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       Polémicas en la periferia: Conservadores y liberales ante la educación normalista

 

Por Alicia Rubio

(Universidad Nacional de Córdoba)

alagia@mate.uncor.edu

 

 

RESUMEN

Aunque la doxa reconozca que la educación es uno de los medios para alcanzar el progreso, quiénes educan y cómo se educa son las preguntas que forman parte de las discusiones diarias de las que dan cuenta todas las publicaciones cordobesas de fines del siglo XIX. Apelando a un recurso de gran eficacia un periódico cordobés se pregunta cómo es que la tierra en la que ha tenido lugar la Exposición nacional, a la que se eligió para establecer el Observatorio y cuya tradición en este aspecto se remonta a la época de la colonia, carezca de políticas en educación popular como las implementadas por otros gobiernos provinciales.

La incorporación de las maestras normales a la enseñanza desata una dura polémica de la que se hacen eco los diarios locales. Esta polémica pone en evidencia que para una sociedad como la cordobesa, cuyo respeto por las tradiciones es una manera de reconocerse a sí misma, todo aquello que implique innovaciones en su dinámica social es percibida como una amenaza.  Esta lógica de la desestabilización explicaría la resistencia a los cambios en el modelo de instrucción pública y la repercusión que tuvo en  los escritos de la época.

 

 

1. El origen de la polémica

 

Ya sea por continuar con la tradición salamanquina, herencia de la colonia, o por comulgar con las propuestas de los pensadores de la generación del 37, la educación es para la sociedad cordobesa a la vez la deuda ineludible y el compromiso con el futuro que tiene la nación.

Partiendo de este acuerdo acerca de la necesidad de implementar un sistema de educación de gran alcance, el gran debate de estos años en el que están involucrados todos los sectores de la sociedad es para qué se educa. Las respuestas a estas preguntas recorren un amplio arco ideológico donde subyacen, entre otras cosas,  distintas concepciones acerca del estado. Pese a la distancia que puede verificarse entre las distintas propuestas, todas se enmarcan dentro del paradigma de las medidas de solución gracias a las cuales el país podrá hacer realidad su destino de grandeza. La educación se encuentra estrechamente vinculada al proyecto de estado  al que adhieren las distintas corrientes.  Es precisamente el modelo de estado el que marcará una divisoria de aguas en las opiniones que integran el discurso de la época. Para los sectores que adhieren a la tradición liberal, en la educación es en donde se encontraría las bases de un nación moderna en la que el respeto a las tradiciones republicanas  garantizara una estabilidad política que el país hasta ese momento no había conocido

 

Democracia é ignorancia son términos que se excluyen: el predominio de la una es el aniquilamiento de la otra. Si esta avanza ó permanece, por lo menos como hasta ahora, enclavada en sus posiciones, aquella será un mito, una palabra hueca y sin sentido capaz de fanatizar las multitudes bárbaras que confunden la libertad con el desorden y la anarquía, pero inútil para garantizar el derecho de todos y cada uno en el conjunto armónico del progreso evolutivo de la sociedad y del individuo. (José Bianco, Enseñanza Pública, Córdoba, 1894)

 

Evidentemente, la utilización de palabras de fuerte carga negativa, como lo son desorden y anarquía asociados con ignorancia y contrapuestos a aquellos que connotan tranquilidad y armonía que son presentados como lo que caracteriza a una sociedad educada, redundan en un discurso de gran eficacia dóxica. Mucho más aun si se tiene en cuenta la historia reciente del país que incluye luchas civiles, profundos desacuerdos políticos y movimientos secesionistas. Estos antecedentes son utilizados por el discurso liberal en un planteo en el que se patentiza la creciente influencia del pensamiento positivista. Comienza a tomar forma un discurso en el que las metáforas biológicas están a la orden del día, convirtiendo a la educación en uno de los agentes que asegurarán la regeneración del pueblo, patentizada en la figura de los caudillos provinciales. El caudillo es, por definición, ignorante y a su vez sustenta su poder en la ignorancia de los otros de tal forma que para este discurso no queda otra manera de conjurar este peligro que a través de la educación

 

El gobierno de La Rioja ha consagrado sus esfuerzos a levantar la instrucción primaria en la provincia que ha venido siendo presa de los tiranos, ó el juguete de los caudillos que no saben leer ni escribir. (...) Aquel pueblo desgraciado salido de las guerras de la tiranía para caer en una larga y sangrienta dominación de los caudillos, cobra nueva vida, se incorpora, se pone en pie, para emprender la marcha del progreso y comienza por la instrucción del pueblo como base fundamental y segura de su futura prosperidad. (El Progreso, Córdoba, 18/02/1876)

 

Es así que la provincia de La Rioja, tierra natal de quien fuera transformado por Sarmiento en el arquetipo del caudillo argentino, es tomada por el discurso liberal cordobés como un ejemplo a seguir. Educar es la consigna. Dentro del  deber-ser nacional la instrucción del pueblo no solamente es factor determinante para cimentar la estabilidad política del país sino que también es consagrada como fuente de prosperidad. ¿Quién mejor que el propio Sarmiento para entronizar a la educación y, en el mismo párrafo anatemizar a la Argentina reciente?

 

Quiroga, el terrible Gengiskan de nuestra historia, paseó dos veces por estas calles, las lanzas chorreantes de sangre heroica de este pueblo, y abandonándose a los furores de sus instintos salvajes, convirtió la guerra en bandolaje, matanzas y saqueos, como en los tiempos más negros de la historia humana. (...) Tucumanos: Enseñad á leer á todos á fin de que haya luego carga para el ferrocarril. La intelijencia es dinero;  y para pueblos tan lejanos la industria intelijente es la única salvación. (El Progreso, Córdoba, 8/11/1876)

 

Síntesis magistral la realizada por el sanjuanino en la que convive la terrible identificación de Facundo Quiroga con Gengiskan y una invitación a los tucumanos a educarse para beneficiarse con la prosperidad que les garantiza las nuevas industrias. Este es un ejemplo concluyente en el que una tópica basa su eficacia en el recurso a todas aquellas figuras de pensamiento y sermonización para conseguir la conversión del auditorio hacia una meta predeterminada. Queda así instalado en el imaginario colectivo la educación como sinónimo de progreso. De ahora en más la discusión será acerca de cuál es el progreso al que se apunta.

Si bien se puede afirmar, como ya ha sido señalado, que existe un acuerdo tácito acerca de la necesidad de educar al pueblo, éste no alcanza a quiénes son los responsables de concretar esta objetivo. Los favores estarán repartidos entre las distintas opiniones, desde aquellos que sostienen que es un problema que le atañe exclusivamente al gobierno hasta aquellos que consideran excluyente la iniciativa de los particulares. En el decible global instalado en la sociedad de estos años es muy frecuente, casi un lugar común, acusar a quienes gobiernan, ya se trate del poder ejecutivo como del legislativo, de inoperancia. Pero un matiz importante  es el que le imprime el pensamiento positivista al darle visos de verosimilitud a las explicaciones que le atribuyen parte de la culpa del atraso en esta materia a la pereza e indolencia que caracterizan a este pueblo. Esta afirmación se fundamenta en el paradigma que ha consagrado la inferioridad de los latinoamericanos, su desprolijidad en el manejo de las cuestiones de estado y su proverbial indiferencia ante la cosa pública.

Apelando a recurso de gran eficacia El Progreso (18/02/1876) se pregunta cómo es que la tierra en la que ha tenido lugar la Exposición nacional, el lugar al cual se eligió para establecer el Observatorio y cuya tradición en este aspecto se remonta a la época de la colonia, carezca de una política en educación popular como la que ha implementado el gobierno riojano. Toda la tradición ha sido utilizada como instrumento de legitimación al que se opone, como recurso retórico la inadmisibilidad de que Córdoba se encuentre rezagada en este aspecto.

Una vez más se exhorta al lector acerca las carencias y defectos de la sociedad que solo una correcta planificación educativa puede subsanar. Un discurso que pretende afianzar un sistema democrático no puede dejar de señalar que  todos los habitantes de la nación deben poder acceder a la educación. Por otra parte, hay un tema que aparece permanentemente ligado a la educación  y que condicionaría la efectivización. Se trata del costo económico de este proyecto. Este es uno de los temas que desatan un duro debate en 1883 entre Sarmiento y el ministro Manuel D. Pizarro ante la posibilidad de celebrar un Concordato con la Curia Romana para la provisión de las altas dignidades eclesiásticas. En una carta publicada en El Nacional Sarmiento señala que

 

Insistimos en suponerlo [al Dr. Pizarro] el órgano de una escuela política religiosa que hemos llamado ultrapampeana cordobesa por estar su centro allende las pampas y que tiene por órgano allá el Eco de Córdoba, aquí la Unión que escribe el doctor Achával y tuvo en el ministerio al ministro Pizarro, promotor del concordato ... (Sarmiento, D.F 2001: 149)

 

Pero el enfrentamiento no se limita a la cuestión del concordato. Sarmiento busca entroncar el problema de la enseñanza en las tradiciones heredadas de la colonia. Es así que afirma que en la planificación urbana impuesta por los españoles en América no era considerada necesaria la escuela: “Había Cabildo, cárcel, iglesia matriz, cuatro conventos, acaso casa de ejercicios, un hospital, plaza de toros y universidad a veces; pero no la escuela para el publico.” (Sarmiento, D.F 2001: 196) Este trazado debía de ser modificado si se deseaba construir una nueva nación. La tarea es entonces acometida por Sarmiento y es el propio Don Yo de América quién no vacila en citarse como ejemplo para contrastar lo hecho por los ultramontanos

 

El presidente Sarmiento creó en las provincias todas un colegio de instrucción secundaria para el común de las gentes. No bien dejó el gobierno, los senadores Vélez, Cortez, Pizarro, obtuvieron suprimir esta enseñanza inconducente, y fue el Colegio Nacional de Córdoba absorbido por la universidad [...] El que quiera saber geografía debe usar teología o derecho en Córdoba. (Sarmiento, D.F 2001: 196)

 

Pero la disputa no se limitaba solamente la creación de escuelas en la provincia de Córdoba sino de dónde vendría el dinero para mantenerlas. En un artículo publicado en El Nacional bajo el título “Sentencia de la Suprema A favor de las benditas almas y contra las escuelas”, denosta a la Suprema Corte de Justicia de la Nación por haber fallado en contra de Sarmiento en un caso en el que se dirimía si era legítima la imposición de un tributo a las herencias transversales a favor de un fondo de educación. Anima del diente largo, tal era el seudónimo utilizado por Sarmiento para firmar el artículo, señala que ha quedado probado ante la Corte Suprema

 

Que doña Tomasa repugnaba que algo suyo se consagrase a las escuelas; y que el doctor Vélez, que no oía misa, ni a quien nadie vio confesarse, aseguró, en el Código Civil, los derechos imprescriptibles y no imponibles por la ley de almas del purgatorio. (Sarmiento, D.F 2001: 11)

 

El tono de sorna empleado en esta nota es dejado de lado en su siguiente escrito cuando nuevamente, alegando a favor de la educación, sostenga de manera contundente que “la propiedad no es un dios Moloch que sirve en sus entrañas de bronce de hornalla para quemar los intereses de la sociedad.”(Sarmiento, D.F 2001: 42) El contraataque por parte de los católicos conservadores de Córdoba ante esta avanzada liberal adquiere visos de intolerancia. La implementación del  impuesto, en la ciudad de Buenos Aires,  que grava las misas de cuerpo presente, sirve de pretexto para renovar el ataque contra el gobierno liberal. El artículo provoca al lector diciendo que poco falta para que en lugar del crucifijo se exija la utilización de los símbolos masones y para que la misa sea dicha por un miembro de esta hermandad. Si bien esta afirmación es hecha utilizando la ironía como modo de asegurarse la complicidad del lector sin exigir de él un análisis profundo del tema, el que se deslice en medio del escrito que entre los responsables  hay algún judío confirma la existencia de ideas racistas entre los ultra conservadores

 

Nos ha llamado la atención, el nuevo impuesto establecido en la Capital de la República, por la municipalidad, de veinticinco pesos nacionales cada misa de cuerpo presente!! ¿Quiénes componen esa municipalidad, en su mayoría? ¿Son acaso ignorantes ó unos impíos? (...) Los señores municipales que han sancionado esa ordenanza, se ve desde luego, que son liberales puros, y que lo que pretenden no son los  veinticinco pesos, para la Municipalidad, sino que no se apliquen dichas misas. [...] Y de seguro que entre esos municipales hay algún judío, que no cree en la misa, y todos ellos que ni saben lo que significa la misa, nos referimos á los de la sanción. Enseguida  debieran sancionar, que en lugar del crucifijo en el altar, se colocara el retrato del autor del proyecto, y en lugar del sacerdote católico, la celebre algún H\ y en lugar de ser los  veinticinco pesos para la municipalidad, sean para el H\ . [...] Ellos dicen: que los sacerdotes engañan con las misas, pero ellos dicen verdad al querer cobrar  veinticinco pesos por ese engaño! (Los Principios, Córdoba, 22/01/1897)

 

 

2. El debate en las publicaciones cordobesas

 

Aunque la doxa reconozca que la educación es uno de los medios para alcanzar el progreso, quiénes educan y cómo se educa son las preguntas que forman parte de las discusiones diarias de las que dan cuenta todas las publicaciones. Desde los sectores tradicionalistas y conservadores se critica al gobierno provincial, de tendencia liberal, de haber apartado de sus cargos a los antiguos profesores. Si bien este discurso utiliza como argumento principal la ineptitud del funcionario designado en el Consejo de Educación, apuesta a movilizar a la opinión pública invocando a  solidarizarse con aquellos que luego de años de servicio han sido desplazados en virtud de las políticas de progreso

 

Hemos demostrado hasta la evidencia que el Presidente del Consejo Provincial de Educación es indigno de seguir desempeñando  el alto puesto que ocupa. [...] Hemos demostrado que todas sus obras de progreso no constituyen más que otros fracasos lamentables. Hemos demostrado que ha procedido con censurable parcialidad é injusticia al separar de las escuelas á maestros competentes y de larga práctica, á quienes mucho debe la Provincia, para sustituirlos por maestros desconocidos, que de ninguna manera merecen el aprecio y la confianza de aquellos por parte de los padres de familia. (Los Principios, Córdoba, 4/02/1897)

 

Quienes buscan encontrar apoyo a su prédica antirreformista saben que un recurso retórico que siempre garantiza buenos resultados es el que coloca los intereses de la familia por sobre los del estado. Allí donde la solidaridad con el docente no alcanza para encolumnar voluntades, sermonear a los padres de familia acerca de los peligros que puede acarrear la llegada de las ideas liberales a la escuela, concita la adhesión de amplios sectores de la sociedad

 

La enérgica campaña que desde hace algún tiempo venimos sosteniendo desde las columnas de nuestro diario, en pro de los intereses educacionales de la Provincia, amenazados desgraciadamente por la prédica liberal y las inauditas arbitrariedades de las autoridades escolares, ha encontrado ecos simpáticos en el seno de nuestra sociedad, como lo prueban elocuentemente los comentarios favorables que se hacen de los artículos que publicáramos al respecto. (Los Principios, Córdoba, 5/02/1897)

 

El discurso conservador elabora un relato en el que esquematiza el proyecto de la oposición. Según éste, los planes de transformación presentados por el liberalismo tienen un carácter fáustico en virtud del cual una sociedad hipnotizada por el espejismo del progreso dejaría la educación de sus hijos en manos de inmorales

 

Es preciso reaccionar y velar decididamente por la educación pública para que así no perdamos nuestro propio porvenir. Procuremos que al frente de nuestra educación se hallen personas de reconocida probidad, hombres de sanos principios. Para que así no lleguen á nuestras escuelas, al seno de la sociedad, la propaganda inmoral y la descarada prédica liberal que emponzoñan el corazón y extravían el espíritu. (Los Principios, Córdoba, 4/02/1897)

 

Ante la imposibilidad de sumar a la ecuación fáustica la palabra libertad por tener ganado en la doxa una connotación positiva, y por no poder contar con el anuencia de la sociedad hablar de los peligros que ésta implica, las voces del conservadurismo apelan al término liberticidas en el que se pretende condensar una política que creen funesta. Resulta interesante la parábola que describe este pensamiento ya que condena por liberticidas, es decir, asesinos de la libertad a aquellos que creen que van a quitar el único freno que consideran eficaz, la religión .

 

No es para nosotros una novedad encontrar individuos que titulándose liberales, y sin comprender lo que esta palabra representa, no son otra cosa que liberticidas, una levita ó un yaké sobre el hombro, con trazas de educado y adentro un ignorante con pretensión de sabio liberal se encuentra a cada rato, á la vuelta de la esquina. [...] Y nos duele porque á título de liberal se pisotee la Constitución de nuestra provincia natal, habiendo entrado á presidir al Consejo de Educación una persona, que, por ella no podría serlo. Y nos duele más, que á nuestros hijos se les quiera quitar el único freno, que existe en el mundo, para que haya buen hogar, buenos hijos y buenos ciudadanos: la religión. (Los Principios, Córdoba, 7/02/1897)

 

Si el liberalismo apuesta a la educación popular como medio de conseguir que los pobladores de este país se transformen en ciudadanos, el discurso conservador  considera que la religión  es la único reaseguro que tiene el país para conseguir que los habitantes respeten sus deberes de ciudadanos. Este movimiento estratégico para que converjan los intereses particulares con la preocupación por la evolución de la cosa pública señala un clivaje en este discurso en el que para poder sumar voluntades necesita quitarle a la oposición los tópicos de mayor éxito, reformulándolos. En este sentido, es notable como una de las metas sostenidas por los socialistas utópicos, la de alcanzar la armonía social, es retomada por el diario Los principios 

 

Es evidente entonces, que si en la escuela no se enseña la religión, el maestro quebrará por completo con las reglas armónicas de la instrucción que garanten a la vez el desarrollo armónico a su vez de los intereses que á su cuidado tiene. Por otra parte no podría en manera alguna dejar de enseñar la religión, pues de lo contrario tendría que herir los sentimiento que cultiva la familia y la armonía social. (Los Principios, Córdoba, 13/03/1897)

 

La crisis por la que los sectores conservadores debieron atravesar luego de Caseros, apresuraron un cambio que, tarde o temprano, debería operarse en su discurso. Si bien para la memoria semiológica local la religión, en tanto acumulación de signos de modelos discursivos de carácter hegemónico en el pasado, no goza de una connotación negativa como parece tenerla en otros países latinoamericanos, se hace necesario legitimar su presencia en la escuela apelando al ejemplo de países como Chile y Perú. Sin embargo, el mismo argumento al que acuden las voces tradicionalistas y conservadoras para dar fuerza a sus tesis a favor de la religión en las aulas, es desacreditada cuando es usada por el discurso liberal. Aunque se lo acuse de ser un argumento gastado, todas las voces de la época contribuyen desde sus lugares a  instituir a los Estados Unidos en arquetipo de país. Las diferencias entre los discursos se encuentra en las virtudes a destacar de aquella nación. De tal modo, mientras algunos destacan su tolerancia, otros ensalzan su bonanza económica atribuyéndola a la libertad para la iniciativa privada, y no son pocos los que recalcan su respeto a las instituciones republicanas. En medio de esta cacofonía, no resulta sencillo descalificar como ejemplo a quien se ha constituido en modelo decimonónico por excelencia

 

La escuela liberal echa mano con preferencia del trillado argumento del ejemplo de la gran república de Estados Unidos, reforzado por el indiscutible progreso que esa unión que disputa á la Suiza el título de “tierra de la libertad” (Los Principios, Córdoba, 5/05/1897)

 

Si un país ha alcanzado el carácter de mito, si en el imaginario social es sinónimo de tierra de promisión, no faltaran quienes rastreen entre las posibles causas de este prodigio para discutir con sus compatriotas sobre analogías y diferencias entre aquel  y la Argentina. La educación, que siempre ha sido un buen argumento a la hora de explicar la distancia que media entre las potencias y los rezagados, se convierte en el discurso liberal en la formula del éxito, siempre y cuando se respete la libertad absoluta. Pero, más que una defensa de la libertad, lo que hace este discurso es ponderar el respeto a la iniciativa privada, convertida en norma de vida por los Estados Unidos. La educación, no es la matriz a la que deben ajustarse todas las inteligencias sino el sitio en donde el estado procura dar respuestas para todos. Estas voces pretenden despertar en el  deber-ser  local una vocación de autonomía aparentemente adormecida por siglos de una asfixiante presión burocrática, todopoderoso y omnipresente

 

El self-made man regula el progreso científico y la capacidad intelectual de los libres hijos de la Unión Americana. Allí, propiamente hablando, no hay colegios y academias oficiales como los nuestros; no existe la trabazón reglamentaria que mide con la misma vara todas las inteligencias y viste con el mismo traje todas las estaturas humanas. (Bianco, José 1894)

 

Si estados Unidos es un ejemplo a seguir, lo gracias a la formulación discursiva de la figura emblemática del niño que salido de las clases más bajas, gracias a su esfuerzo y tesón logra encumbrarse en los mejores lugares de la sociedad. Esta figura arquetípica ha sido bautizada como  self-made man, rescatando la idea que en ella lo determinante y excluyente es la voluntad del individuo para rebasar los límites que su origen le ha impuesto. ¿Qué mejor materialización de este  arquetipo que  Abraham Lincoln o Thomas Alba Edison? De campesino a presidente, de aprendiz a sabio, el recorrido ha sido trazado por los propios interesados sin esperar que estado resolviese sus problemas o consintiera en educarlo. Estas figuras emblemáticas logran un fácil anclaje en el imaginario colectivo, constituyéndose en modelos a los que recurrirá a lo largo de los años.

La polifonía de la época muestra la existencia de fuertes contradicciones en la que incurren todos aquellos que se ven en la obligación de reclamar libertad absoluta en el manejo de la enseñanza pero no dejan de increpar al gobierno por lo actuado en esta materia o recriminarle por lo no hecho. Nuevamente, como ya ha sido señalado, el gobierno se convierte en el sujeto de un predicado incesante acerca de su ineptitud para manejar los asuntos de estado. El socius reivindica el modelo estadounidense de autogestión pero exige al estado una permanente participación en la cosa pública

 

Es vasta y compleja en sus profundas ramificaciones la enseñanza pública. Se equivoca quien opine que consiste en fundar escuelas, dotarlas de útiles y marcarles con un reglamento, más ó menos amplio, programas y planes de estudio; como se equivocan también, los que piensan que no tienen otra misión que desenvolver las fuerzas creadoras del espíritu y estimular la actividad de los estudiantes. (Bianco, José 1900)

 

Para un estado que se encuentra en formación, satisfacer las demandas de la sociedad cuando aun no se ha definido la función que debe desempeñar, resulta una tarea difícil de cumplir. Es aun mucho más complicado elaborar un discurso en el que se demuestre a la vez la importancia del proyecto educativo encarado y su factibilidad. Esto se patentiza en un nueva polémica en lo que se refiere a la educación. Es la que se ocupa de la incorporación de las maestras normales. Egresadas de la Escuela normal de Paraná, lugar que se constituyó en una importante red de influencias, que generó un sistema de valores y dio lugar a una  subcultura normalista (Weinberg, G.: 219), su aparición en el horizonte educativo de la provincia genera muchas resistencia que alcanza una amplia repercusión en las publicaciones locales de la época

 

"Los normalistas son una calamidad”: esta es la frase del día, la preocupación dominante que se impone avasalladora en los consejos de gobierno, en el recinto del congreso y en las columnas de la prensa. (...) La cuestión queda planteada y resuelta: Las escuelas normales han fracasado. Deben suprimirse!" (Bianco, José 1900)

 

Más allá de los fundamentos con que se cuenten para acusar a las escuelas normales, ha tenido lugar en el discurso social una curiosa mutación. La figura del maestro, normalmente asociada con vocablos que hablan de su sacrificio, abnegación y grandeza, es ahora fuertemente cuestionada. El blanco de las críticas es el maestro normal, al que se le reprocha ser pedante. Aunque no se ha estudiado exhaustivamente el fenómeno normalista, podría afirmarse que la transformaciones que se operan en la valoración del maestro en el discurso de la época tienen que ver con el rechazo que provocaría en la sociedad su sentimiento de pertenencia a la institución formadora la élite docente. A esto se suma que la escuela normal se convirtió en un factor de ascenso social  para sectores humildes y, además, significó la incorporación de la mujer al mercado laboral, en el que hasta ese momento, solo había participado informalmente (Weinberg, G.: 219)

 

[...] en el país se habla mucho de ese apóstol de la civilización: en la práctica se le detesta por fatuo y pedante y otras lindezas y se le paga un sueldo mezquino que no alcanza á cubrir las necesidades del hambre y la sed. No hay, pues, aliciente para ejercer una profesión que es ingrata en la retribución é impone sacrificios que pocas veces se recompensan [...] debe tenerse en cuenta que, salvo honrosas excepciones, recoléctanse los aspirantes en las clases más ínfimas de la sociedad, especialmente las de maestras, que desde que desde que empiezan á estudiar tienen las ventajas de la beca y de los útiles. (Bianco, José 1900)

 

El rechazo a los maestros normales no es el único que se deja oír por estos años. Aquellos que están de acuerdo con las nuevas generaciones de maestros preocupados en los métodos de enseñaza y en los aspectos biológicos y sicológicos que influyen en el aprendizaje, no demoran su respuesta. Si bien cambia el sujeto, los argumentos son los mismos: el oportunismo en vez de vocación de servicio es lo que decide el ingreso a las personas a volcarse a lo que, para comunidad, debería ser un apostolado. El Interior, diario publicado por Ramón J. Cárcano no ahorra duros epítetos para calificar a algunos de los docentes dedicados a la enseñanza de la juventud

 

Ni será posible obtener maestros normales para todos los establecimientos de educación, en un breve número de años; ni mucho menos actualmente. Ni es lícito, por otra parte, dejar entregada la instrucción pública de la provincias a maestros de ocasión, como tantas veces se les ha llamado; -Maestros con vocación y preparación para todo, menos para la enseñanza: traficantes á costa del erario y de la educación de la juventud; atorrantes sin delicadeza alguna, muchos de ellos, que no encontrando en que emplear su actividad, se afianzan al empleo de preceptor, como á una tabla insegura en el naufragio. (El Interior, Córdoba, 1/02/1887)

 

Cuando la discusión alcanza este grado de aspereza, pone en evidencia que lo que está en debate es algo más importante que la aptitud de los docentes. Los normalistas formados en la Escuela de Paraná  eran parte de un proyecto de transformación del país que tenía como fundamento ideológico al positivismo. Para una sociedad como la cordobesa, cuyo respeto por las tradiciones es una manera de reconocerse a sí misma, todo aquello que implique cambios en su dinámica social es percibida como una amenaza.  Esta lógica de la desestabilización explicaría la resistencia a los cambios en el modelo de instrucción pública y la repercusión que tuvo en  los escritos de la época

 

La Córdoba de 1886 y 1887 quedará siempre  en la crónica y en la historia, como un notable ejemplo de progreso social bien encaminado [...] En aquellos días de venturosas realidades y de grandes esperanzas colectivas, la prensa de Córdoba, de todos los partidos, rayó a grande altura, en el debate educacional, económico y administrativo. (Ávalos, Ángel 1910: 9)

 

Si los diarios se hacen eco de este debate se debe seguramente al interés que demuestra la población. Esto no escapa a los distintos sectores de opinión, conciente de la importancia que reviste mantener su público cautivo, gracias a la utilización de una retórica que le resulte conocida y aceptable. Pero ganar voluntades para la causa forma parte también de las preocupaciones de quienes necesitan asegurar el triunfo del nuevo modelo. El poder persuasivo de la propaganda es en donde se deposita la confianza en obtener el consentimiento de la comunidad

 

Presenciamos las primeras evoluciones de una completa reforma escolar, y nada más á propósito que impulsar su desarrollo fecundo, que la propaganda escrita y continua, que fuese á la vez enseñanza para la escuela, luz para el criterio público aplicado á cuestiones que escapan á la ilustración vulgar, y á la vez revista completa de nuestros progresos presentes y futuros, en una de las ramas primordiales de la acción gubernativa y popular, en todos los pueblos bien constituidos. (El Interior, Córdoba, 28/06/1887)

 

Si los discursos se ocupan recurrentemente de la cuestión de la educación esto pone en evidencia que es un tema que preocupa a la sociedad. No se trata simplemente de una cuestión impuesta desde el gobierno en su afán civilizador, ni de una exaltación pasajera de la comunidad. La sociedad cree firmemente que en la educación está la solución de casi todos los males que aquejan al país. Así como existe una identificación de la ignorancia con una caja de Pandora que no deja de acarrear desgracias, la educación es la llave que dará acceso a la cornucopia de la abundancia.

Pero hay otro objetivo que moviliza las que se podrían ser denominadas voluntades progresistas; se trata del deseo de contrabalancear el poder omnímodo del puerto. Pero la preocupación por el futuro de la Universidad y, más aun, por los profesionales que ella educa, sobre todo, si como señalan algunas voces, la clásica salida laboral es la administración pública. De cualquier manera, que esta cuestión sea tematizada por el socius, indica preocupación por el crecimiento de la burocracia estatal, proceso que encuentra sus orígenes en su expansión durante el período de la colonia

 

La difusión exagerada de estudios secundarios y universitarios en nuestro siglo ha sido y es la causa de este proletariado de hombres educados, poseídos por el demonio de la empleomanía. [...] solo han aprendido los derechos del hombre, las dulzuras de la libertad y otras mil cosas. Sus maestros los llenan de gramática, los hipnotizan con las dulzuras de la historia, más ó menos falsificada, y hacen de ellos pedantes inaguantables, incapaces de vivir sin un empleo en una repartición pública, y sin un buen café cerca de su oficina. (Los Principios, Córdoba, 17/05/1899)

 

Que el discurso social vuelva sobre la cuestión de la burocracia puede ser considerado como un regreso a un clisé que, puesto al día, adaptado al contexto finisecular, logra un re-conocimiento por parte de una sociedad que guarda en su memoria la imagen de una administración de funcionamiento lento y de carácter asfixiante. Sin embargo, cabe preguntarse si esta recurrencia al tema y la dura caracterización que se hace de los egresados, no dan cuenta de un deseo de ocupar el lugar que aquellos tienen  en vez de un franco propósito de combatir este modelo educativo. El rechazo a los nuevos egresados es tal que Los principios llega a publicar que “El sobrante de doctores y bachilleres es tan enorme en muchos países, que constituyen ya un serio peligro social.” (Los Principios, Córdoba, 17/05/1899)

 

El discurso ya ha consagrado a la educación como medio de corrección de las deformaciones ingénitas de la raza. Pero este correctivo, que debería tener más de ortopedia que de pedagogía, debía ser implementado por el Estado para paliar aquello que la naturaleza y costumbres ancestrales han impedido que vean la luz: la iniciativa individual

 

Nuestra educación, en vez de hacer de nosotros una sociedad comunalista, que todo lo espere del Estado, hiciera una sociedad individualista, en que cada cual lo esperase todo de sí mismo, y se dedicase desde temprano al trabajo particular, independiente, al self goverment. (Los Principios, Córdoba, 20/05/1899)

 

En ciertas ocasiones la astucia de una publicación reside en apelar a la autoridad de una figura consagrada para asegurarse en gran medida el éxito de lo que sostiene y desarmar al contrincante invocando a los mismos referentes. Aun cuando se trate de una figura ampliamente polémica como Sarmiento, su experiencia en materia educativa lo ha dotado de un prestigio para opinar sobre tema, reputación de la que se vale el autor del artículo para inclinar al lector en favor de su tesis

 

El autor del Facundo le reconoce a esta provincia la influencia poderosa de sus hombres sobre la elaboración de los sucesos de la independencia americana, á pesar de los ataques que le dirije al tradicionalismo español enclaustrado en ella [...] Y si una ciudad seca y estéril pudo dominar por su sabiduría, conquistó una tradición de gloria y obtuvo la admiración del continente [...] (Los Principios, Córdoba, 30/05/1899)

 

Los periódicos buscan plantear los temas que tratan de una manera que facilite su aprehensión y garantice el sentido y la unidad del discurso, reportando al lector un beneficio inmediato al poder asimilar sus propias experiencias al modelo analizado. El propio Sarmiento afirma que “el lector hace el periódico” (Sarmiento, D. F 2001: 205) ya que según su punto de vista, sólo tienen garantizado su éxito de circulación aquellas publicaciones que hablan de los temas que interesan a los potenciales lectores. Pero, como lo señala Gramsci, los lectores deben ser considerados desde dos puntos de vista. El primero, como elementos ideológicos dúctiles y maleables a la transformación. El segundo, como elementos económicos capaces de asimilar las publicaciones y de hacerlas aprehender a los demás. (Gramsci, A 2000: 150) Esto no implica sostener que la dinámica de la prensa sea determinada por los gustos del lector ni que éste acepte sin vacilar lo impreso por el periódico de su preferencia. Entre ambos extremos media aquello que, encauzado por la hegemonía discursiva de la época, establece un decible global sobre el que es dado opinar. El discurso discurre en un sendero cuyos márgenes fijan los temas que preocupan a la sociedad y las maneras en que ésta puede hacerlo. Nuevamente es Sarmiento quien se percata de las reglas que rigen este juego y se muestra seguro del triunfo de las ideas que suscribe, a pesar de las dilaciones que pueden ocasionar algunos sectores retardatarios

 

[...] lo que se vitupera en nuestra prensa (sin que nosotros lo aprobemos) es que, sin proponérselo, sigue el movimiento general de la parte civilizada y pensante de la especie humana, pues a ese movimiento adhieren la Francia, la Holanda, la Italia, etcétera. ¿Cree El Eco de Córdoba que van mal por ese camino? Pero no es desde un pueblo interior de nuestra América del sur que se imprimirá una marcha retrógrada a la humanidad. La ignorancia de la masa deja en descubierto al centenar de individuos que con llamar impío a Renan, judío al Salvador, masón a éste, liberal al otro, creen que se han conquistado un título para ponerse de punta contra lo que de más elevado tiene hoy el mundo civilizado.(Sarmiento, D.F 2001: 206)

 

Y Sarmiento no titubea al afirmar que “hay indiferentismo religioso, por más que El Eco, La Unión, de creación reciente, La Voz ronca de la iglesia y El Despertador, estén poniendo sinapismos, cáusticos y ventosas sajadas a este paralítico.” (Sarmiento, D.F 2001: 206) Es decir que para el sanjuanino nada puede hacer la prensa ultrapampeana para resucitar una forma de religiosidad que se encuentra en extinción. Y así será, al menos en lo que respecta al propio El Eco de Córdoba que desaparece dos años después aunque la posta del discurso ultrapampeano es tomada por Los Principios.

 

 

3. A manera de conclusión

 

Si el liberalismo apuesta a la educación popular como medio de conseguir que los pobladores de este país se transformen en ciudadanos, el pensamiento conservador afirma que la religión  es el único reaseguro que tiene el país para conseguir que los habitantes respeten sus deberes de ciudadanos, aunque a ellos antepongan la defensa de su propia ideología. La presión del discurso modernizador empujará a los detentadores del pensamiento tradicionalista a tomar el guante que les es arrojado y responder al desafío retomando los temas impuestos por aquellos,  devolviéndolos aggiornados para favorecer su aceptación.  Este movimiento estratégico busca la convergencia de los intereses particulares con la preocupación por la evolución de la cosa pública y señala un clivaje en el discurso conservador en el que para poder sumar voluntades necesita quitarle a la oposición los tópicos de mayor éxito. Lo que se debate no es sólo el problema de la educación y de quien debe impartirla, lo que se disputa es el modelo de país. Estrechamente unida a esta cuestión se encuentra el concepto de intelectual orgánico. Así designa Gramsci a  quienes llevan adelante estos procesos de transformación. Este nuevo intelectual se caracteriza por su participación activa como constructor y organizador  de la nueva administración. Por tal motivo, cada grupo social que pretende el dominio del estado lucha por la asimilación y conquista de los intelectuales tradicionales, cosa que es tanto más rápida y eficaz,  en la medida en que cada grupo estructura sus propios intelectuales orgánicos. Gramsci sostiene que los intelectuales son los empleados del grupo dominante para el ejercício de las funciones subalternas de la hegemonía social y del gobierno político, logrando el consenso espontáneo de la población a las directivas impuestas por el grupo dominante. De allí la importancia de la educación y la polémica que que se desata pone de manifiesto la importancia que tiene para los distintos sectores mantenerla bajo su control. Pero no es menor la trascendencia de lograr una fluida circulación de las ideas que pretenden alcanzar los grupos en conflicto para estimular a su público cautivo pero buscando extender aún más la influencia de su discurso. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Angenot, Marc (1998) Interdiscursividades. De hegemonías y disidencias. Córdoba, Editorial Universidad Nacional de Córdoba

Ávalos, Ángel (1910) Pensamiento y acción, Córdoba, Imprenta Argentina

Bianco,  José (1894) Enseñanza Pública, Córdoba (s/d)

Gramsci, Antonio (2000) Los intelectuales y la organización de la cultura. Buenos Aires, Nueva Visión

Sarmiento, Domingo, F. (2001). Obras Completas, t. XLVIII . Buenos Aires, Universidad Nacional de La Matanza

Weinberg, Gregorio (1995) Modelos educativos en la historia de América Latina, Buenos Aires, A-Z editora