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EL RETORNO DE PERÓN: UNA FRUSTACIÓN NACIONAL

 

“Como nuestros archivos públicos y privados carecen de Memorias personales, el olvido va destruyendo la verdad fugitiva de los sucesos, y va borrando a toda prisa el rostro de los personajes que figuraron en ellos (...). Nuestro deber nos manda contar aquello que vimos entre las nubes fantásticas de la infancia: nos manda referir con un religioso respeto lo que oíamos a nuestros padres con un espíritu hondamente impresionado por los sucesos mismos, cuando los primeros rayos del patriotismo y de la gloria conmovían el país entero y el hogar en que mecían nuestra cuna”.

           Vicente Fidel López. 

 

A los historiadores y los estudiosos en general les cuesta dar por acabado un tema. Algunos dicen que siempre se le pueden dar diferentes interpretaciones a los hechos sucedidos y mirarlos de diferentes perspectivas. Los críticos aducen que de esta manera el estudio de un fenómeno o proceso histórico se torna en un espiral del que no se puede decir nada concreto. Estas teorías nos remiten a la descripción, lo más ajustadamente posible de los hechos y a las fuentes de información primarias. En este binomio podemos inscribir por un lado a la memoria, los testimonios de testigos, a la oralidad como elementos para estudiar un período. Por otro lado, según la segunda visión, los elementos válidos para hablar de historia deben seguir una metodología científica que responde a un cuerpo de reglas que se basa en fuentes documentales fehacientes.

Esta reflexión de carácter muy actual, la podemos remontar a los primeros pensadores políticos argentinos que se trenzaban en debate. Nos referimos al famoso debate entre Mitre y López. Intentamos rescatar el “relato oral” frente a la visión más científica de una historia que proviene de documentos escritos objetivos. Las propias memorias de nuestra infancia nos llevaron a la investigación de un período poco abordado en la historia del país: el retorno de Perón y su última presidencia. No tuvimos la posibilidad de vivir aquel momento pero de alguna manera nuestro entorno se encargó de que asimiláramos frases, sin sentido para nosotras,  que memorizáramos cantitos o escucháramos atentamente las anécdotas de nuestros mayores. En casa un día soleado significaba “¡un Día peronista!”, la marcha cantada por los más pequeños era motivo de aplausos y risas y cuando se hablaba “del General” en nuestras cabecitas solo podíamos pensar en “aquel primer trabajador”. Esa figura tenía mucho significado, no la entendíamos pero la admirábamos. Nuestros propios recuerdos nos llevaron a pensar en las generaciones anteriores que tuvieron la posibilidad de presenciar aquellos hechos y en cómo estos marcaron sus vidas. Para ello hicimos una serie de entrevistas a personas que vivieron muy de cerca estos sucesos y nos encontramos con tantas interpretaciones como entrevistados. De esta manera pensar el retorno de Perón en clave unívoca es imposible. Nos atrajo el tema justamente por su falta de cierre. En pocos años explotaron tensiones que se acumulaban desde los inicios del peronismo, fueron dieciocho años condensados en dos o tres. Se dijeron muchas cosas y también muchas otras quedaron por decirse.

 Es inútil pretender abarcar todo, la Historia de por sí es una narración, los hechos se evaporan con el paso de los segundos y las narraciones siempre poseen ausencias estructurales, pensemos acaso si los 30 mil desaparecidos no tendrían algo para decirnos acerca de lo que pasó. Pretender abarcarlo todo es inútil, por eso aproximarse desde lo subjetivo es muy rico. De todas maneras este trabajo no concluye aquí, deberíamos hacer una investigación más profunda con una mayor recolección de testimonios algo que se nos escapa de las manos en este momento. Para confeccionar el trabajo  pudimos acercarnos a algunos discursos de Perón gracias al Archivo General de la Nación,  también  recurrimos a una colección de periódicos familiar de la época para el  análisis. En ellos se reflejan opiniones olvidadas como por ejemplo las cartas del lector. La colección es personal y el motivo de recopilación es subjetivo, tienen su propia historia ya que sobrevivieron escondidos durante siete años la dictadura militar. Finalmente también rescatamos la visión humorística del período. 

Ahora bien, repasemos brevemente los sucesos de esos días...

Durante el exilio de Perón , la resistencia en Argentina realizaba una ardua labor atendiendo e interpretando las consignas para dirigir la lucha política. Ya en 1966, luego de la Revolución Argentina, Perón desde Madrid ordenó: “desensillar hasta  que aclare”.

Durante el gobierno de Onganía, el descontento en las fábricas y en los estudiantes explotó el 29 de mayo con el Cordobazo, “Paso, paso, paso, se viene el Cordobazo...”, decían los estudiantes. El cierre de los partidos políticos más la represión hizo que el descontento se canalizara a través de la guerrilla del  ERP (marxista) y  de Montoneros (peronista), entre otros. Estos últimos secuestran y matan a Aramburu, “Duro, duro, duro, vivan los Montoneros que mataron a Aramburu...”, así los jóvenes festejaban su empresa. La incapacidad del gobierno para aclarar el crimen impulsó la caída de Onganía mediante otro golpe militar. Durante el gobierno de Levingston se incrementa la actividad guerrillera, se copan pueblos, secuestran empresarios, asaltan comisarías, bancos,etc  Perón desde Madrid alentaba la actividad guerrillera y hablaba del “socialismo nacional” para la solución de los problemas argentinos, algo fuertemente cuestionado por algunos sectores del propio peronismo. La revista Cuestionario de Septiembre de 1974 publicaba la siguiente carta de un lector: “Señor director: Estoy totalmente en desacuerdo con el artículo publicado en la contrtapa de Cuestionario, número 16, donde usted dice que el propio Perón había apuntado que el justicialismo era de base socialista. Me parece que usted interpretó mal los mensajes del líder. Yo me dispuse a leer todos los discursos del generl Perón y no encontré ninguna frase sobre el socialismo. Lo que sí el general Perón hizo fue, como dice la verdad número 16, proponer la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social. Mi sentido me dice que esto no apunta bajo ningún punto de vista al socialismo”.   En la temporada del 72 del Teatro Municipal General San Martín, María Elena Walsh recitaba: “Es la guerra y la revolución arrasando paredes y calles...”.

La juventud  de clase media proveniente en gran parte de hogares antiperonistas  se acercó al peronismo donde veía una solución, así nacía la JP. En sus encuentros los jóvenes coreaban: “Y ya lo ve, y ya lo ve, es la gloriosa JP...”.

Con el golpe interno de Lanusse aumentó la violencia. Los Partidos se unieron en “La Hora del Pueblo”  y se decidió convocar  a elecciones. Perón volvió el 17 de noviembre de 1972 luego de 17 años de exilio pero el ejército impidió a sus partidarios acercarse a Ezeiza. Los pasajeros del charter que lo acompañaban se encontraron en el aeropuerto Leonardo Da Vinci de Roma  donde fueron sometidos a una revisión de cuerpos y equipajes. A las doce y veintiuno (hora local) el avión de la compañía Alitalia comenzó a carretear. Entre los pasajeros se encontraban compartiendo primera clase con el General, que ocupaba el primer asiento de la derecha: Isabel, su secretaria Victoria Lorente, López Rega, Cámpora y “Doña Nené”, Milo de Bogetich, Lastiri y Norma López Rega, Taiana, Anzorena y Pons Bedoya.

Nilda Garré y Juanita Larruari iban juntas como representación de dos generaciones de mujeres peronistas. La comitiva de 125 personalidades contaba también con Antonio Cafiero -quien comenzó a cantar la marchita ni bien salieron de la sala de espera-  , Carlos Menem, Lorenzo Miguel, Chunchuna Villafañe, Vicente Solano Lima y Leonardo Favio, entre otros. Nilda Garré nos cuenta que “en el avión hubo dos momentos que fueron muy emotivos: primero habían preparado una comida los de Alitalia con menúes que todos nos pasábamos y nos firmábamos como recuerdo, parecíamos colegiales todo el mundo feliz, había gente de todas las edades yo estaba en el grupo de los más jovencitos. Estaban también algunos de los que estaban reticentes a que Perón volviera Coria por ejemplo, gente de las 62 organizaciones que estaban más bien en acuerdo con los militares. Pero no podían decir que Perón no volviera, o sea que estaban a desgano. En un momento el comandante dice: ‘Sr. General, Sra., Sres., Sras., estamos volando suelo americano’entonces ahí todos: ‘ahhhh’ saltando, no se cómo no se cayó abajo el avión jaja había una gran alegría y después un segundo momento: ‘ Sras. Sres. estamos volando cielo argentino” y ahí ya ni te cuento, todos llorábamos nos abrazábamos. Perón no salió a saludar. Él estaba en la primera, vino Cámpora en nombre de él. Bueno era un hombre grande, al día siguiente tendría emociones difíciles...”

De acuerdo al periodista Miguel Bonasso Nilda Garré escuchó un dato decisivo, ella misma nos lo contó: “En un momento antes de aterrizar el comandante le manda decir a Perón que por razones climáticas el avión podía aterrizar también en Carrasco, se podía argumentar. Entonces Perón le contesta: ‘¿A qué hora está prevista la llegada a Buenos Aires?, dígale al comandante que el general le pide que sea puntual”. 

“Sólo que Nilda Garré no iba en primera y confundió al interlocutor de Perón, porque no fue el comisario de a bordo, sino Pons Bedoya el que hizo la pregunta al general” según relata Bonasso en el Presidente que no fue. Alrededor de las 11 de la mañana el avión aterriza en Ezeiza con una única escala técnica en el aeropuerto de Dakar. Un oficial de aeronáutica le informa a Perón  que puede descender acompañado sólo por tres personas y que no debe acercarse a los periodistas ni a los invitados especiales. Perón escolatado por Isabel, Cámpora y López Rega se dirige al Hotel Internacional. En cuanto tocó tierra argentina Perón comprendió que Lanusse lo había hecho prisionero para obligarlo a negociar, Nilda Garré nos da su opinión: “Viene en nombre de Lanusse  Sajón que era un tipo que después desapareció en la dictadura que era un civil e intenta hacer una conversación, ahí van Cámpora, Abal Medina y Osinde que era un ex militar que había sido un tipo bastante nefasto. Tuvo una actuación nefasta en el palco del 20 de junio y en la época de Perón había sido de esos tipos que estaba en los servicios, lo que sería ahora “Coordinación Federal” Un tipo vinculado a la represión que había en el 54, 55 que bueno no era la represión de los militares pero era de las cosas de las apretadas, alguún torturado que hubo, esas eran cosas de Osinde, siniestro.

Entonces  dicen que el general quiere saber a qué hora van a levantar todo el operativo porque quiere salir del hotel y finalmente les contestan que al amanecer, por las condiciones y no sé qué, ellos no querían decir que Perón estaba detenido porque de hecho estaba detenido porque no podía salir. Entonces les decían que se querían ir, a que hora nos van a despejar el camino, bueno que al amanecer.... entonces Perón manda decir que alas 6 de la mañana en punto y efectivamente a las 6 en punto salió pero ahí ya se habían rendido no habían logrado tomar la decisión ni de detenerlo ni de atacarlo militarmente a pesar del despliegue militar y las ametralladoras que había por todos lados. Se ve que estaban todas las ideas en pugna. Había dos tesis, la de Sánchez de Bustamante que era el general a a cargo que había desplegado todas las fuerzas y ahí dicen que fue Lanusse el que se ablandó. Quizá Lanusse que aunque era muy duro tenía una mentalidad un poco más política y dijo bueno esto va a terminar siendo una masacre, a todo esto había gente que quería llegar a Ezeiza, la gente se quería tirar al río y cruzar, todos jóvenes, locos, chiflados, hacía fresco a pesar de que era noviembre.”

Alrededor de 90.000 personas de acuerdo al gobierno intentaron romper el cerco de seguridad, el peronismo calcula medio millón. Las voces coreaban al descubrir el avión que se acercaba: “Atención, atención, aquí llega un montonero y se llama Juan Perón...” Bonasso escribe: “El puente 12, el cruce entre la Riccieri y el Camino de Cintura, parece una metáfora del país: de un lado los civiles con bombos, banderas y estandartes, del otro, los soldados, encolumnados en prolijas hileras, enfundados en sus capotes de lluvia, con las bayonetas caladas asomando bajo la tela impermeable.” Así también lo describe Nilda Garré: “Bueno, cuando llegamos al primer sobrevuelo ahí era una sensación un poco triste les diría, llovía estaba todo como mojado, muy gris, pero se veía claramente. No se veía gente solo un anillo muy claro de tanques tropas, soldados, era como una sensación de aeropuerto tomado. La verdad es que yo creo que ninguno sintió miedo a pesar de que algunos nos decían: ‘Uds. están locos los van a meter en cana’ pero yo creo que nadie sintió miedo sino la emoción de haber esperado 18 años ahí estaba. Cuando el avión aterrizo fue rodeado por Fuerza Aérea que controlaba esa zona, es decir una escena absolutamente militar. Subió un tipo que ahora no me acuerdo el nombre del Comodoro que subió y le preguntó a Perón si iba a bajar y Perón que tenía esas cosas de viejo Vizcacha le contestó: ‘¿A qué hemos venido?’  También una pregunta medio boluda, pero se ve que el otro no sabía como empezar.”

Perón designa a Cámpora como candidato a Presidente quien el 11 de marzo de 1973 triunfa ante Balbín . A su asunción viene el presidente chileno Allende, que era todo un símbolo.  Para los jóvenes “el Tío” concretaría el sueño del socialismo nacional prometido por Perón.  Y así le cantaban al gobierno militar saliente: “Se van, se van y nunca volverán...”o “Yo te daré, te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P...Perón”.

 Sin embargo, éste era un sector minoritario, no bien visto por los poderosos sindicatos y el entorno Lopezrreguista. De esta manera el 20 de junio de 1973 se enfrentaron los distintos sectores a tiros causando varios muertos en Ezeiza durante el acto por el regreso definitivo de Perón a la Argentina. A la consigna de: “La vida por Perón”.  Perón les contestó en el discurso del día siguiente: “No es dando la vida por Perón que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos, los viejos peronistas lo sabemos(...) el peronismo es lo que las veinte verdades peronistas dicen que es, y nada más. Necesitamos una paz duradera para salir adelante y  contra aquel que se oponga se alzarán todas las voces y las manos...”. Esto desencadenó el final del gobierno de Cámpora y la pérdida de poder de los sectores juveniles que los acompañaban. Cámpora renunció el 13 de julio de 1973. Asumió Lastiri, el yerno de López Rega,  como presidente interino. En la radio sonaba Canción para mi muerte de Sui Generis, casi como un presagio de lo que vendría.

En las nuevas elecciones del 23 de septiembre triunfa Perón con el 61% de los votos.

Sin embargo los hechos de violencia no se aplacan, por el contrario se exacerban. El líder de la CGT Rucci es asesinado, si bien los Montoneros no se adjudicaron el hecho, hacía un tiempo que lo deseaban en sus estribillos:  “Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor...”, o “Se va acabar, se va acabar, se va a acabar la burocracia sindical...”.. También el sacerdote tercermundista Mujica es asesinado en este período.

Perón asumió en octubre y se distancia de la JP. En el acto del día del trabajador del 1 de mayo  los jóvenes lo cuestionaron con distintas rimas: “Qué pasa, qué pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular...”, también expresaron su antipatía hacia Isabel Perón de esta manera: “No rompan más las bolas que Evita hay una sola...”.  De esta manera Perón les contestó: “ ...y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años.”

En sus últimos tiempos Perón intenta la conciliación argentina, se acerca a los partidos políticos y a los sectores, su ministro de economía Gelbard representaba al empresariado nacional. Nilda Garré lo recuerda de esta manera: “Cuando Perón lo pone a Gelbard por ejemplo, un tipo del empresariado nacional que es lo que hoy nosotros desearíamos, nos parecía mal que puso un empresario, estábamos un poco zarpaditos ¿no? Se produjo una incomunicación...”. La conciliación no parecía viable y la suerte de Perón ya estaba echada. Muere el  1 de julio de 1974. Y con su muerte sobrevino el vacío, muy bien expresado en la tapa de la revista Cuestionario de julio de 1974: “Y ahora ¿Qué?”.

El gobierno quedó en manos de Isabel  Perón y el poder en manos del Ministro de Bienestar Social, López Rega. Su brazo armado, la AAA, comenzó una persecución sistemática de la JP y los grupos guerrilleros quienes incrementaban su actividad al son de: “A la lata, al latero, las casas peronistas son fortines montoneros...”. El hecho más significativo fue el secuestro de los hermanos Born por el que se pagó el rescato más grande de la historia Argentina: 60 millones de dólares americanos.

En este contexto los partidos políticos presionaban para adelantar las elecciones,  Garré comenta: “Nosotros hicimos un bloque en el Congreso de antiverticalistas y propusimos que hubiera un interregno de Lúder pero los milicos dieron el golpe seis meses antes de las elecciones... ya era tarde”. El nuevo golpe del 26 de marzo de 1976 abre una nefasta etapa. Sin embargo, definitivamente todavía no se clausuró el período anterior que en este trabajo intentamos desenterrar de la memoria.

 

 Ahora bien, entonces, ¿qué pasó el 20 de junio?

En palabras de Jorge Rulli, militante de la resistencia peronista:

 “Lo que había pasado era que el acto del 25 de mayo donde asumió Cámpora fue tomado por Montoneros, fue su bandera política, como un triunfo de ellos. Entonces los otros, el grupo de los sindicalistas y la derecha, querían que el acto del 20 de junio fuera de ellos. Eso fue lo que pasó, fue un botín, a ver quién se lo llevaba. Y fue una  masacre. Porque los Montoneros sabían que iba a ser una masacre, que tenían armas largas y se hicieron los que no sabían nada. Estaba el palco en donde tenían armas y adelante iba la conducción de Montoneros que también tenía armas. Como la cola de la columna quedaba muy atrás porque eran miles de personas, se fueron por un costado hacia atrás del palco y ahí empezaron los tiros. Ellos no se hacen cargo pero tienen responsabilidad en eso, en enviar a la gente así. Además los Montoneros controlaban a cinco provincias y a la Policía Bonaerense, ¿me vas a decir que no sabían nada? Se hicieron los ingenuos. El 20 de junio falleció un gran amigo mío que estaba en esa columna que se desvió. Yo estaba más lejos, en otro sector. Porque ni nos dejaban participar a nosotros los Montoneros, tenían una soberbia y no sabían nada. Eso pasó el 20 de junio”.

 

Bajo la mirada de Nilda Garré, actual Diputada Nacional y ex Diputada durante el gobierno de Cámpora:

 “El palco del 20 de junio. Perón dejó que el palco esté copado. Llenaron el palco de armas. A último momento Osinde, la Norma Kennedy, y todos esos grupos ultra derechistas, ultra fachos del peronismo, altamente peligrosos muy vinculados a los militares, no de los que se habían ido, pero siempre vinculados a los milicos. Gente de mierda, digamos. Se quedaron con el Palco, creeían que la fotografía iba a ser con ellos. Los Montos en una cosa más ingenua y paralela a esa misma dialéctica quisieron copar toda la parte de abajo. Decían que así Perón iba a tener que hablar ante las banderas Montoneras. Ahora Los montos no creían que iba a haber enfrentamiento militar ni nada, al extremo de que llevaban algún armamento que siempre se llevaba por si se producía algún incidente pero no armamento como para enfrentar un hecho como el que se vió después con tiros de todos lados. Nunca se lo imaginaron esto también fue un pecado de ingenuidad.  De creer que los otros no eran capaces de llegar a eso. La cantidad de gente que fue y les arruinaron toda la fiesta.

Por supuesto los responsables son los del palco, creo que hubo un poco de debilidad de parte de Cámpora porque parecía que eran las ordenes de Perón que eso lo manejara López Rega, venían los cables de la residencia de Perón y eso generaba una confusión de si eran realmente decisiones de Perón o de López Rega (...) Esta oscuridad era producto de la lucha desatada porque se sabía que Perón estaba delicado de salud. Lo sabían los que estaban muy cerca de él: Isabelita, López Rega. Entonces su proyecto era que Cámpora se fuera y que ella quedara en la línea de sucesión. Y lo tenían que concretar en poco tiempo. De casualidad Perón no se murió antes.

Yo ese día estaba yendo hacia Ezeiza en un camioncito con un montón de Diputados, entonces pasamos por alrededor de la columna que entró por el costado y generó el tiroteo. Y yo vi al pasar un auto con algún arma adentro, o sea que fue una verdadera ingenuidad porque se veía venir, había datos de que el palco lo estaban llenando de armas. Creo que dentro de todo no hubo tantos muertos como podría haber habido.

Yo fui hacia al Aeropuerto y estaban los fachos escondidos en los baños, en el hotel, la gente te decía: ‘escondete que van a empezar los tiros’. Y Perón no llegó a aterrizar ahí.  No entendíamos nada. Finalmente logramos tomar un avioncito que nos llevó al aeropuerto del Palomar de donde pudimos tomar un auto porque no se podía salir por ningún lugar porque había tiros por toda la ruta. Fue un episodio dantesco terrible en donde un grupo perteneciente a lo peor, la derecha nazi, facho del peronismo, muy matonesco, arruinó el día para venderle a Perón la idea de que lo querían asesinar. Y que había guerrilleros que lo querían matar. Yo no sé si Perón se lo habrá creído, no creo. Pero era viejo y a la gente vieja el tumulto le molesta. Y Perón venía a un día de fiesta con dos millones de personas, entonces pensaba: ‘¿Quiénes son los pelotudos que me arruinaron mi fiesta?’ Era su gran recibimiento triunfal que se lo frustraron.”

 

Según El historiador del peronismo Fermín Chávez:

 

“Yo viajé en el de junio del 73, de Madrid a Bs As. Porque estaba en la lista del 72 de Roma pero López Rega me tachó... Taiana que era uno de los organizadores me contó esto... En la segunda no me podían tachar porque ya estaba Cámpora de presidente y uno de los colaboradores era José María Castiñeira de Dios... nos puso como representantes de los escritores argentinos.

Se dijo después de que ocurrieron los hechos de Ezeiza que se sabía todo lo que iba a ocurrir,  yo desmiento eso, por lo menos en España nada de eso se decía. Los hechos que yo cuento lo demuestran porque cuando ya estamos volando sobre Brasil a la altura de Puerto Alegre nos dicen que vamos a Ezeiza y los que querían ir al palco con Perón podían hacerlo y los que no iban a poderlo ver desde la televisión. En ese momento ninguno de nosotros decidió que iba a hacer. Cruzamos el Río de la Plata, Bs As a la vista, el avión gira e instantes después nos dicen que vamos a Morón. Y todos nos levantamos del asiento, ¿qué pasa?, ¿por qué? Y entre los pasajeros venía Julián Licastro y le preguntamos que opinaba y dijo que estaba previsto como alternativa de seguridad de ir primero a Morón. Bajamos en Morón, subió el Dr. Solano Lima para devolverle el mando a Cámpora, terminó esa rápida ceremonia, bajaron Perón, Isabel y todos los que lo acompañaban y después nosotros. Y en el hall de la estación nos enteramos de lo que pasaba. Uno de los que nos contó fue Juan Manuel Abal Medina que había llegado de Ezeiza. Estuvimos ahí largo tiempo hasta que Perón , Cámpora e Isabel se fueron en helicóptero y el ómnibus nos trajo a nosotros a Bs As . Después Don Vicente Solano Lima me contó que el avión había ido a Morón porque él le había ordenado al comandante de la nave. En Ezeiza estaban ocurriendo cosas y Perón decía de ir igual a  Ezeiza, él quería encontrarse con la gente, sabía que había multitudes y para él era un éxito, pero fueuna tremenda desilusión y decepción.

No sé  hasta que punto es importante establecer quien comenzó el enfrentamiento, yo creo que fue manejado desde afuera, porque había que producir una frustración de que Perón no se encontrara con la gente y eso ni a Montoneros ni el otro lado le interesaba que ocurriera. Eso venía de la mano de afuera, de los que habían detenido a Perón en Río de Janeiro en el 64. No descarto que dentro de la izquierda peronista y de la derecha peronista hubiése de la CIA en la derecha y de los Soviéticos en la izquierda. Cuando Cámpora ordenó la investigación se obtuvieron 200 fotografías, eso nunca se dio a conocer. Perón se equivocó en este sentido él creía que iba a poder conducir todo y no pudo  porque si lo eligieron a  Perón como presidente constitucional, los Montoneros tendrían que haber guardado las armas. Lo que pasa que ellos no tenían cabeza política sino que su conducción era puramente militar y le disputaban a Perón la conducción. Además se manejaban con una información que era relativamnete falsa de que Perón se moría en poco tiempo, murió pero no inmediatamente.”

 

 Al respecto Gloria Bidegain agrega:

 

“No estuve yo en la vuelta de Perón. Lo vi desde afuera, en mi casa colgando la bandera”.

 

El periodista Miguel Bonasso escribe en su libro El presidente que no fue:

 

La custodia del palco era fundamental Osinde se encargó del asunto “En total eran 1000 ‘custodios’, mercenarios o vocacionales, que – en general – pertenecían a la extrema derecha filonazi. Aunque también había ex policías y agentes de los servicios de Informaciones, que tanto podían trabajar para el peronismo facistoide de Osinde como para el ‘liberalismo’ de Lanusse.” Alrededor de la una de la madrugada ocurrieron los primeros enfrentamientos “Los hombres reclutados por Osinde habían disparado a mansalva sobre la Columna Sur de la Juventud Peronista, cuando este enorme brazo de multitud, compuesto por más de 60.000 personas (entre las que había mujeres, ancianos y niños), salió de la ruta 205 e intentó rodear, por detrás, el puente del Trébol, para siturase frente al proscenio junto a las otras agrupaciones de la Tendencia”. “Los relojes marcaban las cuatro y media. La hora del inicio del segundo tiroteo.” “Otra vez, el intento de chicos de la UES por acercarse a la zona vedada para la Tendencia activó a los custodios”. “Cuando finalizó el presunto ‘tiroteo’, los custodios del palco comenzaron a saltar y gritar festejando su ‘triunfo’. Un pelado de bigote y anteojos negros llevaba el ritmo empuñando un fusil: era el comandante de gendarmería retirado Pedro Antonio Menta, y su foto quedó como logotipo de la matanza.” 

 

Un poco volvemos a como empezamos este ensayo. Las ganas de poder dar un cierre son más fuertes que los hechos mismos. Mitre quizá se habría conformado con la sóla descripción de los acontecimientos. Pero ¿qué pasó el 20 de junio?  En estas breves líneas escuchamos versiones distintas pero igual de reales y vívidas. Hay algo que es curioso, en la diversidad de los sentimientos hay un rasgo que se repite que es la tristeza. Esta época nos convocó desde un principio por la sensación de lo que faltó. Bonasso dijo algo similar cuando se refirió al Presidente que no fue.  En palabras de Gloria Bidegain: “Estábamos en la plaza y la gente se fue sola, no hizo falta que los obligaran. Había compañeros, gente grande que rompía los carnet de afiliados que tenían desde hacía muchos años del partido, fue muy triste (...)Fue una frustación nacional y generacional, las dos cosas. Porque se perdió un proyecto nacional y popular que venía de muchísimo tiempo antes porque no es sólo que cayó Montoneros, la tendencia revolucionaria, ahí cayó todo el mundo (...)De todos lados es un proyecto nacional y popular que viene desde siempre y si vamos más atrás yo que soy revisionista, nacionalista y rosista, viene de siempre, de 1810 y capaz de antes ya”.

La impotencia y la desilusión fueron tan grandes en Jorge Rulli que hasta dejó de ser peronista, justamente en estos tiempos.  Nilda Garré habla de una obsesión, energía concentrada que desembocó en una frustración. Al respecto del regreso de Ezeiza comentaba: “ La mayoría de la gente se empezó a ir sola, muy triste, caminando las cien cuadras de ida, de vuelta, muy frustrada como pateando piedritas...”.

Esa tristeza se dejó aflorar  finalmente cuando Perón murió en 1974. Así lo expresó Terragno en la contratapa de su revista Cuestionario de julio de 1974: “...la ciudad se convirtió en un una inmensa casa mortuoria, en un velatorio abrumador, reproducido espectralmente en las casas por las pantallas de televisión ... los rostros innumerables, parecidos entre sí, que soportaban la lluvia y el vano pasar de las horas aguardando a cuadras del Congreso la oportunidad, para la mayoría ilusoria, de tocar el cadáver”.

 

Para concluir una sabia reflexión del General que resuena en nuestras mentes luego de escuhar el audio:

“ Dios nos ayude, si somos capaces de ayudar a Dios. La oportunidad suele pasar muy tenue. ¡Guay! de los que carecen de sensibilidad e imaginación para no percibirla. Un grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros y un saludo afectuoso y lleno de respeto para el resto de los argentinos...”. Decía Perón el día después de la masacre del 20 de junio.

 

Adriana Torlaschi.

María Josefina Paz.