B.A.

Florencia Partenio : estudiante de la carrera de Sociología de la U.B.A.

ceciliav16@hotmail.com

 

19 y 20: momento de ebullición

  

 

   Cómo suturar un volcán que arroja todo el candor de la política?. Y acaso, ésta, más cerca de la vena y la ebullición, ha de conjurarse de una vez y para siempre en el cajón añejo de un “tiempo homogéneo y vacío”.

   Las tablas de la Plaza se resquebrajaron. Y es que en la ciudad-teatro el coro se quedó para “la fiesta”. De espectadores silenciosos y pasivos de esa agitación sin hacer nada: “la velocidad es una taquicardia no una actividad... puede una ciudad estar muy agitada sin ser dinámica” murmuraba Ezequiel Martinez Estrada, a hombres dinámicos de marcha imprevisible y destituyente de todo orden establecido. Luego del bramido, las palabras: “ Que se vayan todos que no que de ni uno solo”, ¿del balcón?. Si la Plaza de Mayo se configuraba como una especie de “teatro ampliado... gigantesco dispositivo espectacular que dejaba y deja, de un lado el sitio del poder y el monopolio de la palabra -el balcón- y del otro una enorme platea decorada por los magníficos monumentos” como relata Eduardo Rinesi en  Buenos.Aires Salvaje, un oscuro instinto a plaza, esta vez, sin balcón, invadió la escena.

 

   En el mapa quedaron los rastros de una nueva cartografía social que habitó la ciudad, tal vez como conquista de esa fuerza de lazo vejado detenido en un pasivo consentimiento frente a un único libreto.

 

   La nueva cartografía en conformación, nos lleva de viaje por una ciudad poblada de accidentes geográficos. Los mapas que nos guían por este recorrido consisten en hacer foco sobre su paisaje urbano: los vallados colocados después de las jornadas de diciembre de 2001 en aquellos lugares donde se anuda la democracia a los formalismos; los centros tapiados que se dedicaban al cuidado de los intereses de vastos ahorristas, los frentes “escarchados” por las aerografías pintadas sobre algunas sucursales de las empresas privatizadas de servicios. Y la ocupación de predios y espacios urbanos por parte de las asambleas que se  suman a esta cartografía barrial novedosa que despertó a una Buenos Aires dormida.

  

   La dispersión se hizo eco y el paisaje urbano transfiguró sus líneas en las hendiduras que dejo un desgarro. Esta multiplicidad abierta, murmullo de lo no establecido, antes de rasgar la Plaza y luego las plazas, las esquinas, ya reptaba en el andar disruptivo de algunas acciones de protesta que venían surcando la última década  y que nos empezaba a hablar de las fisuras que destilaban las formas clásicas de la política asociadas a los dispositivos gremiales y partidarios de la representación como activos organizadores de la transformación social o como agentes  estabilizadores del orden.

 

   El libreto único en unas pocas manos con la voz del silencio  de las mayorías, se puso en escena, esta vez para ser cuestionado, haciendo visible el problema de la representación política y abriendo tal vez, el regreso del pueblo como sujeto, en medio de tanto murmullo a gente. Revelando la potencia que puede tener, un encuentro de cuerpos imprevisiblemente fechado. 19 y 20, fueron días en que ese incansable vapor de la pava que golpeaba con ansias de quebrar el cielo se condensó y constató, haciendo imposible desmalezar el sudor y con él  también la muerte como indeseable constatación de un asfalto que arrojó fuera de la atmósfera el esqueleto de una democracia como metáfora de la transición demócrata y opción ante el terror de la dictadura, y la oseosidad misma.

   La descalificación y la descalcificación se hizo añicos y nos tendió sobre el abismo. Huesos rotos, astillas de un pacto que se quebró en el medio del pogo de una “fiesta”. “Si el liberalismo, entreverando palabras de Rinesi en Buenos Aires salvaje, supone la representación y por eso sólo reserva a la ciudadanía el derecho a un pasivo consentimiento frente al poder... la democracia en cambio supone la participación popular, deliberativa y activa... concibiendo  al poder como forjado a través de consenso activo entre ciudadanos que han recuperado su soberanía decisoria, de ahí que la metáfora estética con que suele referírsela, sea la de fiesta”. Claro que las astillas que invadieron y desdibujaron la cuadrícula en la marea de un torrente de cuerpos que empezó con un sonido y rasgó un movimiento, en donde las puertas de calle perdieron sus marcos. O las esquirlas de asambleas que se insertaron en el mapa, nos remiten más a una conmoción de las formas establecidas del orden, la experiencia y los discursos que a un horizonte de democracia. ¿Pero de que materia están hechos los horizontes de legitimidad de una democracia como para pensarla fuera del pogo?. Representación política, ciudadanía, soberanía popular, instituciones no son materia de reciclaje, de la metamorfosis indecible que porta la acción. “Si el hombre es capaz de acción significa que puede esperarse de él, lo inesperado” (Arendt). Acaso hasta el orden más compacto sea una filigrana vulnerable. Apuestas sin triunfos definitivos, en donde todo el tiempo se lidia con lo opuesto. Institución como cierre pero también como acción. Acción y efecto de instituir. Letra, nexo: “Y” como bisagra que condensa toda la tensión. Momento de lo político, de lo indecible, del cuestionamiento de los principios que sueldan los huesos y del terror de verlos caminando, que nos defrauda de la certidumbre de toda fijeza, pero también, momento de la apertura y de generación de sentidos. Hendidura del abismo que nos habla con el lenguaje de la indeterminación. Será que la democracia como apego de un conjunto de reglas vacías se exilió del pensamiento. Exilio de la conmoción y la indeterminación que ligó el pensamiento de la experiencia política al ámbito del régimen y la gestión en donde tanto la política como la democracia quedaron eclipsadas por la idea de orden, sólo en su momento de cierre. 

 

Cecilia Aramendy: estudiante de la carrera de Sociología de la U.B.A.

Florencia Partenio : estudiante de la carrera de Sociología de la U.B.A.