Make your own free website on Tripod.com

RESUMEN

SAÚL TABORDA O EL PENSAMIENTO FACÚNDICO

                  (MEDITACIÓN SOBRE EL FENÓMENO DE LO POLÍTICO)

                                                                                                                        (matías rodeiro)[i]

matorodeiro@hotmail.com

 

[Adelanto] El presente escrito intentará arrancar del olvido y arrojar a nuestro presente el concepto de lo facúndico acuñado por Saúl Taborda. Si bien, para nuestro autor, dicho concepto adquiere una dimensión equivalente a lo que implicaría dar una respuesta al interrogante sobre qué significa pensar -la nación-; y aunque Taborda asume un modo de reflexión que reconoce las distintas esferas del acontecer social, el arte, la ciencia, la economía –su filosofía en particular se detiene, en la pedagogía y en el fenómeno jurídico-; lo facúndico es un concepto que desborda los ámbitos fenoménicos, enhebrando e impulsando al pensamiento mismo de Taborda. No obstante lo cual, nos abocaremos a seguir los contornos de otra de las dimensiones especialmente consideradas por este pensador: la política.

¿Cómo pensar lo político? ¿Cuáles son sus notas particulares y constitutivas? Siguiendo los lineamientos que Taborda hiciera al respecto, intentaremos dar cuenta de lo que para este autor significa –o debiera significar- el fenómeno político argentino.

Taborda parte de un severo diagnóstico de la  época –realizado a mediados de la década del ’30- en el que avizora el agotamiento de la razón occidental –razón estricta- y en especial de las formas de representación e instrumentación de la política que ésta acarrea, la democracia liberal electoralista fundamentada en el pacto entre individuos aislados y egoístas que abandonan las decisiones sobre su vida pública a manos de una técnica partidocrática y de un Estado Nación que se ha convertido en mero instrumento de opresión de clases en lo interior y que provoca una beligerancia agresiva y conquistadora en lo externo. Formas de la civilización occidental que para Taborda estarían periclitadas y además serían ajenas a la vida argentina. A pesar de lo cual, el unitarismo porteño, desesperado por el enorme hueco de la pampa, las habría adoptado en modo acrítico para organizar la nación desde arriba, provocando el avasallamiento de las autonomías provinciales -consumada en 1935- y arrastrando un sino de tiranías y desgracias que obstaculizan el destino de la Nación.

Frente a un panorama de guerra y violencia impulsado por la prepotencia del Imperio capitalista más brutal y frente a la realidad de un Estado centralista presto a depararle privilegios. En una hora preñada de incertidumbres, en las que las Instituciones fundamentales vacilan, frente al  creciente influjo del mercantilismo y de la técnica que provoca esa terrible perdida de sentido, Taborda buscará un signo capaz de orientar y rectificar el destino del pueblo argentino, y lo encontrará en la figura de Facundo Quiroga.

Facundo, el héroe, se convertirá en el ideal que le servirá para la formulación y la articulación de su proyecto político cultural, el cual desborda lo biográfico, porque Facundo –el caudillo de múltiples nombres- sólo es una encarnación de  lo facúndico “... en cuanto siendo como es, la sustancia viva y eterna de nuestro ser”. Lo facúndico, es la dimensión mítico-ontológica del fenómeno político. Para Taborda representa la  sustancia genésica que animaría la vida argentina, así como la dirección ideal que asume un pueblo decidido y resuelto a cumplir su destino y en torno a la cual debería encauzarse su voluntad colectiva, o dice Taborda –cuyas palabras nos dejan cierto sabor soreliano-gramsciano- su voluntad histórica radical para organizar la Nación.

Para fundamentar desde una perspectiva histórica su concepción de lo facúndico, Taborda se remontará a los “auténticos orígenes” –perdidos, desviados o falsificados por la historiografía de la burguesía positivista poseedora de la sabiduría oficial- de la nacionalidad, los cuales lo conducen a las comunas federalistas y precapitalistas anteriores a –y propulsores de- la Revolución de Mayo. Comunalismo y espíritu de autodeterminación, que a su vez, y paradójicamente, habríamos heredado -a través de la colonización- del legado de la épica heroica y aventurera de la antigua Castilla de las Guerras de Reconquista. De esta manera, lo facúndico también se nutre de un concepto de historia que será consustancial para pensar lo político. Taborda piensa en una temporalidad que encontrará una continuidad de la acción que liga un pasado a un presente con posibilidades dispuestas y arrumbadas hacia un futuro. Aquella voluntad impulsada por lo facúndico, es la voluntad de Mayo, el acontecimiento que arrastra profundas resonancias, anuda y aglutina para todos los tiempos  todos los acontecimientos sucedáneos.

Por tanto, para Taborda lo político deberá atender aquella senda de las tradiciones populares y revoluciones argentinas que descubriera -y negara- Sarmiento. Frente al universalismo abstracto de la razón occidental, Taborda propone considerar las condiciones éticas, los mundos de la vida, las memorias sedimentadas, las idiosincrasias originales, el genio nativo; en fin a las condiciones históricas y culturales que particularizan a cada comunidad. Es decir, aquellas notas que tienen el secreto y la clave. Lo político, o las formas destinadas a sustituir la estructura en falencia que traerán la justicia –para ese entonces, Taborda consideraba que podría ser el marxismo-, deberán hundir sus raíces en lo facúndico o de lo contrario –profetiza el autor- no serán nada.

Para Taborda sólo en las comunas –en tanto manifestación de lo facúndico- estaban

las formas adecuadas y originarias de la representación política, las cuales se deberían organizar en torno a un federalismo basado en estructuras políticas locales servidas del modelo de los soviets. Y así como para Astrada, el mito gaucho y la “gauchocracia comunitaria” marcaban “el sino de la raíz originaria de la futura estructura de la sociedad argentina”. Para Taborda, si bien no aborda la cuestión gauchesca, es sobre la estructura          y la vocación –mítico-histórica- del intercomunalismo federalista donde debemos crear instituciones originales y expresivas de la idiosincrasia nativa. Porque esa es nuestra raíz esencial que nutrirá por los siglos de los siglos las sucesivas figuraciones de lo facúndico. Pero, además del  cariz político, Taborda rescataba  la noción de comunidad en tanto, ésta sería el único ámbito existencial que posibilitaría el ideal de la Nación; el cual no sólo debería poblar el baldío de la pampa, sino que más bien debería colmar el baldío de nuestra alma. Con lo cual, para Taborda el ideal de la Nación sólo es realizable en la comunidad local, ajustada y definida como recíproca responsabilidad del individuo con su grupo. Ante la caducidad del Estado Nación, el fraude oligárquico y el egoísmo del individualismo robinsoniano, la comunidad permitía el recupero de los valores de la corresponsabilidad y de la vida coexistencial –principios que Taborda luego extendería a su ideal latinoamericano, en el que cada nación debería ser corresponsable del destino de su prójima; por tanto, lo facúndico como manifestación de lo político también adquirirá una dimensión latinoamericana, que Taborda propugnaba tras un llamado para  rectificar a Europa, para ser originales, esto es, americanos y para la creación de instituciones civiles y políticas que guarden relación con nuestra idiosincrasia-. Para Taborda, el caudillo como el hombre facúndico –o el hombre total- eran portadores de valores precapitalistas como los de la solidaridad, la sobriedad, ciegos para la percepción de valores económicos, portaban la sencillez y el heroísmo o la abnegación por el destino de la comunidad; valores olvidados y enterrados por el materialismo mercantilista.

Taborda pondrá especial énfasis en la dimensión ética del fenómeno lo político          –ausente en la técnica electoralista para apoderarse del poder-. Así, en  principio aceptará la dicotomía “amigo-enemigo” postulada por Carl Schmitt para definir lo político, pero luego la  rectificará, criticando a Schmitt por haberse detenido sólo en la consideración de la enemistad –que conllevaba a la “negación del ser de otro ser”-, y por haber erradicado la posibilidad de conflicto –es decir de disenso- en el interior de la unidad política. Para Taborda, por el contrario, dónde había que poner el acento era en el  polo de la amistad, de la filia o del amor -dirá Taborda  reemplazando ya la terminología schmittiana- que surge y se produce en ese fondo numinoso que provee la comunión que religa a los miembros del grupo en una experiencia mística, una Religio o Unio Mystica; es decir, en el conocimiento de una deidad, que para Taborda, es inmanente. 

Esa unión en la comunidad y la fe que provoca la invocación –o evocación- de su ideal facúndico, terminará dotando sus miembros de esa fuerza –vocablo que Taborda emplea para reemplazar la enemistad schmittiana- que impulsa la voluntad de autodeterminación de los grupos políticos. Por tanto, ese fondo numinoso alude tanto a la subconciencia y a las condiciones vitales del pueblo, que originan el fenómeno de lo político; y así lo facúndico termina convirtiéndose en la raíz viva de lo político que se hunde en el suelo nutricio de ese fondo de emociones, de deseos, de quereres y de representaciones que es el pueblo de carne y hueso, del pueblo desestimado por el desdén del intelectualismo de alcurnia. Pasiones que engrosarán una “nueva razón” sobre la que se fundará otra nota esencial de lo político: la deliberación -fundada en la razón- propia de la democracia popular en las que se decidirán las cuestiones esenciales para el hombre y la comunidad.

Decíamos que sobre aquel fondo numinoso de la comunidad que genera lo político y manifiesta lo facúndico, Taborda además pretendía constituir un voluntarismo místico          cuyo profundo sentido laico es la veta menos atendida por los estudiosos- que impulse una trasmutación de todos los valores, una revolución en serio, que adaptada a las particularidades y tradiciones argentinas y desde el fondo del alma popular se apreste construir una sociedad sin explotadores y explotados.

Empero, esta fluencia vital creadora, esa voluntad de ser impulsada por esa mística laica –o divinidad devenida laicismo moderno-, como se dijo alguna vez “no es mero ingenio”, porque la reflexión de Taborda no le escabulle a la dimensión que alude a la instrumentación del lo facúndico en tanto manifestación del intercomunalismo federalista. Taborda, pondrá especial atención a la cuestión de la división de la tierra, a la estructura tributaria, a la organización de la pequeña industria pecuaria local amenazada por los grandes Pactos leoninos, etc.

Entre otras cuestiones el Temario del Comunalismo Federalista proponía:

1- La comuna es la base esencial de nuestro federalismo.

La comuna es aquella forma de vida real y concreta definida como un acuerdo armónico y corresponsable del individuo con su medio social.

                3- De acuerdo al concepto de comuna que queda expresado, el Estado del federalismo comunalista es una coordinación democrática sometida al contralor de las entidades constituyentes.

                5- El Estado Federal se constituirá por voto directo de los consejos comunales.

                6- El fondo económico del país de regirá por principios de la economía comunalista. La economía comunalista reposa en el sometimiento de las fuerzas económicas al servicio de las comunas de modo que respondan a la satisfacción de las necesidades materiales, morales y espirituales de todos [sus habitantes].

                9- Es indispensable apresurar la plena instauración de la economía comunalista. De acuerdo a esta exigencia:

a )La tierra pública no es susceptible de apropiación privada.

c) Es lícito declarar la caducidad de las concesiones de tierras que se hayan otorgado en

contravención a las leyes vigentes, así como las de aquellas cuyas condiciones no se hayan cumplido.

g) Los productos del subsuelo pertenecen al país. Las comunas determinarán su forma de explotación.

                i) Todo monopolio privado es ilícito

                j) El régimen bancario y bursátil debe guardar íntima relación con los principios de la economía comunalista.

                Consecuentemente los bancos, los institutos de crédito y bolsas argentinas operarán como auxiliares de la producción de la industria y del comercio. Movilizarán el capital, ajenos a todo propósito de ganancia...

                p) El saldo exportable de la producción será colocado por el Estado federal. En ningún caso se venderá dicho saldo sin antes haberse satisfecho las necesidades vitales de las comunas.

                17- La Argentina pagará las deudas pendientes con el extranjero en la medida en que lo permita su capacidad económica. Las comunas determinarán periódicamente el saldo exportable de sus productos destinado a dichos pagos.

                21-

                c) La codificación comercial contemplará las limitaciones de la ganancia y el contralor de las actividades capitalistas

                23- Corresponde la adopción de un plan docente concebido de acuerdo a las nuevas corrientes pedagógicas que comprenda todo el proceso formativo del individuo; que sea dúctil y flexible de modo que se adapte a las condiciones materiales, morales y espirituales de todas las comunas y facilite la exaltación de sus notas originales.

                27- Reafirmación de la libertad de prensa

                28- Corresponde la separación de la Iglesia del Estado.

                DECISIONES ESPECIALES:

                El comunalismo Federalista declara:

                Que considera necesario el reconocimiento legal de la República Rusa de los Soviets. Que prestará su apoyo al frente único contra el fascismo y la reacción imperialista. #

 

 

 

           

 



[i] Matías Rodeiro, DNI 92697864,  UBA, Facultad de Ciencias Sociales, Carrera de Sociología.