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Nombre y apellido: Alejandra Raffo.

aleraffo@hotmail.com

Teléfono: 4258013.

Unidad académica: Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes. U. N. R.

 

Aproximaciones al Nacionalismo de 1910:

La corporación profesional

 

 

La fecha de 1910 marcó como todos sabemos un punto culminante a nivel nacional. La problemática social era difícil de ser obviada por los intelectuales de la época. Más allá de la diversidad de respuestas dadas por la oligarquía la cuestión estaba planteada en cuanto a la función del Estado como punto de cohesión de la sociedad. Era crucial entonces re-fundar el Estado, pero en un sentido intelectual y moral. Es así como se facilitó la intervención de diferentes profesionales en la búsqueda de soluciones y promovió el debate de  ideas entre quienes buscaban promoverlas. Palabras como “alma nacional”, “patriotismo”, “comunidad”, “familia”, etc.; fueron surgiendo a la par de la legitimación de las profesiones, organizadas en colegios o corporaciones. El surgimiento de las corporaciones está muy relacionado con la necesidad de enmudecer los conflictos de clase, ya que la misma se transformó en árbitro de dichos conflictos. Teniendo como característica la agrupación o cuerpo colegiado, cuyos miembros se identifican a la misma por preocupaciones en común, el organismo se define entonces por la tarea de regular las relaciones socio-culturales, haciendo factibles principios de legitimidad que articulen a los distintos actores sociales. A través de esta intervención se construye un espacio neutral. Así se convierte en interventora de los intereses generales de la sociedad. Vemos entonces como las corporaciones profesionales fueron órganos del aparato estatal, que necesita expandirse de manera simbólica frente a una sociedad pluralista, diversa y cosmopolita.

 En otras palabras, observamos entonces los rasgos de un posible Estado de carácter corporativista, pues los integrantes de estos organismos eran miembros de la elite u oligarquía, es decir los detentadores del modelo del Estado agro-exportador en sus comunidades locales. Se produjo a nivel local esferas no competitivas del sistema político, desdibujándose lo público de lo privado, por adquirir estas agrupaciones el carácter de “instituciones gobernantes”. De hecho esto trae consecuencias a las concepciones tradicionales de la democracia liberal. Criterios de ordenación de las disciplinas, posturas humanitarias frente a los desprotegidos o el compromiso de integridad  de los miembros de tales cuerpos o gremios donde la norma o ley era el pilar de los mismos, pretendían legitimar sus acciones.

            La intención de este trabajo es la de aproximarnos a esta temática a través de una breve presentación de la labor de una institución creada en 1910 en la ciudad de Rosario, el “Círculo Médico de Rosario”, cuya finalidad fue la defensa de los derechos profesionales de la medicina en la ciudad.

         Podemos hablar del Círculo Médico del Rosario como una asociación profesional por el hecho de que un grupo compuesto por personalidades características de la ciudad conformó un espacio propio, dentro del cual se discutieron temas en común, particularmente los relacionados a la práctica profesional y a todo lo referente a aquellos problemas que no seguían los patrones de dicha práctica. Recordemos que a la fecha de creación de esta institución, 1910, la ciudad estaba viviendo una eclosión cultural, social, económica y política de envergadura. El aumento de la presión social tanto desde la clase obrera en los movimientos socialistas y anarquistas como también de la clase media surgida de los hijos de inmigrantes ya nacionalizados exigía la ampliación de los canales de acceso a las instituciones detentadoras del poder local. Por otro lado, el pico máximo de la inmigración ultramarina hacía aflorar el número de “profesionales” de dudosa titularidad que era necesario evaluar. Frente a estas situaciones conflictivas que los rodeaban, el grupo dirigente tenía dos caminos: mantener el universo “bidimensional” que encerraba en las instituciones creadas a duchos problemas, excluyéndolos de la sociedad; o generar en la misma sociedad civil herramientas de cambio o soluciones desde las cuales todos los que las construyeran se sintieran representados o identificados de alguna manera en particular.

         Los integrantes del Círculo Médico del Rosario no estuvieron ajenos a la situación conflictiva. Según Pierre Bourdieu, se podría circunscribir teóricamente el comportamiento de los integrantes del Círculo en una categoría de su propiedad: el “habitus”. Al ser una categoría, ésta adquiere significado de acuerdo al lugar donde se la  defina como tal. No es costumbre, sino un sistema de disposiciones socialmente constituidas que en cuanto estructuras estructuradas y estructurantes, son el principio generador-unificador del conjunto de las prácticas y de las ideologías de un grupo de agentes (BOURDIEU. 1983: 21 y 22); y puede conducir, dentro del campo, a adoptar estrategias de conservación o a salirse del “juego” (BOURDIEU. 1995: 83 a 84). Al ser disposiciones estructuradas, están ya establecidas en la práctica, generalmente no necesitan ser definidas por ser parte constitutiva el practicante. A la vez son estructurantes. Esto quiere decir que posiblemente se redefinan e acuerdo a laguna urgencia del momento histórico, saliendo a la luz para reconstituirse por medio del discurso y la práctica diaria. Así podemos observar que el “habitus” no está impuesto ni por un individuo ni grupo particular, sino que se va armando y re-armando en el mismo proceso histórico y de acuerdo a las variables socio-culturales en juego.  Puede pertenecer a un grupo, pero no significa que sea privativo del mismo. Como se dijo antes, la redefinición del “habitus” implica en sus agentes estrategias de conservación o de salida del juego, redefiniéndose entonces el conjunto mismo. De esta manera vemos que la publicación de la Revista obró como motor transformador del “habitus” al interior del Círculo Médico. En otras palabras, las respuestas diversas  que se iban suscitando al interior del grupo dirigente en ese momento de cambio producían una heterogeinización de la concepción de la medicina y de la labor médica, obligando al “habitus” a salir a la luz para re-estructurarse nuevamente. Así los saberes adquiridos tanto como las prácticas usualmente realizadas debían ser “publicadas” para volver a legitimarse, esta vez bajo el rostro de un saber “científico y humanitario”. Para 1910, el problema real de la falta de una educación en la sociedad imposibilitaba el reconocimiento de la labor médica que se realizaba en el país por estos profesionales, siendo su solución la divulgación, desde el Centro Médico y a través de su “Revista”, para vincular a otros pares y presentarse así como una gran familia o comunidad ideal ante la sociedad y específicamente al mercado para atraer la clientela.

         Para el caso rosarino, el conjunto de las reivindicaciones eran dirigidas hacia dos objetivos, considerados como “adversarios” u “oponentes” a la práctica médica científica. Uno de ellos era el combate contra los llamados curanderos, charlatanes o comisionistas de enfermos. Los primeros promocionaban sus curaciones a través de revistas populares de medicina. Los corredores de enfermos hacían de intermediarios entre el médico de la ciudad y el paciente que vivía en el campo. El médico debía pagarle cierta comisión para adquirir la clientela. La expansión del mercado laboral que había acontecido desde 1880 por las transformaciones económicas, sociales y políticas, comenzaba a afectar a este grupo de médicos; es decir, ejercía una suerte de “competencia” en la captación de la clientela. De esta manera, se intentó a través de la agremiación –que defendía los derechos del profesional como trabajador y le exigía sus deberes profesionales- “recortar” a ese mercado libre.

         El segundo objetivo fue enfrentar a los organizadores e instituciones que, desde distintas esferas (colectividades, actividades filantrópicas, mutualismo) no tenían un explícito reconocimiento del campo profesional médico, como también luchar contra los poderes del Estado que no terminaban de sancionar leyes de incumbencias específicas para la actividad.  Señalemos primero que la presentación en la Revista de estos problemas no difiere en mucho de lo expuesto arriba con respecto a los curanderos y corredores de enfermos.

         La comisión directiva funcionaba así como intermediario, haciendo las conexiones necesarias para que la situación salga a la luz. Este tipo de intervención podía llegar a crear resquemores ante las autoridades a quienes se dirigía el Círculo, al exigirle un detalle de su proceder. Lo mismo ocurría con los médicos que habían tomado esos cargos, al pedirles las razones por las cuales se oponían al accionar del Círculo Médico.

            La preocupación principal de este grupo como parte de los intereses profesionales de envergadura era la ley provincial sobre ejercicio de la medicina. Desde 1911 se había pasado una nota a la Cámara de Senadores de la Provincia pidiendo el despacho favorable de la ley (RMR. 1911: 75 y 76); haciéndosele un seguimiento constante en cuanto a las reformulaciones de los proyectos y pedido de su sanción. La razón principal de dicho requerimiento era por los reiterados fracasos en relación a las intervenciones que proponía el Círculo Médico en función de proteger la moral profesional.              

         Recordemos que uno de los pilares el modelo agro-exportador era la inmigración ultramarina como mano de obra para la construcción del Estado-nación; ya que el hombre “europeo” se lo consideraba portador de una cultura innata al venir de tales países. Así, las autoridades no reconocían los saberes producidos en el país, ni mucho menos tuvieron en cuenta la conformación de una cultura nacional. Es por ello que tal reacción se originó en la sociedad civil, especialmente donde se encontraban con las disfunciones que se generaban por la aplicación del modelo liberal. La re-estructuración del “habitus” al interior de la comunidad médica desde el año 1910 a 1920 tiene que ver con esa reacción, por el hecho de que la misma se enfocaba en rechazar todo elemento “foráneo” o ajeno a la ciudad.

         La disciplina funcionaba entonces como elemento integrador, al vincular a los participantes en una cultura construida como “nacional”, cuyo elementos –aportados por esos participantes-, creaba lazos de amistad, comprensión e identidad. Actuaba también la disciplina como mediadora entre el poder y la sociedad, ya que era volcada del espacio de la comunidad a los otros organismos para el establecimiento de instancias simbólicas con el fin de regular las formas de ingreso a los puestos de trabajo en base a los conocimientos y capacidades de el candidato. La concepción de la profesión como una práctica científica y humanitaria se aplicaba de esta manera a sus propios portadores, quienes eran valorados no solo por sus conocimientos sino también por su personalidad.

 

CONCLUSIÓN

            Tomando como referente a José Luis Romero, el menciona cómo aquel liberalismo latinoamericano  (que se abrió paso desde 1880 por las repercusiones de los acontecimientos europeos en una filosofía predominante entre las elites y fuente más o menos reconocida de las opiniones o enseñanzas sobre el sentido de la vida, la moral y la convivencia) no constituyó un bloque unido ya que dentro de ese cuadro se manifestaron cuestionamientos los cuales apuntaban al desprestigio de los sectores populares por su ignorancia y elementalidad. Se reprochó al liberalismo una concepción elitista por su obsesiva preocupación por la riqueza como una total insensibilidad para percibir y aceptar los difusos sentimientos populares de los grupos que ahora se sentían ciudadanos con pleno derecho, fenómeno cada vez más palpable a medida que nos acercamos al Centenario. El nacionalismo es señalado por Romero como uno de los movimientos condenatorios del liberalismo. Estos movimientos que fueron de raíz minoritaria aspiraban a ser mayoritarios y consideraban a la democracia liberal como un ardid engañoso por mantener un sistema representativo alejado de la participación política.

            Podemos concebir esta reacción nacionalista como una tendencia conservadora dentro del liberalismo, por el hecho de que se produjeron transformaciones al interior de las estructuras al ponerse en tela de juicio los intereses de la elite, que sucedieron al correr riesgo el sistema básico sobre el que está constituida la sociedad y por la necesidad de contrarrestar rápidamente toda amenaza para devolverle al sistema su integridad y su plena vigencia.

            La característica conservadora  que observamos en el accionar de la corporación profesional estudiada fue la urgencia de explicitar los principios reguladores de su práctica profesional ante sus adversarios. Los médicos del Círculo encarnaban entonces con convicción los fundamentos heredados de sus maestros y así la misma les otorgaba la autoridad para constituirse en los celadores de esas estructuras básicas. La ley se convirtió en uno de los nuevos mitos ordenadores donde el ideal de una vida desinteresada era primordial en la constitución de una sociedad basada en las capacidades u oficios semejante a la estructura por “capas” de la sociedad medieval.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

BOURDIEU, P. “Campo intelectual, campo de poder y habitus de clase”, en:

Campo de Poder y campo intelectual. Folios. Buenos Aires. 1983.

BOURDIEU, P Y WAQUANT, L. “Habitus, illusio y racionalidad”; en: Respuestas. Por una antropología reflexiva. Grijalbo, México. 1995.

CAWSON, A. “¿ Hay una teoría corporativista del Estado?, en: Zona Abierta 67/68. 1994.

LOBATO, M. Política, médicos y enfermedades. Biblos. U. De Mar del Plata. 1996.

PONS, A. Y VIDELA, O. “Una corporación frente a la cuestión social: la Bolsa de Comercio e Rosario ante los conflictos obreros a principios del siglo XX”, en: Anuario 15 Esc. de Historia. Fac. de H. y Artes. UNR. 1993.

ROMERO, J. L. Situaciones e Ideologías en Latinoamérica Sudamericana. Bs. As. 1986.