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El pensamiento argentino después de Argentina.

 

franco ingrassia

ingrassia@arnet.com.ar

 

 

 

resumen:

 

Se trata de un trabajo construido en torno a múltiples hipótesis derivadas de la noción de “pensamiento argentino”. Luego del establecimiento de cierta definición de la noción de pensamiento y de sus relaciones con el Estado, se intentan elaborar algunos interrogantes en torno al proceso de constitución de la Argentina, para finalizar con una serie de hipótesis en torno a las actuales condiciones posnacionales de ejercicio de un pensamiento argentino.

 

 

 

01.

Este texto presenta algunas hipótesis derivadas de un trabajo de indagación de la noción de “pensamiento argentino”. Dicho trabajo de indagación se presenta situado en un momento posnacional. Es decir, parte del supuesto, que habrá que elucidar, de que Argentina, en tanto Estado-Nación, es una noción que sólo puede articularse en tiempo pretérito.

 

02.

Señalemos algunas proposiciones de partida. Se trata de elementos que ocuparán, en la argumentación, un lugar análogo al de los axiomas en las demostraciones matemáticas: enunciados cuyo valor reside en el trabajo de pensamiento que posibilitan.

 

03.

Comencemos por la noción de pensamiento. Entendemos al pensamiento, en su nivel más genérico, como facultad de invención, capacidad humana de resolver problemas. Nos alejamos aquí de cualquier noción que equipare al pensamiento con la actividad mental. Proponemos otra perspectiva. Se piensa con todo el cuerpo, con prácticas y conceptos, y también a través de percepciones y afectos.

 

04.

Especifiquemos un poco esta noción de pensamiento. En tanto actividad, o proceso, el pensamiento se muestras sus relieves ante el contraste con el saber. Pensamiento y saber se excluyen mutuamente. Sólo pensamos allí donde no sabemos. El no-saber es el territorio propio del pensamiento, su condición de posibilidad. Por su parte, el saber es el efecto colateral del movimiento del pensamiento. Pensamos para resolver problemas. Pensamos para desactivar bloqueos. Pensamos para movernos. El saber es un accidente, un resto de la operación, la huella o el cadáver del pensamiento. Pero, también, un posible insumo, materia prima de nuevas operaciones del pensamiento.

 

05.

En este punto, debería quedar claro que, desde esta perspectiva, el Estado es absolutamente incapaz de pensar. No hay pensamiento de Estado. Ni estado de pensamiento. La procesos, operaciones y recombinaciones propias del movimiento del pensar suceden en ámbitos para-estatales. El Estado trabaja con saber: se apropia, administra, gestiona e instrumentaliza los efectos colaterales del pensamiento. Sin embargo, las distintas formas de estatalidad trabajan permanentemente en relación con el pensamiento. Pero esta relación es una relación de exterioridad. Existe todo un trabajo de subsunción que motoriza las mutaciones estatales. Pero esta subsunción es un procedimiento trágico que no logra capturar al pensamiento sin convertirlo en su huella.

 

06.

Existen al menos dos momentos en los cuales el pensamiento y el Estado se hallan en una posición muy particular. El primer momento es el momento constituyente. El proceso de invención de un Estado-Nación allí donde no lo hay. La invención de un operador que esté en condiciones de reducir al Uno la multiplicidad de heterogeneidades pre-estatales. Destaquemos que no se trata del despliegue de la operatoria, sino de la invención del operador. Esa invención requiere de una resolución singular. Y dicha resolución singular constituye un problema de pensamiento.

 

07.

De manera que podemos situar un primer momento del pensamiento argentino. Podríamos denominarlo el pensamiento argentino antes de Argentina. Es decir, el pensamiento de todos aquellos que partieron del supuesto, que tendría luego que ser elucidado, de que la Argentina debía ser construida. La organización de la Nación, es decir la invención de su Estado, aparece entonces como la orientación fundamental, base y punto de partida de toda una serie de pensadores argentinos.

 

08.

Convendría, en este punto, hacer dos aclaraciones. En primer lugar, que se trata de una anterioridad lógica antes que cronológica. “Antes de Argentina” es una premisa para el trabajo de pensamiento, no necesariamente su localización temporal. En segundo lugar, hablamos de procedimientos materiales que deberán ser constatables en cada caso. No se trata aquí de los llamamientos, las proclamas o las declaraciones de intenciones. No hablamos aquí de la construcción de la nación como postulado, sino como operación.

 

09.

Sería fundamental aquí introducir la noción de desierto. El “desierto argentino” es el emplazamiento del pensamiento constituyente del cual estamos intentando dar cuenta. No se trata meramente del desierto, sino de un “desierto argentino”, es decir, ya afectado por una decisión que origina un trabajo de pensamiento. Se trata de un “no” y un “no todavía”. La especificación del desierto como argentino señala, en la retroactividad de la nominación, la puesta en funcionamiento del movimiento del pensar.

 

10.

Tal vez podría reconstruirse una genealogía de ese pensamiento constituyente argentino rastreando el empleo de la idea de desierto en tanto noción clave. Señalemos además, que ese desierto no pocas veces necesitó ser, a su vez, producido. La desertificación tuvo sus dispositivos y sus campañas, que organizaron tanto la invisibilidad de ciertos existentes, como su exterminio.

 

11.

Pero el pensamiento argentino antes de Argentina no es un pensamiento de la apertura permanente. No se trata de un pensamiento constituyente infinito. Este pensamiento sienta sus bases, define sus puntos de partida, alcanza sus metas y establece su propia conclusión. En este punto, el pensamiento no es ya pensamiento constituyente, sino saber constituido. Este pensamiento no fracasa. De hecho, no puede fracasar. Su éxito está implícito en la estructura de su misma apuesta.

 

12.

Pero habíamos hablado de al menos dos momentos en los cuales las relaciones entre pensamiento y Estado revisten cierta particularidad. El segundo momento es aquel en que el pensamiento debe ejercerse en condiciones posnacionales. Desde nuestra perspectiva, se trata de nuestras condiciones, de las condiciones actuales. Y señalamos al 19 y 20 de diciembre del 2001 como un formidable punto de condensación a partir del cual esta hipótesis se intensifica, que expande y multiplica sus niveles de productividad.

 

13.

La argumentación no debería resultar sorprendente. Si concebimos a la Argentina, en tanto Estado-Nación, como el efecto de un pensamiento constituyente singular que encuentra su marco en ciertas condiciones globales, es decir, como la resolución específica de un problema que presenta, al menos en parte, condiciones generales, podemos afirmar que no se trata de un proceso infinito o incondicionado. Asistimos hoy a la transformación histórica de las condiciones generales a partir de las que los Estados-Nación se desplegaban, es decir, cierto estriamiento del mercado mundial propio de determinado nivel de desarrollo del capitalismo. La recomposición de las formas del trabajo, de la comunicación y de los circuitos de valorización del capital generan un conjunto de nuevas condiciones que implican el agotamiento, el detenimiento de la territorialización nacional de la soberanía.

 

14.

Convienen señalar que se trata de una hipótesis económico-política y no mágica. No se trata de que los Estados-Nación “desaparezcan”, sino de que sus aparatos se recombinan en estructuras de mando transnacionalizadas. No se trata de un juicio de existencia. Sino del agotamiento de una tendencia y de la emergencia de otras. 

 

15.

Se trata de un problema que no se deja pensar en términos de crisis sino de desfondamiento. No hay crisis de representación, sino irrepresentabilidad constitutiva de las sociabilidades emergentes. No hay crisis económica, sino sustitución de las dinámicas lineales del desarrollo productivo por las lógicas aleatorias de la fluctuación financiera. En este sentido, toda recomposición es heterogenética. Hay un cambio de fase que señala la irreversibilidad de algunos puntos de detención.

 

16.

Es en estas condiciones en las que la temática del desierto argentino vuelve a instalarse. La dispersión es nuevamente el suelo a partir del cual emerge un pensamiento constituyente.

 

17.

Pero hay, con respecto a la operación anterior, una divergencia radical. El pensamiento argentino después de Argentina es un pensamiento de lo ilimitado. Es, necesariamente, un pensamiento que asume la dispersión como condición ontológica contemporánea y que instituye sus operaciones de cohesión a partir de esta determinación. Pero se trata de un pensamiento posnacional, de un pensamiento que asume la inestabilidad estructural de toda composición formal, la contingencia ineliminable que atraviesa toda tentativa de organización de lo social.

 

18.

El pensamiento argentino después de la argentina no busca puntos de detención sino momentos de desaceleración de los flujos en dispersión. Construcción autónoma de circuitos bioproductivos, lentificación de los procesos de subjetivación e hibridación que nunca alcanzan la fijación identitaria, pero que aumentan nuestra capacidad operatoria, nuestra capacidad de recombinación y construcción de experiencias.

 

19.

Hay una especificidad argentina en este pensamiento que asume el desierto de la dispersión como su condición. Hay un conjunto de elementos intraducibles. Un arraigo de este pensamiento en los territorios que en un pasado cercano abrazaron al proceso desertificante del capitalismo financiero en su máxima velocidad.

 

20.

El fin de Argentina como singularidad es sobrevenida por un pensamiento que sigue constituido en torno a esa singularidad ahora ausente. Pensamiento constituyente marcado por una catástrofe específica, la multiplicación de los procesos asamblearios, de la autogestión productiva, de la recomposición autónoma de la comunicación, de la afectividad y de la cultura, de la experimentación de nuevas formas de investigación y elaboración teórica supone la elaboración de apuestas que asumen al significante Argentina no ya como ese horizonte unificante, como ese por-venir de la Nación, sino como los restos ya desarticulados de una experiencia común, como la riqueza de un legado que deberá ser sometido a distintas operaciones locales en función de convertirlo en una herencia, es decir, algo de lo que podamos hacer usufructo.