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A PROPOSITO DE UN LIBRO

 

 

DANIEL POYO GARCIA*

 danielpoyogarcia@hotmail.com

 

 

 

RESUMEN:

 

Este trabajo forma parte de un proyecto aún inconcluso que pretende realizar un análisis foucaultiano de los saberes psicológicos en la historia argentina. Se utiliza los conceptos foucaltianos de dispositivo y de saber - poder. Se pretende tomar en lo estrictamente histórico como se forman dominios de saber a partir de las prácticas sociales. Este trabajo en particular consiste en analizar una fecha: 1904, un autor: José Ingenieros, y un libro: Histeria y Sugestión. Estos tres y único acontecimiento que dan surgimiento a la psicología en Argentina, y que se constituyen en una etapa de transformación expansiva del estado argentino y del capitalismo en función de estas tierras. Se analiza en particular aquí el dispositivo mismo de la sugestión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* Profesor Adjunto de la cátedra E.P.S.S.III de la Facultad de Psicología de la U.N.R.. E-mail: danielpoyogarcia@hotmail.com

             " Yo soy el cuerpo y el alma, así hablaba el niño. ¿Y por qué no se hablaría como los niños?

Pero el que está despierto y atento dice: todo yo soy cuerpo y nada más; el alma no es sino nombre de un algo del cuerpo.

El cuerpo es una razón en grande, una multiplicidad con un solo sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.

Instrumento de tu cuerpo es también tu razón pequeña, hermano, la que llamas espíritu: un instrumentillo y juguetito de tu razón grande.

Tu dices "Yo", y te enorgulleces de esa palabra. Pero lo más grande -cosa que tu no quieres creer- es tu cuerpo y su gran razón. El no dice Yo, pero obra como Yo.

(...) Siempre escucha y escudriña el propio ser: concierta, somete, conquista y destruye. El reina, y es también soberano del Yo.

Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, hay un amo más poderoso, un guía desconocido. Se llama "uno mismo". Habita en tu cuerpo; es tu cuerpo.

Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente de tu mejor sabiduría?

El propio ser se ríe de tu Yo y de sus saltos arrogantes. ¿Qué son para mí esos saltos y vuelos del pensamiento? (dice). Un rodeo hacia mi fin. Yo soy los andadores del Yo y el inspirador de sus ideas.

Nuestro propio ser dice al Yo: "experimenta dolores". Entonces se regocija y medita en seguir regocijándose a menudo; y para eso debe pensar.

 Quiero decir una cosa a los despreciadores del cuerpo: "que desprecian aquello a que deben su estima".

"¡A vosotros, hipócritas remilgados, que buscáis el conocimiento puro, ofrezco esta parábola! Pero vuestro amor se avergüenza con una conciencia torturada: os parecéis a la luna.

Se ha convencido a vuestro espíritu que debe menospreciar todo lo terreno; pero no se ha convencido a vuestras entrañas. ¡Sin embargo, ellas son lo más fuerte que hay en vosotros!

Y ahora vuestro espíritu se avergüenza de obedecer a vuestras entrañas, y sigue caminos escondidos y engañadores para librarse de su propia vergüenza.

                                                                                           

                                                                                              Federico Nietzsche

                

                A MANERA DE INTRODUCCION:

 

Nuestra intención es la de introducirnos en la problemática del saber psicológico en nuestro país. Tomarlo allí, en lo estrictamente histórico, a saber: en la formación de dominios de saber a partir de las prácticas sociales.

Si  deseamos penetrar nuestra historia del saber psicológico es para poder situarnos en nuestra realidad actual, poder posicionarnos frente a dominios de saber, aprehenderlos despedazándolos, deconstruírlos  inmersos en las prácticas sociales que nos convocan, reclaman y requieren.

 Si una puerta, En este caso un libro, nos abre las fronteras, o tal vez las vastas extensiones de un dispositivo psiquiátrico, haciéndonos vivir de una forma muy novelesca el final del siglo pasado y el inicio de este, es para desmistificar la novela que nos sitúa frente a nuevos dispositivos (Foucault, 1983) soportados por nuevos dominios de saber y determina nuestra actuación en el conjunto de las prácticas sociales. Si un dispositivo psiquiátrico sirve de fundamento y ejecución de la inserción social de una política económica de mercado dependiente en los marcos de un capitalismo expansionista ("orden y progreso"), ¿cuál sería la función social de nuevos "dominios de saber", psicológicos y psicoanalíticos, luego de la Segunda Guerra Mundial, en los marcos de lo que se ha dado en llamar "el capitalismo mundial integrado"?

¡Penetrar esta problemática!...no abarcarla, penetrarla es nuestra intención. No es desde nuestra racionalidad desde donde plantearemos los problemas: ¡Es el presente del conjunto de prácticas sociales quien los plantea!...¡Intereses , deseos y estrategias!: ellos entretejen la problemática.

Un libro. Tal es nuestra puerta de acceso en este pequeño trabajo. Por momentos hay páginas, un desarrollo con principio y final (¡Hasta introducción!), un autor... En otros momentos hay un viaje, las páginas son piezas de "una caja de herramientas" para usar, el libro desaparece, esta para desarmar; el autor prescinde de ser nombrado: ¡ Se escinde en el entramado!; ya no hay desarrollo: ¡Hay rizoma!

No queremos comprender la historia, no es una cuestión racional: ¡Queremos usarla!...y es una cuestión política.

 

I

 

Descartes sienta las bases de una doctrina racional. ¡Diagramar lo verdadero!, he allí su pensamiento, he allí su filosofía. Al diagrama de lo racional quedará supeditado lo irracional, lo sin razón; quedará en relación de ausencia, de negociación diríamos nosotros.

Frente a los insensatos, a los "alienados mentales", a los locos, Pinel sentará las bases de un diagrama racional al gestar toda una nosografía de índole clasificatoria. Disponer lo verdadero y lo falso, disposiciones de saberes en torno a un "estatuto de Verdad". La función de ausencia, de negación se sistematizará en "el gran encierro" tan bien descripto y analizado por Foucault (1982). Es en lo racional donde se asienta Pinel. Pero hay algo que se le escapa, le da repugnancia:

Se atenta contra todo pudor, el vicio se muestra al descubierto, y se ve a esas desgraciadas víctimas del libertinaje decir las cosas más soeces, y no hacer caso de ningún medio de represión que se pueda adoptar; por eso no hay más remedio que confinarlas en celdas apartadas, y dejarlas sumergirse en todas las porquerías que su embrutecida imaginación sugiere, sin infectar a las demás con su ejemplo (Castel, 1980).

Es al mismo cuerpo al que no se atrevió a mirar, es al sexo al que no se atrevió a enfrentar.

Más allá  de la voluntad de Pinel, más allá de sus propias represiones, a partir del siglo XVIII las enfermedades corporales trascenderían el límite de la dimensión del propio espacio corporal que las sujetaba (desde la teoría de los demonios y el útero y la matriz , hasta la de la difusión de los humores y de los nervios) para inscribirse en el campo de la locura.

Es en los marcos de una "sensibilidad nerviosa" donde se inscribe y se cifra una ética. En esta "percepción ética" que va desde los "espíritus animales" de Highmore hasta los "instintos humanos" de Freud es donde tienden a formularse, y poco a poco a alterarse, los grandes temas morales (Foucault, 1982).

Aparece el inmenso aparato de observación, con sus exámenes, interrogatorios, experiencias de la Salpetriere de Charcot, con sus presentaciones públicas, su texto de las crisis rituales cuidadosamente preparadas con éter o nitrito de amilo, su juego de diálogos, de palpaciones, de imposición de manos, de posturas que los médicos, mediante un gesto o una palabra, suscitan o borran, con la jerarquía del personal que espía, organiza, provoca, anota, informa, y que acumula una inmensa pirámide de observaciones y expedientes (Foucault, 1987).

Es allí donde, en pocas palabras, toda jerarquía vertical, que constituía la estructura de la locura clásica, desde el ciclo de las causas materiales hasta la trascendencia del delirio, va a oscilar y a caer dentro de un dominio que ocuparán conjuntamente, para disputárselo inmediatamente, la psicología y la moral (Foucault, 1982).

 

II

 

Con la llegada del siglo XIX, llegan ala Argentina las primeras influencias psiquiátricas. "Tratado médico - filosófico sobre la enajenación mental o de la manía" de Pinel, y "Relaciones de lo físico y lo moral " de Cabanis influenciarán en los alumnos de medicina a través de profesores como Argerich (1808), y a los alumnos de filosofía por el Dr. Francisco Planes (1818). Estas doctrinas harán fruto  a partir de 1830, momento en el cual comienzan a aparecer toda una serie de monografías psiquiátricas en las tesis de doctorado en medicina (la primera fue en 1827 de Diego Alcorta, con su tesis sobre la manía, "Disertación de la manía aguda"); todas ellas de interpretación físiológica con contenidos sensacionalistas (Ingenieros, 1957).

A partir de mediados del siglo pasado se institucionalizarían las enseñanzas psiquiátricas ( en 1852, al crearse el Departamento de medicina en la facultad de Medicina, se creará la cátedra "Nosografía Médica y patológica general" a cargo del Dr. García) que irán tomando un rumbo bien determinado hacia la constitución  de ese estado (primero orden y después progreso) que dio lugar a la generación del `80. Las primeras publicaciones en Argentina referían a informes periciales y a artículos sobre hospitalización de alienados; en 1875 se crea una cátedra autónoma de Medicina Legal a cargo de Eduardo Wilde y en 1888 se crea la cátedra de Enfermedades Nerviosas a cargo de José Ramos Mejía. Esto nos da cuenta del perfil jurídico - psiquiátrico (carcelario - manicomial) que engendra e institucionaliza a la formación en lo que respecta a las llamadas  "enfermedades nerviosas o mentales".

Entre 1878 y 1882 J.M. Ramos Mejía escribe "La neurosis de los hombres célebres en Argentina" donde sus fuentes psiquiátricas son francesas y el mayor influjo corresponde a Moreau de Tours; sus fuentes filosóficas remontan a Comte, Darwin y Spencer; sus fuentes históricas argentinas son V. F: López y Sarmiento (Ingenieros, 1936).

Aún lejos de las influencias de Charcot que luego legaría en Ingenieros, Ramos Mejía escribe: Las necesidades nutritivas, las necesidades sensitivas, las necesidades morales e intelectuales constituyen los tres móviles ineludibles a que obedece la naturaleza del hombre (Ramos Mejía, 1936). En la faz sensitiva dice que el cerebro adquiere mayor viveza, sus órganos tienden a completar su evolución, la vida se hace activa y floreciente, y las ideas y los sentimientos, aunque embrionarios y pueriles todavía, murmuran sin embargo su protesta contra los predominios bestiales. Después, un magnífico y supremo esfuerzo le da la posesión completa de la vida moral e intelectual; el cerebro ha terminado su gestación laboriosa y recién entonces el inmediato precursor humano se convierte en el hombre radiante de las edades modernas. Aquí podemos pensar en esas influencias evolucionistas en relación al dualismo civilización - barbarie gestado por Sarmiento. Desde aquí, él hará una apología de la vida  de Monteagudo (defensor de  las medidas radicales a favor de los indios de Castelli; gran defensor y luchador de la "dictadura revolucionaria"; hombre de confianza de San Martín y luego de Bolivar. Hombre de gran influencia en Lima, llegó a ser ministro de "Guerra y Marina" y luego de "Gobierno y Relaciones Exteriores", donde fue asesinado), con la sola intención de declararlo primitivo y hacerlo cargo de una enfermedad mental que daña la salud de una sociedad. Lo nombrará hombre sensitivo, lo que implica ser hombre nervioso, el hombre henchido de emotividad que, a la más ligera insinuación del mundo exterior responde con un estallido. Es el ejemplar humano menos subjetivo, si se quiere, pero más sensible, porque basta que la impresión, por así decirlo, roce los sentidos, para que se produzca la descarga, y las emociones nazcan en tumulto con una fecundidad lujuriosa y primitiva; llegando a pertenecer a la categoría de los histéricos: enfermedad de las naturalezas ricas y nerviosas; el patrimonio de todos esos organismos en quienes rebosa un exceso de sensibilidad moral enfermiza; y la subcategoría más temible por su insidia y su curabilidad difícil que permanece toda la vida en un nivel casi invariable, circunscriptos sus trastornos a las facultades morales. Para arribar a este diagnóstico basta el simple examen de su temperamento, el análisis superficial de sus actos más pueriles, las formas de su cuerpo, la impresión de su fisonomía.

Como un experimento perito va a detectar una movilidad patológica de ideales y volubilidad de sentimientos, agregados a la exageración de su sentido genital.

He aquí una ideologización  psiquiátrica que contribuye a reafirmar una historia que intenta construir un ser nacional civilizado, aportando en lo que le respecta, a saber, cuestiones morales que se imprimen en este caso a nivel del cuerpo (la histeria).

 

III

 

Ingenieros, en 1904, dedica su libro "Histeria y Sugestión" a: "A mi maestro y amigo José Ramos Mejía".

El situarse como discípulo de Ramos Mejía no es una cuestión afectiva, sino ideológico - político-  científica. Basta leer de Ingenieros el libro "La locura en la Argentina" (1957) para ver allí sus influencias ideológicas - políticas: en la etapa hispánica había reclusión perpetua; en la etapa revolucionaria los locos son populares; en el gobierno de Rivadavia se dan los primeros desarrollos de la culturización psiquiátrica científica; en la época de Rosas los locos eran los que gobernaban; la caída de Rosas abre las puertas para el surgimiento de la psiquiatría (Ciencia) y la generación del `80 permite el progreso de la misma hasta grandes niveles evolucionados.

Con respecto a "Histeria y Sugestión" nos dice Aníbal Ponce en su prefacio: "el libro tiene una fecha, y esa fecha es la de 1904". Aquella doctrina de su maestro, Ramos Mejía, también adoctrinada por V: F: López refiriéndose a las aspiraciones de la filosofía moderna estudiarse en el terreno nebuloso, que estaba reservado hasta ahora a la "teología" y a la "psicología"  se imprimirá de una forma bastante fiel en este libro. Dice Ingenieros en la Introducción: Es una de las primeras manifestaciones originales de nuestra ciencia médica; procuramos atisbar alguna conclusión sobre la fisiopatología de la gran neurosis.

Ya había dicho Ramos Mejía (1936): la profecía maravillosa de Voltaire se ha cumplido. No era posible resolver el problema del alma hasta que la anatomía no hubiera penetrado en la constitución íntima de esa pulpa divina que palpita bajo la cúpula del cráneo; tal premisa insistiría en la obra de Ingenieros. Esta influencia insiste en el neurólogo, en el médico clínico que, desde la Facultad de Medicina, llevará su implicancia a los internados.

Pero  "Histeria y sugestión" es en 1904, y después de que Charcot levantara en Salpetrière el suntuoso monumento clínico de la histeria (Ingenieros, 1967), donde la misma es una enfermedad psíquica por excelencia. Ingenieros nos dice: enfermedad psíquica, se dijo, pero no se definió el valor atribuido a la "psíquis" o a la "psiquicidad"; no era "lo nervioso", pero tampoco era "lo moral". Era más que lo nervioso, en cuanto llegaba a abarcar lo psicológico; pero no se decidía a ser lo moral, por cuanto residía en lo físico. Y es en esa problemática donde se inscribe este libro. No se ha señalado el alto sentido biológico implicado en la concepción de Charcot, encaminada a refundir en la noción de "psíquico" las ideas de orgánico y mental, de físico y de moral simplificará Ingenieros, resolviendo sus propias contradicciones.

Sin poder despojarse de su formación intentará llevar la interpretación a considerar la histeria como una psicosis, afirmando que todas sus manifestaciones orgánicas eran consecutivas a un estado psicológico enfermizo en donde su clínica justificará sus razones si las emociones determinan la histeria, si la sugestión puede provocar o suprimir sus manifestaciones, si el aislamiento y la terapéutica moral ejercen una feliz influencia sobre sus manifestaciones.

En este punto de ruptura entre el catálogo y el análisis; entre la descripción de los síntomas y la comprensión etiológica de los mismos; entre una fisiología científica y una psicología naciente; entre la instalación de un "estatuto de Verdad" de base ético - morales (orden de ideas, orden del pensamiento, orden del cuerpo) y la penetración del mismo (de uso positivo); entre un progreso productivo ilimitado en los marcos del ordenamiento de un estado(1880) y un progreso indefinido en los marcos de una expansión, extensión institucional del estado constituido (1900); en ese punto de ruptura está situado Ingenieros y su pretensión de escribir "Estudios de patología nerviosa y mental", proyecto abortado, en el cual los accidentes histéricos y las sugestiones terapéuticas, 1904, fue su primer volumen.

Es en el rumbo jurídico - psiquiátrico donde se proyectará este libro en la pretensión del autor de una obra que penetre lo jurídico (comenzó su obra con "La simulación de la locura", llegando a consumarse todos sus escritos e informes periciales en "Criminología") y abarque el campo de la locura (con su obra frustrada de "Estudios de patología nerviosa y mental" antes mencionada).

Luego su obra dará un vuelco trasladándose  a la historia, a la sociología, a la psicología y a la filosofía. Pero, en realidad, su producción posterior fue acerca de la moral, en esto quedó pegado al racionalismo psiquiátrico, extendiendo el tema a las más diversas ramas de las ciencias del hombre.

Nos dice Wright Millis: El hombre de cultura aparece como experto, lo cual significa generalmente técnico asalariado. Como otros muchos de esta sociedad, el hombre de cultura depende para subsistir del cargo que desempeñe, cosa que supone hoy en día un control de la inteligencia y cuando quiere ascender requiere el asentimiento de otros más poderosos cuyo criterio se convierte en su máxima preocupación. Por lo tanto, y en la medida en que los intelectuales sirven directamente al poder - en una jerarquía de cargos- lo hacen con frecuencia renunciando a su libertad.

Pertenecen a otro trabajo los estudios necesarios para signar los requerimientos de una sociedad con una organización político - económico - social, en un momento histórico determinado, que convocaron a Ingenieros a semejante vuelco. Aquí, nuestra fecha es 1904.

 

IV

1904 es nuestra fecha. Fecha inicial de un proyecto abortado de Ingenieros (los "Estudios de patología nerviosa y mental" ya mencionados) y fecha final de una determinada producción que culminó con el libro que conocemos como "Histeria y Sugestión". Tarea amplia y difícil se proponía Ingenieros, y tal vez la iniciaba por el lado más complicado: más allá de la moralización que se impregnaba en todos los campos desde Pinel, intentaba arrancarle la histeria a ciertos sensacionalismos y empirismos fisiologístas del siglo XIX y darle la categoría que para él merecía "desde Charcot", su implicancia en el campo de la locura. Aquella afirmación que hizo Charcot, Charcot fue el primero en considerar la histeria como una psicosis, afirmando que todas sus manifestaciones orgánicas eran consecutivas a un estado psicológico enfermizo, fue el sentido que marcaría todos y cada uno de los capítulos de su libro. Así es como Ingenieros arribará al convencimiento de la causalidad psíquica en los diversos trastornos histéricos. Causalidad que promulgará en su libro, pero no a través de un análisis etiológico (aunque como muy bien dice Ponce que en este nivel se asoma en un capítulo magistral sobre las obsesiones y las ideas fijas a lo que habrá de dar a la psicología de hoy su acentuado carácter de investigación en profundidad), sino a través de una mirada clínica y de, fundamentalmente, lo que se convertía en una nueva panacea (al igual que alguna vez el antimonio u otra vez el opio): la terapéutica sugestiva en estado hipnótico. Esa será la base explícita en Ingenieros donde se cimentará este libro: justificar el valor curativo de la psicoterapia en los accidentes histéricos. Con tal fin, en un capítulo final sintetízanse los actuales conocimientos sobre el hipnotismo y la sugestión nos dice Ingenieros. A ese capítulo final llegaremos con nuestro final de este trabajo.

Ingenieros a través de dicha terapéutica comulga con la causalidad psíquica y promueve pioneramente la psicología clínica en Argentina y en Latinoamérica. Por eso nos llevará por el terreno de las anestesias histéricas en este libro para decirnos que la imitación, la sugestión, la atención o distracción, las emociones y otros fenómenos psicológicos pueden determinar, modificar o suprimir en muchos casos una anestesia sensitiva o sensorial, que en definitiva resulta ser una auto o heterosugestión; por el terreno de las contracturas musculares para decirnos la educación (Histeria del cultivo, como la llamó Bernhein) y la sugestión hipnótica influyen poderosamente sobre el desarrollo de ésta tendencia a la contractura muscular, (...) a los enfermos educados basta cualquier excitación mecánica, aún la simple orden verbal, para determinar la contractura de un miembro; oponiéndose en ambos casos al uso de soluciones químicas, llegando a decir que la acción del bromuro de potasio ha sido nula. Esta sustancia solo sirve en las histéricas para calmar estados de agitación, efecto obtenido intoxicando la célula nerviosa y entorpeciendo su actividad funcional. Es un chaleco de fuerza químico, no un verdadero medicamento. Recuperación de la subjetividad en contra de la represión y el sometimiento físico.

Nos llevará también por el terreno de las hemiplegias, y aún más, por la astasia - abasia (donde por su incapacidad sugestiva debe citar un caso de Raymond y Janet, que curaron con dicho método, a una joven a la manera de "Levántate y anda". Nos hará recorrer la risa y el hipo histérico, con notables análisis fisiológicos de los mismos (en especial el del hipo) para su época; arribando a la conclusión de tratándose de un sujeto cuya enfermedades puramente psíquica, los agentes empleados no pueden tener ninguna acción directa; si algún efecto producen es obrando por sugestión indirecta, es decir, determinando en el enfermo una autosugestión terapéutica. Esa seguirá siendo la conclusión de arribo, aún después de analizar los trastornos histéricos del lenguaje, la afasia y el mutismo, las disneas histéricas, los edemas histéricos, las abulias histéricas y la dipsomanía.

Frente a la panacea del curanderismo fisiológico (fluidos químicos, masajes y presiones musculares, inmersiones, sueños intensos, etc.) surge una nueva panacea ahora milagrosa: la sugestibilidad hipnótica. Allí apuesta Ingenieros en este libro, pero como creyente y no como ferviente adorador. Al respecto nos dice que el valor terapéutico de la sugestión y del hipnotismo merece la atención de los médicos prácticos, pues permite obtener, en determinados casos, curaciones rápidas, con suma facilidad y sencillez de procedimientos; y que el médico debe plantearse esta cuestión. Sintéticamente: la indicación capital del hipnotismo en terapéutica es dada por las localizaciones precisas, estrechas o tenaces de las neurosis, y especialmente de la histeria. En el tratamiento de las neurosis, de la histeria en particular, hay dos grandes fuentes de indicación: la neurosis misma y sus localizaciones. El hipnotismo solo responde a este último elemento clínico (podemos ver aquí la precisión de Ingenieros al respecto de lo que hoy podemos representar como asociaciones sintomáticas en referencia a las localizaciones, y por el otro lado la propia constitución de la neurosis misma en tanto campo propio de la sugestibilidad). El clínico de Ingenieros que se sobre impone en este libro, a esto se mantuvo fiel: a lo largo de cada uno de sus capítulos fue demarcando lo sintomatológico donde opera localmente dicho tratamiento, y sin atisbo de comprensión etiológica (con excepción del capítulo "Obsesiones e ideas Fijas"), excepto lo meramente funcional desde lo fisiológico, retornando al catálogo psiquiátrico donde a su vez se sentía seguro por herencia.

 

V

 

Ingenieros nos dice en todo el libro antes y después de Charcot. El se sitúa después de Charcot. Ese es su punto de ruptura. Ruptura con el dispositivo psiquiátrico institucionalizado y efectivizado en nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX, con toda la sistematización de la psiquiatría clásica pero de uso casero, que sirvió a un determinado proyecto político - económico - social, que el heredó. El peso de la herencia marca este libro. Su rumbo posterior será otro, "hacia una moral sin dogmas" y contra "el hombre mediocre". Ya no el régimen de la imposición, ahora serán disposiciones. Ya no más verdades sobre la locura, ahora se trata de cómo los locos se desunen de (sus) verdades. Ya no más segregación ahora se trata de integración desde verdades ya prescriptas (el "ser nacional" de la generación del `80 estaba flameando con nuestra bandera ya carente del sol guerrero).

Allí se sitúa Ingenieros. Y este libro no es el inicio de un proyecto ("Estudio de patología nerviosa y mental") sino el punto hacia otro proyecto. Leamos algunos párrafos descontextualizandolos del libro; es más, escindamos al autor y rizomaticemos lo que era desarrollo; vamos a tratar de ver que hay detrás de esta psicología naciente, tal vez desde la panacea de la hipnósis.

La acción perturbadora se obtiene provocando durante el sueño una fuerte emoción, miedo, alegría, etc.; ejerce la influencia propia de todas las emociones bruscas sobre el sistema nervioso. La acción correctiva es el método lento, opuesto al de perturbación, aactuando por unas series de sugestiones que destruyen gradualmente la idea mórbida y normaliza la función alterada. Castigar era un mal negocio para la burguesía, nos dice Foucault, mejor será el vigilar. Pero el panóptico es una forma de vigilancia que promueve al sujeto (es usado en sus dos acepciones). Además de sutil, es de uso positivo el dar "acceso a", dentro de un régimen de verdades de disposiciones sugestivas  que permiten que se sea sujeto en tanto sujetado (aún el loco, pero ya no él sino a lo que abarca). Toda la locura encerrada en tanto quejas e imposiciones.

Serie de sugestiones nos dice Ingenieros. Sugestionar, inducir a, ya no juzgar. A nuestro entender este término es el corazón de este libro, y es el corazón de toda la psiquiatría de fines del siglo XIX y aún inicios del XX. Es el inicio del dispositivo psicológico.

No es de la hipnósis de lo que se trata,  no erigir la hipnoterapia en método general, limitando su empleo a los casos, apuesta Ingenieros, debido a que el hipnotismo y la sugestión hipnótica se caracterizan por una sintomatología propia, bien definida, suficiente para diferenciarlos claramente de la sugestibilidad y las sugestiones en general.

Sugestión y locura. De eso se trata . Ya no de marginar el campo de la locura, sino de penetrarlo, de usarlo. ¿Quién no teme nuestra mirada y nuestra escucha al saber que somos psicólogos?. A los psicólogos o se les teme, o bien "se disponen a" (transferencia lo llamó Freud desde lo reductible de su clínica). La sugestión abarca un panóptico que realizó todo este montaje a fines del siglo XIX.

Ingenieros, que a lo largo de su libro usa recursos teóricos de explicitación de teorías donde sienta su posición, nos dice tomándolo a Binet (uno de sus más ilustre partidarios) acerca de la sugestión: el término sugestibilidad abarca fenómenos que pueden distinguirse de antemano: 1) La obediencia a una acción moral que puede venir de otra persona; esa sería, en sentido técnico el uso de la palabra. 2) La tendencia a la imitación, que en ciertos casos puede combinarse con una influencia moral sugestiva, y en otros existir aisladamente. 3) La existencia de una idea preconcebida que paraliza el sentido crítico . 4) La atención expectante o los errores inconcientes de una imaginación mal regulada. 5) los fenómenos subconcientes producidos durante un estado de distracción o después de cualquier hecho capaz de originar un desdoblamiento de la conciencia.

Ser sugestible o ser autoritario he aquí el dilema que se plantea por cada individuo; en la vida estamos constantemente sometidos a un proceso recíproco de sugestión. (...) Ante campo tan vasto para el estudio de la sugestibilidad es innecesario recurrir a sesiones de hipnotismo(...) en el ambiente de la vida real, los fenómenos de influencia y de autoridad moral revisten un carácter más complicado, y por lo mismo, son más fecundos para la observación. Entendida así, con amplitud de criterio, es más difícil definir y separar la sugestión de los fenómenos normales. En el sentido técnico riguroso, la sugestión es una presión moral (...) pero basta que el pensamiento sea comprendido para producir la sugestión. (...) Presión quiere decir violencia; por su intermedio el individuo sugestionado procede diversamente de cómo haría si procediera por sí mismo. Cuando nosotros cambiamos de parecer y de conducta, después de recibir un dato u otro elemento ilustrativo, no obedecemos a una sugestión, pues ese cambio lo hacemos concientemente, es la expresión de nuestra voluntad, la resultante de nuestro raciocinio, de nuestro sentido crítico, el producto de adhesión intelectual y voluntaria al mismo tiempo. (...) El primer carácter de la sugestión, es, pues, suponer un proceso disociativo, el segundo carácter consiste en un grado de conciencia más o menos definido, la actividad puesta en juego por la sugestión, piensa, combina ideas, razona, siente, actúa sin que el yo conciente y director pueda darse cuenta clara del mecanismo productor de estos fenómenos. Hay además, un elemento particular que no debe olvidarse; es la acción moral del individuo.

A un niño se lo puede retar por hacer una cosa; pero también se lo puede disuadir de que no la vuelva a hacer. El fin es el mismo: que haga o no haga eso. La locura desde Pinel tuvo igual historia. Y en la argentina, de uso muy casero, también. En 1904, Ingenieros vive un punto de ruptura. En su libro "después de Charcot": la histeria es locura; la locura es moral y psicología; prendado de su herencia apostará a la panacea de la sugestión. En su vida: dejará lo clásico de la psiquiatría reteniendo su disposición, la moral (¿No es acaso el cuerpo de la histeria a fines del siglo XIX  un cuestionamiento a la moral?). Este proyecto abortado le servirá de puente hacia esa otra etapa, la sugestibilidad en cuanto tal.

EL siglo XX traerá nuevas convocatoria. Él dictará la primera cátedra universitaria de psicología.

Ingenieros fue un sujeto (en su doble acepción) muy importante de nuestro entramado histórico. "Histeria y sugestión" en 1904, fue simplemente un libro y una fecha.

 

                BIBLIOGRAFIA:

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