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Título: El trotskismo argentino y los orígenes del peronismo

Autora: Prof. Alicia Rojo

Universidad de Buenos Aires – Facultad de Filosofía y Letras

Dirección: Caseros 2385 1° 10 Capital Federal

Teléfono: 4305-6600

E-mail: aliciarojo@hotmail.com

             asrojo@ciudad.com.ar

EL TROTSKISMO ARGENTINO FRENTE A LOS ORIGENES DEL PERONISMO

 

Este trabajo es parte de una investigación sobre los orígenes del trotskismo argentino[1], que estudia el surgimiento de los primeros grupos, su desarrollo durante la década del ‘30 y sus posiciones frente al peronismo. El objetivo aquí es describir las posiciones de los grupos trotskistas acerca del peronismo desde el análisis de sus publicaciones.

Nos concentramos en el análisis de tres de los cinco grupos trotskistas existentes en 1945: Octubre, publicación del grupo de Jorge Abelardo Ramos, el GOM (Grupo Obrero Marxista), dirigido por Nahuel Moreno, cuya publicación fue a partir de 1946 Frente Proletario, y el GCI (Grupo Cuarta Internacional) dirigido por J. Posadas, que publica Voz Proletaria.

Nuestro trabajo abarca el período que se inicia en 1943 con los albores del peronismo, hasta 1948-49.

Centraremos nuestros análisis en torno a la caracterización del fenómeno peronista con referencias a dos problemáticas relacionadas: la relación del peronismo con la burguesía industrial y con el imperialismo, por un lado y la relación con la clase obrera, por otro.

 

 Sobre la burguesía «nacional» y el imperialismo. Las tareas de la revolución en la Argentina.

 

Para los tres grupos Argentina era, en la etapa estudiada, una semicolonia en función de la dependencia de su economía de la producción agrícolo-ganadera y la exportación de materias primas y por su dependencia del imperialismo. En función de esta caracterización, los tres grupos encuentran que las tareas de la revolución en la Argentina incluyen la liberación del país de la dominación del imperialismo y la revolución agraria. Las diferencias se profundizan a partir de la caracterización del proceso de industrialización desarrollado desde los años 30 y del carácter de la burguesía industrial.

Para Octubre, la burguesía desarrollada al calor de la industrialización entraría en contradicción con la estructura económica existente, y por lo tanto con el imperialismo dominante al momento. Por lo tanto, la burguesía industrial “nacional” se opone a la tradicional oligarquía terrateniente. En función de estas características, el imperialismo choca con la burguesía nacional en su explotación del país.

Las tareas de la revolución serán resueltas por un “movimiento nacional”, el cual surge cuando el campesinado pobre y medio, el proletariado agrícola y urbano, la pequeña burguesía y la burguesía industrial se enfrentan contra el imperialismo. En el marco de la caracterización de la burguesía industrial Octubre considera posible que ésta pueda cumplir un rol revolucionario enfrentando al imperialismo y avanzando en las tareas de la revolución.

Frente Proletario se diferencia de Octubre considerando que la burguesía industrial argentina se liga estrechamente no sólo al imperialismo, sino a la oligarquía terrateniente. En este sentido, se opone a Octubre también en torno a la visión del proceso de industrialización que sufre la Argentina, sosteniendo que el país se industrializaba desde décadas atrás y que esto no significaba la liberación económica del país, al estar la industrialización controlada por el imperialismo.

A partir de su caracterización de la relación entre imperialismo y clases dominantes en los países atrasados, para resolver las tareas de la revolución en estos países, el proletariado debe enfrentarse a los latifundios a la vez que “a su hermano de leche la burguesía industrial, y a su patrón el imperialismo”. Las tareas deben ser llevadas a cabo por el proletariado unido a los chacareros empobrecidos y niega la posibilidad de unirse al capital nacional para estas tareas.

Por su parte, Voz Proletaria se diferencia del análisis de Frente Proletario considerando que la burguesía industrial se desarrolla en oposición a las clases terratenientes. La burguesía industrial somete la economía a su interés y reemplaza a la vieja oligarquía terrateniente y vacuna comportándose como “nueva dueña del país”. Desde esta posición busca establecer nuevas bases en su relación con el imperialismo tratando de obtener una proporción mayor en el reparto de la plusvalía que deja la explotación del país.

Para Voz Proletaria las tareas de la revolución chocan con el régimen de propiedad privada y el sistema de explotación capitalista. De aquí surge la “necesidad de realizar en forma combinada, sin etapas intermedias las tareas del problema nacional y las tareas de la revolución socialista”. La burguesía demostró su impotencia histórica para hacerlo, pero esto no niega los roces de la burguesía nacional. Critica al GOM, por no reconocer el roce de la burguesía industrial con el imperialismo angloyanqui, y no ver “el sentido del empuje revolucionario del proletariado”, y la conveniencia para él de aprovechar esta lucha para su propio programa.

 

B. 3. Sobre el carácter del peronismo: su relación con la clase dominante y el imperialismo

 

Octubre retoma sus análisis sobre el papel de la burguesía industrial y plantea que Perón será su representante. Caracteriza al peronismo como un movimiento nacional en enfrentamiento con el imperialismo: el avance de Estados Unidos sobre América Latina levanta “a su paso un vasto movimiento nacional en América Latina”.

Octubre postula apoyar todas las medidas que impliquen un avance del desarrollo burgués del país y que por lo mismo aceleren la lucha de clases en la Argentina y el continente. Para Octubre no debe verse a los zigzagueos de la burguesía nacional como una demostración de la capitulación definitiva de la burguesía, ya que “cada paso que da en su desarrollo económico y en su política de industrialización le quema los puentes para un retroceso considerable ante el imperialismo”.

Frente Proletario refuta en primer lugar la afirmación que considera al peronismo como representante de la burguesía nacional. Afirma su carácter de “agente” inglés en función de los intereses del sector más fuerte de la burguesía argentina: los terratenientes. Advierte, en este sentido, sobre la resistencia a la influencia al avance del imperialismo norteamericano, el cual afectaría las bases de la economía en su conjunto. Frente a este avance, la clase más fuerte, los terratenientes, fuerza la unidad de las clases explotadoras y la colaboración con el imperialismo inglés. Frente Proletario establece el carácter «bonapartista» del régimen “del 4 de junio”, carácter dado no por enfrentamientos entre sectores de clases (debido a la prosperidad general y la inexistencia de roces con el imperialismo) sino entre camarillas y dirigentes.

Voz Proletaria define al gobierno de Perón como representante de la «burguesía industrial nacionalista» y polemiza, en este sentido, con el GOM. Para Voz Proletaria, la burguesía nacionalista, se sirve de la lucha anglo yanqui para disputarle a ambos parte de la plusvalía que extraen del proletariado del país.

Define su política hacia la burguesía industrial en oposición a Octubre afirmando que no puede jugar un rol revolucionario. Plantea que los revolucionarios sólo pueden hacer acuerdos parciales con la burguesía industrial y apoyar “sus medidas” en tanto dé pasos reales contra el imperialismo y sirvan para el desarrollo de la lucha por los intereses revolucionarios del proletariado.

 

Orígenes del peronismo, la clase obrera y sindicatos

 

Para Octubre el peronismo como movimiento nacional conducido por la burguesía industrial, encontró en la clase obrera, la fuerza combatiente para llevar adelante las tareas nacionales. Considera que el proletariado ha obtenido una gran victoria aunque no tiene todavía conciencia socialista. Se trata de un movimiento de la clase obrera pero que “en la primera etapa de su ascenso lleva al poder a la burguesía nacional”.

Octubre considera que los sindicatos formados por la clase obrera durante la etapa peronista constituyeron un avance para la clase al permitir a los obreros hacer su experiencia sindical, “bajo el signo del peronismo, amplias capas de obreros revolucionarios buscan su camino”.

En relación a la clase obrera, Frente Proletario considera tres elementos centrales: la situación de reflujo de la clase obrera, el rol jugado por las direcciones reformistas del movimiento obrero y la utilización que el peronismo hace del proletariado, en un marco general de prosperidad económica. Para Frente Proletario, estas condiciones han permitido que el proletariado fuera utilizado en el plan demagógico del gobierno,  desviado de los métodos de lucha revolucionarios y de sus objetivos de clase.

Acorde con su caracterización del reflujo del movimiento obrero en la etapa, considera que los sindicatos no se han fortalecido, por el contrario, son un reflejo de la pasividad de la clase obrera. Sin negar el aumento en la importancia del proletariado como clase producto de los cambios económicos de la etapa, insiste en la utilización demagógica de éste, posibilitada por las traiciones de la dirección stalinista.

En cuanto al proceso de estatización de los sindicatos, diferenciándose de las otras corrientes trotskistas, igual que lo hace en relación al peronismo, Frente Proletario plantea la ligazón de los sindicatos no a la burguesía industrial sino al imperialismo. La estatización de estas organizaciones no obedece pues a las necesidades de la burguesía industrial «democrática» contra el imperialismo, sino a los intereses comunes de ambos estrechamente ligados entre sí y comandados por éste último.

Frente Proletario desarrolla también su caracterización acerca del carácter de las conquistas obtenidas por la clase obrera durante la etapa peronista, considerándolas faltas de todo valor y con el solo objetivo de adormilar al proletariado, por no haber sido conseguidas por los trabajadores en pie de lucha.

Voz Proletaria establece la relación del régimen con la clase obrera, a partir de la necesidad de la burguesía industrial de obtener una base de apoyo para llevar adelante su política industrialista y su política de maniobras frente al imperialismo. A diferencia de Frente Proletario, Voz Proletaria plantea que la clase obrera apoyó al peronismo en función de sus propios intereses revolucionarios, intereses que la burguesía utilizó en su beneficio pero que la obligaron a hacer concesiones a las masas: la clase obrera arrancó “a través de movilizaciones profundas y por sus métodos de clase, conquistas económicas y políticas valiosas”, cobrando así “conciencia de su fuerza y poderío”.

Discutiendo con Frente Proletario, Voz Proletaria reafirma sus análisis acerca del estado de movilización de la clase obrera, lo cual explica su afluencia a los sindicatos.

Mientras resalta este estado de movilización de la clase obrera, Voz Proletaria profundiza mucho menos en el proceso de estatización de los sindicatos, dudando incluso de su existencia ya en 1949 y hablando sí de “politica actual de domesticación del movimiento obrero.

 

Algunas conclusiones

 

Al considerar los planteos de los grupos trotskistas aparecen los siguientes ejes: el papel de la burguesía industrial, la relación del peronismo con el imperialismo y el papel de la clase obrera en el surgimiento del peronismo.

a. Tanto Octubre como Voz Proletaria coinciden al plantear que el peronismo representaba los intereses de la burguesía industrial; b. la burguesía industrial se enfrentaba, para desarrollarse, a la oligarquía terrateniente, para Octubre debía enfrentarse también al imperialismo. Para Voz Proletaria la «burguesía industrial nacionalista» maniobraba para lograr mejores condiciones para negociar con el imperialismo; c. la burguesía encabezó un movimiento nacional apoyado en el proletariado.

La burguesía industrial argentina se conformó como una diferenciación de la burguesía terrateniente y se desarrolló ligada al capital extranjero. En los ‘40 la industria argentina se hallaba ya altamente concentrada, y los grupos económicos que la controlaban tenían un importante grado de diversificación, sus capitales provenían y se invertían en las actividades agropecuarias, las finanzas, la industria ya existente y las nuevas actividades industriales que surgieron al calor de la sustitución de importaciones y la guerra. Estos sectores no se plantearon un proyecto de desarrollo independiente, ni encararon una lucha contra el imperialismo. Los sectores más vinculados con la industria necesitaban estrechar la relación con el imperialismo norteamericano para proveerse de maquinarias y equipos. El peronismo expresó un intento de «equilibrio» entre la fuerza progresiva de la sociedad, el proletariado, y los sectores más tradicionales de la economía frente a la ofensiva norteamericana, y al mismo tiempo, el intento de crear condiciones que le permitan una negociación más favorable con el imperialismo.

En este marco, en Voz Proletaria, la caracterización del peronismo como movimiento nacional, y la visión de los roces efectivamente existentes con el imperialismo, lo llevará a plantear el apoyo a las medidas del gobierno que impliquen un enfrentamiento con el imperialismo pero llamando a mantener la independencia del proletariado y sus organizaciones. Sin embargo, una sobrevaloración de la “independencia” de la “burguesía industrial nacionalista” llevará a Voz Proletaria a una visión “oportunista” del peronismo ya que, en el conjunto de su política, se adaptará a él en tanto expresión política de la clase que lidera el «movimiento nacional», y en tanto dirección «real» de la clase obrera.

Voz Proletaria delineará una posición que subestima los aspectos más reaccionarios del régimen peronista y que se expresará en relación al tema de la clase obrera y sus organizaciones, tema en el cual su razonamiento lo llevará a una subvaloración del problema de la estatización de las organizaciones obreras y la cooptación de amplios sectores de la clase.

Para Voz Proletaria los sindicatos son instrumentos de la burguesía nacional contra el proletariado y a la vez base de apoyo en su enfrentamiento contra el imperialismo. Señala el estado de movilización de las masas y califica de «revolucionarios» los objetivos de la clase obrera al apoyar al peronismo.

Es necesario anotar que el peronismo fue desde sus inicios un movimiento que, como parte de sus objetivos se planteaba prevenir todo ascenso revolucionario. Voz Proletaria apunta a esto cuando se refiere al «engaño» del que fue víctima el movimiento obrero, sin embargo, al no profundizar en los mecanismos de cooptación de la clase y estatización de sus organizaciones, este grupo hará hincapié en la «experiencia» que la clase hace con el peronismo. En este sentido, Voz Proletaria tiende a una visión oportunista en tanto se adapta al estado de conciencia de la clase obrera en esta etapa, conciencia que era reformista y no revolucionaria en tanto confiaba en una dirección burguesa, se adapta por esta vía al fenómeno peronista y a las direcciones existentes del movimiento obrero: «El proletariado es la fuerza política decisiva, y ...se ha unido en realidad tras su apoyo a Perón, por una política que él ve de interés nacional, en oposición a la oligarquía y al imperialismo. De esta nueva experiencia el proletariado debe sacar las conclusiones políticas...». El acento puesto en la «experiencia» que la clase obrera estaba realizando no le permite ver el proceso que impedía que esa experiencia cristalizara en organizaciones independientes, -hecho éste que, a pesar de las previsiones de Voz Proletaria, no se operó- y que se profundizó con el ascenso de Perón: la estatización de los sindicatos.

El marco de estos análisis y en última instancia su explicación, es la caracterización más general de los sindicatos definidos como instrumentos de la «burguesía industrial nacionalista» en sus roces con el imperialismo y con la oligarquía. Si bien el control de los sindicatos es analizado como «defensa» de la burguesía contra el propio movimiento obrero, considerarlos un arma de la burguesía industrial contra el imperialialismo, le permite a Voz Proletaria subordinar el problema de la estatización de los sindicatos a esos objetivos.

 

Octubre, a partir de su caracterización de la burguesía industrial y el movimiento que encabeza, avanza mucho más al definir que los pasos que da en su desarrollo económico y en su enfrentamiento con el imperialismo «se transforma en impulsos motores para el cumplimiento de su aspiración nacional más profunda». En función de esta caracterización, Octubre impulsa el apoyo a las medidas del gobierno peronista que «promuevan al desarrollo burgués del país y que por lo mismo aceleren la lucha de clases.» Dos premisas subyacen a estos planteos: por un lado, la posibilidad de que la burguesía adopte un camino revolucionario, en tanto es capaz de resolver las tareas nacionales; por otro lado, que es necesaria una etapa de desarrollo burgués que «acelere la lucha de clases» y, previsiblemente, prepare el camino para una revolución proletaria. Esta posición queda más explícita cuando Octubre plantea «El movimiento de la clase obrera argentina, que en la primera etapa de su ascenso lleva al poder a la burguesía nacional». En este sentido, una concepción etapista que plantea el apoyo del proletariado a las políticas burguesas que impulsan el desarrollo económico «burgués» e incluso el apoyo a un movimiento que en su primera etapa lleva al poder a la burguesía, marcan la ruptura que Octubre-Ramos hacía con el trotskismo, pese a sus reiteradas referencias a la Cuarta Internacional y a las frecuentes reproducciones de textos de Trotsky. Para Trotsky, la intervención del proletariado en los movimientos nacionales se da en el marco de «oponer» permanentemente a la clase obrera a la burguesía, y el apoyo de los revolucionarios a las medidas de la burguesía se da en tanto impliquen un enfrentamiento con el imperialismo y a condición de mantener la independencia de sus organizaciones y la lucha por sus objetivos revolucionarios y la toma del poder, sólo en ese camino serán resueltas las tareas democráticas de la revolución.

 

Por su parte, los análisis de Frente Proletario se basan en:

a. el peronismo expresaba los intereses del imperialismo inglés y los sectores ligados a él; b. la inexistencia de roces entre sectores de la clase dominante nativa y con el imperialismo; c. el peronismo surgió como producto del enfrentamiento entre camarillas; d. el movimiento obrero fue utilizado por el peronismo en el marco de su estado de desmovilización.

Los análisis en que basa esta caracterización, parten de la consideración de la unidad de intereses entre los sectores de la burguesía argentina. Sin embargo, Frente Proletario no sopesa correctamente las divisiones en la clase dominante, que ya los inicios de la guerra mundial habían puesto al rojo vivo, producto de las resistencias de sectores de esta clase a la penetración del imperialismo norteamericano: «las relaciones de todos contra todos son mejores que nunca. Ni roces entre las clases nacionales, ni de éstas con el imperialismo dominante». Así, el peronismo aparece a sus ojos como producto de un tipo de bonapartismo resultado de un enfrentamiento entre camarillas. Esto se suma a la caracterización de la situación del movimiento obrero que permite su utilización demagógica. La inexistencia de roces entre las clases los lleva a explicar el recurso a la clase obrera como base de apoyo a partir de: «La propia burguesía tiene roces con los gobernantes, aspira a que sus técnicos gobernantes, deroguen al inepto gobierno militar. Una sola fuerza puede hacer balancear el gobierno contra la burguesía, es el proletariado».

Esta caracterización lleva a Frente Proletario a una política “sectaria” en relación al movimiento peronista, sin encontrar en él ningún rasgo de nacionalismo. Su visión ignora la riqueza del concepto de bonapartismo sui generis planteada por Trotsky[2] para los gobiernos de los países. Al negar las divisiones en la burguesía y subestimar la decadencia del imperialismo inglés, así como al no evaluar correctamente los intentos del régimen peronista de crear condiciones de relativa autonomía del país y en función de esto, sus roces con el imperialismo norteamericano, Frente Proletario no puede ver las oscilaciones que el gobierno peronista expresa entre la «burguesía nacional» y el imperialismo. Esto explica la unilateralidad de su visión del gobierno peronista como agente inglés, exenta de las contradicciones que implicaban el «respaldo» que buscaba en este imperialismo como forma de resistencia a la ofensiva norteamericana. Así tampoco puede evaluar correctamente el rol que cumple el proletariado. Partiendo del error de considerarlo «castrado» (sin ver las tendencias que expresaban por ejemplo, la conformación del Partido Laborista), Frente Proletario no advierte que es precisamente la fortaleza objetiva del proletariado la que empuja al gobierno a buscar su apoyo, en el marco de las contradicciones de clase y los roces con el imperialismo.

Una visión opuesta en relación al movimiento obrero, es la planteada por Voz Proletaria, ya que considera que las masas, aunque engañadas, acuden al peronismo a partir de sus objetivos revolucionarios.

Voz Proletaria  subestima el hecho de que el peronismo al «engañar» a las masas aborta procesos que podían tender a su organización independiente y constituyó no tanto la expresión como la canalización o desvío de la potencial movilización revolucionaria de las masas.

 

Frente Proletario discute con Voz Proletaria su caracterización de los sindicatos como arma de la burguesía industrial contra el imperialismo, y plantea, por el contrario, que la estatización de los sindicatos responde «a los intereses de ambos», es decir, «impedir en el movimiento obrero todo planteamiento revolucionario que atente contra las bases de la explotación capitalista».

A diferencia de Voz Proletaria, Frente Proletario analiza extensamente el proceso de estatización de los sindicatos. En este sentido, advierte más claramente los elementos de burocratización, cooptación, ligazón al estado y represión al interior del movimiento obrero. Sin embargo, adolece de los errores sectarios a los que nos referimos más arriba expresado en definiciones como «en cuanto a su esencia son sindicatos fascistas o semifascistas» (si bien descarta la caracterización de fascista para el régimen peronista como tal), confundiendo los métodos de la burocracia sindical con el carácter de los sindicatos que sólo puede ser comprendido a la luz de categorías que abarquen el conjunto de las contradicciones de un régimen de un país semicolonial en la etapa imperialista.

Este mismo sectarismo se advierte en relación a la valoración de las conquistas obtenidas por el proletariado. Si para Voz Proletaria fueron producto del «empuje revolucionario» de las masas, para Frente Proletario «no son conseguidas por los trabajadores en pie de lucha, sólo sirven para adormilar al proletariado y, por consiguiente, son conquistas sin ningún valor».

En este sentido, es necesario balancear el hecho de que estas conquistas obedecen a la fortaleza del proletariado por un lado, y al objetivo de cooptar al movimiento obrero por parte del gobierno, por otro.

Cada grupo pone el peso en uno de los aspectos transformando sus posiciones en unilaterales, volviendo a unas «oportunistas» en tanto hacen primar el aspecto revolucionario del movimiento obrero, subestimando su conciencia reformista y el rol de las conquistas en el proceso de cooptación, (Voz Proletaria); y «sectarias» a las otras, en tanto subvaloran la fortaleza del proletariado como clase y de sus organizaciones así como la importancia de las conquistas obtenidas en esta etapa, (Frente Proletario).

 



[1] Un trabajo más extenso sobre este tema fue publicado en Cuadernos del CEIP León Trotsky. N°3, julio de 2002. En él se desarrollan una serie de definiciones acerca de la etapa estudiada y del carácter del peronismo, así como una abundante transcripción de citas de las publicaciones de los grupos, que sustentan los planteos aquí expuestos. Por razones de espacio debieron ser suprimidas aquí.

[2] Para ampliar estos conceptos pueden consultarse: León Trotsky, “La política de Roosevelt en América latina”, 1938; León Trotsky, “Discusión sobre América Latina, 1938; León Trotsky, “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, 1940; en Escritos Latinoamericanos, Ediciones CEIP León Trotsky, Bs. As. 2° edición, 2000

A partir de las definiciones de León Trotsky sobre procesos como el cardenismo en México, creemos posible definir al peronismo aplicando algunas de las categorías por él aportadas. Así, definimos al peronismo como nacionalismo burgués en tanto movimiento, y como bonapartismo sui generis en tanto gobierno. Lo hacemos en función de su papel en el marco de las relaciones de fuerzas a nivel internacional y entre las clases a nivel nacional. A grandes rasgos, planteamos que el peronismo expresó la resistencia de ciertos sectores de la burguesía argentina a la penetración norteamericana sobre el país. Expresó el intento de crear condiciones más favorables de negociación con el imperialismo tratando de hacer a la economía argentina menos vulnerable a las fluctuaciones del mercado internacional.

En función de este objetivo se impulsó un cierto desarrollo industrial y del mercado interno; sin embargo, no se transformaron radicalmente las relaciones de producción ni se afectaron las bases más profundas del poder terrateniente, como el latifundio. Como movimiento nacionalista burgués, el peronismo se apoyó en los sectores más tradicionales ligados al capital inglés y en una fuerza social capaz de equilibrar la relación de fuerzas con el imperialismo y con sectores opositores de la burguesía: el proletariado.

En este sentido su gobierno puede ser definido como bonapartismo “sui generis” en tanto, en el marco de la relativa debilidad de la burguesía nacional (producto de las divisiones internas que se expresaron en crisis política entre 1943 y 1945) y de la ofensiva imperialista, busca apoyarse en una fuerza relativamente fuerte como el proletariado pero oscilando entre éste y la burguesía nacional, y entre ésta y el imperialismo.

En función de la necesidad de contar con el apoyo de la clase obrera y a la vez para evitar su organización independiente y contener un potencial ascenso revolucionario, el gobierno desarrolla una política para ligar a las organizaciones sindicales al Estado y una política social para cooptar amplios sectores de trabajadores.