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La mirada estrábica: los ojos de Contorno en el cuerpo de Martínez Estrada.

Cristián Costantini.

 rubiocos@yahoo.com.ar

 

“Porque Martínez Estrada no va a quedar en la historia del pensamiento argentino porque haya hecho ver lo inmoral de nuestra realidad, ni por haber sublimado el planteo intelectual de su angustia en la supuesta soledad del hombre argentino, ni tampoco por su literatura y menos aún por su supuesta posición política. Lo profundo de Martínez Estrada es precisamente la negación de todo ello, es la conciencia de la regresión de nuestra realidad, es la de los invariantes de nuestra historia, es la convicción absoluta de que nuestro país es un país de estructura prehistórica, prácticamente ingobernable, anterior a la política y lo que es peor anterior a cualquier estructuración intelectual”(1)  (Rodolfo Kush)

 

El espectro de Ezequiel Martínez Estrada asoma por las rendijas del estudio jurídico de Ismael Viñas ubicado en Diagonal Norte. Acaso como emblema ineluctable o fatal enigma enmarañando en la gigantesca Buenos Aires; el nombre de este santafecino gravita inexorablemente en el campo intelectual de la Argentina post-peronista, desplazando los postulados del positivismo más acérrimo. Martínez Estrada recorre solitariamente los fatales senderos del pensamiento argentino, como una sombra sumergida en el intrincado suelo de la nación, una nación desencantada y frustrada en sus ideales de progreso indefinido.

Este trabajo trata de la mirada de Contorno a partir de cierta órbita estradiana: el intelectual que observa con ojos civilizados batiéndose, inclaudicable, en la insoluble tensión de europeos venidos a América. Pienso que de ahí debe provenir, en parte, su dramatismo o terribilismo que acosa permanentemente a la hora de abordar sus preocupaciones, cargadas de ambigüedad y expresadas en los sutiles vaivenes de su estilo. Para Martínez Estrada -como David Viñas-  el cuerpo y la escitura se confunden en una forma de denuncia. La escritura se funde con la vida y  la furia como el dolor o la pasión germina de las entrañas más profundas de su ser como un trasfondo dramático. Martínez Estrada capta microscopías o radiografías muy sutiles, viendo y evidenciando el desastre ontológico habitar  en un páramo sudamericano. El estilo de Martínez Estrada acompaña el impulso de su escritura, es la escritura de un cuerpo enfermo, como el país mismo. Buenos Aires vista microscópicamente por el lente estradiano adquiere una resonancia, un ritmo y un malestar indefinido. Parece siempre estar a punto de develarnos algo que siempre se le escapa, nunca son modelos cerrados, ni esquemas plasusibles de ser aplicados. Podríamos pensar que en Martínez Estrada prevalece una resistencia a quedar apresado por las cosas, por la inherente cosificación de la modernidad civilizada. Cuando Martínez Estrada en La cabeza de Goliat habla del cartero, del chofer,  del vigilante, del poeta, del tilingo, de los cuidadores de coches, de los barrenderos, de los canillitas lo hace como captando cada nimia gestualidad, como estando ahí, alejado de toda frío e inerte categorización. Estos arquetipos estradianos están vivos, se mueven por los contornos de la ciudad, son seres que Martínez Estrada en su “divagar por las calles de un hombre solitario que ni siquiera se ha propuesto un paseo agradable” (2), nos acerca en su minuciosa exploración urbana. Este santafecino camina por las calles de Buenos Aires absorbiendo sutilísimas impresiones que plasma con sintaxis sumamente delicada. Lucha, como David, contra el gigante de Goliat, a modo de no quedar preso en la indolencia de un urbanitas simmeliano. Lo que Martínez Estrada dice del estilo de Montaigne podría atribuirse a su propia escritura: “El mensaje de Montaigne fue el de hacer del arte de escribir, taxativamente de la prosa, un instrumento para siempre capaz de servir al hombre como su idioma materno, como su idioma de gestos, como su persona viviente lanzada al mundo para crecer y multiplicarse en almas. Pues si escribe como piensa es siempre porque está pensando en escribir.(3)”    

La mirada estrábica, expresión que utiliza Ismael Viñas en un artículo dedicado a la obra estradiana, supone una tensión entre nuestro desdoblamiento provinciano de europeos recién arribados a América que contemplan el desierto pampeano con la mirada de un europeo. A su vez, el desierto pareciera devolvernos una imagen desgarradora, como un retrato fiel (o una radiografía) de nuestra propia locura, como sentencia Fijman al inicio de su poema Canto del Cisne:  “Demencia: el camino más alto y más desierto” (4).

Contorno dirige su mirada tanto a los martinfierrristas del 20 como a Martínez Estrada, Roberto Arlt, Borges, Mallea, etc. y, por otro lado, al existencialismo sartreano plasmado en Les Temps Modernes. En Contorno confluía tanto el intelectualismo crítico desarrollado con el estilo implacable de los hermanos Viñas, como ciertas reminiscencias arcaicas que podemos encontrar em Rodolfo Kusch o Solero, embarcados en la línea de un intelectual como Murena. Dice Sebreli en Martínez estrada. Una rebrelión inútil: “El fatalismo telúrico de Martínez Estrada y sus derivados –el ´pecado original de América´ de Murena, ´el demonio americano´ de Solero, ´el demonismo vegetal´ de Kusch, ´el desarraigo argentino´ de Mafud, ´la personalidad argentina´ de Patricio Canto- son, a pesar de la variedad de ideologías que van de la extrema derecha a la izquierda infantil, la expresión incosciente de una clase que se niega a reconocer las causas concretas de su decadencia y prefiere pensar que es el mundo entero, o por lo menos el país entero, el que decae”(5). Martínez Estrada, para esta joven generación de escritores, es motivo de discusión porque sus ideas están vivas y flotan ardientemente en la Argentina de la década del 50. En un mítico arranque de furia, David Viñas se lanza sobre Murena en el bar Florida. Este simbólico gesto marca la ruptura con Las ciento y Una y da nacimiento a Contorno, ahogando cualquier resabio irracionalista, esencialista, ahistórico, etc. propio de su ex compañero H.A. Murena. El grupo que dirigen los hermanos Viñas reconoce el legado estradiano y lo pone en el centro de una discusión polémica sobre el papel del intelectual en el devenir de la nación. ¿Qué significa Martínez Estrada para esta joven generación? ¿Cuál es el verdadero interés de Contorno por la obra de Martínez Estrada? ¿De qué modo resuena Martínez Estrada entre los contornistas? ¿Porqué razón dedican un número especial a pensar la obra estradiana? Contorno se posiciona frente a Martínez Estrada con distancia crítica, lejos de toda mistificación, asumiendo su implicancia en la compleja trama social e histórica de un país que ve frustrados sus anhelos de grandeza nacional. Es que Martínez Estrada en ese momento estaba vivo, pensando, escribiendo fervorosamente de nuestra propia enfermedad e ineludiblemente los escritores de Contorno se sienten observados por Martínez Estrada. Comienza Ismael Viñas en Reflexión sobre Martínez Estrada diciendo: “Martínez Estrada es para nosotros, ante todo, un tema de meditación. Y lo es en múltiples pero convergentes sentidos. Como escudriñador de la realidad argentina y como exponente, como dato de esa realidad. Como toma de poisición y como punto de partida. Como existencia y como proposición. Porque lo que nos interesa, a través de él, es averiguar lo que somos, nosotros, definidos por el accidente de vivir en la argentina de mil novecientos cincuenta y tantos”(6). Martínez Estrada interesa en cuanto denunciante, en cuanto advierte que Argentina no es la nación próspera y feliz que auguraban los intelectuales y políticos que los antecedieron. El pesimismo al que tantas veces se le critica a Martínez Estrada es “la declaración constante de una desilución”(7). Contorno reconoce esta vocación de denuncia presente en los ensayos y en las narraciones de Martínez Estrada. Aunque difieran en sus enunciados, rescatan su búsqueda solitaria de la verdad, su desencantamiento, que es una disposición para ejercer la crítica intelectual. Años más tarde, David Viñas reflexiona sobre los años de Contorno y la significación de Martínez Estrada de este modo: “(...) para los de la revista Ciudad Martínez Estrada era un ´prócer´; para mí, un hereje. O si se prefiere, el criticismo de Martínez Estrada y sus conductas cotidianas me hacían ver en él a un precursor o modelo  intermedio de lo que podía ser un intelectual de izquierda. (...) Martínez Estrada estaba en el centro de la dramática cultural de ese momento y todo se definía por su pro o su contra.”(8) Es muy significativo lo que dice David Viñas en este artículo, no se trataba en la época de Contorno de realzar a Martínez Estrada, erigirlo como prócer intelectual, más bien reconocer su herejía, esto es, su no conformismo en cualquiera de las esferas culturales. Pero Martínez Estrada ocupa una posición central en el mundo intelectual post-peronista, no era precisamente alguien relegado en la más desoladora incomprensión. Martínez Estrada, como intelectual, supo tomar las riendas atreviéndose a confrontar las corrientes de moda que obturaban el pensamiento, adotando una mirada puramente europea. Dice Ismael Viñas: “(...) en los momentos en que su visión se universaliza, parece haber superado esa utopía retospectiva, pero se mantiene en él la nostalgia arcádica, común a todos los civilizados, aunque más bien ya, dominada, como un carbón ideal del hombre liberado de las coerciones sociales, sin suponer de ningún modo su posibilidad efectiva en el futuro o su existencia en el pasado e incapaces igualmente de juzgarnos naturalmente como el centro del mundo.(9)” Su gesto denunciante permite un continuo desplazamiento de los cánones habituales del pensamiento argentino. Martínez Estrada se va desubicando cada vez más de quedar adscripto a una corriente filosófica, estética, sociológica, narrativa, científica, etc., permanece inalterablemente en su vocación de autodidacta, al márgen de los amparos institucionales. De ahí el coraje de Martínez Estrada, aquél que está sólo y mira, escribe y siente cada vez más la enfermedad, nuestra propia enfermedad. Tanto la “sociología científica” de Germani como los sectores académicos y cada vez  más el entorno de Victoria Ocampo nucleado en torno a la revista Sur (a medida que vaya virando hacia la izquierda con su consiguiente adhesión a la revolución cubana) desplazan a este hábil escudriñador de nuestra condición humana. Termina diciendo David Viñas en su artículo La historia excluída: ubicación de Martínez Estrada en número 4 de Contorno dedicado especialmente este autor: “(...) tomar a Martínez Estrada no como aval o apoyatura, sino como rescate del pasado y del presente utilizables, porque el pasatismo es tan gratuito como la profecía, y los antepasados tan tramposos como la inmortalidad. Porque hoy y aquí la genealogía ni lo póstumo justifican a nadie (10)”.

          Sin concesiones, Martínez Estrada ofrece una visión desgarradora y a la vez apasionada de un país que lo enfermaba, una enfermedad que se le iba impregnando en su piel y que lo abstuvo cuatro años de trabajo, que lo hacía desfallecer de dolor a medida que el peronismo se expandía. Christian Ferrer en un prólogo a La cabeza de Goliat dice: “Fue Martínez Estrada, entonces, un relevador de síntomas: ¿qué está vivo y soportando qué condiciones? ¿Qué está emergiendo y bajo qué condiciones? Sabía apreciar lo grandioso y lo minúsculo, lo fundamental y lo innecesario, lo perdurable y lo ornamental. (...) Martínez Estrada estaba en lucha con Argentina, no como su enemigo, sino como lo estaría alguien que se sabe carnalmente unido a lo que ama, aun cuando lo padezca. Sentía al país como una parte de su propio cuerpo que ha degenerado y que ya no tiende naturalmente hacia el bien, la belleza y la verdad. Justamente, a través de su estilo literario pujaban y se expresaban sus ´dramas del cuerpo´.(11)” David Viñas, bajo el seudónimo de Raquel Weinbaum, escribe en Contorno un artículo titulado Los ojos de Martínez Estrada donde habla del relato estradiano La inundación:  “Los ojos de Martínez Estrada descienden con el mismo sabor dulzón y celestial de la música del Padre Demetrio. Se presiente que el autor apenas si se ha deslizado desde el plafón al lado del órgano, porque el mundo de los hombres sigue bullendo ahí abajo. (...) Sólo sirven los ojos. Sólo se ven las causas de efectos exteriores. El universo se ha atornillado allí, y nada más. Únicamente Martínez Estrada sabe del adentro y del afuera. Sus ojos zahoríes y casi divinos le permiten alejarse del aliento y del hedor de los hombres. (...) Es el propio Martínez Estrada quien se ha reservado el papel del que mira, pero el azar es tan gigantesco que resulta implacable (12)”. Un relato que transcurre en la “pre- Patagonia” y anuncia un “temor al vacío”. Para Martínez Estrada, América es una tierra despojada de historia, donde brota un extraño sentimiento de estar en el desierto, desarraigado, flotando en un vacío absoluto. Radiografía de la Pampa es el reino de la fatalidad, la “tierra de nadie” o, como acusa Sebreli en Martínez Estrada. Una rebelión inútil, el “fatalismo telúrico” que acecha en su visión dramática del mundo. Escuchemos a Martínez Estrada: “América no había evolucionado a causa de su aislamiento; quedó incrustada en su medio, y el aislamiento es hoy la fuerza indígena que amenza con destruir la civilización que se ha encerrado en recintos herméticos (...)” (13).  Desde Murena encontramos a un Martínez Estrada profético que anuncia el “advenimiento de un orden superior” (14). Es el surgimiento de América como posibilidad de pensarnos desde lo más profundo de la tierra. Es el que ve nuestro drama desde adentro y se atreve a enunciarlo, a denunciarlo. En su ensayo sobre Sarmiento dice: “Facundo es un libro de destierro, que sólo entienden los desterrados, aquellos ciudadanos que contemplan desde fuera el desfile de los mismos acontecimientos bajo apariencias distintas: el desfile de los disfraces, uniformes, hábitos y libreas.(15)” Martínez Estrada escribe como un enfermo que busca deseperadamente su cura, médico de sí mismo, ve la enfermedad desde dentro de la civilización, es la enfermedad de todos que Martínez Estrada se atreve a declamar.

Es cierto, los condicionamientos geográficos están presentes en Martínez Estrada, tanto en Radiografía de la Pampa como en La cabeza de Goliat, el “drama de la extensión” facúndico se revela, la soledad pampeana contiene el mito arcádico del hombre aislado. “La pampa es un lugar de dispersión. Contra toda voluntad, la soledad es más fuerte que el trabajo por ser un estado constante y estable, y éste es un estado precario, que no coordina hondamente con un plan social, unánime, místico.(16)”. Aislamiento, abandono, soledad, vacío, desamparo, ausencia, dolor, son radiografías que Martínez Estrada extrae de una pampa inocua, muda, extendida en un ilimitado desierto que nos deja atónitos y que subrepticiamente va infligiendo un dolor insostenible en lo más oscuro de nuestro drama. Buenos Aires no escapa a esta determinación. En La Cabeza de Goliat reaperece constantemente el paisaje. Dice Christian Ferrer: “(...) el autor consideraba que la historia de las grandes ciudades las filiaba a las leyendas mitológicas o a la estirpe de las ciudades bíblicas” (17).

Martínez Estrada y Contorno establecen una relación de mutua complejidad. Como anota Marcela Croce, Martínez Estrada “es el intelectual capaz de encarar una denuncia documentada, y en tal sentido es un antecedente de la crítica que ejercerá David Viñas en Indios, ejército y frontera” (18). El vacío estradiano para Viñas no se da naturalmente, son más bien lugares que fueron vaciados. Un paso más en Contorno: la historización de la denuncia manteniendo el contenido invariante de la historia a través de las series de Viñas. La serialidad sartreana que toma Viñas y las invariantes de Martínez Estrada constituyen un poderoso núcleo de análisis de nuestro propia perplejidad, la de tener la mirada estrábica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CITAS:

 

(1)                            Kusch, Rodolfo. Lo superficial y lo profundo en Martínez Estrada. Contorno Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(2)                            Martínez Estrada, Ezequiel. La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires. Introducción a la segunda edición. Editorial Losada. La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos. 2001.

(3)                            Martínez Estrada, Ezequiel. Estudio preliminar a Ensayos de Montaigne. Edición Océano.

(4)                            Fijman, Jacobo. Molino Rojo. Ed. Leviatán.

(5)                             Sebreli, Juan José. Martínez Estrada. Una rebelión inútil. Catálogos editora.

(6)                            Viñas, Ismael. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(7)                            Ídem.

(8)                            Viñas, David. Martínez Estrada, de Radiografía de la Pampa hacia el caribe.

(9)                            Viñas, Ismael. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(10)                        Viñas, David. La historia exluída: ubicación de Martínez Estrada. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(11)                        Ferrer, Christian. Prólogo a La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires. Edición La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos.

(12)                        Viñas, David con el seudónimo de Raquel Weinbaum. Contorno. Nº4. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

(13)                        Martínez Estrada, Ezequiel. Radiografía de la Pampa. Ediciones Unesco. Colección Archivos.

(14)                        Murena, Héctor. El nombre secreto. Monte Ávila editores.

(15)                        Martínez Estrada, Ezequiel. Sarmiento. Editrial Sudamericana. Colección Índice.

(16)                        Martínez Estrada, Ezequiel. Radiografía de la Pampa. Ediciones Unesco. Colección Archivos.

(17)                        Ferrer, Christian. Prólogo a La cabeza de Goliat. Edición La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos.

(18)                        Croce, Marcela. Contorno. Izquierda y proyecto cultural. Puñaladas. Ensayos de punta. Editorial Colihue.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

·              Contorno (Selección). Centro Editor de América Latina. Selección y prólogo por Carlos Mangone y Jorge Warley. Buenos Aires. 1993.

·              Contorno. Nº4. Número especial dedicado a Martínez Estrada. Diciembre de 1954. Buenos Aires.

·              Croce, Marcela. Contorno. Izquierda y proyecto cultural. Puñaladas. Ensayos de punta. Editorial Colihue.

·              El Matadero. Revista crítica de la literatura argentina. Año II, Nº2.

·              Fijman, Jacobo. Molino Rojo. Ed. Leviatán.

·              Martínez Estrada. Radiografía de la Pampa. Colección Archivos. Edición crítica: Leo Pollmann.

·              Martínez Estrada, Ezequiel. La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires. 

·              Martínez Estrada, Ezequiel. La cabeza de Goliat. Microscopía de Buenos Aires. Introducción a la segunda edición. Editorial Losada. La Biblioteca Argentina. Serie Clásicos. 2001.

·              Martínez Estrada, Ezequiel. Sarmiento. Editrial Sudamericana. Colección Índice.

·              Montaigne. Ensayos. Ediciones Océáno. Barcelona, España.

·              Murena, Héctor. El nombre secreto. Monte Ávila editores.

·              Rest, Jaime. El cuarto en el recoveco. Centro de Editorial de América Latina. 1982.

·              Sebreli, Juan José. Martínez Estrada. Una rebelión inútil. Catálogos editora. Colección Armas de la crítica.