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Néstor Ortiz.

nestor@web-mail.com.ar

 

Presentación

 

Vengo, con esperanzas, a participar activamente en estos renovados y comprometidos intentos por compartir diferentes experiencias. Si las mismas, además, lograran entrelazarse a partir de una intencionalidad que prefigure algunas inusuales modalidades organizativas en ámbitos y actividades centrados en la producción de conocimiento, seguramente habría que considerar a estas Jornadas como exitosas y promisorias.

 

Por tanto, y desde esta suerte de irrenunciable identidad que otorgan las diferentes pertenencias generacionales, con sus consecuentes cargas y responsabilidades, no sólo apoyo y participo sino que, además, lo disfruto con responsable alegría. Por todo esto, y en primer lugar, quiero agradecer.

 

Sobre todo si la reflexión conjunta, colectiva y plural, toma en cuenta, no sólo los diversos y variados contenidos de esa tal producción, sino que, además, logramos ser capaces de ejercitar una mirada crítica centrada en el análisis de los mecanismos mediante  los cuales la misma, sintetizada, clara y explícita, pueda ser orgánicamente retransmitida.

 

Y así, asumiendo que esa síntesis conceptual ha de ser presentada bajo la forma de provisorias certezas operativas, proceder a su transmutación en insumo necesario a nuestro propio desarrollo, reconociendo, en ese movimiento, su legítima pertenencia a espacios teóricos que, con todo que reconocen su génesis en nuestra historia, en toda nuestra historia, aún la más reciente, muchas veces han sido y lo son aún, usurpados desde conceptualizaciones extrañas, por extranjeras, y muchas veces adversas.

 

Pienso, entonces, que estaríamos ejercitando una voluntad por recuperarnos como comunidad académica que se quiere y desea, por historia y tradición, valerosamente independiente y responsablemente libre en el ejercicio de una real autonomía.

 

 

1- Historia

 

 

Escribe Borges : “...el manejo de palabras de lejanía para elucidar las cosas de esta república, deriva de una propensión a rastrearnos barbarie...”[1]

 

Intentaré, pues, en este trabajo, evitar la utilización de palabras de lejanía, verdaderas formas encriptadas que remiten a conceptos acuñados en parajes lejanos,  ya que, al aventurarnos en el macro escenario de nuestra historia,  a la que percibimos  atravesada por una tradición de fuerte pregnancia positivista, no deseo, en modo alguno, quedar atrapado en las redes virtuales significadas por la omnipresencia de una lengua pretendidamente global.

 

La historia, como concepto cargado de cierta vaguedad en su generalización, y  mucho más la historia del pensamiento es siempre, al menos para mí, historia política.

 

Es decir, la estructura conceptual-valorativa del relato histórico, construida a partir de presentes que son vividos,  intuidos o padecidos como críticos, apunta no sólo a la recreación de un pasado mas o menos reciente, cuya validación, esto es, su consistencia histórica, ha de depender de su eficacia y probidad en el terreno de las explicaciones, sino que, fundamentalmente, un tal andamiaje conceptual se construye al constituirse en  apoyatura esencial a la articulación de un conjunto de  justificaciones ideológicas concebidas como necesarias a la concreción de proyectos de poder (políticos), no siempre explicitados, en un futuro deseado, en un tiempo por-venir.

 

En tal sentido, me resultan significativas las palabras de Antonio Tabuchi, “...dicen que estamos envueltos por una red global, una red de la que no se puede escapar. Pero las redes están hechas también de agujeros. Quizá alguno de nosotros está buscando los agujeros, con el silencio o con las palabras oportunas en el momento justo...”[2]

 

De hecho, entonces, si sólo expresara que mi intención apunta a la elección de esas palabras oportunas en el momento justo, para iniciar una reflexión referida a la constitución de la trama histórica vinculada al nacimiento y desarrollo del pensamiento nacional, no estaría expresando fielmente la realidad que refiere al mecanismo puesto en juego para tal operación.

 

 

 

 

 

Creo que fue mucho más complejo. Quizá tenga que ver con una suerte de recurrentes preocupaciones. Quizá remita a una vieja práctica que, siempre, hizo de la pregunta por la historia una herramienta de excelencia al servicio de la lucha política. Llamado vocacional nunca extinguido y que hoy, nuevamente, se me impone. Con formas ajustadas a los tiempos pero, seguramente,  en pos de los objetivos de siempre.

 

Ciertas constantes las encontramos prefiguradas en los comprometidos debates, hoy clásicos, que encendieron los salones literarios de 1837, en cuyas fraguas se fundían los elementos constitutivos de nuestro idioma nacional, registro simbólico de una emancipación comenzada en 1810, medianamente afianzada en 1816, institucionalmente integrada en 1853, y con un devenir abierto y en construcción que, a mi entender, llega hasta nuestros días, de ahí que los denominemos, a esos aportes, como fundacionales, como clásicos, es decir, presentes, vivos y determinantes.

 

He mencionado, muy rápidamente, a la generación del ´37, cuya  producción intelectual aún nos sigue convocando, desde una vigencia conceptual que, al desvelar, revela, alumbrando perfiles inmensamente ricos en su múltiple diversidad, a los cuales percibimos articulados y vertebrados por la fidelidad a un inquebrantable marco axiológico signado por la lealtad a una  causa.

 

Pienso, y propongo para pensar en este ámbito en el cual supongo no hay lugar para la demagogia de ningún signo que fuere, que la historia que remite a nuestros grandes hombres, aquellos que encarnaron, cada cual en sus específicas circunstancias, una común matriz de pensamiento político latinoamericano, se reconoce y expresa en diferentes vertientes que, con acuerdo a tiempos y espacios concretos, subsisten hasta el presente.

 

Y considero, en el mejor de los casos, una liviandad, el caracterizarlas con apresuramiento como“revolucionarias” o “conservadoras”. Todas y cada una de ellas han sido representativas en el ejercicio de las diversidades constitutivas de un pensamiento incipientemente nacional que se quiso y se necesita, quizá hoy mas que nunca, humilde, abierto, generoso y  totalizador.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 - Lenguaje

 

 

El macro-desarrollo global de los sistemas de comunicación masivos han contribuido a generar sobre ciertos núcleos intelectuales una suerte de autopercepción según la cual podrían ser considerados como “...actores de masas sobre la escena política...”, olvidando que “...su fuerza como actor proviene de su débil influencia sobre el Estado, sobre los aparatos, con excepción de aquel que, no siendo por completo el Estado, tampoco es la sociedad : La Universidad..”[3]  Y creo, sinceramente, que esto entraña un  riesgo para cierta vida intelectual.

 

Me refiero al derivado de la pertenencia al “campo”, como diría Pierre Bourdieu, de los conglomerados multimediáticos fuertemente determinados desde una inabordable y perversa trama que, tejida desde el poder financiero, tiene alcance e influencia a escala planetaria.

 

No estoy, y ni por un instante podría ser esa nuestra intención, descendiendo al trajinado y casi inmoral procedimiento descalificatorio que se apoya en el simple recurso de adscribir tal o cual producción intelectual, excluida la propia, por supuesto, al material y denigrado,- muchas veces desde la envidia-, territorio concreto del poder, cualquiera sea la forma que el mismo pueda llegar a adoptar.

 

Nada de eso. Mas bien me interesa señalar otros aspectos propios de la globalización en curso.

 

Se despliega ante nosotros, brutal y sin posibilidad alguna de metaforización, la firme determinación en pos de la imposición de una lengua pretendidamente universal, única. Una lengua que, lejos de concebirse como vehículo de integración de pueblos y continentes, se pretende pragmáticamente utilitaria sólo para un tres por ciento privilegiado de la población mundial.

 

 Ese lenguaje se constituye sobre conceptos tales como : Dinero Electrónico, Tasas de Riesgo País, Bonos, Sistemas Binarios de Computación, Crecimiento Financiero Exponencial, Derivativos, Economía de la Información, Opciones, Futuros, Fondos, Default, ...etc.,etc., y es un lenguaje falso por antinatural, por no guardar relación alguna con la economía real, con la economía asentada en la producción física e intelectual y, fundamentalmente, porque responde a una lógica dictada desde el universo virtual de la computación, una lógica binaria.

 

 

 

 

 

 

Impuesto y difundido masivamente mediando la organización de un fantasmático, violento y omnipresente sistema de redes supuestamente informativas y comunicacionales, avanza en su intención de destruir y reemplazar al lenguaje propio de los hombres : El lenguaje analógico, que crea y origina grados de humanización creciente al tiempo que se organiza, desarrolla y enriquece en su confrontación vital con el mundo real, un mundo común habitado por hombres y mujeres comunes.

 

Y es, precisamente, desde la fuerte imposición de esa lengua binaria que se nos pretende obligar, permanentemente, a optar : Si-No; Bien-Mal; son los pares virtuales que eliminan toda forma de libre elección. Va de suyo, obviamente,  que ese “bien” engloba a las acciones que, en todos los campos (y también en el de la comunicación) conviene a ese privilegiado 3% mundial.[4]

 

Inmersos en falsas contradicciones, y generalmente victimizados por el enfrentamiento entre paradigmas irreales además de ajenos, quizá, me pregunto hoy, los latinoamericanos hemos perdido de vista lo principal: Quizá hayamos olvidado que la producción básica y original de nuestras sociedades, de nuestras comunidades, no está presente en su perfil económico financiero, ni en su desarrollo tecnológico, ni en sus bienes materiales siquiera, nada de eso.

 

Su producción fundamental es un determinado actor social, encarnación histórica de una ética que tiende al bien común, capaz de privilegiar y sostener una tensión hacia una proyectada integración continental y latinoamericana, en el marco de naturales y plurales diversidades nacionales y sociales, y con la voluntad permanente de atemperarlas a partir de la generación racional de consensos ampliados. Y esto, en todo tiempo y lugar.

 

Pueblos y hombres que son custodios vivos de un cuerpo axiológico alguna vez originario y manifiesto, hoy aparentemente oculto, velado por el tiempo y por otros hombres y, muchas veces, concebido como un fondo de reserva ante la prepotencia financiera transnacional que, enmascarada tras perversas fachadas, desarrolla alambicadas operaciones de dominación a las que se intenta justificar e imponer en nombre de pretendidas innovaciones científicas y tecnológicas.

 

Muchas veces me he preguntado  si ese retirarse, ese sustraerse, ese destino de omisión perseguido por muchas identidades nacionales latinoamericanas, y mucho la nuestra, no es, quizá, una modalidad de hacerse fuertemente presentes en las ausencias, en los silencios...

 

 

 

 

 

 

 

 

 3 - Cuestión de Principios

 

Los lineamientos básicos de estas notas (que deben ser entendidas como nuevos y abiertos borradores), fueron escritos frente al desafío significado por la vasta exposición de un programa de estudios presentado por el Prof. Horacio Gonzalez que, simultáneamente, estimulaba y provocaba, al articular categorías fuertemente convocantes que podían tanto integrar conocimientos como mover a la disrupción (guerra, lenguaje, conocimiento, mitos sociales, identidades, locura, terror, revolución, historia, nación, etc). Y todas ellas interpeladas desde subjetividades fuertemente conmovidas por una realidad signada por el peligro y la muerte: la guerra.

 

De una guerra cuya referencia en estas notas nos resulta pertinente, habida cuenta  de su  extensión en tiempos y espacios tanto supranacionales como individuales y sociales y que se nos impone con trágica cotidianeidad. Que prosigue y sabemos ha de proseguir con caracteres de enmascaramiento tales que tienden a transformarla en natural. Y aclaramos esto en un intento de explicación acerca de las dificultades que hemos tenido al organizar la articulación de estas notas. En verdad,  no ha resultado una tarea precisamente sencilla.

 

Todo lo contrario. Para mí, y de ahí la dificultad mencionada,  se ha constituido en una comprometida agenda temática que, al desagregarse en las particulares significaciones y resonancias presentes en cada párrafo, en cada seleccionada palabra, en cada silencio resultante de la correspondiente omisión, me ha vuelto a confrontar con viejos interrogantes y algunas pocas certezas, muy generales y siempre provisorias.

 

Explorar esos interrogantes para corroborar o negar las verdades intuidas en algunos senderos, e intentar esta tarea desde la deconstrucción de marcos teóricos orgánicos e institucionalmente  consagrados,  para dar paso a la aventura presente en la gestación e imposición de nuevas y propias modalidades organizativas y políticas al servicio de la producción de conocimientos, supone un compromiso que va mas allá de lo intelectual.

 

Supone, al menos para mí, y vengo a proponer que también para los demás, una fuerte interpelación directamente apuntada a una praxis política que organiza e integra la pasión,  la voluntad, y  la razón.

 

 

 

 



[1] Jorge Luis Borges; Obras Completas; Ed. Emece; 1974; “Evaristo Carriego”; pág. 133

[2]  Anteo Chrisostomidis, ensayista e italianista griego, traductor de Italo Calvino,Leonardo Sciascia y Antonio Tabucchi, vierte apreciaciones de este último, producto de una entrevista en Creta que, posteriormente, fue publicada como artículo en uno de los principales periódicos de Atenas:Avghi

 

[3] Silvia Sigal; “Intelectuales y Política en Argentina”; París 1986; Cit. por Oscar Terán; “Mis años  sesentas”; Ed. El cielo por asalto; pág.139; 1993

[4] Muchas de estas consideraciones tienen su origen en trabajos y discusiones hacia el interior del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), especialmente con los compañeros de IMPA (Editores de un interesante boletín alternativo,”Impacto”, del cual han sido extractadas, y de un grupo de Egresados de la Carrera de Antropología de la Fac. de Filosofía y Letras (UBA), que están desarrollando una investigación inter-disciplinaria acerca del tema.