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UNA APROXIMACIÓN A LA RELACIÓN ENTRE TERRITORIO, PAISAJE Y POBLACIÓN, Y SU INCIDENCIA EN EL FENÓMENO DE LAS INUNDACIONES.

 gracielamendiaz@hotmail.com

Autores: DI BERNARDO, E. *¨; BRACALENTI, L.*¨; LAGORIO, L.*;  MENDÍAZ, G*.; ([1]) ([2])

Centro de Estudios del Ambiente Humano – Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño – Universidad Nacional de Rosario

 

RESUMEN

Tal como lo proponen las presentes jornadas bajo la genérica denominación de Pensamiento Argentino, el objetivo de este trabajo es sumar una reflexión –en el marco de la reunión convocada por la Universidad como ámbito institucional y público de elaboración y confrontación de producción intelectual- a fin de constituir una base para recomponer el compromiso social e integrar el pensamiento y la acción en torno a las grandes problemáticas nacionales.

 

En tal sentido, se espera poder compartir una serie de conceptos e ideas referenciales de diferentes trabajos realizados y en curso, asociados con la problemática ambiental en tanto definición genérica relativa a las complejas y dinámicas relaciones establecidas entre naturaleza y sociedad. Los aspectos inherentes a esta problemática se ven ahora reanimados por una necesidad evidente de vincular el estudio del pasado con el examen de las formas complejas que adquiere el presente y con sus conflictos irresueltos en la memoria colectiva.

 

Entre estos últimos, adquiere especial significación el constituido por la reciente inundación de la Provincia de Santa Fe y sus terribles consecuencias, asumida como una de las catástrofes socio-ambientales más graves por las que atraviesa el país. Sin desatender el peso de las variables naturales, ni de los tremendos costos económicos implícitos en la solución de los problemas desencadenados, una primera aproximación a los hechos pone en evidencia ausencias significativas en el campo de las políticas públicas y en su desarticulación con los ámbitos académico-científicos y de participación social.

 

En este marco, partiendo de la hipótesis que sostiene que las acciones dirigidas a solucionar los problemas de nuestra realidad, se generan a partir de ideas generalmente disgregadas, provenientes de un tipo de pensamiento muy influenciado por la ciencia reduccionista, se considera posible optimizar las modalidades de interpretación y solución de los problemas, mediante abordajes integradores que valorizan la óptica de la ciencia postnormal y el trabajo interdisciplinario.

 

En el marco planteado, se tratan particularmente las cuestiones referidas a la mencionada desarticulación y a su incidencia en la problemática ambiental metropolitana, haciendo especial énfasis en la relación entre territorio y población a través de las nociones operativas de paisaje, patrimonio y calidad ambiental y desde una perspectiva integradora, indispensable para el abordaje de estas problemáticas complejas y dinámicas. 


INTRODUCCIÓN

En nuestro país, los problemas urbanos han sido tratados de modo fragmentario e independientemente de las estrategias de desarrollo, y se han abordado, en general, desde la perspectiva de los programas de vivienda de interés social y de dotación de servicios e infraestructura. Este tipo de políticas ha mostrado tener pocos efectos positivos sobre la calidad del hábitat (en un sentido integral), muy por el contrario, éste ha seguido deteriorándose a pesar de que se ha concentrado una proporción considerable de las inversiones en dichos rubros. Por ello, es fundamental y urgente repensar acerca de los mecanismos adoptados para afrontar los problemas complejos que tienen lugar en las áreas urbanizadas de nuestra región, y su congruencia, tanto con los modelos de desarrollo existentes como con la realidad económico-social.

 

Se pone claramente en evidencia el aumento de la dicotomía entre los grupos incorporados a la sociedad formal y los grupos marginados, haciendo que esas dos culturas heterogéneas perdiesen muchos lazos tradicionales que anteriormente les permitían, aunque en forma precaria, ser compatibles.

 

Más que un simple reflejo de la heterogeneidad económica y social, las metrópolis de nuestro país, como en el resto de Latinoamérica, exhiben hoy la contradicción que caracteriza la dualidad de nuestras estructuras sociales y económicas. Por un lado, las islas de modernismo que paradigmatizan el proceso de la sociedad formal, conteniendo la ciudad formal, el estado formal y la economía formal. Por el otro, el mare nostrum de la pobreza donde se ubica el imperio de la informalidad económica, social, política y urbana.

 

DESARROLLO

La necesidad de cambios en el paradigma urbano actual, en un contexto de crisis, es ineludible. Y superar la crisis urbana implica privilegiar el análisis de procesos más que de situaciones o problemas, considerando que el estudio de estos últimos obedece más a valorizaciones sociales, contingencias políticas o modas que a un esfuerzo científico de compresión de la ciudad. Por proceso se entiende toda transformación continuada y relevante en la organización interna del fenómeno al cual se pretende dar una solución. Privilegiar el análisis como proceso permite llegar a identificar las leyes de transformación por medio de las cuales la totalidad bajo estudio está siendo reestructurada continuamente, más que intentar descubrir las causas en sentido aislado. La cuestión es cómo hacerlo. En este sentido, esta postura ofrece posibilidades de ubicar a los problemas en relación con los procesos que hay detrás de ellos. Al estudiar un problema, debe entonces ponerse atención en los mecanismos, entendidos como los procesos específicos que generan problemas; pues, en definitiva, lo espacial, sea como forma o como estructura de relaciones, no tiene vida propia fuera de los procesos sociales.

 

Se considera que el análisis de la sustentabilidad ambiental urbana, requiere de un esquema holístico en relación a las problemáticas inherentes al desarrollo urbano: ([3])

 

·         sustentabilidad ecológica,

·         sustentabilidad productiva y competitiva.

·       sustentabilidad socio-política.

 

Las mismas representan tres grandes ejes que presentan las políticas urbanas. A saber: gobernabilidad, productividad-competitividad y sustentabilidad ecológica.

 

Como intenta constarse, la metodología señalada rebate el concepto de sustentabilidad encerrada en la esfera ecológica o sólo ligada a soportes naturales.

Carece de sentido o bien de escaso nivel para la comprensión de la sustentabilidad ambiental urbana, tan sólo el análisis desde la sustentabilidad ecológica, sin una correlación con la sustentabilidad socio-política y productiva-competitiva.

 

Se cree que este esquema puede permitir redefinir las prácticas, en sentido bourdiano, para una gestión ambiental más abarcativa y eficaz que viabilice una gestión participativa, tomando en cuenta los recursos naturales disponibles, sus aparatos de mediación tecnológica y conversión en servicios ambientales y urbanos; así como la incumbencia de otras aristas, por ejemplo las actitudes de los agentes de la comunidad local (políticos y socioeconómicos), a nivel individual o colectivo (Concejos Municipales, ONG,S, etc.) para la articulación/desarticulación o bien, la hechura de las políticas urbanas como políticas públicas.

 

Asimismo, dicho esquema puede ser útil para el diseño e implementación de políticas sociales que ataquen más las causas que las consecuencias de los efectos de la globalización económica, política, comunicacional y cultural con sus consecuentes fenómenos de exclusión, crisis de representatividad, pérdida de la identidad, etc.

 

Se proponen las siguientes líneas de reflexión:

 

·         La relación Sociedad- Naturaleza como un problema complejo. Noción de patrimonio y de calidad ambiental. El dominio de la naturaleza a través de la Historia. El poder tecnológico ilimitado: el mito de la reversibilidad.

 

Si bien las primeras aglomeraciones humanas mantenían un equilibrio con los otros ecosistemas, fundamentalmente por el escaso porcentaje de población urbana, algunas de ellas evidenciaban prematuramente conflictos que serían característicos de la relación naturaleza-sociedad. En efecto, además de las modalidades de relación social inherente a cada una de ellas, el desarrollo urbano dependía de la producción del excedente y por lo tanto de la potencialidad de su cuenca de abastecimiento. "La ciudad se fue delineando cada vez más como un complejo consumidor, y el resto de los ecosistemas –productivos, ajustables- como simples proveedores. Adquirió así, poco a poco, un rol de aglomerado parásito”. ([4])([5])

 

Dicho de otro modo, los asentamientos humanos son centros extractores de los ecosistemas que los rodean y de otros ubicados a gran distancia. Estos sistemas consumen y transforman grandes cantidades de energía y materia generando canales de salida de energía degradada y materia de menor calidad y utilidad que va a acumularse en áreas aledañas, afectando ecosistemas vinculados a éstas. Esto significa que cada sistema humano requiere de una cuenca de abastecimiento, y también de un sistema descomponedor o disipador de los desechos que genera. Esto implica un costo ambiental o “huella ecológica” ([6]) que dependerá del tamaño del asentamiento, la densidad de población, la complejidad del mismo, sus actividades dominantes, patrones de consumo, flujos de circulación y transporte, etc. Estas relaciones son poco consideradas en la gestión urbana y regional, lo que genera gran cantidad de conflictos en el funcionamiento de los ecosistemas que conforman la cuenca de abastecimiento y que tienen un nivel de ajuste determinado (A) y una limitada capacidad de carga (K) ([7]).

 

La sustentabilidad de un asentamiento humano está determinada por las características y el estado (ajustabilidad y capacidad de carga) de los ecosistemas en mosaico con los que se relaciona (balanceados, agrarios y urbanos) y con sus propias limitantes internas, (disponibilidad de servicios, habitación, espacios verdes, equipamiento, infraestructura, puestos de trabajo, etc.). El nivel de ajuste “A” de las unidades ecológicas mencionadas, resulta entonces un conocimiento al cual es necesario aproximarse para otorgarle una dimensión práctica a la noción de capacidad de carga, ya que el costo ecológico de mantenimiento urbano es sumamente útil como factor de control y por lo tanto debería ser calculado para cada ciudad.

 

Considerando que la gestión ambiental ([8]) tiene como objetivo general armonizar la relación entre los distintos componentes que conforman el mosaico de actividades antrópicas, la noción de capacidad de carga y sus variables de interés debieran ser también –en consecuencia-referentes significativos para la interpretación de los problemas y el planteo de alternativas sustentables. Esto significaría elaborar políticas, concretarlas en programas y ejecutarlas en proyectos cuyos impactos hayan sido considerados de acuerdo a los estados, capacidades, patrones de funcionamiento y límites de los sistemas y ecosistemas involucrados.

 

De hecho, y en contra de las tendencias vigentes, los asentamientos humanos no deberían alcanzar cualquier tamaño, ya que si bien, en teoría, una cuenca de abastecimiento puede ser ampliada incluyendo nuevas áreas, esto implica costos económicos y ecológicos irrecuperables. El avance indiscriminado de los sistemas consumidores y productivos sobre los naturales, ha producido y produce impactos de magnitud diversa, cuyos efectos sinérgicos y progresivos comprometen la estabilidad del planeta. Esto es indicativo de que si bien la capacidad fenomenal de la especie humana para generar información, ha posibilitado implementar mecanismos exitosos de adaptación al medio en el corto plazo, el carácter impactante de los mismos atenta contra sus posibilidades de supervivencia en el largo plazo.

 

Del mismo modo puede pensarse que dicha capacidad de producir información también permitiría –en el marco de un modelo de desarrollo que asuma la noción de sustentabilidad como referente- generar estrategias conducentes a un crecimiento racional de su nicho ecológico. En un proceso de estas características, sería necesario mantener la organización de los ecosistemas balanceados (basados en patrones de información con valor de adaptabilidad o supervivencia), la cual resulta indispensable en función de la estabilidad del mosaico antrópico. A fin de que esto sea posible, los patrones culturales deben modificarse sustancialmente, en tanto su condición primaria de flujos de información determinantes del uso y destino de los flujos energéticos y materiales en todo sistema humano.

 

La dimensión cultural es inherente a lo ambiental, aunque con frecuencia se le otorgue a este último concepto una dimensión eminentemente naturalista, ignorando la significación de la cultura en su acepción más amplia. De hecho, el carácter del paisaje antropizado (en sus diferentes escalas y niveles de complejidad) y su calidad, dependen del modelo de desarrollo socio-económico de cada comunidad, el cual está signado por patrones culturales endógenos y exógenos.

 

Aún cuando estos patrones definen las modalidades de transformación de los ecosistemas y la forma en que se utilizan los recursos, suelen no ser correctamente considerados en el análisis y en la praxis de los procesos de construcción colectiva del ambiente. Para revertir la situación, debiera encauzarse un proceso cultural que potencie e integre una mayor conciencia ambiental en los diferentes niveles de interacción socio-ambiental, siendo especialmente significativos aquellos responsables de la producción y aplicación del conocimiento y difusión masiva de la información pertinente. Dicha estrategia es importante, sobre todo considerando que la implementación orgánica de cualquier política alternativa sobre el medio antrópico, necesita del consenso colectivo, eslabón indispensable en todo proceso que pretenda implementar una modalidad un desarrollo socialmente equitativa y ecológicamente viable. No es posible apropiarse de lo que se desconoce, ni valorar lo considerado intrascendente.

 

La noción de patrimonio ([9]), de gran valor operativo, dada su tradición teórico-metodológica, en su concepción inclusiva de la dimensión ambiental ([10]), abre una perspectiva de singular importancia para otorgar entidad axiomática a los recursos, su origen, estado y relaciones significativas, y definir instancias de acción sobre los mismos a partir de marcos políticos y normativos que deben ser definidos a partir de nuevas consideraciones. No sólo para asignar valores ecológicos o económicos a recursos de muy diferente naturaleza, sino fundamentalmente para dar valor social a los mismos, aspecto éste último indispensable para otorgar sentido y por lo tanto operatividad a los contenidos y alcances de todo proceso de intervención basado en estrategias de autodeterminación y sustentabilidad.

 

Desde este punto de vista, es importante incorporar orgánicamente en los enfoques teórico-operativos orientados a resolver problemáticas ambientales en áreas antropizadas, el concepto de patrimonio ambiental, entendido como "la calidad de las relaciones entre una sociedad determinada y una porción discreta de naturaleza. Cuando existe un cierto equilibrio en esta relación como normalmente ocurre en las culturas vernáculas, se puede afirmar que las sociedades de dichas culturas - y extensivamente la humanidad - poseen cierto patrimonio ambiental. …Tal equilibrio está normalmente ligado a la relativa racionalidad o maduración visible en los procesos de antropización de la naturaleza. La construcción de una concepción ambiental patrimonial requiere una predisposición topofílica o sea una conducta afectiva con aquello que se busca aquilatar como patrimonio social. ([11])"

 

Esta dimensión de lo patrimonial, implica apropiación racional de lo natural en términos de calidad o valor ambiental, de modo que dicha antropización ( o culturalización ) sea equilibrada y sostenible. En este contexto, “el sitio, pre-patrimonial por así llamarlo, aparece como determinación y posibilidad del acto antrópico ( en tanto, instalación territorial consciente y compleja) y en esta condición, como cualidad esencial contributiva a la constitución del valor patrimonial. La antropización primaria o el gesto fundacional de instalación puede así ser entendido como un modo de lectura, interpretación o reconocimiento de la condición natural del sitio, de su cualidad de locus natural” ([12]).

 

Para la transformación y/o recuperación social, ecológica y productiva del territorio y de sus recursos en un contexto de racionalidad, es necesario conocer la dinámica organizacional de los flujos de información que están en juego, en tanto presiones de diverso tipo provenientes de diferentes sistemas y campos de opinión y decisión. En este marco, la gestión participativa del espacio constituye una variable inherente a la sustentabilidad del mismo, en tanto valida estrategias posibles consensuadas colectivamente.

 

Desde este punto de vista, podría decirse que la participación es un factor incidente en la transformación del espacio como hecho cultural y en la capacidad del mismo para perdurar en el tiempo y adaptarse a las perturbaciones. Un germen del genius loci, en tanto acontecimiento vinculado al espacio en sí y nexo entre la sociedad y el lugar ([13],).

 

El reconocimiento de la biodiversidad es también una clave para construir el criterio de patrimonio ambiental. Desde este punto de vista, es necesario elaborar información precisa sobre el funcionamiento, el estado y el tipo de servicio ambiental que prestan los ecosistemas naturales, como así también sobre su relación con el resto de los ecosistemas que conforman el mosaico, lo que incluye específicamente la acción antrópica sobre los mismos (conocimiento del comportamiento humano).

 

Como se ha mencionado, esta dimensión inclusiva de patrimonio, tiene como referente la noción de calidad ambiental, la cual está condicionada, aunque no en forma excluyente, por el nivel de antropización del medio. Por esa razón, en las grandes ciudades y en sus áreas de influencia, es donde este indicador resulta de mayor utilidad. Desde la ciencia ecológica, la calidad ambiental urbana se define como un indicador compuesto que integra la capacidad de sustentación, más ciertos parámetros cualitativos del hábitat como condiciones sanitarias (agua y aire puros) y de amenidad (vista panorámica, pendientes, espacios verdes, vegetación, etc.) ([14]) Cuando se menciona capacidad de sustentación como uno de los aspectos determinantes de la calidad ambiental de un sistema humano, está refiriéndose a una cuestión “no contemplada sistemáticamente por los “hacedores” de la ciudad como es la relación entre un sistema urbano y su área de mantenimiento vital”. ([15])

 

Si bien la definición de calidad ambiental que está indicada más arriba, implica un recorte que torna al concepto más operativo, relativizando la complejidad implícita en el concepto de calidad, es importante aclarar que mientras la capacidad de sustentación o “de carga” se mide básicamente en función de parámetros cuantificables, la evaluación de la calidad del medio (modificado y construido) y de los recursos disponibles, integra criterios referidos a la percepción, diferente para distintos sectores sociales y de compleja interpretación.

La cualidad patrimonial de un determinado ambiente antrópico podría sintetizarse como el adecuado nivel de ajuste entre los componentes de las estructuras dinámicas y estáticas del sistema, a partir del cual se establecen relaciones endógenas y exógenas sustentables en el tiempo entre las que se incluyen el reconocimiento y valoración social del mismo.

 

·         Falta de relaciones intersectoriales e interinstitucionales. Axialidad de lo "supuestamente" tangencial

 

En el intento de avanzar para identificar las causas más profundas de los poco satisfactorios resultados obtenidos en los esfuerzos latinoamericanos de planificación del desarrollo regional y urbano, creemos importante destacar la gravitación de los condicionamientos histórico-culturales (entre ellos: las articulaciones/desarticulaciones entre el poder político y científico-académico) de las respectivas realidades nacionales, dejando de lado criterios de carácter más formal en los que parecen haberse detenido mucho de los estudios realizados con el mismo propósito. Ello podría permitir trazar un camino más adecuado para evitar la continua idealización del papel y de las posibilidades de la planificación en sociedades dependientes en formación y, consecuentemente, la estéril tarea de diseñar y proponer estrategias y políticas de desarrollo regional y urbano que, al carecer de toda viabilidad política, se transforman en meros ejercicios académicos.

 

Una característica, al menos típicamente argentina, es la disociación entre componentes que debieran protagonizar sinérgicamente la realidad –en términos integrales- nacional. Los sectores dirigenciales, sociales, económicos, políticos, educativos no se interrelacionan del modo adecuado para la obtención del bien común. Se considera que dicha disociación –en buena medida-, está condicionada por la ausencia de interfases que viabilicen una eficiente vinculación.

 

Pero aquí tan sólo se reduce el análisis a la Universidad. La dirigencia política, en general, entiende que el rol de la Universidad es exclusivamente la formación profesionalista, ignorando que es parte de su misión la construcción de ciudadanos comprometidos con la resolución de los problemas de la sociedad que la sustenta. Paralelamente, los universitarios nos refugiamos en los claustros y desde allí se opina o critica con trabajos en ámbitos de discusión académica, lo cual quizás se justifique porque cada vez que se pretende desarrollar tareas de extensión, todo se vuelve complejo, pues se opera con categorías diversas.

 

Recientemente, ha ocurrido un grave desastre en la provincia de Santa Fe y la solución no es simple, además exige velocidad para dar respuesta social. Velocidad y calidad, dos pares de una variable importante.

 

No se quiere arriesgar, pues la solución es compleja y escapa al primitivismo de la asistencialidad, no se resuelve con bolsones de comida, ni chapas onduladas para el techo o bolsas de cemento. Por ejemplo, el barrio Centenario, representa una modalidad de solución al problema del habitat social, con deficiencias más que evidentes a lo largo de su tiempo de uso. exactamente inversa a la que se debiera haber planteado aunque algunos arquitectos se postren de rodillas ante él,. Hoy se plantea –entre otras posibilidades- la alternativa de su demolición, demostrando que entre las variables de localización y proyecto no se consideraron cuestiones básicas como el nivel de la ruta cercana, o las posibilidades reales de inserción social y adaptación al medio. El mesiánico arquitecto que lo proyectó ni siquiera miró al llegar al lugar (si alguna vez fue y estuvo en relación con la gente) el nivel de la ruta cercana. Otras alternativas planteadas como construir un terraplén alrededor para protegerlo del agua, ¿Implican realmente una solución a la complejidad del problema? ¿Qué hacer?: ¿llamar a un ingeniero hidráulico para construir un terraplén alrededor?.

 

De hecho no, ya que es imposible resolver conflictos complejos y dinámicos a través de abordajes reduccionistas, caracterizados por recortes disciplinarios.

 

 El problema debe encararse como un problema complejo y dinámico y esto lleva tiempo y es de difícil resolución pues, además, la universidad tiene un planteo reduccionista, visualizado en sus recortes disciplinarios.

 

Como bien afirma Silvio Funtowicz cuando el problema tiene pequeño grado de incertidumbre y las consecuencias de la decisión son poco significativas, nos encontramos frente a la ciencia normal. Pero cuando la inconmensurabilidad es significativa y las consecuencias de las decisiones complejas y graves, se advierte el ámbito de abordaje de la ciencia posnormal, en el cual resulta clave la intervención de un grupo extendido de evaluadores.

 

Una característica de este enfoque está dado porque no es posible poner un patrón común de medida, es decir, la comparabilidad es débil y no fuerte como en la ciencia normal que reduce el problema y permite la comparación con unidades idénticas, como sucede con la economía crematística en donde el precio lo pone el mercado, complicando así el vivir al imponer otorgar un valor económico en todos los ámbitos.

 

Para trabajar con este grupo extendido de evaluadores, entendemos, se debe operar a través del análisis multicriterio. Estos evaluadores deben pertenecer a disciplinas diversas: ingenieros hidráulicos, geólogos, urbanistas, arquitectos, politólogos, economistas, sociólogos, psicólogos, trabajadores sociales, meteorólogos, etc.

 

La condición esencial para la reunión de personas, debe ser la amplitud de criterio personal de los miembros que crean en el multicriterio y desconfien de las soluciones únicas y fácilmente evaluables. La no condición (lo que no se debe hacer) es que la reunión se fundamente en partidismos políticos.

 

 

·         Apropiación irracional de los recursos. La Sustentabilidad sólo es posible en el marco de una Cultura Sustentable. La importancia de socializar el conocimiento: no se puede apreciar lo desconocido, ni defender lo considerado intrascendente.

 

Los ecosistemas naturales se simplifican a medida que avanza el proceso civilizatorio, perdiendo biodiversidad e incorporando especies nuevas. Se fragmentan hasta un punto en que no pueden mantenerse o -como se ha indicado- se transforman en neo-ecosistemas. Estas alteraciones implican la pérdida de servicios o funciones ecológicas, lo que constituye un verdadero perjuicio para la sociedad humana.

 

Esta atemperación de los servicios que brindan los ecosistemas naturales (o sus remanentes) y los agro-productivos en áreas periurbanas, no debería formar parte de un proceso que inevitablemente signifique la anulación de los mismos. Una planificación racional del soporte, que incorpore a las variables tradicionales el valor de estos servicios ([16]) y por lo tanto implique la necesidad de conocer el funcionamiento de los ecosistemas involucrados y la influencia que sobre los mismos tienen las acciones antrópicas, permitiría proteger los recursos a través de un manejo adecuado del SP. Aún cuando partes de éste –inexorablemente- tenga que convertirse en ciudad.

 

Los criterios de ocupación de la tierra en tanto soporte de la dimensión construida y modificada por el hombre y las estrategias productivas implementadas, resultan axiales en todo proceso de desarrollo sustentable e –indivisiblemente asociado a esto- también lo es la valoración del suelo como recurso limitado y no renovable en el caso de la urbanización ([17])

 

La integración de la economía y la ecología surge ante la evidencia de que “el conocimiento de las funciones y los procesos, si no son estudiados y considerados como servicios ambientales y se les da valor, jamás podrán ser herramientas para este desarrollo económico” ([18]). Esta evidencia surge –sin embargo- tras un siglo y medio de evolución disciplinar independiente. Los conceptos de sustentabilidad y ecoeficiencia, articulan los campos epistemológicos respectivos y abren una perspectiva de gran validez científica y operativa

 

El objetivo de la economía ambiental se definió como la maximización del bienestar neto que proporcionan las actividades económicas, manteniendo al mismo tiempo, o aumentando, el patrimonio económico, ecológico y sociocultural a lo largo del tiempo. La economía ambiental subyace bajo el paradigma de la sustentabilidad, para el cual es relevante la integración de las inquietudes socio-ambientales en la adopción de las decisiones económicas. De hecho, estas decisiones están orientadas a lograr la asignación eficiente de los recursos y por lo tanto a optimizar las relaciones que rigen la economía.

 

En este marco, los objetivos planteados en el artículo 8 de la Agenda 21, programa que intenta articular los objetivos sociales, económicos y ambientales del desarrollo, son elocuentes:

a.         Incorporar los costos ambientales en las decisiones de productores y consumidores, a fin de invertir la tendencia a considerar el ambiente como “bien gratuito” y a traspasar esos costos a otros sectores de la sociedad, a otros países o a las generaciones futuras.

b.         Avanzar más hacia la integración de los costos sociales y ecológicos en las actividades económicas de manera que los precios reflejen en forma adecuada la relativa escasez y el valor total de los recursos y contribuyan a prevenir la degradación del ambiente.

c.         Incluir, en los casos en que proceda, la utilización de principios de mercado en la redacción de instrumentos y políticas económicas relacionadas con el desarrollo sostenible.

 

La economía ecológica está orientada a recuperar el sentido original de la economía como contabilidad de la casa, incluyendo además de los intercambios en los mercados, la contabilidad física de los intercambios con el medio ambiente, la economía doméstica, las economías de subsistencia y/o informales. ([19])

 

Uno de sus principios destacables es la consideración de la equidad como horizonte hacia el cual transitar. De hecho, la falta de justicia en la distribución de los recursos y en las posibilidades de apropiación, transformación, consumo y degradación de los mismos, constituyen rasgos fundamentales de la economía neoliberal globalizada. Esta preocupación por los problemas sociales y culturales está basada en que son considerados determinantes de las modalidades de consumo y por lo tanto en las incidencia ambientales de éste. Las estrategias de desarrollo sustentable deben garantizar la “forma de conseguir una mayor equidad intergeneracional” ([20]).

 

Valorar los ecosistemas implica tener conocimiento de ellos y comprender la importancia de su existencia (en tanto prestadores de funciones o servicios ambientales) para la población humana. Muchos recursos ambientales proporcionan servicios cuyos efectos no resultan evidentes. Estos recursos deben asignarse a los usos que reporten ganancias netas a la sociedad, lo que se evalúa comparando los beneficios económicos de cada uso menos sus costos.

 

Desde el punto de vista de la sustentabilidad, proveer servicios en lugar de vender productos crea un nuevo alineamiento potencial entre lo económicamente saludable y lo ambientalmente sano. Mudarse del valor de las cosas al valor de lo que proporcionan las cosas conduce a un cambio radical en el concepto de propiedad ([21]). Estas nociones pueden ser aplicables a las perspectivas de socializar la significación de los servicios ambientales, y al valor de los mismos. Dar a conocer, explicar y promover participación, como estrategias de protección y mantenimiento de los recursos ambientales.

 

 

 

·         El problema del suelo como recurso limitado y no renovable

 

Desde las diferentes disciplinas urbanísticas y territoriales, el suelo casi siempre ha sido contemplado como simple soporte físico de las diversas actividades humanas. Sin embargo, es indispensable conocer más acerca de las relaciones entre calidad ambiental y patrones de uso, aptitud del recurso como soporte urbano (no renovable), periurbano y rural limitado. Esta consideración está basada en la transformación prácticamente irreversible que implica la pavimentación masiva y extensiva de grandes superficies y las consecuencias de las actividades antrópicas –urbanas y rurales- que comprometen su integridad como recurso.

 

 

La ocupación indiscriminada del periurbano, fundamentalmente en las áreas metropolitanas y en espacios de valor ambiental, es un hecho que en mayor o menor medida tiene su correlato tanto en países desarrollados como en países periféricos. En líneas generales es posible afirmar que dentro de las diferentes clases de suelo en que la legislación urbanística “divide al territorio”, el no urbanizable ha sido, hasta épocas recientes, el menos estudiado, tanto por los profesionales de la urbanística aplicada, como entre los responsables de las decisiones políticas.

 

Firey ([22]), en su estudio clásico sobre Boston, identifica y analiza las corrientes teóricas que configuran la discusión epistemológica de la diferenciación espacial de los usos y los precios del suelo urbano. Analiza los postulados del "determinismo ecológico" desde un punto de vista culturalista. Cuestiona la concepción dominante de la relación entre sociedad y espacio según la cual las propiedades del espacio son datos naturales a los que los agentes sociales se adaptan pasivamente y el espacio físico es la variable causal independiente que determina la disposición espacial de las actividades humanas.

 

Según este autor, los modelos descriptivos idealizados tienen como objetivo determinar las regularidades observables en materia de ubicación e inducir leyes generales. Su falencia común es la incapacidad para explicar el modus operandi de las regularidades o leyes observadas. Se supone que las características naturales intrínsecas del espacio producen directamente las ubicaciones. El hecho social -entendido como el comportamiento o la fijación de un precio- es “naturalizado” y –como en las concepciones tradicionales- el fundamento de la renta sigue sin considerar el suelo y su escasez.

 

Los análisis históricos y actuales de las lógicas de valoración del capital sobre el suelo rural y urbanizable, han demostrado que ésta depende de lo que se puede hacer con él, pero la realidad indica y demanda que también debe valorarse lo que ya no podrá hacerse, además de las potencialidades ecológicas perdidas y las consecuencias futuras de ello.

 

A pesar de esto, y aún tras la profunda reflexión disciplinar llevada a cabo en los años ´70 y la “cultura del plan” alcanzada en los años ´80 (a través de las experiencias de Planeamiento democrático elaboradas en esos años), continúa el proceso de ocupación del suelo rural o no urbanizable sin que aparezcan medidas o regulaciones paliativas de sus consecuencias no deseadas. Los graves conflictos asociados a las inundaciones como “problema genérico”, tienen su germen en la problemática del uso del suelo.

 

Sólo desde las disciplinas de base territorial, colaterales hasta hace poco al Planeamiento urbanístico (como la Sociología Urbana, Economía Regional, o la Geografía) se disponía de instrumentos para entenderlo desde sus ópticas disciplinares, y explicar los procesos de su transformación. Pero la ausencia de instrumentos operativos en la legislación urbanística (o en los instrumentos de gestión) imposibilitaba que la gestión urbanística abordara la problemática del suelo rural o no urbanizable con análoga intensidad al urbano, relegándolo a un papel residual secundario y subsidiario del intraurbano y sus conflictos.

 

A partir del concepto de MIN ([23]), el equipo de trabajo del CEAH ha intentado proponer un modelo que contuviera sistemáticamente algunos de los indicadores considerados fundamentales a fin de dar cuenta de la problemática ambiental vinculada al concepto de sustentabilidad.

 

Con respecto a la viabilidad de implementar un modelo de recuperación de suelos como el arriba descripto, es importante comentar que frente a la dimensión catastrófica de la inundación en la ciudad de Santa Fe, existe un creciente interés político por tomar medidas que prevengan este tipo de eventos. El problema a resolver sobre estas áreas (que presentan riesgos de inundación sólo frente a crecidas extraordinarias) es la ocupación efectiva a través de usos compatibles con su rol territorial que no impliquen altos costos de inversión y mantenimiento, pero que -a través de su localización- ejerzan la cautela de las mismas frente a ocupaciones formales e informales de actividades incompatibles.

 

En este marco y a nivel local, se presenta la posibilidad de ajustar las reglamentaciones de las ordenanzas municipales de inundación  vigentes en el Municipio de Rosario, las cuales han sido desatendidas en numerosas oportunidades con las consecuentes ocupaciones indebidas.

 

Paralelamente, es oportuno relatar (por su relación con lo comentado previamente) que como alternativa a la crisis económica y a la desocupación[24], en el Municipio de Rosario se ha implementado un Programa de Agricultura Orgánica Urbana hace poco más de un año, en el marco del cual están funcionando más de 600 huertas comunitarias (existen otras por fuera del Programa), ubicadas en sectores intersticiales urbanos y periurbanos. La necesidad de otorgar una tenencia más segura del suelo ocupado y de localizar este uso en forma adecuada, ha determinado la posibilidad de planificarlo en áreas aptas “no urbanizables” (entre ellas están incluidas las inundables) dentro del municipio.

 

Es importante mencionar que el éxito de Programa está relacionado con la gran cantidad de mano de obra disponible pero a la vez con la existencia de saberes y aptitudes que caracterizan a la población marginal, formada por un altísimo porcentaje de inmigrantes de origen rural.

 

El conocimiento popular (integrante del elenco de componentes del llamado patrimonio débil) abona la diversidad cultural, la cual suele correlacionarse con la diversidad biológica atendiendo a la significación de ambas en los funcionamientos de los sistemas de referencia. Sin embargo, es importante aclarar que un altísimo porcentaje de la información cultural producida no tiene valor de adaptabilidad o subsistencia. En el caso de la biodiversidad, es un hecho probado su relevancia en la sustentabilidad de los ecosistemas naturales y de los sistemas antrópicos que de éstos dependen [25], (los mecanismos naturales de autoregulación han ido desapareciendo con la pérdida de biodiversidad, en la medida que aumenta el flujo de información antrópica que permite altas productividades a costa del irreversible deterioro del soporte productivo).

 

Sin embargo, está claro que la información producida y concentrada en un ámbito acotado como la ciudad, permite el intercambio de ideas y experiencias. Estas circunstancias desencadenaron a través de la historia y aún hoy, un proceso que caracteriza al hecho urbano: la complejización de todos los patrones de comportamiento social, desde aquellos más simples y cotidianos hasta los vinculados con el desarrollo artístico, religioso, político, etc. Y en este marco se dan las circunstancias para que el conocimiento local y el exógeno generen cambios e innovaciones que permiten o no nuevos estados del sistema.

 

Volviendo al ejemplo local, en el caso particular de la relación que se establece entre la necesidad social generada por la crisis (Población marginal con aptitudes desarrolladas), la oferta de contención oficial (Programa de AU) y la disponibilidad del recurso (Áreas inundables sobre las que existe voluntad política de evitar la urbanización), parece darse la “propiedad de la pieza del rompecabezas”, ya mencionada. Es posible este supuesto, considerando la sinergia de los hechos vinculados al  proceso que ha tenido lugar hasta el momento:

 

·         la producción de alimentos para el autoconsumo (vegetales frescos y de calidad) implica un ahorro de dinero y además la posibilidad de intercambio o trueque por otros alimentos o la generación de un ingreso genuino por la venta de los mismos,

·         la movilización de recursos locales al estimular el desarrollo de otras micro-empresas relacionadas,

·         la AU es -hasta el momento en Rosario- una estrategia importante para la  integración social (son numerosas las experiencias desarrolladas entre el municipio y las organizaciones comunitarias, vecinales, ONGs, religiosas, etc.), a través de los cuales se han involucrado distintos sectores de la sociedad,

·         la práctica de la AU desempeña un rol importante en el manejo del medio ambiente [26]. Eso se ha manifestado como impacto positivo, legible a través de diversos indicadores, como el “enverdecimiento” y la limpieza de la ciudad, a través de la transformación de terrenos baldíos abandonados (por lo general usados como basurales informales), o de  espacios vacantes y enmalezados, en zonas verdes mantenidas y protegidas de posibles ocupaciones inadecuadas. Además es importante tener presente que para la agricultura urbana, los residuos urbanos constituyen un insumo y un recurso productivo si se gestionan de manera correcta y se procesan para la producción de abono para las huertas, el cual se convierte en mercancía cuando se destina a la venta.

 

El desarrollo futuro del proceso permitirá evaluar si se trata efectivamente de un emprendimiento desencadenante de efectos positivos para la sustentabilidad de los sectores urbanos involucrados. En principio, considerando la gran demanda social de suelo para la localización de más huertas, la viabilidad de radicación en áreas no urbanizables desocupadas mediante mecanismos de gestión que están siendo estudiados para su organización y agilización, la posibilidad de planificar la territorialización de las actividades inherentes a la AU y de diseñar racionalmente las huertas como componentes del paisaje urbano y periurbano, y las alternativas de diversificación y comercialización que este tipo de producción presenta, esta experiencia se perfila como un proceso potencialmente capaz de aportar variables de ajuste al sistema y de sostenerlos –mediante el adecuado control de los procedimientos- en el tiempo.

 



¨ Investigadores de Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario

([1]) Proyecto “Área metropolitana de Rosario: Parámetros y pautas para el análisis y proyecto de un ambiente sustentable”. PID 2001. Secretaría de Ciencia y Tecnología (SCyT), Universidad Nacional de Rosario (UNR). Director DI BERNARDO E. Equipo de trabajo: CEAH-FAPD-UNR

([2]) Proyecto PICT “Estrategias para la recuperación del soporte natural para el área metropolitana de Rosario en el marco de la ley Nº 11.717 de la Prov. de Santa Fe”.2002 Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica Director Di Bernardo,  E. Equipo de trabajo: CEAH-FAPD-UNR

([3]) Fernández, Roberto (comp.),  Territorio, Sociedad y Desarrollo Sustentable. CIAM, Espacio Editorial, Bs. As., 1999.

([4]) El nicho flexible de la especie humana (dominante), ha dado como resultado una organización en mosaico que incluye ecosistemas balanceados (ecosistemas nativos poco disturbados) o sus remanentes, (bosques, pasturas naturales, etc.), los cuáles coexisten en un inestable equilibrio con los ecosistemas productivos (agroecosistemas) y con los consumidores (urbanos, con estrategias ambientales de bajísimo poder autoajustable). La supervivencia de la especie humana depende de una relación armónica entre las unidades del mosaico. En “Ecología de Sistemas Urbanos” Cap. 4. Montenegro, Raúl. Maestría en gestión Ambiental del Desarrollo Urbano. Universidad de Mar del Plata. Programa Editorial del Centro de Investigaciones Ambientales. 2000

([5]) Los ecosistemas balanceados o “unidades ambientales” se caracterizan porque en ellos se cumplen determinadas condiciones, tales como tener una cierta fisonomía o estructura distintivas y con límites, tener componentes bióticos y abióticos que interactúen entre sí y contribuyan a la primera condición evidenciada por su homogeneidad y su superficie y volumen acotados. Presentan altos valores de diversidad biológica y ecológica, gran capacidad de autorregulación y adaptación, y alta estabilidad estructural. IBIDEM.

([6]) El concepto de huella ecológica refiere al costo ambiental per cápita que implica el funcionamiento de un asentamiento humano. REES 1992.

([7]) "La capacidad de carga es el número de habitantes (K) con cierto consumo per cápita (F), que puede mantener un cierto sistema acotado (E) durante un determinado tiempo (t). Ese tiempo dependerá del nivel de ajuste (A) que mantenga la unidad ecológica en cuestión…". Por lo tanto, "todo aumento de la capacidad de carga, si no se construye con mecanismos de sustentabilidad, dura tanto como los recursos que lo alimentan; si el recurso colapsa por erosión de la variable "A", "K" colapsa. Op. Cit en (5)

([8]) "La gestión ambiental involucra la política, administración y legislación de un espacio jurisdiccional o interjurisdiccional dado" (Montenegro). Puede entenderse como la "articulación de un conjunto amplio de recursos humanos, financieros, organizacionales y políticos" (Morello) para que funcione un sistema determinado.

([9]) La noción de patrimonio es inescindible de su caracterización histórica: en extremo, no hay prácticamente idea de corpus patrimonial sin una historicidad o referencialidad histórica determinada. La idea de pieza, objeto o bien patrimonial – y también, la noción de monumento – es tal, sobre todo, por su condición de retener inscripciones o huellas de un pasado histórico más o menos dilatado. De allí que prevalezcan, en la terminología técnica, toda una serie de palabras con comienzan con el prefijo re, que significa volver a, recuperar el equilibrio de un tiempo ideal anterior. Fernández, Roberto. En "Obra del Tiempo. Ensayos de introducción a la Teoría y la Práctica de la Gestión Integral del Patrimonio Urbano-Arquitectónico". Maestría Internacional en Rehabilitación del Patrimonio Edificado CICOP

([10]) A partir de la omnipresencia de lo ambiental americano - la Hylea de Humboldt - se trata de postular la preponderancia de un patrimonio ambiental (en tanto manifestación de relaciones sociedad / naturaleza) en lugar del clásico concepto de patrimonio cultural. La noción de patrimonio ambiental conlleva a una concepción no coleccionística ni privatista de lo patrimonial; por lo tanto, en extremo, a una visión no objetualista ni clasificadora de fragmentos discretos y selectos de la materialidad susceptible de adquirir valor patrimonial devenido de su diferencialidad. Este argumento ambiental, opuesto asimismo al naturalismo ecologista, se propone evaluar la significación del sitio como pre-determinación del gesto objetual social. Op. Cit en (5)

([11]) Op. Cit en (5)

([12]) Op. Cit en (6)

([13]) En “Modelo interdisciplinario para el abordaje de espacios abiertos metropolitanos”. Di Bernardo et al. Publicado en Actas Congreso “Paisaje y Desarrollo sustentable. FAPyD. UNR 2002 Rosario

([14]) En “Sistemas Naturales y su entorno natural”. Separata A/mbiente. Espacio Editora. 1984

([15]) Prudkin, N. Op. Cit. En (10)

([16]) Bertolotti, M.I. En “Economía Ambiental, regional y urbana” Facultad de Arquitectura, Urbanismo, y Diseño. Universidad Nacional de Mar del Plata.1998.

([17]) Fernández Fernández, R.. “Estudio sobre el Urbanismo y la Protección de los recursos naturales” Ministerio de Fomento Dirección General de la Vivienda, la Arquitectura y el Urbanismo. Madrid. 1996

([18]) Morello,J. Pengue, W. En “Oportunidades de la articulación entre la economía y la ecología” Presentado en I Reunión Binacional de Ecología. S. C. Bariloche. 2001

 

([20]) Geddes, Podolinsky, Soddy. En “Los principios de la Economía Ecológica”. Martínez Allier, J. Ed. Argentaria. 1995.

([21]) En “Rumbo a otra revolución Industrial” Senge, P.; y Carstedt, G. Sloan Management Review Association. 2001

([22]) “Land Use in Central Boston” Cambridge, Harvard University Press

([23])  Proyecto PIP “Configuración del Mosaico Interconectado de Naturaleza. Una estrategia para la sustentabilidad del área metropolitana de Rosario” 1999 CONICET. Director DI BERNARDO E. Equipo de trabajo: CEAH-FAPD-UNR

([24]) Un 60,9% de la población del área metropolitana de Rosario, en su mayoría mujeres, viven debajo de la línea de pobreza. La mitad (un 29,6%) directamente son indigentes (NBI)

([25]) Desde la noción del conjunto presente en la definición de “mosaico antrópico”, la biodiversidad de un ecosistema terrestre nativo es sumamente importante, en tanto componente de su ajustabilidad. De hecho, entre las variables que definen la capacidad de organización y ajustabilidad de los ecosistemas (“A” Montenegro 1989) [25] se encuentra la información biótica (diversidad específica -diversidad de especies característica de un ecosistema-, diversidad cultural -parcialmente asimilable al fenotipo- y diversidad genética -total de variantes genéticas en una población, genomas-); de la información abiótica; de la geodiversidad; de la diversidad macro y micro climática; de la superficie y volumen del ecosistema; del aislamiento y del tiempo. Esta ajustabilidad “A”, se obtiene mediante un cierto arreglo de especies en un cierto espacio y tiempo gracias a la propiedad de pieza de rompecabezas” Wilson E.O.. The Diversity of Life. Norton Ed. 1969. En (1).   La noción de ecodiversidad o diversidad ecológica “E” [25] resulta de la interacción entre tres sistemas: la geodiversidad, la diversidad climática y la diversidad biológica y constituye un parámetro interesante para reflexionar acerca de la sustentabilidad de los sistemas humanos complejos. De hecho, Las variables líderes definidas por Montenegro para el estudio de la ajustabilidad de los ecosistemas son superficie, volumen y densidad ecológica. La geodiversidad incluye todos los soportes estructurales de la vida (atmósfera, hidrósfera, litósfera y sus componentes de menor escala). Es función de cuatro subdiversidades principales: Diversidad topográfica o topodiversidad, que describe todos los geomorfismos de las superficies de contacto entre atmósfera, hidrósfera y litósfera; la diversidad biotópica que representa la compleja oferta de microambientes  de los organismos vivos tomados como soporte, desde las arrecifes de coral o las viviendas humanas; la diversidad química de la atmósfera, hidrósfera y litósfera, y la diversidad de las estructuras de las matrices, de las características del flujo y persistencia de las mismas.

([26]) Datos recogidos durante los talleres participativos del proyecto “Optimización del uso del suelo vacante para la AU”,  revelan que el 47% de los terrenos ocupados por los agricultores urbanos correspondía a localizaciones de basurales informales.