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Pen (o) samiento Argentino

Daniel Scarfo

alfajoraltazor@hotmail.com

 

¿Cuál de todas las músicas del pensamiento corresponde al pensamiento argentino? ¿Pensamos los argentinos algo diferente? ¿Qué cosas dice ese pensamiento? ¿Hay que viajar por la Argentina, temporal y espacialmente, para conocer el pensamiento argentino? ¿Qué hay que leer? ¿Somos lo que hemos pensado? ¿Cuál es la relación entre pensamiento e identidad? Cuatro puntos, una larga indiada, una reflexión o genuflexión, y una vuelta entera.

 

Punto 2: Oíd mortales o El hombre que está solo y escucha

Las llamadas a las radios muestran el pensamiento argentino, exponen brutalmente el lenguaje de nuestro ser. Para entender el pensamiento argentino importa tanto escuchar a Antonio Carrizo como a Borges, ambos ampulosos. No es cierto todo lo que pasa por la mente de los filósofos argentinos, a menos que llamen por teléfono a los medios de comunicación. Por eso si se tiene algo para decir parece ser más efectivo ir a la radio más que a la universidad donde nada se dice porque rara vez alguien escucha. Y si la radio y la tv imponen límites al pensamiento también lo hace el aula, hoy lugar de la hecatombe del conocimiento. La universidad parece estar en una crisis terminal como institución educativa. De allí las carreras a distancia y los cursos por radio y tv. Recuerdo la indignación de todos cuando se dieron las primeras clases teóricas en el CBC transmitidas en pantalla gigante. Digo ir a la radio más que a la tv porque la radio es un medio menos invasivo y en retirada y que permite pensar más que un estudio de televisión, además de su accesibilidad económica.

¿Cuál es la relación entre nuestros pensamientos y nuestros sonidos, el grito de un gol, el compás de un tango, el tintineo de la taza de café al apoyarla en el platito? Se trata de leer pero también de escuchar. Cuando escuchamos pensamos y sabemos más quienes somos. ¿Qué podemos pensar cuando escuchamos? ¿Cómo volver a escuchar? El poder de la escucha quedó sepultado con la dictadura democrática de la opinión y la participación, donde uno tiene que hablar aunque no tenga nada para decir. Hay que reaprender a escuchar. Escuchar no significa someterse. Escuchar es imaginar, pensar. No escuchar es hablar sin saber. Para conocer que piensan los argentinos hay que saber escuchar, hay que viajar, hay que estar en la calle, en los caminos, en las mesas de truco, en las veredas, en las piernas de Maradona.  Si pensamos constantemente la radio es una buena metáfora de ese pensamiento perpetuo y su absurdo. Y como buena metáfora, tal vez sea el pensamiento mismo. El hombre que está solo, escucha.

 

Punto 2: Reíte, che: El hombre que está solo y se ríe

            En nuestro humor está nuestro pensamiento. Si el humor es una de las formas más reveladoras del pensamiento, hay un cansancio, una fatiga en nuestro humor que revelan el cansancio y la fatiga de nuestros pensamientos. El argentino es un hombre cansado y jodón. Sus bromas derivan de su fatiga, de su asombro, de su desconcierto. Cuando el diálogo es imposible, el argentino es el hombre que está solo y se ríe.

 

Punto 3: El hombre que está solo y patotea

El pensamiento argentino a veces glorifica el bandidismo y la ilegalidad, porque siendo europeo en América o caudillo de provincia puede hacer lo que se le antoje. Patotean los porteños ilustrados que piensan que sólo en Buenos Aires se puede pensar. ¿De dónde son los que exponen? ¿Qué se hace con lo que se piensa en estos días? ¿Qué se reivindica como pensamiento en estos días? ¿Qué significa esa reivindicación? Nadie que escuche está a salvo del hombre que está solo y patotea, de sus descalificaciones rápidas y gratuitas de profesor de dictadura que explica la dictadura. Patoteros Rosas y Sarmiento. Ilegibles Manuel Gálvez y Martínez Estrada. Renegados.

 

Punto 4: El hombre que está solo y se convierte en caricatura.

Baudelaire escribió: la caricatura es doble: dibujo e idea, el dibujo violento, la idea mordaz y velada. Los primeros volantes satíricos en historieta del tiempo de la colonia son de un filósofo y fraile, Fray Francisco de Paula Castañeda. En la actualidad Inodoro Pereyra revela la naturaleza caricaturesca de nuestro ser nacional, lo cual se relaciona con nuestro humor. Ya que no pensamos para encontrar soluciones ni para entender. Porque para eso hay que mirar y concebir y preferimos leerlo en historietas y quejarnos de nuestra impotencia. Las historietas revelan nuestra corrupción corporal, la tinta con la que hemos sido manchados: “La eficacia de la historieta reside en trabajar sobre mensajes debilitados en su reiteración, sucesión de efectos que carecen de sentido. Porque la parodia, como la caricatura, no hace sino resaltar lo manifiesto: no inventa, enfatiza,” escribe Juan Sasturain. Pereyra “se ha desintelectualizado para crecer periodísticamente. Ya no hay casi narración: hay chistes.”

 

Una larga indiada: El hombre que está solo y quiere ser Patoruzú

            El consumo continuo de Patoruzú desde 1936, revista y relato cultural que une lo local y lo universal, muestra lo latente que está el significado del pensamiento de la revista para gran número de lectores. La historieta nace en medio de la inestabilidad política y social de los años 30, momentos en que comienza el auge del paternalismo estatal.

En el diario “Crítica” aparece en 1927 una tira llamada “Un porteño optimista”, cuyo protagonista lo ve todo bien, encuentra siempre “el lado bueno de las cosas”. Esta tira comenzará rápidamente a llamarse “Aventuras de Don Gil Contento”.

Un día se anuncia en “Crítica”: “Don Gil Contento adoptará al indio “Curugua-Curiguaguigua”, último vástago de los “tehuelches gigantes” que habitaban la Patagonia. Y Don Gil lo bautizará posteriormente con el nombre que lo hará famoso: Patoruzú. Pero esta tira desaparecerá abruptamente de “Crítica” y en 1929 nacerá en “La Razón” un personaje que perdura hasta hoy: Julián de Montepío, hoy Isidoro Cañones. Julián de Montepío tendrá aquellos rasgos que hicieron famoso a Isidoro Cañones: es “vividor”, jugador y “bolichero”; vive de noche, no paga a sus acreedores y tiene, como Isidoro, un valet: un negro llamado Cocoa, quien ya aparecía en “Aventuras de Don Gil Contento” bajo el nombre de Belén. Un negro que nos apantalle.

El “tío Meñique” de Julián se transformará luego en el Coronel Cañones. Ambos le permiten a estos personajes la relación con la aristocracia y el acceso a las grandes reuniones sociales en donde encontrar a las hijas de los mayores adinerados del país.

Julián de Montepío no trabaja. Vive del dinero de su tío y del que gana en sus “juergas”. El 6 de septiembre de 1930 sobreviene el golpe de Uriburu y el 26 de ese mismo mes Julián recibe de la Patagonia una carta de su tío Rudesindo en la que le informa que se halla al borde de la muerte por lo que decide dejarle una herencia. Cuando Julián llega a la estación de trenes a buscar la herencia que el suponía sería dinero, se encuentra con Patoruzú y una carta que decía así: “un indio guenazo, hijo de un difunto cacique tehuelche amigo mío, pa’ que lo sigas apadrinando... Tratalo como a un hermano y civilizalo, si podés. Tené en cuenta que es un indio jovencito y muy rico, hablando en plata.” Este indio adinerado y recuperado a medias por la sociedad no necesitará mucho tiempo para convertirse en el personaje central de la tira, que comenzará a llamarse “Patoruzú”.

Una segunda etapa en el diario “El Mundo” permitirá el afianzamiento definitivo de estos personajes, lo que motivará a Dante Quinterno a editar una revista de historietas propia. Así, en noviembre de 1936, aparece el primer número de la revista “Patoruzú”, con una introducción a la misma que hace el propio cacique en la que dice que la revista es “senciyota y linda como el libraco é la maístra (...) que sería como un golpe é sol dentro la cueva, que sería dendeveras en tuitos los laos como si faltasen ganas de reír y ayí viniera a poner la risa guenaza é las cosas guenas!”. ¿No había mucho de que reírse la década infame? Que significa la risa aquí? Que significa Tinelli hoy? ¿La risa nos evita pensar o nos ayuda a pensar? ¿Es posible pensar sin reírse? ¿Nos proponía Patoruzú distraernos para olvidarnos de lo que sucede en nuestra realidad y legitimarla al mismo tiempo?

Esta revista comenzó a aparecer en forma mensual y tuvo tanta aceptación que el público comenzó a pedir nuevas historietas. Así como Julián de Montepío-Isidoro Cañones representan al porteño vivo, manguero, que trata siempre de aparentar, ventajero, el indio es su contrafigura: puro, sano de alma y de cuerpo, arquetipo ideal del argentino que todos deberíamos querer ser o que se quisiera que todos admiráramos.

Un segundo abordaje sobre el origen de los antepasados de Patoruzú nos lleva la historia de los Patoruzek contada en una revista “Patoruzú” del 17 de agosto de 1937. Según esta historia, Patoruzú es hijo primogénito del Faraón Patoruzek I y Patora la tuerta, princesa de Napata. Todo esto transcurre en Egipto. ¿Pero cuándo llega Patoruzú a la Patagonia? La historia cuenta que éste se hallaba en un viaje de picnic a Addis Abeba cuando el vehículo que lo transportaba se desbocó y aterrizó así junto a las niñas que lo acompañaban en la Patagonia. Allí el Príncipe Patoruzek (Patoruzú) se interesó en la caza de ñandúes y, hallándose muy entretenido, perdió el colectivo de vuelta. En esa tierra se vio seducido por los tehuelches, con quienes comenzó a vivir. Un príncipe egipcio adinerado con harén que se dedica a la caza y se entretiene y luego se va con el malón.

Patoruzú, dueño de la Patagonia, representante de la gran burguesía terrateniente, lucha siempre con un sentido del deber y sacrificio ciudadanos, por el mantenimiento del orden. El héroe llega para colocar las cosas en su “lugar natural”. El paternalismo de Patoruzú, su notoria superioridad, su caridad suprema, son los mitos con los que la clase dominante intenta asegurar su supervivencia en el imaginario de masa y con el peronismo que se viene.

La historieta muestra así el pensamiento después de la mas grande crisis del capitalismo y junto al Estado de Bienestar y el fascismo. Y coincide con un momento, como ahora, en el que era necesario imponer limtaciones al sistema económico dominante: el Estado intervencionista (Patoruzú) debe regular los conflictos sociales. El mundo armónico que se propone ofrece la salvación a los miembros de la clase alta mediante la ayuda a los pobres: el discurso deseado de la vieja oligarquía tiene en Patoruzú a su principal estanciero terrateniente. El indio llama siempre a los personajes a “actuar como cristianos”, a comportarse “como Dios manda” y no olvida agradecer a Dios cuando las situaciones se le presentan favorables.

Su “bienaventurado deseo de reparar injusticias” está en la mayoria de los casos ligado al dinero o a la propiedad. Patoruzú es una garantía de seguridad. La propiedad privada debe mantenerse a salvo. Patoruzú manifiesta un gran respeto por los bancos, el dinero y los bienes de la gente.

No existe una historieta en la que el indio no done o regale dinero a alguien que lo necesite. Patoruzú cumple con todos los pagos y tiene como contrafigura a Isidoro quien no le paga a nadie y es famoso por sus acreedores. Hay una clara apelación a la honestidad y señorío de la oligarquía que cumple con sus deberes en los pagos y que constantemente realiza donaciones bien a organismos de bien publico o a individuos necesitados, en forma de limosna.

El poder publico, sobre todo la policía, aparece dependiente de Patoruzú para poder controlar la realidad: Aparecen como dominantes de la situación y participando de la misma los dominados (la condición indígena pisoteada esta relacionada con el lugar que se le hace ocupar a un indio en la historieta), a la vez que se defiende el individualismo ante un estado que se fortalece. Patoruzú anuncia el peronismo y usa su fuerza bruta solo como reacción a una violencia que comienza en el delincuente o el malo. Es también notable su ingenuidad: generalmente cree todo lo que le dicen, lo que hace que su reacción ante el desengaño sea violenta. Y cuando Patoruzú no puede aclarar las cuestiones en forma pacifica (casi nunca) recurre al castigo. “A la guillotina” deseará en una historieta. Si bien su violencia nunca toma rasgos crueles o torturantes, las palizas serán tan duras como para que a nadie se le ocurra imitar a los bandidos.

Durante los primeros años de la revista sobre todo, son claros los prejuicios raciales y nacionales, principalmente con respecto a los enemigos: Juaniyo, el gitano, es traicionero y mentiroso; los judíos son acumuladores de dinero, sin sentimientos comunitarios y, “en cualquier momento aparece un pacto turco-chino-indio para robar una reliquia de la familia Patoruzu. En los primeros años, la figura del judío, especialmente, circulaba  por toda la revista, dentro de la historieta o fuera de ella, en chistes aislados.” ( Oscar Steinberg)

Patoruzú es la fuerza conciliadora del peronismo que nace en medio de la crisis de la gran burguesía agraria como sector hegemónico y en medio de la crisis del capitalismo mundial. Su figura de gran terrateniente bondadoso y hegemónico surge como contraparte de la crisis.

Los personajes principales están siempre en el ocio. Patoruzú pasa su tiempo realizando donaciones, durmiendo, mirando TV o supervisando su estancia, a la espera de la perturbación que lo saque del tedio y lo obligue a poner las cosas en su lugar. Al mismo tiempo, hay una clara noción de progreso en el trabajo mostrada a través de personajes que “triunfaron” en la vida “comenzando desde abajo”.

El policía es el trabajador que mas aparece. Las ocupaciones ligadas al ámbito eclesiástico tienen un espacio nada desdeñable, junto con los militares (de mayor trascendencia éstos en “Locuras de Isidoro”). Los políticos brillan por su ausencia.

Al realizar la justicia por sus propios medios Patoruzú integra y supera a las fuerzas públicas que no pueden resolver solas los problemas. El poder real es el de Patoruzú: él tiene acceso a todo lo que sabe el comisario.

Patoruzú se haya esquematizado en la historieta como un personaje bueno, inocente, alegre, confiado y caritativo. Para Isidoro es “un animal”, una “bestia buena”. Tiene virtudes gauchescas pero es un indio. Es al la vez un gran terrateniente y un cacique indio del sur. Los orígenes de su fortuna no son muy claros, aunque es muy probable que constituya parte de la herencia de los Patoruzek. Es el dueño de la Patagonia. Vive en la ciudad, pero de vez en cuando va a su estancia, pues si bien le atrae el encanto de la primera (lo moderno, lo europeo, los aviones y la vida del gran mundo), el campo sigue siendo lo natural, la tranquilidad, la virginidad. No se priva de utilizar el engaño para lograr sus objetivos, utilizando a veces los mismos medios que sus enemigos.

Isidoro Cañones, contrafigura, es el tipo ideal del porteño vivo, manguero, que siempre trata de aparentar. Siempre se halla atrás del dinero del indio, debe los alquileres, y Patoruzú termina pagándole siempre. Si bien comete muchas “locuras”, nunca llega a ser delincuente. Muchas veces paga caras sus “avivadas”. Este es el Isidoro de “Andanzas de Patoruzú”, puesto que en “Locuras de Isidoro” representa al playboy mundano, a la pesca de una heredera, sustentado por su tío, el Coronel Cañones, miembro honorable del Círculo de Armas y socio del Jockey Club. Su compañera preferida, Cachorra, es hija de otro militar amigo del Tío Cañones: el coronel Bazooka. El Coronel Cañones con su moral intentará de todas maneras posibles encarrilar al “descarriado” Isidoro, despilfarrador de dinero.

La Chacha es famosa por sus empanadas y el locro. Tiene cierto dominio sobre Patoruzú, quien muchas veces cede ante ella. También participa de las historias una multitud anónima que siempre aparece a través de espectadores ocasionales que son, en su mayoría, “gente buena”.

Muchísimos enemigos salieron al encuentro de Patoruzú desde 1936 hasta hoy. Algunos lo buscaron por su incalculable fortuna, otros...los buscaba el en sus deseos de reparar injusticias. Tal es el caso de Skylock Cuervo, el falso florista, que dilapidaba los millones de una “huerfanita”; o Brutus y Boris, quienes lo enterraron vivo para evitar que un circo pasara al poder de su “legítima” dueña. Todos siempre actuaban en forma desleal. Entre los más destacados de los primeros tiempos encontramos a Gastón Guillotín, el hotelero, y su compañero El Decapitador. También debemos contar al hindú multimillonario quien tenía a su cargo villanos como el japonés Miko, al Honorable John (un negro) y Puro Brazo (el jefe de una banda de piratas encapuchados). Patoruzú se traslada a todos los lugares geográficos del país para vencerlos: Desde el polo sur hasta el corazón de la selva chaqueña donde enfrenta al Toba Monstruo (los tobas, aún no exterminados por la civilización en su totalidad).

Restituye al titular de un ducado remoto que había sido depuesto por su primo. En Bs. As. Defiende a una “gurisa” de las redes de “El Chacho”, un mestizo cuchillero; está a

punto de perder su fortuna a manos de “Mamadera”; desintegra una organización oriental que se dedicaba al expendio de alcaloides; entabla lucha con Iván el más Terrible, un genio del mal que siembra la muerte y la destrucción a su paso. El adversario es identificado como perteneciente a un mundo diabólico, donde primaría la perversión física y moral, la deslealtad extrema. Patoruzú arriesga su vida en todas las aventuras, aunque sepamos que pueda detener las balas entre sus dientes, antes que Neo en “The Matrix” lo que nos remite al ideal de una patria/sociedad “invencible”.

            Durante los primeros años de la revista los enemigos mas populares del indio eran de raza amarilla, negros, judíos, gitanos, hindúes, turcos, árabes, personajes satánicos, indígenas no adaptados, mestizos y piratas, la mayoría de los cuales poseía una gran contextura física, eran feos, duros y crueles. Más adelante encontramos más malhechores de guante blanco, entre los que resalta una gran habilidad e inteligencia: se combinan un forzudo y un “cerebro”. Son muy poco solidarios, piensan a veces en traicionarse y combinan la fuerza bruta con “torturas sanguinarias” que permanecen en el nivel discursivo ya que nunca se materializan en la historieta.

El arte de persuadir de Patoruzú se apoya sobre el pensamiento popular. Los lectores de Patoruzú abarcan todas las edades, aunque sin duda son los preadolescentes y adolescentes quienes más leen la historieta. Generalmente los adultos la leen porque “ayuda a olvidar”, “entretiene”, y según las palabras del guionista y dibujante de Isidoro (el Sr. Juliá) “no muestra todos los problemas que se muestran ahora.” En un momento fue tanta la popularidad de la historieta que hasta se hizo una película en 1942: “Upa en apuros”, que fue proyectada en sus inicios como relleno de “La guerra gaucha”.

El material publicitario (al menos hasta los años 80, cuando fue hecha esta investigación) es casi siempre un conjunto de avisos por correspondencia, métodos para tener un mejor cuerpo, cursos de astrología, etc. Son publicidades que prometen conversiones radicales en cursos de 3 meses por correo.

Surge poco después de los últimos exterminios de indios realizados en el sur a favor de los terratenientes, que son como el exterminio de la clase media hoy. A través de la historieta (nuestro pensamiento) se sustituye la historia real, conflictiva, por una historia “ideal”, la historia que se quiere que sea leída, la historia que nos animamos a escuchar, la historia de nuestro pensamiento. Pero Patoruzú no existe, son los padres.

 

Reflexión o genuflexión: Uno ya no sabe que pensar

Si pensar es dominar una presencia imposible en un discurso que discrimina y conecta al nombrar (Ricoeur) ¿cómo pensar la Argentina? ¿Podemos escuchar nuestros pensamientos, el agujero negro de nuestros pensamientos? ¿Cómo enfrentamos en un congreso la vida y el pensamiento? Nuestras vidas argentinas ofrecen y ofrecerán pensamientos rotos, ritmos incoherentes, restos de explosiones, erupciones, terribles tempestades alucinatorias, colapsos del intelecto, combustiones de desilusionados hechiceros, tensiones, excesos, desbordados fracasos. ¿En qué lengua pensamos esos pensamientos, esa lengua que no habla, que no conocemos y que nos justifica? ¿Cómo pensar sin quebrarse?

En  La invención de Morel  Bioy Casares escribe: "Este pensamiento es un vicio: lo escribo para fijarle límites, para ver que no tiene encanto, para dejarlo." Tal vez pensemos mucho, pensemos para dejar de pensar, pensemos para contenernos.

            ¿Qué hacer con el pedante y renegado pensamiento argentino, con nuestro lenguaje? ¿Cómo pensar nuestra idiotez, nuestros ocultistas, magos e iniciados que hablan de una historia secreta paralela a la historia “real” que conocemos y registramos? Todas las formas del pensamiento que pretenden resolver la oposición entre el pensamiento argentino y nuestra realidad deben ser enjuiciadas.

Transitamos hacia nuevos pensamientos que afectarán la terminología heredada. Los nervios actúan sobre el intelecto. El intelecto solo nos concierne en forma parcial. Hay una línea más allá de la cual no puede pensarse un discurso lógico

¿Hay futuro para el pensamiento argentino? ¿Dónde está ese futuro? Según Jaime Rest, en Borges volverían a reunirse los dos silencios que han recorrido la marcha del pensamiento moderno. De un lado el silencio nominal, la ineptitud del lenguaje para introducirse en la realidad; del otro, el místico, la inefabilidad que se desprende del trato con Aquello que “es lo que es”. En Borges prevalecería el homo ludens, consciente de que el camino esta cerrado pero dispuesto a refugiarse en los atajos del pensamiento, ilusorios y fascinantes (Rest, LU 75). Borges le habría dicho a Milleret: 

quiere hacerse de mi un filósofo y un pensador; pero es cierto que repudio todo pensamiento sistemático porque siempre tiende a trampear (Rest 30)

 

               La obra de Borges constituye un llamado de atención sobre la descomposición de ese pensamiento. Opone un Spinoza encerrado en la seguridad de su mente a un Pascal perdido en el universo. Errancia del pensar y del conocer en la Argentina, cuando aparecen millones de pensamientos y sus asociaciones que no pueden juntarse ni conservarse, cuando entonces no comprendemos, no podemos pensar la realidad. No es útil pensar demasiado cuando la complejidad de las cosas es infinita. 

Vence quien piensa solo lo que precisa para vencer (Pessoa, LD). Ni un segundo más.

             Sospecho de los pensamientos definidos. Hay pensamientos que no pueden vivir y que si pudieran nos traerían lo que buscamos. Nuestro pensar argentino lo embarra todo.

 

Vuelta entera

            Cuando se oye, no se escucha, se está pensando en otra cosa. ¿En qué otra cosa pensamos cuando no escuchamos el zapateo y no vemos el zarandeo?