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Prólogo del libro de Carlos Astrada "Encuentro en la Dialectica".  Por Rosa Nassif

Prólogo

Lo medular del libro que prologamos documenta el encuentro de Carlos Astrada -uno de los más significativos y fecundos filósofos argentinos- con Mao Tsetung, el gran conductor de la China revolucionaria.

Aparecerá el mismo en el año en que se cumple el centenario del nacimiento de Astrada y a pocos meses de haberse cumplido los cien años del nacimiento de Mao Tsetung, y es por ello un justo y merecido homencde a ambos.

En estas páginas veremos reflejado el encuentro del filósofo argentino, de vasta cultura, con 'el poeta y hombre de amplia cultura filosófica' que supo integrar las verdades universales del marxismo a la realidad de la Revolución China.  Este encuentro se dará en todos los terrenos, como se expresa en los dos artículos que se publican; en ellos se refleja no sólo el entusiasmo de Astrada por el desarrollo de la dialéctica materialista que caracteriza toda la obra de Mao Tsetung sino que también es nítido su apasionamiento al ver, en concreto, la integración de la teoría -a través de la práctica de las grandes masas de China dirigidas por el Partido Comunistaa la realidad de la construcción socialista.

Astrada no sólo nos relatará su diálogo con Mao Tsetung sino que asumirá una encendida defensa de las Comunas Populares, de la Revolución Cultural Proletaria, de las luchas de liberación nacional, de la dictadura del proletariado -entendida como la más amplia democracia de masas y de otros temas cruciales que eran ferozmente atacados por los imperialistas y por los revisionistas del marxismo.  Es esta actitud comprometida de Astrada -que sin duda es.una de las claves de toda su vida- la que permite entender el cuidadoso ocultamiento que tanto las clases dominantes como la "izquierda» prosoviética han hecho de estos textos, silenciamiento -que aún hoy abarca al conjunto de la obra de Carlos Astrada.

Así como hay una lógica interna, objetiva, en el porqué del ocultamiento de la gigantesca y multifacética producción de Carlos Astrada, entendemos que hay una lógica.similar que él asume cuando conoce la realidad de la construcción socialista en China y su sustento teórico, y es la que sostuvo toda su vida.  Para Astrada el filosofar no podía ser mera especulación o contemplación sino "activa y apasionada búsqueda de la verdad', que obliga al hombre, tanto en lo individual como en lo social a decidirse '..por o contra algo, en virtud de una convicción.  No creo -dice Astrada- que se pueda tener por igualmente válidas todas las cosmovisiones; esa pretensión es pusilánime».  ' ... toda convicción implica un compromiso ineludible" .

Esta convicción lo llevará a romper con el oscurantismo clerical y la estrechez intelectual de la Córdoba de principios de siglo, abandonar la carrera de Derecho y dedicarse a la filosofía; consigue una beca para estudiar en Europa con los grandes maestros de la filosofía burguesa de esa época: Scheler, Husserl, Heidegger, Hartman, Reinhart y otros que enseñan en las principales universidades alemanas.  Totalmente ajeno a la actitud dependiente de gran parte de la intelectualidad argentina, que mira a Europa presta a imitar una tras otras las diversas modas metropolitanas, Astrada tendrá siempre una actitud de investigación y estudio, a la vez critica y respetuosa, que lo hará ser particularmente valorado por esos grandes pensadores.

Es de observar que será Astrada el primero en señalar la discontinuidad y hasta oposición entre Husserl y Heidegger.  A la vez, de la indagación critica de la obra del autor de Ser y Tiempo, sacará la conclusión de que éste "radicaliza los problemas de la última etapa de la filosofía burguesa, lo cual implica en el fondo la disolución de esa filosofía y, a la vez, una radicalización de la conciencia histórica'.Desde este rescate de la historicidad, que lo diferenciará de Heidegger y lo acercará a Hegel, señalará Astrada: "Para Heidegger el concepto de existencia humana es por completo neutral (metafísico), para mi no lo es', 'la existencia humana tiene su concreción histórica, social, económica y espiritual" . Desde esta "convicción' descubrirá en la dialéctica, primero en su faz idealista con Hegel, y luego con Marx, el necesario horizonte de su filosofar.  Estas ideas están ya, embrionariamente, en su primer libro de 1933: El Juego Existencial, y aparecerán totalmente desplegadas treinta años después en La Doble Faz de la Dialéctica.  En este libro (del que se reproduce un capítulo fundamental), aparece nítidamente no sólo las respuestas de Astrada a los grandes problemas planteados sino su propio proceso de búsqueda; nos dirá que con Hegel culmina una fase de la dialéctica,'la idealista y que, desde Marx se abre paso la faz materialista de la dialéctica.

Astrada aporta a la comprensión de un aspecto fundamental de la filosofía marxista, a nuestro entender tan importante como el entendimiento de que el marxismo es un nuevo materialismo: el materialismo dialéctico (y no la simple suma del "método' dialéctico con el materialismo anterior "mecanicista' como de hecho interpretó Stalin y dominó en todos los partidos comunistas que se educaron con el capítulo IV, del Compendio de historia del P.C.U.S.); del mismo modo, como lo profundizará Astrada, se trata de una nueva dialéctica por la cual Marx "revierte la dialéctica hegeliana hacia la vertiente del acaecer real'.  Esto implicará no sólo el carácter materialista de la dialéctica sino que, en consonancia con el propio carácter de ' lo real concreto'.-definido como es sabido por Marx como 'la unidad de lo múltiple, único e irrepetible"-desarrollará una dialéctica mucho mas compleja En lugar del devenir hegeliano concebido como 'un proceso lógico-dialéctico de una estructura intemporal y trascendente',, tanto para Marx como para Lenin y Mao -' los dos grandes renovadores de la dialéctica', al decir de Astrada, la dialéctica no sólo se orienta en sentidos diversos, sino contradictorios, que se resuelven todos en sentido ascendente como distintos aspectos de un proceso revolucionario unitario. 'Una dialéctica en que las cualidades contradictorias son múltiples' lo que no excluye sino que exige determinar en cada momento cuál es la contradicción principal, "la que se desenvuelve como motor de todo el proceso'.  Estos tópicos los despliega Astrada en ' La Doble Faz de la Dialéctica'.  En el capítulo que se reproduce, "la simultaneidad de las contradicciones" será ejemplificada con textos de Marx y en particular con el de Mao: Sobre la justa resolución de las contradicciones en el seno del pueblo (que también se publica en sus partes fundamentales).

Se comprende perfectamente, siguiendo el hilo de la búsqueda y elaboración de Carlos Astrada, que éste se encuentre con Mao Tsetung y que, de acuerdo a sus más íntimas convicciones, se sienta 'moral e ideológicamente obligado a tomar partido'.  No es casual que Astrada termine diciendo en uno de sus últimos reportoves, realizado en 1969, un año antes de su muerte, cuando se le pregunta ¿Cómo se definiría a sí mismo?: 'Recordaría aquello que dijo Alain con punzante claridad, 'el hombre es una toma de partido'

Para comprender en plenitud lo que significa que un filósofo de la envergadura de Astrada, reconocida mundialmente, tome la posición que toma caracterizando a Mao como 'el líder de la revolución mundial anticolonialista y antiimperialista, en el país monitor del socialismo", es necesario tener presente la situación mundial de aquel momento: el período que va de 1959 a 1969. (La entrevista de Astrada con Mao Tsetung se realiza en agosto de 1960 y los artículos son de 1965 y 1968).

Es un período de intenso debate en el Movimiento Comunista Internacional, posterior al XY Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, realizado en 1956, que inicia un curso revisionista que culminará en 1957, con la restauración capitalista en la URSS (Mao caracterizará más tarde -en 1964-a la URSS de "socialimperialista', socialista de palabra e imperialista en los hechos).

Están en debate todos los temas que recorrerá Astrada en sus artículos: coexistencia y tránsito pacífico del capitalismo al socialismo; actitud frente a los movimientos de liberación nacional; e-Xageración de la evitabilidad de la guerra; valoración de la dictadura del proletariado y relación entre el partido y las masas; valoración de Stalin (en relación a si el peligro principal es el revisionismo o el dogmatismo).

Este debate va a tener como protagonistas principales al PCUS y al PC de China; recién se hace público en 1959, luego de la entrevista Jruschov-Eisenhower, pero la polémica chino-soviética viene de mucho antes (se expresa por ejemplo, en el documento del PCCH del 29112156 : "Otra vez acerca de la experiencia histórica del proletariado").  A partir de 1960 la URSS retira los técnicos de China y anula unilateralmente todos los acuerdos (Astrada recordará que de las conversaciones que mantuvo con algunos profesores univer-' sitarios pudo inferir las causas cuando le dieron a entender lo que equivalía. a: 'Nos quisieron hacer colonia').

En 1963, BE.  UU. y la URSS firman el tratado de prohibición de pruebas nucleares con el fin de privar a China del arma atómica (Astrada es el primero en traer la noticia fehaciente de que China ya dispone de la bomba atómica).  En 1963, el P15 de China aprueba un documento en la que se hace una crítica global a la línea revisionista del PCUS.  En 1964 el PCUS aprueba 'el informe Suslov en el que se califica la línea del PC de China de 'pequeño burguesa nacionalista y neotroskista' (El PC de la Argentina, fiel al PCUS, sacará un folleto contra "los sistemáticos troskizantes chinos).

La polémica chino-soviética se expresará no sólo en todos los partidos comunistas, sino en toda la izquierda y en todos los Foros Internacionales (Astrada lo refleja nítidamente, criticando la pos¡ción del PC de la Argentina sin nombrarlo, y de la delegación del 'Consejo de la Paz' que participa del Congreso de Helsinki, que tiene una posición de 'obsecuencia pacifista', pretendiendo acallar la denuncia de la agresión imperialista yanqui al sudeste asiático (en febrero de 1965 comienza el bombardeo sistemático de los yanquis a Vietnam del Norte).  Astrada criticará también a Risieri Frondizi, refiriéndose irónicamente a la "brillante'presencia en la delegación de "un ex-rector plagiario, entiéndase bien, ex-rector pero no ex plagiario',- téngase presente que durante su rectorado en la UBA, considerado 'progresista', se legitima la separación de Astrada de sus cátedras, ganadas por concurso y se catapulta al estrellato a profesores mediocres como Rodolfo Mondolfo, gran tergiversador del marxismo y de la filosofía en general.  En este período y en el siguiente, con Fernández Long y Rolando García, crece la, corriente neopositivista y ncokantiana, sostén filosófico del cientificismo proimperialista que primará en la Universidad a partir del 56 y al que Astrada critica en Dialéctica y Positivismo Lógico.

Agregamos estos datos para ilustrar mejor lo que nosotros entendemos como la 'lógica» del proceso de Astrada y la 'Lógica' del ataque y ocultamiento de su obra; escapa a las posibilidades de este prólogo referirnos a otro aspecto fundamental de la producción de Astrada: el que hace a la relación de lo nacional y lo internacional como parte de la dialéctica de lo particular y lo universal, y que no tiene poco que ver con lo que señalamos.

Obviamente, todo el debate qué señalamos se reflejó en el interior del PC. de China, en el que sur,-,e una corriente oportunista de derecha que atacará la línea de Mao Tsetung, con argumentos muy similares al de los soviéticos.  Como aparece con nitidez en la conversación de Mao con Astrada, el centro de las críticas atacan a la línea de las Comunas Populares, a la que Mao considera 'nuestro más trascendental aporte para la construcción del socialismo en la República Popular China", y que es uno de los tantos ejemplos que Astrada destaca de "integración del marxismo a la realidad de la Revolución China".

¿Qué son las Comunas Populares?  Son una organización económica, política, administrativa y militar en las que las m£~ pueden participar directamente ejerciendo el poder.  Estaba7i vinculadas a zonas industriales (o incluían pequeñas fábricas), lo que permitía integrar la planificación de la producción @pecuaria con la industrial y la progresiva incorporación de los campesinos a la industria.

Al mismo tiempo tomaba medidas administrativas -educación, justicia, distribución- y políticas, todo en medio de una lucha por la participación activa del conjunto de los miembros de la Comuna, en la discusión y en la decisión de los 'pequeños' y grandes temas que hacen al ejercicio del poder en concreto.  Además, como la Comuna era la base de la milicia popular permitía avanzar en la organización autónoma del pueblo.

Este camino seguido en China, que permitió pasar del equipo de ayuda mutua a las cooperativas de primero y de segundo grado, para llegar finalmente a la Comuna, significaba de hecho una valoración crítica, diferente a la de los soviéticos, de las consecuencias que había significado en la conciencia de las masas la permanencia de relaciones de producción consideradas transitorias, como la de los koljoses (cooperativas de campesinos).  Astrada, lúcidamente advertirá la profunda concepción filosófica que subyace en la línea de las Comunas Populares y expresará su convicción de que 'ellas están destinadas a ser el nervio de la construcción socialista en China».  Tan es así que cuando, dos años después de la muerte de Mao, en 1978, se restaura el capitalismo en China, lo primero que se ataca son las Comunas y se restablece la explotación familiar del agro que había sido la base milenario del feudalismo en China.

La línea de las Comunas Populares'-al igual que la del Gran Salto Adelante- tiene como trasfondo, junto a una consecuente concepción dialéctica, la integración de la teoría de la revolución ininterrumpida -permanente-, con la de la revolución por etapas. Esta concepción de la necesidad de llevar permanentemente la revolución hasta el fin aparece explicitada ya en 1850, en el mensoúe de Marx y Engels a la Liga de los Comunistas (Astrada acota que esta concepción está ya en Hegel), donde éstos se¿íalan que para el proletariado y su partido 'el grito de guerra debe ser: la revolución permanente".  Esta concepción tan desarrollada por Lenin quedará nítida en la Revolución Cultural Proletaria, a la que Astrada dedicará lo fundamental de su segundo artículo.

Nos parece importante, también, la lectura del artículo de André Malraux, parte de su!  Antimemorias a las que Astrada hace referencia y que se incluye en esta edición.  Como éste señala, no podría el entonces Ministro de Cultura de De Gaulle dejar de 'infinltrar un poco de veneno que no puede faltar en la pluma del gran escritor de las postrimerías de la cultura europea',- sin embargo, el testimonio de Malraux -uno de los pocos que hay del período previo a la Revolución Cultural- refleja aspectos sustanciales del pensamiento maoista (además de anunciar que el líder chino estaba dispuesto a intervenir de nuevo y lo haría desencadenando la Revolución Cultural).  El nudo de este pensamiento radica, como le dice a Malraux, en la comprensión de que la revolución debe continuar "tanto tiempo cuanto exista el riesgo de volver atrás». insistiendo en que la revolución no puede ser un sentimiento del pasado (como era en la URSS y otros países), W solamente la estabilización de una victoria' sino '7a lucha de las masas y de los cuadros durante muchas generaciones' En el mismo sentido, argumenta Mao en varios artículos incluidos en el V tomo de sus Obras Escogidas (libro sacado de circulación por el PCCH después del 78).  En uno de ellos de 1956 -en plenos sucesos de Hungría- dice que no es de marxistas temerle a la lucha, « ... el desequilibrio, la contradicción, la lucha y el desarrollo son permanentes, en tanto que el equilibrio y el reposo son relativos.  Relativo significa temporal y condicionales.

 

Insistirá que en el futuro serán necesarias nuevas revoluciones: "Cuando el imperialismo haya sido derrocado en el mundo entero y las clases hayan desaparecido, ¿qué piensan ustedes, habrá o no habrá revolución?  Yo pienso que sí".

¿Qué fue de la Revolución Cultural Proletaria a la que Astrada tan calurosamente defiende?  Fue, como dirá Mao Tsetung en carta a su esposa Chiang Ching (véase Apéndice primero, págs. 93-95), "un ensayo en serio', donde éste moviliza a las grandes masas para defender la d ' ictadura del proletariado e impedir que en China -como había sucedido en la URSS- se restaure el capitalismo.  Esta revolucíón -la primera que se hace bajo la dictadura del proletariado-, dirigida por el CC del PC de China encabezado por Mao, enfrentará a "los seguidores del camino capitalista dentro del Partido» que representan los intereses de la burguesía. (Muchos de los que fueron derrotados en la Revolución Cultural, como Teng Siaoping, están conduciendo el actual curso capitalista en China).

Mao Tsetung retomará las enseñanzas de los últimos años de Lenin (no advertidas por Stalin) de que durante la construcción del socialismo (etapa de transición del capitalismo al comunismo) existen clases y lucha de clases y que ésta es aún más encarnizada que antes que el proletariado tome el poder; y que la burguesía y las demás clases explotadoras intentarán una y otra vez retomar el mismo.  Para impedirlo, y aprendiendo de lo sucedido en la URSS, Mao lanza la Revolución Cultural: una gigantesca revolución que abarcará todos los terrenos (cultural, ideológico, económico) pero que será, fundamentalmente, una gran lucha política por el poder, en las condiciones de la dictadura del proletariado.

Como señala con agudeza teórica Astrada, será "una integración de la teoría de la revolución ininterrumpida a la construcción del socialismo: la teoría de la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado".  El más grande aporte teórico de Mao Tsetung a la teoría marxista.  La Revolución Cultural Proletaria fue la forma concreta de movilización de las masas para continuar la revolución.  El éxito de la misma impidió durante diez años la restauración del capitalismo en China y dejó un tesoro de enseñanzas para los revolucionarios, que aún falta estudiar.

Sin embargo, la Revolución Cultural no pudo evitar que el capitalismo se restaurara finalmente en China.  Que esto podía suceder lo sabia Mao Tsetung, como queda claro en la carta que mencionamos anteriormente, escrita en 1966 en pleno apogeo de la Revolución Cultural.  Mao reflexiona en ella sobre lo que han hecho la mayoría de los Partidos Comunistas con Marx y Lenin para concluir: ¡Qué no harán con nosotros!'.  Señala que muy probablemente a su muerte la derecha dará un golpe anticomunista en China pero "no conocerá tampoco la paz y su dominación será de corta vida".  Y termina, como él dice, con sus consabidas frases: 'las perspectivas son brillantes pero el camino tiene _vueltas y revueltas".  En realidad, apretada síntesis de una concepción' profundamente dialéctica que recorrerá toda la obra  práctica y teórica de Mao Tsetung- y en particular sus textos filosóficos (Acerca de la práctica, Acerca de la contradicción, Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, ésta última estudiada en Profundidad por Carlos Astrada).  Y es esta concepción la raíz más profunda de la poderosa impresión que produce en Astrada el contacto, 'la convivencia en el diálogo" con Mao Tsetung.  Que ésta es recíproca podemos inferirlo de que Mao dialogará con Astrada durante más de tres horas, sobre los más variados temas, y en el pedido que le hará dos años más tarde al escritor Bernardo Kordon, de que salude de su parte "al filósofo Carlos Astrada' ' - único nombre que menciona según consta Kordon en su libro Reportaje a China.

Hemos tratado de fundamentar por qué nos parece un proceso coherente, con una lógica interna el que lleva al encuentro final entre Carlos Astrada y Mao Tsetung.  Queremos dejar claro también que de ningún modo pretendemos presentar a Astrada como un filósofo que adhiere sin diferencias, ni matices, al marxismo.  Una prueba de que no es así la tenemos en uno de los trabajos que se incluyen, donde Astrada critica formulaciones de Engels y de Lenin sobre la "teoría del reflejo' (véase págs. 66-69), aunque destaca, allí y en otro artículo polémico (véase nota 6, págs. 78-80), que no niega el carácter dialécico de la concepción del conocimiento como 'reflejo' -,y que el mecanicismo' que él señala haría sólo a aspectos parciales y secundarios de Engels y Lenin.

Sin embargo, Astrada va a acentuar la unidad estructural, inseparable de la relación Sujeto-Objeto.  Mantiene en esto, según entendemos, una diferencia importante con el punto de vista materialista dialéctico, marxista, que sostiene que junto a la relación, a la unidad dialéctica de Sujeto-Objeto, en todas las etapas del proceso del conocimiento es imprescindible comprender la existencia objetiva con independencia del Sujeto y del proceso de conocimiento, del Objeto; y que en esto reside la diferencia esencial entre idealismo y materialismo.

 

No obstante, lo que queremos reafirmar es nuestra. coincidencia con Astrada cuando polemiza -como lo hace en el reportaje que ya mencionamos- con quienes le adjudican un viraje en su posición filosófica (en parte para justificar sus propios 'virajes') desde el existencialismo al marxismo.  Es esta una visión distorsionada y simplificada del proceso de búsqueda racional y apasionada toma de partido que caracteriza, a nuestro entender, la vida y la obra de Carlos Astrada.  Como él mismo señala, su disidencia con Heidegger, 'con su inquietante lección, data de hace 36 años' (1933), y sus coincidencias con los puntos de vista del materialismo dialéctico e histórico - también de larga data- fueron crecientes, aunque mantuvo siempre sus diferencias y su particular punto de vista.  Lo que no le impidió -sino por el contrario- defender las realizaciones de China socialista y los aportes teóricos de Mao Tsetung, en un momento en que -salvo un pequeño núcleo de verdaderos marxistas-, la 'izquierda' que tantas veces difamó a Astrada y en particular el coro digitado por el Partido Comunista de la Argentina, tomaba el camino del revisionismo abierto y la traición a la revolución.  Se explica entonces por qué, esta izquierda -siempre enemistada con la dialéctica y próxima al positivismo y al neokantismo- haya coincidido más de una vez con la reacción oligarquica en el ataque a Astrada y coincide hoy en el silenciamiento de su gigantesca obra.

Con la derrota del proletariado en China se ha cerrado una etapa en el proceso revolucionario que se había abierto cuando la clase obrera logró tomar el poder.  La burguesía y el imperialismo tanto en el Este como en el Oeste- festejan creyendo a esta derrota definitiva e imaginando, como siempre, que son capaces de detener la dialéctica de la historia.  En estas circunstancias adquiere una particular significación la convicción de Carlos Astrada sobre la 'dialéctica de la esperanza, de "la esperanza sabia, cognoscente, la que avanza a través de todos los obstáculos'.  'Es por su propia dialéctica y a través de sus alternativas, de un mínimo y de un máximo de esperanza, incluso mediante sus transitorias frustraciones, que la esperanza abre su surco en la conciencia de los hombres, la que va reflotando, con todas sus peripecias, el proceso histórico como marcha hacia un contenido dialéctico mediado por el proceso mismo, como avance hacia un mundo mejor. un novum abierto y siempre inconcluso'.

 

Rosa Nassif