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JORNADAS DE PENSAMIENTO ARGENTINO

UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

  Rosario, 20, 21 y 22 de noviembre de 2003

 

 

LA REVALORIZACIÓN DEL MARTÍN FIERRO EN EL CENTENARIO

 

 

 

 

N. LETICIA TENCZER (UBA)  letenc@starsat.com.ar

ANA MARÍA DE LUCA (UBA)  anamariadeluca@elsitio.net

 

 

I. Introducción

 

“Me he esforzado... en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos,

concentrando  el modo de  ser, de  sentir, de  pensar y de   expresarse que  le  es  peculiar,

dotándolo  en  todos los  juegos de  su imaginación  llena  de imágenes y  de colorido, con

                               todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta  el crimen, y con todos los impulsos

y  los  arrebatos, hijos de  una  naturaleza  que  la  educación no  ha  pulido y suavizado”.

 

Carta de José Hernández a su amigo el Dr. José Zorlo Miguens.

Buenos Aires, diciembre de 1872.

 

Esta síntesis de Martín Fierro expresa la semblanza escrita por el propio autor del poema del gaucho, obra clásica de nuestra literatura y uno de los poemas más originales del romanticismo americano en donde Hernández dio vida literaria a su ideario político-social[1], marcando las tendencias características del género.[2] Es el alegato contra el orden político establecido entre Caseros y la Conquista al  Desierto y la falta de justicia para los sectores rurales y al mismo tiempo condensa la historia de la transformación social de la Argentina.

Por todas estas razones Martín Fierro es en nuestra literatura, obra de capital interés para la crítica, ya que ha suscitado desde su publicación numerosos juicios, reflexiones, respuestas y polémicas, que exceden el ámbito literario para internarse en la problemática de ideas y en el debate sobre nuestra literatura y nuestro llamado “ser nacional”[3]. La crítica de la época en que apareció el poema puede resumirse en dos juicios principales: el reconocimiento de su valor testimonial y la negación de su carácter artístico pues los cánones literarios de entonces cuestionaban el valor estético del género de la gauchesca en general y servían, en particular, para fundamentar su rechazo a  una obra considerada irritativa.[4]

Por el contrario, en la Argentina del Centenario, la crítica de la obra se relacionaba  con las modificaciones que la sociedad vivía entonces: la “plebe ultramarina”, como Lugones designó a los inmigrantes, alteraba profundamente el perfil social y político de la Argentina.[5] Para 1910, todos creían que las promesas de la generación del ‘80 ya habían cumplido su ciclo[6], y el inmigrante ya no fue percibido como un aliado en el poblamiento rural, contra los hábitos del caudillismo y la barbarie rural. Se había convertido en un problema por su dimensión cuantitativa y cualitativo expresado en la protesta obrera, en el anarquismo y en el socialismo, factores considerados disolventes para la convivencia social.[7]

Los temores de desintegración social en un contexto latinoamericano, que revalorizaba la herencia colonial influyeron en el “primer nacionalismo” o “nacionalismo cultural” sobre la necesidad entre los intelectuales, de desentrañar el llamado “ser nacional”, explicado por los componentes raciales de nuestra comunidad[8].

De la búsqueda de la identidad nacional surgió la construcción mítica del gaucho, que salido de la marginalidad social, fue consolidando un imaginario criollista basado en su representación, el culto al coraje y en la propia pampa, nuevos símbolos de la argentinidad. Otros formas de propagación de la imagen del gaucho se hallaban en los anuncios y propagandas comerciales[9]. Se exaltaba en el gaucho su fortaleza y sus destrezas, invitando a los habitantes de la ciudad a imitar la sencillez, la grandeza y el espíritu de libertad del gaucho pampeano.

Por otra parte, en esta época se termina el proceso de profesionalización del escritor, quien buscaba de impresionar al público con su saber y su elocuencia. Muchos de estos escritores, bajo el influjo del espiritualismo, del esteticismo y la crítica al positivismo se sumaron al campo intelectual  del “primer nacionalismo”. Las reflexiones, los libros, los artículos y las conferencias acerca de “cultura y nacionalismo” y sobre “historia y nacionalismo” se multiplican[10]

Numerosas obras trataron de dar  respuestas al enigma de la nacionalidad argentina: Ricardo Rojas con La restauración nacionalista (1909), Manuel Gálvez y El diario de Gabriel Quiroga (1909), y Leopoldo Lugones con su obra El Payador (1916). Estos hombres de las elites del interior, impulsaron la recuperación del pasado, la “tradición nacional” y la “conciencia nacional”. A partir de estas preocupaciones surgió reivindicación el gaucho.[11]

Estas tendencias nacionalistas del Centenario[12] alcanzaron su punto de condensación en la reelectura que realizó Leopoldo Lugones de Martín Fierro y que adquirió repercusión en el ciclo de conferencias dictadas de Buenos Aires. Ocasión en donde no sólo se realizará la transformación mitológica del gaucho, convertido en el arquetipo de la raza, sino también convertirá a la obra de Hernández en el texto “fundador” de la nacionalidad.[13]

Este trabajo forma parte de un proyecto de investigación más amplio, cuyo objetivo es analizar las repercusiones de las lecturas de Lugones sobre Martín Fierro a través de algunos de los diarios de entonces, y confirmar si con ellas el llamado “acontecimiento cultural del año” se convertirá en el puente de comunicación entre la poesía del pueblo y la mente culta de la clase oligárquica.

 

 

2. Las Conferencias de Lugones y sus referencias en la prensa.

 

Leopoldo Lugones (1874-1938), poeta y ensayista, miembro de una familia de la clase alta cordobesa venida a menos por la Crisis del 90, llega a Buenos Aires en 1896 con una carta de presentación para Mariano de Vedia, director del diario La Tribuna, órgano del roquismo, fue siempre un funcionario que se acomodó a las distintas administraciones para poder dedicarse a la literatura. Son bien conocidas sus oscilaciones ideológicas, socialista en su juventud, junto con José Ingenieros fundó el periódico La Montaña. En 1903 abandona su posición de izquierda para representar años después el pensamiento de derecha, pasando de un conservadurismo liberal a un nacionalismo antiliberal y autoritario.[14]  Centrándonos en la década de 1910, lo ubicamos en una etapa que él mismo llamaría más tarde –y particularmente para rechazarla- una ideología liberal. Es indudable que en esta época comienza su contribución al nacionalismo con las seis conferencias que dictó en el Teatro Odeón, que con modificaciones y agregados publicó en 1916 bajo el título de El Payador, aporte que no será de carácter político sino literario.

A partir del análisis de cuatro  periódicos de la época: La Nación, La Razón, La Tribuna y El Diario[15], hemos tratado de rescatar la trascendencia de las mismas en la prensa, dado que por entonces constituía un importante espacio de debate. Los periódicos consultados en sus primeras publicaciones registran la importancia del tema a tratar, el prestigio del autor, el interés despertado en los círculos intelectuales y la elite. La originalidad de las conferencias radica no sólo en lo selecto del auditorio sino también, en la posibilidad de que un poeta argentino lograra tratar un tema nacional, en un espacio reservado hasta entonces a  destacados intelectuales europeos.[16] 

El autor comienza la primer conferencia, “El hijo de la Pampa”, pronunciada el 8 de mayo de 1913, explicando cómo surge en París, su necesidad de “de platicar con Martín Fierro, sobre la Patria distante”.[17] El gaucho será para Lugones “el héroe y civilizador de la Pampa”,  paladín de la justicia y la libertad, hábil jinete, con defectos y virtudes, surgido de la unión del conquistador y el indígena, para convertirse en el prototipo del argentino del Centenario[18]. Éste hereda del gaucho: “... el extremado amor al hijo; el fondo contradictorio y romántico de nuestro carácter; la sensibilidad musical,... la fidelidad de nuestras mujeres; la importancia que damos al valor; la jactancia, la inconstancia, la falta de escrúpulos para adquirir, la prodigalidad...”.[19] El Diario, señala que hasta entonces Martín Fierro sólo era considerado una obra entretenida y superficial, pasando a ser valorizada por los críticos nacionales y extranjeros, como un estudio de alto mérito literario y sociológico.[20] Por su parte, La Razón destaca el magnífico estudio del ambiente en que se va desarrollando la vida del protagonista, civilizador y héroe, puntualizando el origen persa, griego, húngaro, morisco y caballeresco de las prendas gauchescas y del manejo del caballo.[21] Desde la columna de La Tribuna encontramos que la versión de Lugones al tratar un tema de tanta importancia, despertó la atención pública no sólo por la forma de encarar el comentario y la crítica del poema gaucho, sino por la evocación que hará de la vida argentina[22], dándole a Martín Fierro el lugar que le corresponde a nuestra historia literaria.[23] Estas consideraciones nos llevan a confirmar que Lugones inauguró el capítulo de la crítica culta del poema de Hernández.

En “A campo y cielo”, del 10 de mayo, Lugones describe al gaucho “bajo su aspecto prototípico, o sea en el estado de mayor prosperidad para esta subraza adventicia, cuando acabó de formarse al finalizar el siglo XVIII.”[24] Nos habla del inicio de las desgracias del gaucho durante la guerra de Independencia y las guerras civiles, cuya sangre y sacrificio inspiró un reconocimiento por  su heroísmo, que será la justificación del estudio del poema. Pero a la vez,  afirma que la política que tanto lo explotó nada hizo por mejorarlo con lo cual, su desaparición será un bien para el país. Su “exterminio” se justifica en su parte de sangre indígena, elemento de inferioridad; pero su definición como tipo nacional, acentúa étnica y socialmente nuestra separación de España, aportándonos una personalidad propia. De ahí que el argentino con su físico y el mismo idioma sea, sin embargo, tan distinto del español. Y es que el gaucho será el elemento diferencial y conciliador a la vez entre el español conquistador y el indígena inadaptable, el habitante peculiar del nuevo país incorporado a la civilización por la Conquista, cuyo destino, a manera de epitafio puede resumirse en el elogio homérico a los bravos: “Ha muerto bien. Era un hombre.”[25] Con esta frase Lugones nos expresa que la muerte purificó al gaucho. Éste le dio su sangre a la nacionalidad y lo mejor que hizo es morirse por la patria, de ahí su reivindicación. La Nación en su análisis, nos agrega que las condiciones económicas que determinaron primero la formación de “la subraza primordial”, su voluntario sometimiento al patronazgo del blanco de la ciudad, considerando no obstante, los conceptos de igualdad y de libertad, “productos naturales de la tierra argentina”, favoreció lo que Lugones llamó el “comunismo de la abundancia”.[26] Por último, podemos agregar el énfasis de La Tribuna al juicio crítico del autor en esta lectura.[27]

En la tercer disertación titulada “La poesía gaucha” del 15 de mayo, el autor se ocupa de explicar la génesis y el carácter de la poesía gauchesca y presenta los antecedentes de Martín Fierro. Compara las payadas con las bucólicas virgilianas y a los payadores con los trovadores provenzales, continuadores de la cultura grecolatina, siendo los árabes quienes continúan y sistematizan este género de poesía para nuestros gauchos, en quienes la sangre arábiga del español predominó. Así, el poema resume estos géneros que le brindan un linaje noble y lo convierte en un aporte histórico fundamental para la vida nacional. La importancia del poema radica en que reunió la poesía dispersa de los payadores, manteniendo sus características fundamentales para que los argentinos de esa época pudieran “apreciar su eficacia de elemento fecundador”. Para Lugones la poesía gaucha, al igual que la de los griegos, no fue imaginativa ni creadora, ocupándose de expresar emociones, sentimientos, interpretaciones del destino, no fue grosera y advierte que las pocas estrofas de este tipo pertenecen “a las regiones donde las lenguas indígenas bastardean el castellano, rebajando el lenguaje popular a una sórdida mestización”.[28] Acerca de esta conferencia, El Diario resalta las pintorescas escenas de las justas poéticas del pasado gaucho, y el carácter filosófico de todas las improvisaciones de los payadores gauchos, con un lenguaje amoroso, galante, mesurado y decente,  en contraposición  con la grosería repulsiva del tango orillero de los bajos fondos bonaerenses.[29] La Razón nos habla de un Lugones, que como pocos escritores nacionales, conoce la campaña argentina y la vida y las costumbres del gaucho, y destaca su descripción de la pulpería, de las faenas rurales, del silencio nocturno en la inmensidad pampeana.[30]

En “Martín Fierro es un poema épico”, del 17 de mayo, nuestro autor se ocupa de fundamentar por qué el poema de Hernández debe ser considerado épico. Martín Fierro, como todo héroe lucha por la libertad y contra la injusticia del sistema, personificando de este modo la vida heroica de su raza. Fue un paladín, o sea, justiciero y libertador. Su lenguaje y sentimientos más genuinos, lo acercaron no sólo al pueblo gaucho sino también a los “cultos”, porque tanto unos como otros, gustan de escuchar “cosas bellas, interesantes, pintorescas, exactas, a un verdadero gaucho”.[31] La extensa nota de La Nación, considera este capítulo como el más didáctico, el más difícil, el más peligroso y el que permitió el contacto del poema con los círculos cultos, ya que anteriormente, escritores como Hidalgo, Ascasubi, del Campo lo habían tratado de manera burlesca e inferior, mientras que los románticos, Echeverría y Gutiérrez, si bien procuraron darle color local, omitieron el alma del gaucho. Para Lugones, Martín Fierro no es una invención: es una historia real, en todos sus rasgos hasta en la huida a las tierras del enemigo indígena quien lo amparara ante la injusta persecución de las autoridades.[32]

En la antepenúltima conferencia, “El telar de sus desdichas”, dictada el 20 de mayo, Lugones trata las desgracias del gaucho: la leva, la vida injusta en la frontera, determina el vagar errante del héroe. Acompañan al gaucho “el coraje y la tristeza deshilada en monótonas lágrimas de música sobre la guitarra de la cantina”. Después de tanto maltrato se convierte en desertor y en la frontera se confronta con el miedo al indio “demonio de la pampa”. Al regresar a su pago, encontró la desolación: su familia se ha marchado, su rancho está en ruinas, siente abandono, desolación y dolor. Entonces, el gaucho jura venganza contra la injusticia. Lugones comprende esta actitud justiciera del protagonista, como la de un héroe.[33] El Diario, al comentar esta lectura se interesa en el origen de las desdichas sufridas por el personaje, individualista y andariego, a quien la leva le arrebató lo más preciado: su libertad. En esta lectura, Lugones entusiasma al público con múltiples y sentidas citas que le atribuyen al poema su carácter épico.[34] Por otra parte, es interesante resaltar el espacio dedicado por La Nación en su sección Notas Sociales, a la descripción de la concurrencia de distinguidas señoras y señoritas de la sociedad.[35] Este matutino, además de transcribir la lectura de Lugones sobre la primer parte de Martín Fierro que desarrolla las desgracias que determinaron la vida errante del gaucho, nos cuenta cómo su autor concibió y ejecutó el poema en un hotel de Buenos Aires, logrando concluir su obra  “de un tirón, sin miedo ni esfuerzo”.[36]

En la última lectura, “El linaje de Hércules”, del 24 de mayo, el conferencista establece la genealogía de los paladines desde el remoto origen helénico, pasando por el cristianismo, por la civilización provenzal, por los trovadores, hasta el tipo de paladín, también trovador, héroe de la justicia y de la libertad como el protagonista de obra de Hernández. El gaucho Martín Fierro, inconsciente de su mérito, con su ingenuidad nativa, es para Lugones “la carne heroica” y una enseñanza para el hombre de campo, y en esta disertación expresa que llegó la hora de darle a Martín Fierro su bronce y decretarle su triunfo póstumo. El Martín Fierro es el poema que descubre el alma del gaucho, es la poesía de la raza[37] y la obra merece su revalorización. Así lo resume en sus palabras de despedida:

     ... Nunca me he sentido más hijo del país que en estas horas de vida intensa con la                   poesía de mi nación y con la gente de mi raza... Felicítome por haber sido agente de una íntima comunicación nacional entre la poesía del pueblo y la mente culta de la clase superior; que así es como se forma el espíritu de la patria... Esta unanimidad del sentimiento nacional... sobre estas tablas, que parecían destinadas al monopolio de la literatura extranjera,... hemos probado que las cosas nuestras contadas por un escritor nuestro, eran también dignas de interesarnos en belleza y en verdad... Mi obra ha consistido en celebrar lo mejor que me fue posible las virtudes a la patria: libertad, honor, trabajo, fidelidad, veracidad, entusiasmo...[38]

La Nación dedica una crónica a esta conferencia titulada Una despedida triunfal[39], y sin duda lo fue. La Razón y El Diario coinciden en la importancia del estudio y las lecturas de Leopoldo Lugones sobre la figura de Martín Fierro para el selecto y numeroso público que en su última conferencia lo despide con una ovación, coronando su labor de dar a conocer lo que él mismo llamó “el poema épico de Hernández”.[40]

 

 

3. Algunas consideraciones finales

 

La indagación sobre la preparación y propagación  del mito del gaucho es sin duda un tema que se cruza con la literatura y la crítica literaria, con la historia de la historiografía y la historia social argentina y excede este trabajo.  Los escritores de la década de 1910, como Lugones, intentaron explicar la identidad nacional a través de la colocación del Martín Fierro como poema nacional.

 Desde una  postura antihispánica original entre lo escritores nacionalistas Lugones consideraba que el gaucho superó al español pues acabó con una raza más débil: el indio. También podemos afirmar que Lugones en sus lecturas no confunde al  Martín Fierro con el gaucho, ya que aquel es una idealización de éste. Exalta al gaucho y no al gaucho real. Es una visión heroica, trágica, una justificación de su exterminio. El gaucho ha muerto, se ha ido, pero no sólo es un bien porque contiene un elemento inferior en su parte de sangre indígena, sino también es necesario y por tanto, merece ser reivindicado en su patria, la pampa, que es sinónimo de nacionalidad. El gaucho, prototipo del argentino, en contraposición con el gaucho real, es el que nuestro autor reivindica en sus conferencias.

La aparición de Lugones  plasma el  ideario del escritor profesional. Los periódicos consultados presentan anuncios los días previos al comienzo del ciclo de conferencias y destacan la importancia del evento resaltando el prestigio del conferenciante y la relevancia del tema a tratar. En los comentarios posteriores encontramos menciones que indican la presencia de un auditorio selecto y entusiasta, interesado tanto por escuchar a Lugones como por la problemática de las lecturas. La Nación, es el periódico que mayor espacio le dedica al comentario de las distintas lecturas, siendo desparejas, puntuales y breves las referencias encontradas en los otros periódicos. Si bien La Nación contiene comentarios sobre todas las disertaciones, observamos que profundiza especialmente tres: “A campo y cielo”, “Martín Fierro es un poema épico” y “El linaje de Hércules”. En las mismas Lugones expone su tesis fundamental: la consagración de Martín Fierro como un héroe que lucha por la libertad y contra la injusticia, condenado a desaparecer para dar vida a la identidad del argentino.[41]



[1] Este ideario puede sintetizarse en la autonomía de las localidades, municipalidades electivas, abolición del contingente de fronteras, ilegitimidad popular de los Jueces de Paz, Comandantes militares y Consejos escolares. (En el primer número de “El Río de la Plata”, 6 de agosto de 1869). En 1874 Hernández expresará: “Para mí, la cuestión de mejorar la condición social de nuestros gauchos no es sólo una cuestión de detalles de  buena administración, sino que penetra algo más profundo en la organización definitiva y en los destinos futuros de la sociedad, y con ello se enlazan íntimamente, estableciéndose entre sí una dependencia mutua, cuestiones de política, de moralidad administrativa, de régimen gubernamental, de economía, de progreso y civilización... Pero ese gaucho debe ser ciudadano y no paria; debe tener deberes y también derechos, y su cultura debe mejorar su condición.” (Carta dirigida desde Montevideo a los editores de la 8ª edición de “El Río de la Plata”, 1874).

[2] En Martín Fierro aparecen todas las tendencias características del género: estimación de lo regional y popular, color local y de época, exaltación del yo, la rebeldía, inquietud social, defensa del oprimido, aspiración a la gloria, enfrentamiento heroico de la vida, presencia de la soledad y la desesperación, desventura del personaje y su queja, la noche y el misterio, la poesía de la naturaleza (alude a la inspiración), religiosidad ingenua, lo grotesco, añoranza del pasado junto a las ruinas que lo recuerdan, sed de acciones heroicas. En: Angel H. Azeves, La elaboración literaria de Martín Fierro, Buenos Aires, Universidad Nacional de La Plata, pp. 37-39.

[3] Leumann, Borges, Martínez Estrada, Martín Fierro y su crítica (antología), Buenos Aires, CEAL, 1993, pp. V y VI.

[4] Gramuglio, María Teresa, Sarlo, Beatriz y otros, Historia de la Literatura Argentina 2. Del Romanticismo al Naturalismo, Buenos Aires, CEAL, 1980-86, p.14.

[5] Leumann, Borges, Martínez Estrada, Martín Fierro y su crítica (antología), op.cit., p. IV.

[6] Prieto, Adolfo, El discurso criollista en la formación de la Argentina Moderna, Buenos Aires, Sudamericana, 1998, p.21.

Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz, Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires, Ariel, 1997, pp. 162-164, 166 y 167.

[8] El mito de la raza puede explicarse a través de las palabras de Manuel Gálvez: “... ha llegado el momento de sentirnos argentinos, de sentirnos americanos y sentirnos en último término españoles puesto que a la raza pertenecemos”.  Gálvez, Manuel, El solar de la raza, Buenos Aires, Agencia General de Librería y Publicaciones, 1916, 4° edición, p.53, en: Altamirano, C. y Sarlo, B., Ensayos argentinos... op.cit., p.194.

[9] Imágenes de gauchos con sus chiripás, botas, rastras y puñales, paisanas con sus trenzas, su pañuelo al cuello, hombres de campo de a caballo, duelos y peleas a cuchillo, aparecen en los diarios, revistas y folletos de entonces para vender productos como ropa de trabajo, molinos, alambrados. Tranchini, Elina, El cine argentino y la construcción de un imaginario criollista 1915-1945, en: Entrepasados, N°18/19, 2000, p.116.

[10] Quattrochi-Woisson, Diana, Los males de la memoria. Historia y política en la Argentina, Buenos Aires, Emecé Editores, 1995, pp. 38 y 39.

[11] Es importante aclarar que este movimiento tiene como precursor a J. V. González, quien a través de su obra, Mis montañas (1893) y su nostálgica evocación a La Rioja, rompe con la amenaza del interior hasta entonces bárbaro y ubica al gaucho como principio de cohesión nacional ante el “elemento exótico” del inmigrante, anticipándose de este modo a la problemática del rescate de las tradiciones y revalorización del interior como principio de unidad socio-cultural. Svampa, Maristella, El dilema argentino: Civilización o barbarie. De Sarmiento al revisionismo peronista, Buenos Aires, El Cielo por Salto-Imago Mundi, 1994, pp. 88-95.

[12] Mónica Quijada en su estudio sobre Manuel Gálvez y el pensamiento nacionalista de su tiempo, señala tres períodos del Nacionalismo en la Argentina, el primero será el que desarrolla un pensamiento nacionalista original, de contenido reivindicatorio y carácter dinámico, período en el cual debemos ubicar a Lugones y al grupo de intelectuales de la generación del 900. Quijada, Mónica, Manuel Gálvez: 60 años de pensamiento nacionalista, Buenos Aires, CEAL, 1985.

[13] Esta empresa patriótica de rescate de Martín Fierro y su exaltación como poema nacional épico fundante de la nacionalidad, contará además de Lugones con la contribución, por un lado, de Ricardo Rojas al crearse la primer cátedra de literatura argentina en la Universidad de Buenos Aires en 1912 y la publicación a partir de 1917 de una monumental Historia de la Literatura Argentina, y por otro lado, con la publicación de la encuesta realizada por la revista Nosotros a partir de las disertaciones de Lugones. Gramuglio, M.T., Sarlo, B. y otros, Historia de la literatura argentina 2...., op. cit., p.15.

[14] Irazusta, Julio, Genio y figura de Leopoldo Lugones, Buenos Aires, EUDEBA, 1968, pp.7-19 e Iturrieta, Aníbal, “El primer nacionalismo argentino”, en: Iturrieta A: (comp.), El pensamiento político argentino contemporáneo, Buenos Aires, Grupo de Editor Latinoamericano, 1994, pp. 39-40

[15] La Nación, matutino, de 100.000 ejemplares diarios aproximadamente, contaba con sucursales en París, Montevideo, La Plata, Bahía Blanca y Suiza. Fundado por Mitre en 1870. Interviene en debates políticos, en el quehacer cultural enriqueciendo la literatura periodística con un plantel que reunió a la mejor intelectualidad argentina, siendo Lugones unos de sus colaboradores. La Razón, vespertino, 80.000 ejemplares, fundado en 1905, es el primer periódico fundado por un periodista que no tiene relación con los partidos de turno. La Tribuna, vespertino, fundado en 1892, caracterizado por romper el estilo de redacción clásica al introducir el lenguaje arrabalero en su sección policial. El Diario, con dos ediciones diarias, es el vespertino más antiguo, fundado en 1881, con una tirada diaria de 60.000 ejemplares, conserva el formato y el estilo periodístico francés, refinado y con una crítica cruel pero amena. En: Saítta, Sylvia, Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920, Buenos Aires, Sudamericana, 1998, cap.1.

[16] La Tribuna, 3/5/13, 8/5/13, 9/5/13, Números 6762, 6766 y 6768, respectivamente. La Razón, 3/5/13, p.3; 7/5/13, p.7; 9-5-13, p.11. La Nación, 3/5/13, p.13; 8/5/13, p.12; 9/5/13, p.12. El Diario, 7/5/13, p.17; 8/5/13, p.4; 9/5/13, p.4.

[17] La Nación, 9 /5/1913, p.12.

[18] Ibid., p.12.

[19] Lugones, Leopoldo, El Payador, Buenos Aires, Biblioteca Ayacucho, 1991, p.37.

[20] El Diario, 8 /5/1913, p.4.

[21] La Razón, 9/5/1913, p.11.

[22] La Tribuna N°6762, 3 /5/1913.

[23] La Tribuna N°6766, 8/5/1913.

[24] Lugones, L., El Payador, op.cit., p.38.

[25] Ibid, pp. 38, 47-49.

[26] La Nación, 11 de mayo, p.12.

[27] La Tribuna, N° 6768, 10/5/1913.

[28] Lugones, L. El Payador, op.,cit, pp.51-56.

[29] El Diario, 16/5/1913, p.4.

[30] La Razón, 16/5/1913, p.9.

[31] Lugones, L. El Payador, op.cit., pp.130-133.

[32] La Nación, 18/5/1913, p. 15.

[33] Lugones, L. El Payador, pp. 134, 144 y 149.

[34] El Diario, 21/5/1913, p. 4.

[35] La Nación, 21/5/1913, p.14.

[36] Ibid., p. 12.

[37] Lugones, L., El Payador, op. cit., pp. 173 y 174.

[38] Lugones, L., El Payador, op.cit., pp.188 y 189.

[39] La Nación, junio de 1913.

[40] La Razón, 23/5/13, p.11 y El Diario, 24/5/13, p.14.

[41] Consideramos conveniente aclarar que por razones de extensión, no hemos incluido en este trabajo las ediciones de la revista Nosotros consultadas, y que resultan interesantes por realizar en forma simultánea a las conferencias, una serie de encuestas y comentarios a distinguidos y conocidos hombres de letras acerca de cuál es el valor del Martín Fierro, tema que considera de actualidad a partir de las lecturas de Lugones. Rev. Nosotros, Buenos Aires, Sociedad Cooperativa Limitada, Año VII, Marzo de 1913, N°47, pp.5-12;  abril de 1913, N°48, pp.113-224; mayo de 1913, N°49, pp.225-336; y junio de 1913, N°50, pp.336-453.

[41] Leopoldo Lugones, “Segunda encuesta de Nosotros” Cuál es el valor del “Martín Fierro?”. Nosotros, op.cit., Año VII, N° 50, junio de 1913, pp. 425-433.

Queda  pendiente en esta investigación y en proceso de consulta, el matutino La Prensa ya que es el diario de mayor tiraje en  1913 (160.000 ejemplares) y por tanto, el es más leído en el país porque cuenta con la adhesión de las distintas clases sociales, y La Vanguardia, el diario del partido Socialista.