Make your own free website on Tripod.com

 Rita De Grandis.

rdegrand@interchange.ubc.ca

 

Apostar de nuevo a la polémica: "Ojo Mocho inquiere, Envido responde como puede"

 

Quinto  intento

 

Tengo a Jorge Luis Borges y a Roberto Arlt por los dos grandes escritores que haya producido el país hasta la fecha. La mala fe política del primero, sus nefastas, estúpidas (el término no pretende ser un insulto, sino ser más bien descriptivo) opciones públicas: la ingenuidad pública del otro, su buena voluntad para educarse ideológicamente. Uno y otro expresarían, cada uno a su nivel y cada uno a su modo, las peripecias culturales de un país subdesarrollado. Tesis atractiva pero que es preciso dejar de lado…

 

Oscar Masotta, Seis intentos frustrados de escribir sobre Arlt, Hoy en la cultura, Nº 5. Setiembre de 1962

 

La ficción argentina, pero sobre todo su historiografía crítica, y en particular la de la década de los sesenta nucleada en torno a la revista Contorno, debatió este binarismo o esquematismo dialéctico que, como sugiere Masotta en el epígrafe, si bien es muy persuasivo, es necesario trascender. Abordamos las producciones simbólicas desde la modalidad de la polémica. Leer la literatura desde la polémica es aún más atinado cuando se pretende una reflexión sobre las relaciones entre política y ficción, una de las tradiciones más ricas de la literatura argentina. La polémica es esa figura del habla y de la escritura que describe un elemento fundamental del campo intelectual, que los debates ideológico-estéticos de las vanguardias artísticas y literarias de las primeras décadas del siglo XX fijaron como figura de una cierta morfología cultural nacional, la cual vuelve a emerger y es re-examinada en otras temporalidades a fin de establecer paralelismos, continuidades y transformaciones entre coyunturas históricas del pasado y presente, y de ese modo seguir las huellas de una determinada imaginación y estilo nacional. Un auténtico análisis histórico debe reconocer en cada momento las complejas interrelaciones que existen entre movimientos y tendencias, residuales y emergentes, tanto dentro de una dominación efectiva y específica, como más allá de la misma. Y, cómo determinadas manifestaciones se relacionan con el proceso cultural en su totalidad antes que, exclusivamente, con el sistema dominante selecto y abstraído. La idea es reconstruir los contextos de debate específicos y las condiciones en que las perspectivas enfrentadas, pudieron eventualmente articularse. Si el campo intelectual, como señala Bourdieu, lejos de ser un espacio neutro de relaciones interindividuales, es pensado como un sistema de relaciones en competencia y conflicto entre grupos situados en posiciones diversas, como un sistema de posiciones sociales a las que están asociadas posiciones intelectuales y artísticas, la argumentación polémica adquiere una relevancia particular para captar la naturaleza dialógica y dialéctica del discurso social.

            En "Crónica de una decepción reinante," Jorge Panessi (2001), hace un diagnóstico del estatuto de la polémica en el campo intelectual de las últimas décadas del siglo XX. Irónicamente afirma que en Argentina no hay polémicas, puesto que se trata de un momento de ilusiones perdidas. Sin embargo, el pasado reciente sigue habitándonos de modo obsesivo a modo de contemplación narcisística. Qué polémicas se espera entonces que haya si los periodistas se alimentan de la sangre de las disputas cotidianas, y la polémica ya no tiene la presencia abarcadora que tuvo la del grupo Contorno, sino que más bien se ha interiorizado, fragmentándose en múltiples posiciones de disputa. Incluso se ha replegado, y en este nuevo momento de repliegue histórico, el polemizante aparece más bien como un enemigo individual que como un intelectual productor de ideas, tanteando al otro en el arte borgeano de la injuria, convirtiéndose en el compadrito intelectual de la nueva sensibilidad de fin de siglo. Entre los nuevos foros generadores de polémicas están los intelectuales nucleados en torno a la revista El Ojo Mocho, liderada por Horacio González, los de El Rodaballo, por Horacio Tarcus, -ambas de los años noventa-; los "guettos literarios" de Punto de Vista, liderada por Beatriz Sarlo -desde fines de los años setenta-, y las posiciones de intelectuales de fuera del campo, como los de la academia norteamericana, la americana Francine Masiello y la argentina Josefina Ludmer, cuyas declaraciones aparecieron en los diarios Clarín y Página 12  en el año 2001.

            Dentro de esta nueva sensibilidad polémica, el 11 de marzo del año 2000 aparece en Página 12 una nota de José Pablo Feinmann titulada "La historia con pasión," dedicada a sus compañeros de la revista Envido, editada entre 1970 y 1974. La nota se genera a partir de una licencia poética muy conocida: la quemazón de papeles o documentos, en este caso, el arrojo por el incinerador, en 1976, de los 10 números de la revista Envido, de cuyas cenizas sobreviven algunos restos de los cuales esta nota engendra la nueva escritura de Envido como homenaje y rescate. Dice el narrador: "La gente tira cada cosa a la basura. Mire esto." (415) Era el número 7, que había sobrevivido a las llamas, e incidentalmente, reaparecía como ilustración de tapa en una publicación del Colegio Nacional de Buenos Aires, Documentos para la Historia Argentina, que acompañaba el diario que cae en manos del narrador-articulista.  En la imagen de dicha tapa puede leerse: "Perón vuelve," y José P. Feinmann: Sobre el Peronismo y sus intérpretes (II)" (415).  Inmediatamente la nota anticipa e introduce no sólo la autorreferencialidad del escritor, sino el ideologema central de la nota: la experiencia del Peronismo de los miembros participantes de Envido.

            La nota se construye como evocación de una práctica individual y colectiva, entre el Yo del narrador-protagonista y el nosotros de "mis compañeros de Envido," a quienes está dedicada.

¿Qué fue Envido? Es la pregunta que desencadena la evocación reflexiva. El narrador rememora su pasado que “jamás podrá borrar,” y considera necesario recordarla porque de los innumerables libros que se han escrito sobre la izquierda peronista, salvo el de Gillespie sobre Montoneros, todos olvidan mencionarla. Se propone remedar dicha omisión recordando qué había sido Envido en el campo intelectual y político de la época y quiénes sus participantes: “Fue una revista teórica que trataba de llevar al Peronismo a posiciones de izquierda" (416); sus integrantes (Horacio González, Héctor Abrales, Juan Llach, Arturo Armada, Domingo Bresci, Jorge Luis Bernetti, Abel Posadas y Santiago González) eran distintos entre ellos, tanto por formación intelectual, como por adscripción política. En cuanto al narrador protagonista: "Yo venía de Filosofía y --teóricamente-- venía de Hegel, de Marx y de Sartre, luego de haber pasado mis años más tempranos en las filosofías de la tragedia, con Kierkergard, Dostoievsky, Che[st]jov." "Con referencia a Arturo Armada, éste venía de Filosofía y del cristianismo militante." (416) Los unía su "juventud" y la "pasión" con que hacían la historia. La nota además aclara que Envido no tenía nada que ver con Montoneros, pues era una revista de superficie que trataba de expresar el fenómeno de la Juventud Peronista; que aceptaban a Perón por ser la opción de las masas, y que recién en 1973 se dividen en dos grupos cuando Montoneros pide la revista como parte de una estrategia de superficie. Feinmann concluye su nota con una evocación colectiva: "quienes hicimos Envido" ya sea desde el Marxismo o cristianismo militante "teníamos una concepción de la política que nos unía a las masas, […] todos somos parte de esa historia," "somos un documento de la historia argentina" (418).

            Esta nota sobre Envido desencadenó un debate dentro de un sector del campo intellectual, publicado en El Ojo Mocho, Nº 16, del verano 2001/02. Cuenta con una réplica del propio director de Envido, Arturo Guillermo Armada, seguida de una reflexión de Horacio González titulada “Cómo rememorar,” y de una respuesta del propio José Pablo Feinmann a la réplica de Armada bajo el título de “Elogio del hombre del subsuelo.”

En "Envido: Por sus frutos los conoceréis," Armada construye su argumentación polémica sobre varios niveles de contradicciones, siendo uno de ellos la oposición entre Feinmann y el mismo Armada; Feinmann es el blanco, el "irredento fabuloso/fabulador" que ha omitido, olvidado o tergiversado ciertos datos y hechos que hacen a la "verdadera" historia de Envido.  Armada, por el contrario, se afirma como el legítimo e idóneo portavoz de Envido. Un juego de oposiciones caracteriza y distingue uno del otro. Irónicamente Armada afirma: "Por cierto, el único que debió ser director de la mentada revista panfletaria eras vos que, según te autopresentás, "venía[s] de Filosofía…Sin embargo, "gracias a quien lo introdujo allí," Feinmann publicará ensayos "brillantes" sobre el pensamiento nacional.  Aquí el implícito de “quien lo introdujo allí” queda suspendido hasta más tarde cuando Armada confiesa: "te pagué mal, porque contribuí a acercarte aceleradamente al Peronismo -ah, ya que estamos!: nosotros, los de Envido éramos sinceramente peronistas, no infiltrados como sostenés livianamente…” (156)[1]

            El peronismo de Feinmann es el otro gran elemento que Armada considera contradictorio, puesto que Feinmann "Propende olvidar que fue peronista," peronismo que, no obstante, aflora en las resonancias de la fecha de aparición de la nota: El 11 de marzo es el aniversario del triunfo de Cámpora y de la asunción del cura Domingo Bresci, participante de Envido, como párroco de la misma iglesia, de la que Hernán Benítez, amigo y confesor de Eva Perón, fuera su primer párroco, e iglesia a cuya innauguración habían asistido nada menos que Eva y Perón.

Como portavoz idóneo, Armada le cuestiona a Feinmann también la lista de miembros que “realmente” habían participado en Envido y espera "no omitir tantos nombres como bizarramente había logrado hacerlo José Pablo Feinmann. De ninguno mencionó “que todos eran (hacía rato) militantes del peronismo o de la izquierda." (154) De este modo, Armada aclara, rectifica y amplía la lista, enumerando quiénes eran en los setenta y quiénes son en los noventa.  A propósito de Feinmann acentúa con sarcasmo que "sin duda,” es “el más famoso, el exitoso que alcanzó la dorada meca hollywoodense" (154), "admirado (y a veces admirable) filósofo, novelista y guionista), comparándolo a su vez con el "parónimo impresentable," de Eduardo Feinmann, “el energúmeno empleado de Hadad” en radio diez. (162)

            Otro de los niveles de contradicciones que estructuran la réplica a la nota gira en torno a la propia figura de Feinmann, oponiendo su sabiduría libresca y su experiencia vivida: "Feinmann no aprendió que la experiencia vivida es tan entendible como la sabiduría adquirida librescamente."  "Tampoco, por desgracia, llegó al descubrimiento propio […] de que es más elevado (en honestidad y en profundidad) recordar hechos, actos y personas (los compañeros y los amigos, a quienes quiso y que lo quisieron) como fueron y no fabulados y distorsionados para resaltar, innecesaria y absurdamente, el hecho de haber estudiado o leído más que otros…"Vamos José, que estudiar y conocer, entender y comprender, explicar y enseñar, tienen un indiscutible mérito […]  El tal Josepe Feinmann es un muy exitoso autor […] Sí, …sé que no te gusta lo de Josepe, siempre decías que debieron ponerte Juan Pablo, para que las minas te llamaran Jean Paul (como a Sartre, claro), pero para mí siempre serás José Pe, el "que no supo guardar un poco de amor y dignidad." (157)

            Por fin, el artículo-réplica concluye con una definición de Envido que aquí reproducimos:

"Envido fue la expresión esforzada, dolorosa, ingenua y tributaria de una época, que contenía en su vientre político una sarta de desproporcionadas ilusiones, sustentada por un grupo de veinteañeros que creían que se convertirían en los "Marxs" latinoamericanos del Siglo Veinte.

Y que llegarían a ser en un gran país, un país ejemplo para las luchas nacionales de liberación y las batallas por la revolución social de toda América e incluso del tercer mundo.

Nada menos….

Los resultados están a la vista. Debo continuar?” (158)

Sintetizada brevemente esta réplica, su naturaleza altamente lingüística impone la cuestión del estilo como eje fundamental para su análisis. En "Envido: Por sus frutos los conoceréis" asistimos a la operación ideológica por la cual el contenido deviene estilo, esto es, el material lingüístico del texto ocupa el lugar del contenido. La ironía y autoironía constituyen el tropo mayor que organiza el relato en su totalidad. Bástenos mencionar que las connotaciones religiosas del propio título (“Por sus frutos los conoceréis”), son una réplica en clave irónica a la caracterización que Feinmann hace de Armada como proveniente del cristianismo militante. Estilo coloquial, con énfasis en giros, frases irónicas, expresiones y guiños íntimos de exmilitantes, como el que adquiere el idioma entre pares (tal es el mentado caso de “hablemos a huevo quitado” por el testítulo extirpado del personaje cuasi-autobiográfico Pablo Epstein en La astucia de la razón, o las referencias a sectores intelectuales, socio-políticos e institucionales como la academia: “gente seria y de nivel como Viñas, Rozitchner, Grüner, el malogrado Correas, Rosa, Badiou, De Ipola y otros.”(157)  Estos enunciados reflejan condiciones y objetivos comunicativos específicos. Entre ellos, el hecho de que en los setenta las fronteras entre militancia y actividad académica fueran fluidas, menos rígidas, y los nuevos objetivos comunicativos sean muy distantes de los agraviantes de aquellos años. Así, González agradece este intercambio amistoso, y propone un nuevo orden polémico “más fraternal.” Pero donde estos enunciados adquieren una inflexión propia es en y por su estilo, esto es, en la selección del léxico, la fraseología y los recursos gramaticales, y sobre todo por su estructura composicional, en este caso, la argumentación polémica como género discursivo. Lenguaje y cultura definen lo propio, y lo propio es el Peronismo de ese pasado compartido que la memoria y el recuerdo recomponen desde una subjetividad esfumosa e incompleta. Lenguaje y estilo que como tonos e inflexión de una cultura inscriben Envido en una tradición nacional que reconoce en Jauretche un gran maestro. No sugiero aquí una cuestión simplemente de influencias, entre las polémicas y los ensayos de Jauretche sobre el pensamiento nacional, sino más bien una similitud de condiciones objetivas (con la década infame y crisis del Radicalismo como movimiento de masas) por las cuales es posible establecer ciertas correlaciones en torno a una temática y un estilo que surgen de condiciones sociales e históricas concretas como gestos simbólicos altamente significativos. El marcado carácter semántico-semiótico de la invectiva de Armada, embutida (y diría más, abarrotada) de referencias literarias, culturales y políticas compartidas, constituyen la morfología misma del estilo de imaginar lo propio como lo nacional.

Envido mismo es un significante de esta morfología. Proyecta en el plano de la enunciación y del estilo un pase del más popular de los juegos de naipes: "Envido es un fallido desafío" declara Armada. Vocablos y expresiones que caracterizan también a sus integrantes: "Carlos Alberto Gil "compadre mío," Eduardo Clausen "de origen danés, pero muy argentino, revolucionario y peronista -milagros de esta tierra-;” aquí Armada se apropia y deja huella consciente de la expresión de Jauretche (milagros de esta tierra) de quien dice es "el más auténtico maestro de todos los Envidistas !Y me pongo de pie para mentar a don Arturo Jauretche." Además recrea el estilo envidista invirtiendo expresiones ("hablando a huevo quitado" (156), "tomar al toro por los cuernos" (155)), de acentos irónicos (“Y si yo, que soy muy tradicional –aunque no cristiano militante como JPF pretendió estigmatizarme.”) (156) (“También hubo quienes decidieron desaparecerme de sus vidas como Martín Gras y Josepe Feinmann” (157), y de referencias literarias (“ignoto Ahumada o Armada, que a veces figura como Alonso” –guiño de Alonso Quijada, Quesada, o Quejana de nuestro Don Quijote-) (154).  Este código o clave alegórica del texto sirve como modelo alegórico de la sociedad. Su inscripción en textos específicos es tan poderosa como lo es en nuestro pensamiento porque su persistencia informa dimensiones fundamentales del pensar colectivo, de sus fantasías, de nuestra historia y de nuestra realidad. En este desplazamiento entre contenido y forma, si toda forma es ideológica, la forma revela aquí también su ideología. En la nota de Feinmann lo que fue contentido en Envido, esto es, sus estudios sobre el Peronismo, deviene forma. El carácter masivo del Peronismo es transferido a una elección de genero discursivo como el que constituye la crónica periodística. Escribir para el gran público y en un medio de comunicación de masas como Página 12 es el instrumento mediador de esa voluntad colectiva.

Ahora bien pasemos al problema de construcción de esa experiencia que los textos de esta polémica plantean.  En la nota de Feinmann: "todos somos parte de la historia. Somos un documento de la historia argentina." (419) Su remembranza de Envido, así como la imagen de la misma en Documentos para la Historia Argentina indican el valor que adquiere el documento como pacto idóneo de representación. En la réplica de Armada, en cambio, las dos dinámicas contradictorias, una entre él, como figura del militante idóneo y Feinmann, como su reverso, y, la otra, entre la experiencia y el saber de Feinmann, adquieren otra resolución imaginaria. Ambas oposiciones se resuelven vía el estilo, cancelando o nulificando de este modo las antítesis establecidas. En la nota de Feinmann el documento, sea en forma de revista o libro, es la prueba legítima de la resistencia al tiempo que la escritura de Envido ofrece como representación de esa experiencia. Se valoriza el documento, frente a la oralidad de la réplica de Armada; una oralidad dialógica y constituida en texto hecho de ritmo, humor y performatividad. Así, los dos textos elegidos constituyen un tercero, nuestro objeto de estudio, concebido como artefacto cultural, que a la vez que mantiene la especificidad narrativa individual de sus textos constituyentes: la nota  y la réplica, los subsume en otro nivel de análisis como acto simbólico interpretativo. Si en el problema de la construcción de la realidad y de la experiencia entendemos la Historia como un proceso sin telos, ni tema, como repudio a los códigos interpretativos de finalidad o cierre, la Historia carece de causa, no es un texto, o código interpretativo, sino un significante inaccesible excepto a través de sus formas textuales y nuestro acercamiento a la Historia pasa por sus relatos del inconsciente político, según el decir de Jameson.

            En cuanto al problema de las periodizaciones de la Historia, las resoluciones imaginarias que estos dos textos ofrecen en cierto modo trascienden, sin cancelar no obstante, las distintas temporalidades a las que aluden - los 70 y los 90 -, puesto que la presencia del ideologema del Peronismo pese a su temporalidad inscrita en un antes, esto es, en una cronología lineal, "Yo tendría veintiséis o veintisiete años" (415) "Eramos todos muy jóvenes" (417) –los setenta-; y un después, -los noventa- "maduros (pero mucho menos duros), o mejor expresado -a juzgar por sus canas y arrugas -casi ancianos" (154), dirán los polemizantes, la temporalidad aparece en una especie de coexistencia no-sincrónica, según la terminología de Ernst Bloch.

¿Qué consecuencias extraemos de la memoria y el recuerdo a través de esta polémica como fragmentos del discurso social? ¿Qué lugar ocupan en la representación de la experiencia y de la Historia? Consideramos que ocupan el lugar del tropo privilegiado de la imaginación nacional. Así, leer dialógicamente esta polémica implica no sólo la relación entre diálogo y dialéctica al interior de cada texto individual, dentro de la individual irrepetible de cada texto, sino también en su relación con otros textos y estéticas, dentro de un marco amplio de relaciones interdiscursivas dentro del campo intelectual. En particular, observamos una cierta relación con una serie literaria de la posdictadura que hace de la memoria individual y colectiva el eje de la ficción como en el caso de las propuestas narrativas de Saccomanno, Rivera, Dal Masetto, Soriano y Feinmann. (Cárcamo 2002)

Si las revistas, como afirma Raymond Williams, son productoras de posiciones ideológicas, la posición de González y de El Ojo Mocho delinea en particular ese espacio de consideración de la experiencia de los setenta, constituyendo de ese modo un enlace no sólo entre academia y esfera pública, como lo son otros sectores con sus revistas (Punto de Vista, El Rodaballo), sino una postura que hace de la cuestión nacional un núcleo de debate, abriendo un espacio de diálogo en ese campo de lucha por la interpretación y el poder intelectual que las revistas configuran. La fragmentación objetiva de que fuera objeto el campo de la postdictadura, con su alto profesionalismo de espacios institucionales y los reposicionamientos de que fueran objeto los ex-militantes constituyen la naturaleza y contenidos de estas polémicas. La reflexión de carácter ético-político de Horacio González en “Cómo rememorar” si bien considera injustas las “doloridas” palabras de Armada, las celebra ya que más allá de los resentimientos que ponen de manifiesto (la pieza de Armada es una lastimada y melancólica) constituyen aún así un tributo a la amistad.  Aún en esta apreciación encontramos el eco de una polémica de Jauretche con Sábato - “Coincidencias y disidencias al calor de una amistad”–, en la que Sábato es “eco intelectual de aquella lucha dirimida entre las dos facciones de la “revolución libertadora.” (151) Jauretche lamenta las declaraciones de Sábato pero advierte que en “El otro rostro del peronismo” brota por momentos aquí y allá la sensibilidad social y cierta vocación nacional que él considera que están vivas en su amigo.” (158) Entiende que, “más allá de algunas coqueterías que Sábato prodiga a La nación o a Victoria Ocampo como un medio para tener prensa, se trata de un argentino honesto, a veces confundido, a quien debe llevársele, aunque sea a empujones, a la vereda popular.” (159)

Para González qué se juzga y cuál es el papel del tiempo y la memoria en lo que se juzga, le permiten evaluar positivamente la nota sobre Envido de Feinmann, puesto que dio lugar a una rememoración “actual”, que franjeó esa brecha pública, silenciada y desestimada de que fuera objeto la experiencia de la izquierda en las últimas décadas del siglo XX.  Juzga lo escrito, como lo que resiste al tiempo a través de la palabra aún cuando uno no se reconozca más en ellos (“fuimos nosotros los que escribimos esas páginas pero esas páginas ya no somos nosotros” (159). Así, tanto los ensayos de Feinmann aparecidos primero en Envido, y posteriormente recogidos en su primer libro, La primacia de lo politico, como su propia escritura, aún cuando “[l]a historia horad[e] los textos no les quita el derecho a su momento de fijeza, de altiva detención en la letra establecida.” (160) Para González, el tema de juzgar, adquiere carácter humanístico (la revalorización de la amistad), superador de los viejos dogmatismos ideológicos. La obra escrita si resiste al tiempo es la contraseña del juzgar a una persona, el militantismo de Feinmann es juzgado a partir de lo que ha escrito.  

El contexto textual de este intercambio polémico cuenta con dos intervenciones más; una de Horacio González, quien no sólo promovió este debate, sino participó en “Cómo rememorar,”  y la respuesta de Feinmann titulada “El hombre del subsuelo,” en la que describe a Armada desde la “figura dostoyesvskiana” del hombre del subsuelo como la que que major caracteriza el resentimiento, odio, y bronca con que se expresa su excompañero. Feinmann celebra no obstante la “pasión con que fue escrita en una época de “indiferentes” de buenos modales o polémicas que no se dan. Es frontal en una época de agachadas o medias tintas.” (162). El tono de su intervención es confesional; contesta las impugnaciones puntualizando  momentos de su trayectoria política e intelectual dentro del campo intelectual, en particular a las inculpaciones concernientes a su peronismo. Confiesa que en pleno alfonsinismo participó del “áulico grupo de la intelligentsia “ académica asociada con el alfonsinismo, escribiendo a pedido de Beatriz Sarlo, aunque en 1984 siguió siendo peronista. Por último da fe que Armada fue el director de Envido y que fue su obstinación la que la hizo posible, caracterizándola como “lo único que se pareció a (su) vieja”; la queja discepoliana es la clave interpretativa que para Feinmann alienta muchos pasajes del texto de Armada, pero la diferencia entre Armada, González y el mismo Feinmann, afirma éste, es que Envido fue sólo una etapa en sus vidas, pero no “lo único que se pareció a (nuestras) viejas, ya que seguimos encontrando a nuestras viejas en muchas otras cosas que vinieron después.” (163) En este código alegórico de que se sirve la interpretación de Feinmann, la frase discepoliana se constituye en la clave alegórica de lectura de ese espacio “nacional” como lugar de convivencia, de territorio acotado, de lo propio.

Las referencias a los círculos áulicos, esto es, a la academia o “la calle Puan,” como la caracteriza Feinmann, tanto en el texto de Armada como en el de Feinmann describen la fragmentación del mismo en esta etapa de su historicidad, fragmentación que confronta criterios de prestigio intelectual y el poder intelectual de las décadas postsetentistas.

Además estas disputas polémicas cargadas de emotividad (la pieza de Armada es lastimada y melancólica, afirma González) constituyen aún así un tributo a la amistad. La nota sobre Envido dio lugar a una rememoración “actual”, que permitió franjear esa brecha pública, silenciada y desestimada de que fuera objeto la experiencia de la izquierda nacional en las últimas décadas del siglo XX; remembranza que se constituye en un gesto reparador y superador de diferencias que la sensibilidad democrática ha hecho posible.

Obras Citadas

Armada, Arturo Guillermo. “Envido: Por sus frutos los conoceréis,” El Ojo Mocho, Nº 16, 2001/2: 154-158.

Cárcamo, Silvia. “Memoria, realismo y sesgo autobiográfico en O. Soriano y G. Saccomanno,” Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2003. (http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/memoria.html)

 

Duhalde, Eduardo Luis. “Peronismo y Revolución,” Pensamiento de los confines, Nº 6, 1999: 53-66.

 

González, Horacio. “Cómo rememorar,” El Ojo Mocho, Nº 16, 2001/2: 159-161.

“Razón de la polémica polémica de la razón,” El Ojo Mocho, Nº 16, 2001/2: 164-6.

Feinmann, José Pablo. Escritos imprudentes. Buenos Aires: Editorial Norma, 2002.

            “Elogio del hombre del subsuelo,” El Ojo Mocho, Nº 16, 2001/2: 162-3.

 

Jameson, Fredric. The Political Unconscious. Ithaca, New York; Cornell University Press, 1981.

Jauretche, Arturo. Las polémicas de Jauretche. Primera parte. Introducción y comentarios de Norberto Galasso. Los Nacionales Editores, Buenos Aires 1983.   

Panessi, Jorge. "Crónica de una decepción reinante." Actas del Primer Congreso Internacional de Literatura de la Universidad de Mar del Plata, diciembre 2001. CD-Rom.



[1] Cabe acotar que esta disputa entre sobre la dirección de la revista deja su huella también en la reimpresión de la nota en Escritos imprudentes (2002) en la que Feinmann agrega la siguiente aclaración: "Armada era, también director de la revista. El resto formaba parte del Consejo de Redacción. Aclaro esto porque sé que a Armada le importa y porque nunca está de más establecer un dato verdadero." (417)