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Ingenieros, o la ética funcional

                                                                       

                                                                                    Susana Raquel Barbosa

susanabarbosa@fibertel.com.ar

 

            La producción filosófica de Ingenieros ha sido insuficientemente estimada por los historiadores de las ideas. Coriolano Alberini no ahorra juicios descalificatorios cuando en su referencia al intelectual dice que es una "manifestación tardía aunque más difundida y ruidosa del haeckelismo argentino... Autor de numerosos escritos de tipo divulgativo, simétricos y compuestos con fácil claridad pedagógica"[1].            

            En la obra póstuma Las fuerzas morales[2] (1925) Ingenieros presenta los 'sermones laicos' que completan su idea de una 'ética funcional'. Y así como El hombre mediocre[3] (1914) había constituido la crítica de la moralidad, Hacia una moral sin dogmas[4] (1917) representaba su propia teoría de la moralidad (FM: 9).

 

            La consideración acerca de la posibilidad de una ética en Ingenieros conduce a la previa revista de su idea de condición humana. De acuerdo a postulados elementales del positivismo en los que se inscribe nuestro autor, el problema del hombre se reduce a sus fenómenos psíquicos y la disciplina que lo estudia no es la antropología sino la psicología biológica o biologicista. En sus Principios de Psicología[5] (1911), Ingenieros había realizado una ponderación disciplinaria en cuya pirámide y en forma descendente, se ubicaban las ciencias físico-químicas, las biológicas y las psicológicas. De acuerdo a ello el hombre era un ser con funciones psíquicas de carácter biológico, y la psicología una 'ciencia natural de las funciones psíquicas de los seres vivientes'.

 

            Ingenieros combate contra dos frentes, contra el espiritualismo y contra el experimentalismo. Critica al espiritualismo por adoptar los datos de la psicología biológica  y que a la vez  impugna sus hipótesis. El espiritualismo, dice, "afirma la excelencia del método intuitivo en oposición al experimental; concibe la intuición filosófica como una facultad anterior a la experiencia y superior a la formación natural de las hipótesis. En su aplicación a la psicología se resuelve de hecho en una rehabilitación de la introspección y de los antiguos métodos especulativos" (PP, IX). En el otro frente se ubica el experimentalismo, tendencia a la cual Ingenieros objeta su "estrechez filosófica" (ib.). Su propósito, que parece tender al equilibrio entre el mero intuicionismo o su reverso, el nudo experimentalismo, no descarta sin embargo la experiencia misma.

 

            Pero avanzo de a poco. Una de las fuentes principales de la formación científica de Ingenieros entre 1911 y 1914 en Heidelberg había sido la física de Mach, considerado como el Hume decimonónico. Su interés cognoscitivo, que giraba en torno al estudio de la naturaleza y al rol de principios y conceptos de la mecánica, se habían puesto de manifiesto en Die Analyse der Empfindungen und das Verhältnis des Physischen zum Psychischen (1900, Análisis de las sensaciones y la relación de lo físico y lo psíquico) y Erkenntnis und Irrtum, Skizzen zur Psychologie der Forschung (1905, Conocimiento y error. Bosquejos para la psicología de la investigación). Ingenieros cita ambas obras en su Principios de Psicología. ¿Cuál es el núcleo de la teoría de conocimiento de Mach? Puedo conocer sensaciones, fenómenos, funciones. El yo es un complejo de impresiones y afecciones. Fuera de las sensaciones no hay algo así como cuerpos o cosas porque no hay un dualismo que divida lo psíquico de lo físico. Esta concepción, que junto a la de Avenarius se engloba bajo el nombre de empiriocriticismo, parte de las ciencias y llega a una filosofía de la experiencia -o interpretación fenomenista de la experiencia- y a una visión del mundo que trata de superar la oposición materialismo-idealismo.

 

            También Ingenieros parte de las ciencias para buscar una 'metafísica de la experiencia' o una 'filosofía científica'; también Ingenieros evita aquellas dos tendencias, materialismo e idealismo. Pero el idealismo no es la idealidad presente en su ética. El idealismo que evita es la postura gnoseológica que carga al sujeto con todas las competencias necesarias para poner un mundo. En cambio, la 'idealidad' presente en su ética funcional opera como fin, tiene una función teleológico-estratégica. Es como la meta en virtud de la cual los seres se conducen socialmente; es una motivación con fuerza práctica.

  

            Para Ingenieros, la Experiencia -que escribe con mayúscula- es la fuente de todo conocimiento posible, siempre provisorio, limitado y relativo. Los seres vivos, incluido el hombre, están sometidos a la acción del medio inestable en el que viven, acción que se expresa mediante excitaciones. Son éstas, las que al alterar el equilibrio de los seres, inducen a los organismos a emitir reacciones adaptativas para recobrar el equilibrio. Con ello se inicia un proceso continuo de adaptación de los seres al medio variable. Desde este medio se determina en los seres reaccionantes, la 'formación natural de la experiencia'[6]. La teoría de la Experiencia de nuestro autor es compleja y aquí solamente desarrollo aspectos que pueden dilucidar la génesis de su moral.

            La pirámide de las ciencias que mencionamos antes ni está dada por la tradición ni es una creación intelectual; para Ingenieros "la Experiencia social determina las líneas generales de la ciencia y de la filosofía posibles en cada época", configurándose entonces éstas en forma natural "en función del medio social". 

           

            Ideales. El filósofo argentino entabla una lucha teórica aguda para encontrar defectos en los idealismos o 'neoidealismos', pero la 'idealidad' como tópico, reitero, es el núcleo vivo de su ética 'funcional' cuyo desarrollo es el de una moral idealista. "El ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección". El ideal es una suerte de creencia, es la formación natural configurada desde la experiencia, que es fundamento de toda hipótesis legítima. "No es arriesgado pensar -dice Ingenieros en HM: 10- que en la ética venidera florecerá un idealismo moral, independiente de dogmas religiosos y de apriorismos metafísicos". Este idealismo entonces supone la autonomía de la esfera moral. Ingenieros sabe que en ética el problema de no es el planteo de sus problemas sino su fundamentación (Schopenhauer), pero es consciente que su ética no la exige.

 

            Fuerzas Morales. "Las fuerzas morales son plásticas ... como las costumbres y las instituciones. No son tangibles ni mensurables... Dan elocuencia al apóstol cuando predica su credo... Sostienen al filósofo que medita largas noches insomnes, al poeta que canta un dolor..., al sabio que enciende una chispa de su crisol, al utopista que persigue una perfección ilusoria", FM: 11). Estas fuerzas variables no caben en mandatos ni son 'virtudes de catálogo', y por tanto, no exigen obediencia ni se alcanzan con ejemplaridad. Son 'moralidad viva' y enfrentan tanto la armonía platónica como el justo medio aristotélico, porque lo eterno niega la variabilidad y la virtud como pacto entre la perfección y el vicio da la espalda a las auténticas virtudes, 'las fuerzas que obran en tensión activa hacia la perfección' y también son fuerzas 'funcionales' y 'generadoras' (ib.: 13).         

            En primer lugar la tensión de las fuerzas morales es activa, no es tensión que haya que superar sino más bien asumir. ¿Cuál es el otro polo de esas fuerzas? Las fuerzas inmorales y retrógradas, las que miran atrás y siguen el paso de la historia. Para ver su funcionalidad se ha de recordar el lugar que ocupa la moral en la división de las ciencias del sistema de nuestro autor, es una ciencia psicológica reintegrada en el dominio de la biología. Como resultado natural de la Experiencia humana, cada ciencia, en tanto instrumento de la función biológica, tiende a adaptar cada ser o grupo social al medio en que vive -la adaptación sin embargo, como vemos infra no se traduce necesariamente en obediencia mecánica-. De allí que la constante que aparece en estos tres textos sea la inestabilidad, precariedad, y variabilidad del equilibrio. Finalmente las fuerzas morales son generadoras, potencian su configuración en las generaciones jóvenes, son productivas. "Más que enseñarlas o difundirlas, conviene despertarlas en la juventud que virtualmente las posee" (ib.:13).   

 

            Personalidad. Para Ingenieros, como para Nietzsche, la personalidad no constituye un tópico menor. Propio del historicismo, de los idealismos trascendental y absoluto de la filosofía centroeuropea de fin del siglo XIX, el héroe, el genio, el santo, constituyen los modelos que habrá de seguir toda comunidad. Ingenieros y Nietzsche elaboran una moral de elite es cierto; pero, para dar un mero ejemplo, Habermas hace lo mismo desde la sofisticación embozante de una teoría más refinada. "No imites al siervo que se envilece para aumentar la ración de su escudilla. Desprecia al corruptor y compadece al corrupto. Desafía ... el encono y maledicencia de ambos, pues nunca podrán afectar lo más seguramente tuyo de ti: tu personalidad" (FM: 52). En El hombre mediocre la personalidad es lo que abisma al hombre singular del hombre incoloro, sin nombre ni excelencias, viciado por el dogma y el prejuicio, rutinizado en sus prácticas atávicas. "La personalidad individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los demás" (HM: 40). El hombre mediocre es un "producto adventicio del medio, de las circunstancias..., de las personas que los tutelan"; tienen eco en lugar de voz, penumbra en lugar de sombra, vegetan pero no viven, no aprenden pero tampoco enseñan, evaporan su tedio en insipidez, no tienen coraje moral.   

            Al aliento de la personalidad del ser singular se aproxima una amenaza, el racismo que subyace como base del mito de superioridad de algunos. El hecho que la teoría de Ingenieros también aspire a una moral social no compensa lo anterior aunque puede atenuarlo. Damis observa que "es un pensador de transición. Esta es la razón por la que afronta una dialéctica inevitable: entre el sistema armonioso que da cuenta del mundo y el germen de disolución interna de una época en crisis"[7].

 

            Evolución y Progreso. En su Psicología Ingenieros plantea un concepto funcional de evolución que afirma 'la transformación de todo lo que existe' y que se confirma en todos los dominios de la Experiencia. Luego expone el desarrollo de esa teoría de Goethe a Spencer sin olvidar sus deficiencias[8]. En su ética habla de progreso. Los ideales son principios de perfectibilidad que guían a las fuerzas de moralidad; los ideales se renuevan y las generaciones jóvenes los concretan. "El progreso es un resultado de la lucha entre la variación y la herencia. Lo que resiste a morir se opone a lo que necesita nacer. Los hombres y las instituciones achacosas son obstáculos al devenir de hombres e instituciones viriles. Lo ya inadaptable estorba" (FM: 106). La explícita atribución de mediocridad, pereza, conformismo y enmohecimiento a la generación de los padres revela un decandentismo algo anticuado. Y ello parece confirmar dos cosas: que acaso la intuición de Alberini  acerca de Ingenieros como manifestación tardía esté en lo cierto,  y constata la idea de Damis sobre su carácter de pensador de transición. En todo caso fue también el moralista solitario.

           

            Concluyo. La ética funcional de Ingenieros es fácilmente objetable, cosa que ha realizado la historia de las ideas filosóficas. Lo cierto es que en su teoría filosófica hizo lugar a la moral como rama de la psicología y que, con vocación de sistema, pensó para su desarrollo en los textos que hemos comentado. Tomo cuatro críticas imputables a su moral: no tiene universalidad, no es justificable, no representó el esfuerzo de la racionalidad rioplatense, no hay lugar para la libertad. Con respecto a la universalidad es un tema del que Ingenieros era absolutamente consciente, no sólo por el supuesto de la variabilidad de la realidad sino por su crítica a la ética vuelta dogma, con principios, normas y valores fijos. De la segunda crítica, que involucra el orden de justificación de su ética, Ingenieros se desentendió; y ello por cuanto esta esfera apuntaba a una ética inexistente, a una ética del porvenir. Las fuerzas morales pregnantes en el futuro habrían de determinarla, de acuerdo a los ideales concebidos como hipótesis de perfectibilidad. La tercera de las críticas es la más grave, descalifica su propuesta como ajena a nuestro pensamiento. Sin embargo Biagini[9] ha mostrado lo contrario a través del estudio de la Revista de Filosofía de Ingenieros y Ponce. "Al examinar la Revista ... comprobamos no sólo que ella no ha sido presa fácil de actitudes extranjerizantes sino que, desde sus mismos comienzos, ha cultivado la temática nacional; sea analizando nuestra problemática cultural o las ideas de nuestros pensadores, sea evidenciando una preocupación permanente por el desenvolvimiento intelectual de los demás países latinoamericanos". Finalmente, el tema de la libertad parece inconcebible en una teoría determinista. Sin embargo la libertad, aunque limitada en su expresión, se introduce anexada a la voluntad. "Se envilece a la juventud aconsejándole el fácil camino de las servidumbres lucrativas... Quien ame la grandeza de su pueblo debe enseñar que el buen camino suele resultar el más difícil... No merecen llamarse libres los que declinan su dignidad. Con temperamentos mansos se forman turbas arrebañadas, capaces de servir pero no de querer" (FM: 54). Hay una moral que inunda todo y en la que es fácil insertarse, la moral burocrática. "Desdeñe la juventud esos falsos valores... Burlándose de ellos, el hombre libre es un amo natural de todos los necios que los admiran. Respetando la virtud y el mérito, antes que el rango y la influencia, aprenderán los jóvenes a emanciparse de la servidumbre moral". La libertad es libertad negativa, o la voluntad de desviarse de las prácticas masivas, voluntad para desobedecer según la propia ley. Pero con ello volvemos al tema del genio.           

 

 

 

 

 

 



    [1]Coriolano Alberini, "La filosofía alemana en la Argentina", en  Problemas de la historia de las ideas filosóficas en la Argentina, Instituto de Estudios Sociales y del Pensamiento Argentino, Departamento de Filosofía, Facultad de Humanidades y ciencias de la Educación, UNLP, 1966; p.62.

    [2]J. Ingenieros, Las fuerzas morales, Losada, Buenos Aires, 1968, 3º edición [FM].

    [3]J. Ingenieros, El hombre mediocre, Losada, Buenos Aires, 1996, 21º edición [HM].

    [4]J. Ingenieros, Hacia una Moral sin Dogmas, Buenos Aires, Elmer, 1954.

    [5]J. Ingenieros, Principios de Psicología, Buenos Aires, Rosso y Cía., 1916 [PP].

    [6]"La formación natural de la experiencia, implicada en el proceso de adaptación de todo ser vivo en su medio, condiciona la función de conocer, cuyo resultado se llama Conocimiento", PP, Introducción.

    [7]J. L. Damis, "José Ingenieros (1877-1925", en H. Biagini (comp.), El movimiento positivista argentino, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1985; pp.527-538.

    [8]Luego de las múltiples fallas que han podido señalarse quedan en pie, sin embargo "la unidad de los real (monismo), se transforma incesantemente (evolucionismo) por causas naturales (determinismo). Así formuladas, nos parece que ellas persistirán en toda filosofía del porvenir que aspire a no estar en contradicción con los resultados de la experiencia", PP: I.

    [9]H. Biagini, Filosofía Americana e identidad, Eudeba, Buenos Aires, 1989; p.149.