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Ponencia: de la  Antropóloga, Lic. HILDA JOSEFINA CAPITANO

Aporte a algunos aspectos de las relaciones sociales  en la Cultura Argentina.(*)

A modo de Introducción 

 

La necesidad de una comunicación entre las personas y entre los grupos que ellas forman en una sociedad, crean múltiples tipos de relaciones en el campo político, económico y social de un país. A medida que se van complejizando, se convierten en verdaderos sistemas, con sus elementos y reglas reguladoras que, en forma espontánea e inconsciente, se entretejen como una  urdimbre, en la cual toda Cultura imprime su sello particular.

Abordaremos en este trabajo algunos aspectos de las relaciones sociales que se gestaron entre los habitantes de nuestro país, desde la época fundacional hasta el presente, ya fuese en el ambiente rural, en el suburbano, o en el urbano, así como se señalará las que se desprenderán de la sociedad portuaria que se desarrolló en las orillas del río de Solís.

 

1.      En el ámbito rural y pueblerino

La colonización española se fue jalonando, a lo largo del territorio, por ‘mojones’ de civilización representados por estancias dedicadas a la explotación de los recursos naturales que se ofrecían, dando vida a un comercio de intercambio bastante fluido a través de largas distancias a cubrir.

      Las tierras cedidas a estos colonizadores dieron origen a un feudalismo criollo, ya que en nuestro territorio tuvo características propias. El señor feudal no pudo contar con la misma estructura social sobre la que descansaba su poderío en España, es decir la mesnada. Con ella contaba para todas sus necesidades. Por el contrario, para las tareas de su estancia debió conformarse con un tipo de población nacida y criada según las características de la región, de carácter libre e independiente. Los descendientes que lo heredaron nacidos en el país, fuesen mestizos reconocidos o producto de unión con mujeres europeas, fueron los continuadores de una sociedad patriarcal y autocrática.

Con el correr del tiempo, se fueron formando cerca de las estancias algunas ranchadas con gente que buscaba protección en tiempo de los malones. Este hecho generó lo que se podría denominar familia extensa, ya que cobijaba bajo su techo parientes directos e indirectos, esclavos, las familias de la peonada, etc. Conformada con ese criterio, todo estaba bajo la mirada vigilante de la figura patriarcal del  patrón quien ejercía, casi despóticamente, la dirección de su establecimiento. El establecimiento era centro de irradiación de una sociedad en formación. Por lo tanto, representaban una   fuerza creadora centrífuga.

El señor feudal criollo, hombre ya consustanciado con el medio geográfico y social que le tocaba vivir, reunía en sus manos el poder político, económico y social de su feudo. Era, por lo tanto, autocrático, pero puertas adentro de su feudo. A veces, cuando la figura del señor feudal se fundía con la del caudillo en una misma persona, su poder político se podía extender a una región más amplia, es decir puertas afuera, sin  perder su carácter de autocrático.

1.1. Características de la población criolla rural

Por estar en contacto con mujeres esclavas africanas e indias, tanto de los señores feudales como de la soldadesca española, se gestó una población que crecía libremente, sin ataduras sociales ni religiosas. Generalmente, esos retoños no conocían su origen paterno. Herederos de sangre mora, india o africana, estos hombres y mujeres llevarán consigo características étnicas que le darán un perfil particular. Se los llamará gauchos y chinas, con lo que se definía su origen. La mujer criolla vivió apegada al pago, ya sea a la ranchada o bien acompañará a su hombre al rancho que le destine.

El gaucho, hombre libre e independiente, vivió rodeado de una naturaleza virgen poderosa de la que recibía su energía, y le hizo físicamente fuerte. De vida algo errante y solitaria, era callado. Su contacto con lo social se daba en los encuentros en las pulperías donde se mostraba dicharachero y decidor si la ginebra o el truco lo incitaban a la palabra, y a veces, a la pelea. Era sencillo en sus pretensiones y carecía de ambición porque vivía en el presente. De allí la generosidad mostrada en muchas de sus acciones, llevadas a cabo sin la intención de ser recompensadas.

En una suerte de relación que se originaba por circunstancias casuales y esporádicas, se ponía de manifiesto su generosidad al ayudar a alguien,  favor éste que no tenía el carácter especu-

lativo. A estas acciones se las llamaba ‘gauchadas’. Otras, por defender una causa que creía justa, ponía en  juego su valentía, y a veces, su vida. Eran las consabidas ‘hombradas’.

Si se aquerenciaba a un pago, solía responder al llamado del señor feudal para tareas del campo que le eran propias. Si éste era un caudillo, lo acompañaba formando montoneras, no por las razones políticas o económicas que movían al jefe, sino por respeto y admiración al hombre fuerte. Peleaba a lo indio, individualmente, a caballo, valiéndose de boleadoras, facón o tacuara. En estas embestidas se le iba la vida, al saborearla mejor, y lo sacaba de la monotonía que lo rodeaba.

            Desde el punto de vista sociológico, no se ajustaba a las reglas de convivencia que generalmente acompañan al concepto individuo. Era, en todo caso, un ‘individualista’, y trataba de solucionar sus problemas o situaciones por sí solo. Sintetizando, podríamos decir que:

Su conducta estaba condicionada por el coraje y el desprecio a la muerte, la astucia para sobrevivir en un medio agreste, su carencia de ambiciones materiales, el valor de la amistad, su generosidad,  entre otras.

1.2. La transformación de las relaciones rurales a pueblerinas.

La convivencia de criollos en las inmediaciones de las estancias fue generando una suerte de relaciones más estables, identificables y duraderas. Tanto en estos establecimientos rurales como en las aldeas que se iban formando, se perfilaba una cultura del tipo “pueblerina”, al ir cambiando las relaciones individuales esporádicas en más permanentes. Si bien su individualismo seguía existiendo, las familias criollas conformaban ya una sociedad en gestación con individuos sujetos a ciertos deberes y obligaciones que imponía la vida comunitaria.

            Así, la gauchada adquiere otra característica, la de ser un lazo más latente de gratitud ahora fortalecido con la amistad y la simple convivencia con vecinos, ya que se  basaba en una solidaridad más permanente, y el favor o gauchada, por ende, más recordado.

            Los lazos religiosos o de servicios prestados por el criollo crearon paralelamente la figura social del padrino. Este hombre, comprometido de velar por la criatura que apadrinaba, contaba con los medios suficientes para ayudarlo en sus necesidades por su preponderancia económica. Generalmente, era el patrón o el caudillo, figura relevante del  poder político de la región. Muchas veces, el padrinazgo comprendía a muchos chiquillos que pasaban a integrar, finalmente, su peonada o bien su familia extensa.

En constante evolución, la sociedad patriarcal rural presentará una variante en sus relaciones sociales cuando al desplazarse algunos de sus miembros a las aldeas-ciudades que iban adquiriendo importancia, llevaban consigo los compromisos de su padrinazgo. Transponen así estas relaciones originales entre vecinos no sólo el tiempo sino también el espacio  cuando el ahijado era enviado a servir o a estudiar, según los casos particulares a la casa del padrino, pariente o amigo.

Otro rasgo que también prevealecerá en el tiempo y en el espacio es el de la hospitalidad cuando se recibía en el seno familiar a alguien recomendado por un pariente o amigo, quien se hacia responsable del enviado. Como consecuencia, estas relaciones se realimentaban al  tener la ocasión de retribuirlas con otros favores por haber recibido a la persona enviada.

            Tanto uno como el otro debía más tarde responder ante su padrino o la persona que asumía el papel de tal, por su comportamiento digno. Es decir, que esta nueva figura cumplía con las pautas de conducta de la época, donde la palabra dada, la dignidad y el respeto constituían el escudo protector de las personas y de las familias, porque había alguien más comprometido, que era el garante o sea el que lo recomendaba. De todos modos, mantenían la característica de ser no especulativas, pero  estaban ya signadas  por la gratitud y daban lugar a la retribución del favor.  

 

2.  En el ámbito de la factoría portuaria

A diferencia de lo que ocurría en el ámbito rural, en las costas del río de Solís, más tarde río de la Plata, se había asentado un grupo de comerciantes de origen portugués y flamenco, que no respondían a su nación de origen, sino que eran contrabandistas que habían establecido una factoría con el sólo propósito de satisfacer sus propias necesidades comerciales.   

En la factoría portuaria, si bien tenía su organización un sentido autocrático, la energía que generaba era centrípeta. No se expandía en beneficio de los vecinos beneméritos de la ciudad-aldea de la Santísima Trinidad fundada por Juan de Garay. Por el contrario, poco a poco las tierras cedidas a estos españoles pasaron, por razones de préstamos hipotecarios no cumplidos o por casamientos con jóvenes españolas, a manos de los portuarios. En posesión de estas tierras, los extranjeros o sus hijos se transformaron en vecinos posibles de la aldea. Lo agravante era que ese inmenso capital estaba en manos de estos portuarios, cuya ideología estaba impregnada por el espíritu de la factoría. Estos hijos, al adoptar el apellido de sus esposas de raíz hispana no podrían ser expulsados por la persecución religiosa al ser de origen judío. Poco a poco, estos nuevos vecinos posibles se fueron apoderando del eje político al comprar las varas del Cabildo y engendraron una distorsión en la orientación de la Gobernación del país en formación, que se acentuará cuando se nombre a Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata a fines del siglo XVIII.

Las primeras décadas del próximo siglo estarán marcadas por la firme voluntad de imponer al país la hegemonía de un poder único, en el campo político y económico, representado  por la  factoría- puerto-ciudad de Buenos Aires.

 

3.  Las nuevas formas de la sociedad del siglo XIX

            El gaucho de vida bucólica durante el siglo XIX se vio arrastrado a las guerras entre los caudillos que estaban en bandos contrarios, defendiendo unos el principio de que nada cambiara en el país, mientras otros deseaban el futuro prometedor del progreso.

Alentados por los de la ‘factoría portuaria’ que sostenían la idea de aprovechar las necesidades de Europa y enriquecerse aún más de lo que ya lo habían hecho desde el siglo XVIII, lucharon para imponerlo finalmente sintetizado en un gobierno autocrático, de fuerza centrípeta, con el solo afán de acumular en la aldea-ciudad todos los beneficios arrebatados a las provincias.

El giro de los acontecimientos económicos relacionados con las  necesidades que el mercado comprador europeo imponía, generó un cambio social. La Cultura del cuero y sus saladeros quedaron pronto superadas por la cría de ganado en campos cercados, y la explotación agrícola a gran escala. Esta última marcó la necesidad de mano de obra de miles de inmigrantes para dichas tareas a las que el gaucho no se adaptaría. Se soñaba con una población rubia y de ojos claros. Entonces, nuestro hombre poco se lo necesitaba para las tareas antiguas. Se lo engrilló y se le obligó a pelear contra los indios, sin armas ni instrucción militar, estigmatizado con el sello de ‘vago y malentretenido’. Así quedaron sus osamentas en los cañadones, en las cuchillas y en los esteros de la vergonzosa guerra contra el Paraguay, para beneficio de las potencias extranjeras.

            El espejismo del progreso había encandilado a la sociedad portuaria que ya dominaba política y económicamente al país y que lo consideraba como su propio feudo. Sólo lo venían como una fuente de riquezas naturales que había que explotarlas para que los extranjeros se llevasen la ansiada materia prima sin elaborar. Los portuarios tenían urgencia para enriquecerse. El hecho de poder gozar de ellas les hizo creer que pertenecían, por su educación europea, a la aristocracia europea, cuyas formas y expresiones imitaban. Con estas perspectivas se inició el nuevo siglo.

 

4.   La sociedad del siglo XX  y la inmigración no calificada.

            Para lograr sus propósitos, la dirigencia política programó la entrada de varios millones de extranjeros. Esta invasión no pudo menos que afectar a ese espíritu de raigambre nacional que ya se venía conformando desde hacía dos siglos. La vida bucólica y patriarcal, heredera de una determinada conducta social sufrirá este impacto.

Los inmigrantes traían consigo la desesperación de los fracasos y la ansiedad de logros nuevos. Llegaban y eran unos desconocidos y, a su vez, desconocían todo respecto al país adonde llegaban ignorando el idioma, las costumbres, etc.

Se originaron dos tipos de inmigración, una volátil llamada ‘golondrina’ y otra compuesta por hombres que por su voluntad u obligados por las circunstancias, decidieron quedarse y formar su hogar en la Argentina. El inmigrante golondrina, terminada la temporada de la esquila de lanares

o la recolección de granos, volvía a su país de origen, llevándose el dinero para gastarlo allá. El que

se quedaba, imposibilitado de ubicarse en los campos que le habían prometido las autoridades, se refugiaban en los suburbios de los pueblos y de las ciudades desilusionados y amargados.

            Como antaño, los inmigrantes sin mujeres dejaron en las criollas sus semillas, y sus hijos fueron agregados a la masa de población desconocida. Eran los nuevos habitantes de los suburbios de las ciudades, medio europeos, medio argentinos, rebeldes ante su destino, debían defender su persona y afianzarse como tal basándose no en el orgullo de su apellido, sino en la peligrosa soberbia de creerse lo que no era. Muchas veces delinquió, otras veces se hizo  ‘cafishio’ y se beneficiaba con la prostitución en auge. Los políticos usaron a estos guapos o matones para sus comicios, no siempre transparentes en un esfuerzo por parecer un país democrático.

Con un país convulsionado social y políticamente, el choque de la cultura argentina que se venía gestando de siglos atrás con la diversidad étnica europea que inundó los puertos, las ciudades y las aldeas, no hizo más que acentuar su estado de crisis social.

Muchas provincias quedaron relegadas y vegetaron en un sueño colonial, sin haber ingresado socialmente al mundo que le traía el inmigrante europeo, manteniéndose al margen de esa promesa de progreso.

            Las nuevas exigencias económicas transformaron a algunas poblaciones en ciudades, haciendo las relaciones sociales más complejas. Los puertos y los centros urbanos tuvieron mayor presencia en la vida de los argentinos de este nuevo siglo XX.

            Los gobernantes de turno, impregnados del espíritu de la factoría, siempre deslumbrados por Europa no les importó el atraso en que se iba sumiendo todo el resto del país, quedando paralizado su desarrollo en el siglo anterior. Sólo tuvieron la capacidad en imitar la idea de progreso en la construcción de palacetes, en sus lujos y en sus vicios, dando la espalda a la industrialización.

 4.1. Cambios en las relaciones sociales por la influencia de los inmigrantes.

            El poblador criollo debió enfrentar figuras legales nuevas para él, tales como la tierra era de quien tuviese un documento, y su sorpresa de que ese nuevo dueño podría ser  un gringo, cuando la tierra siempre fue del señor feudal o del caudillo y por la que él podía transitar  sin mayores problemas. Los campos se vieron cercados de alambrados y los habitantes los criollos  fueron cediendo las tierras a los que presentaban sus papeles de posesión.

La relación patrón- peonada  se hacía a la distancia, y todo quedaba en manos de un capataz o mayordomo. Es que la figura del patrón-gaucho también se había diluido. La familia del dueño residía en la ciudad, europeizados por las ideas que pululaban o porque estudiaban en Europa.

            El paisaje había cambiado, el criollo no podía cruzarlo a su antojo y  alcanzar el horizonte con un sólo galope. Había perdido todo, hasta la libertad de ser él mismo. No sólo el paisaje, sino que el país, las relaciones y la gente no era la misma. El criollo era un desconocido en su propio país. Todo lo había aventado el huracán del progreso a la europea, y le había creado un extrañamiento, una nostalgia y una tristeza por todo lo que había perdido. Decidieron muchos refugiarse en el ámbito rural más a fin con su espíritu, o en poblados pequeños y lejano de los centros urbanos demasiado ruidosos, donde la mezcla de idiomas y dialectos de todo tipo habían quebrado la armonía de su espíritu. Otros ‘se arrimaron a la ciudad’.

4.2.  Consecuencias de la inserción del inmigrante en la sociedad

El extranjero en constituyó una mano de obra golondrina tuvo dos consecuencias, una en el campo económico y otra en el campo social. Estos hombres trabajaban durante las cosechas y regresaban a su país a gastar allá lo que había ganado aquí. Esto significó un trasvasamiento de capital que no se quedaba en el país y, por lo tanto, no ingresaba como elemento motor de intercambio que mueve toda economía que no fuera financiera.

            En lo social, este tipo de población transitoria que por ser tal se relacionaba con mujeres en forma esporádica o por lo menos no permanente, dejó en su ir y venir madres solteras que debieron hacerse cargo de los hijos, así como el incremento de la prostitución.

Con respecto a las relaciones sociales, dio origen a otras variables entre los individuos, y entre ellos y el significado de la familia. Por carecer de obligaciones asentadas en la permanencia de la amistad, el inmigrante trajo como consecuencia el resquebrajamiento de las firmes estructuras de antaño donde se entretejían las relaciones entre el padrino, el ahijado y hasta el recomendado.

            La inestabilidad emocional del inmigrante que padecía por su aislamiento social dieron como fruto nuevas pautas culturales que obligaron al poblador criollo a  enfrentarse a ellas. A menudo éste se veía reemplazado en su lugar de trabajo por el gringo, es decir el extranjero en general, y creó en el criollo un desprecio por verlo trabajar de sol a sol, sin quejarse, sometido a ese trabajo de agricultor que nuestro paisano en su mayoría, no practicaba. Él era hombre de a caballo, de yerra y de arreos. Su relación con la tierra era distinta. No la  sembraba, sólo tomaba lo que en su superficie había; la transitaba por donde mejor le parecía y vivía donde le convenía, sin preocuparse de papeles para legitimar ese bien inmueble.

El extranjero poseía el concepto de la propiedad de la tierra. Y es por eso que los inmigrantes que se decidieron quedarse, lo harán trabajando fuerte para hacerse dueño de ella.

            El criollo carecía de ambiciones materiales y sus apetencias naturales eran fácilmente satisfechas, nunca se sintió pobre, y sólo más tarde comprendió esa diferenciación tajante entre pobres y ricos,  y le hizo ver su pobreza.

Para salir de la pobreza el criollo necesitaba incentivos como la ambición, el trabajo duro y sin descaso, el ahorro, la acumulación de dinero, la especulación, el afán de lucro, etc. todo lo que nuestro paisano no tenía desarrollado porque su medio no lo exigía. Este nuevo elemento angustiante lo perturbará y entristecerá  porque la valoración del tiempo ya no residía en el presente, sino en el futuro, tal como los extranjeros lo entendían. 

            Éstos a quienes el trabajo o la especulación había premiado con una creciente fortuna se apresuraron a construir mansiones y palacetes en las ciudades, como podemos nosotros, rosarinos, apreciar en nuestro Paseo del Siglo. Pero a quienes el destino le había sido adverso o su capacidad no había sido suficiente para ayudar a ese Destino, le esperaba la miseria y la marginación. De ella se salía trabajosamente y se lograba cuando los hijos, con tremendos sacrificios, obtenían algún título técnico o  profesional que cambiaría su suerte y le aseguraría, a la próxima generación, una vida más digna.

La nueva sociedad exigía  sacrificio, renunciamiento, entrega, ahorro feroz, empuje y ambición a fin de lograr una ubicación en la escala social.

4.3.  Las  relaciones sociales en los extramuros de la sociedad

Los que se llegaron a la ciudad y que por su natural concepción de la vida no poseían esas nuevas pautas culturales, se vieron pronto relegados a los suburbios de la misma. La sociedad urbana los empujaba fuera de ella. Así  se fue quedando arrinconada una población criolla casi paria en su propio país, a los que se agregaron los inmigrantes a quienes la suerte no los había favorecido. Los había extranjeros fracasados, mujeres abandonadas, huérfanos, criollos desorientados, que conformaron esa población heterogénea donde la miseria y el olvido eran su elemento unitivo.

            La prostitución y el delito en todas las formas posibles eran los medios de vida de esta población marginada,  mezclada con gente de vida sencilla pero honesta que soportaba con resignación esta vecindad. Era común los duelos entre los malevos de distintos barrios que en el manejo de la daga mostraban su coraje y su habilidad, y les daba una manera de ser alguien de renombre. Se los conoció bajo otras denominaciones, según sus actividades, tales como compadrito, cafishio, milonguero, malevo, pesado, matón, guapo, etc. Surgían los criollos orilleros.

           

5.   Nuevas conductas  en las relaciones sociales.

En este caldero social  es donde se gestarán las conductas y las reglas que las regirán durante el siglo XX, tanto en el conglomerado urbano, suburbano y campestre.

            Habían surgido capas sociales intermedias a principios del siglo, gracias a la incipiente y tímida industrialización del país, que luego se acentuó cuando se vio forzado a hacerlo como consecuencia de la ausencia de productos de la industria europea provocada por la 1ra.Guerra Mundial. Estas nuevas fuentes de trabajo atrajeron a las ciudades mano de obra obrera en general. Muchos inmigrantes se fueron ubicando en forma precaria en los barrios, dentro de los límites de la ciudad y fuera de ellos. Las consecuencias de esta tendencia, acentuada durante la 2da. Guerra, hizo que muchos habitantes que venían de las provincias  también pasaran a ser población en los suburbios de las ciudades. Esta población heterogénea que se fue acrecentando con el correr de los años, especialmente después de 1945 y marcará una nueva forma en las relaciones sociales.

            En 1943 un golpe de timón en los destinos del país lo puso bajo un régimen militar de tendencia nacionalista y después de 1945 se imprimió un fuerte apoyo a la industrialización, al incremento de la  educación técnica, a la preparación de obreros argentinos especializados, dando un

fuerte impulso a una clase social que se venía perfilando en las ciudades, la clase media. A ella tenderán incorporarse la población más marginada, a través del trabajo o de otras formas de adquirir bienes. Sin embargo, todo este proceso social tuvo sus inconvenientes, tanto para el inmigrante como para  el provinciano, ya que debían soportar ciertas limitaciones hasta ser aceptados por la ciudad.

5.1. La sensación de ‘extranjeritud’ en nuestros criollos.         

El hombre pueblerino o el inmigrante eran reconocidos en su aldea, en su lugar de trabajo, es decir, que tenían un espacio y una nominación en su medio social. Al llegar a la ciudad, uno como otro, se transformó de inmediato en un desconocido, en alguien perdido en la multitud, sin saber bien qué lugar ocupar. Ajeno a los otros que lo rodeaban se sintió angustiado. Así lo denominó el escritor Scalabrini Ortiz: “El hombre que está solo y espera”.

Es un ser anónimo, que deambula por las calles, cargado con sus preocupaciones y en retraído silencio. ¿Hacia dónde va, perdido entre una multitud de rostros desconocidos?. ¿Mira hacia el futuro o hacia el pasado?.

De la convivencia en los suburbios y en los extramuros sociales, dentro de la variante social que se gestaba, surgirá un tipo de  individuo que podía ser un criollo, un extranjero o su hijo o nieto. Necesita relacionarse de alguna  forma con la sociedad que generalmente se desarrolla más allá de las vías del ferrocarril o cruzando el arroyo. Tiene una sensación de extrañamiento y de vacío en su propio país. Sigue siendo un desconocido, sin padrino, y no puede ser recomendado por nadie porque a nadie conoce que salga de garantía de su persona.

            Esa sensación de extrañamiento a que está sometido, le brindará una pequeña compensación: ‘Como nadie lo conoce, saborea la sensación de impunidad.

Pero tiene firmes deseos de salir de su estancamiento, de ser alguien, de tener un rol protagónico, aunque no sea más que ser parte de... y busca de acercarse a grupos humanos donde la ausencia de un ‘apellido que le dé brillo social’ poco importa. Así  va a poder realizar acciones como mano anónima por orden de un tercero. Esto no le crea un compromiso con la sociedad pero sí un vínculo con la persona que le encarga el trabajo. Si bien el servicio se puede pagar, también puede quedar él a disposición para otra acción o recibir una recompensa prometida.

            Esta nueva pauta en la estructura de las relaciones  sociales, que denominaremos amiguismo,  incidirá profundamente en las relaciones de los argentinos, convirtiéndose luego en clientelismo político, que se asemeja mucho a las mesnadas hispanas.

 

6.  El amiguismo y sus componentes.

Está representado por una persona que, por su posición social, económica o política no está en condiciones de exponerse, ya sea por seguridad, por falta de tiempo o por carecer de una determinada habilidad para realizar tal o cual tarea, así sea el simple hecho de pegar o pintar carteles de propaganda política. El otro componente es alguien que está dispuesto a hacer lo que se le ordene, carece de cierta dignidad, pero es ambicioso.

            Esta sociedad no tiene como base un compromiso escrito, une a personas en forma circunstancial y que, según su efectividad en la ejecución de la tarea, puede prolongarse en el tiempo. Se pagará  por el servicio de la manera acordada por las partes, como ser dinero, un empleo, una ubicación política de privilegio, el relacionarlo con otros intereses, etc.

            Como consecuencia del amiguismo se crea situaciones espúreas que, sin lugar a dudas enturbian el normal desarrollo de las relaciones, especialmente en el campo político, que es donde especularan con esta situación en forma más notoria.

6.1. Características del amiguismo

Con respecto a la retribución, se pueden dar dos situaciones: con pago inmediato, lo que genera la llamada cometa o coima, o con pago pendiente, el que se acordará con el individuo en cuestión, como puede ser el ubicarlo en algún puesto público o cierto privilegio en los negocios emprendidos por gente relacionadas con el poder de turno, y que variará según las situaciones.

a)      Con pago inmediato – Esta forma de compensar al actor de una acción determinada, desde el punto de vista ético es la acción de comprar la voluntad de otro por medio de un premio o regalo, para lograr un fin propio.  Si bien en principio beneficia económicamente al destinatario, en realidad lo perjudica al estar atentando contra su dignidad, y que lo debilitará haciéndolo más dependiente, ya que no será capaz de hacer nada si no recibe un premio.

b)  Con pago pendiente - A diferencia de la persona recomendada por el padrino, la incidencia del amiguismo produce otra figura social a la que hemos denominado: el privilegiado.              

            Este personaje, muy común en nuestras oficinas públicas y a veces se filtra también en oficinas de empresas privadas, donde el compromiso también se paga con un puesto, no siempre responde a las exigencias del lugar que se le ha asignado. Es privilegiado porque no debe rendir examen de ingreso, ni tampoco se le exige que cumpla con los requisitos que se requiere a cualquier otro empleado, como por  ejemplo venir a trabajar todos los días. La figura conocida de ñoquis es una de sus consecuencias. El fastidio y el resentimiento que crea entre sus compañeros son otras de dichas consecuencias más importantes para el funcionamiento de una oficina o sociedad.

6.2. Consecuencias del amiguismo.

Quien recomienda a alguien en pago de una acción, no le interesa las condiciones éticas del personaje en cuestión ni si está calificado para el puesto que le obsequia. Esto indica cómo la dedocracia se ejercita en forma irresponsable, generando así a un privilegiado, que no debe responder a nadie por su conducta futura.

Se da lugar al individuo menos convincente, ya que acepta algo que no se supo ganar, sino por un resquicio no muy claro, que no habla de una conducta muy prometedora.

Se deja postergado al que verdaderamente debería recibir un  estímulo por mérito propio por su capacidad puesta a prueba o por su deber cumplido.

Estos ejemplos los encontramos en el abultado aparato estatal que tanto  cuesta al pueblo que debe sostener con su esfuerzo a estos ineptos.

6.3. Características del privilegiado

            Quien tranquilamente acepta esta dádiva, sin haber puesto en evidencia sus conocimientos o habilidades técnicas, no perderá oportunidad en lograr beneficios. Al no tener un elemento de contención como en el caso del padrinazgo, aprovechará cualquier ocasión para asociarse a cuanta ‘trenza’ o ‘transa’ se le presente. Impunidad, oportunismo y ambición van tomados de la mano.

El privilegiado es ambicioso pero débil para lograr por mérito propio lo que ambiciona.

Sus orígenes se podrían observar quizá en los hogares donde los padres premian a sus hijos por sus estudios u otros logros, cuando en realidad son responsabilidades a asumir frente a la familia y a la sociedad.

 

7.  Evolución de las relaciones de la gauchada al  padrinazgo y de éste al amiguismo.

 

Gauchada

Padrinazgo

Amiguismo

Amistad:  ocasional, realizado por razones de solidaridad sin esperar ninguna otra satisfacción que la de haberla hecho.

Es más permanente y comprometida frente al padrino. Puede ser un ahijado o un recomendado.

Es un acuerdo entre personas conocidas o no. Es de palabra y no es escrito.

Tiempo:  lineal, no especulativo

Es circular al retribuirse por a-  mistad con otro favor.

Puede ser circular, aunque no

existe un compromiso formal.

Factor :   la casualidad

El parentesco o la amistad

El mutuo interés.

Lazos :    espontáneos, casuales.

Crea lazos de gratitud y se estimula con otras muestras de amistad.

Casuales o duraderos, pero sin lazos basados en los afectos.

Retribución:   no se espera, será cuando la ocasión se presente.

Es recíproca y se desea retribuirla con otra acción.

La que se haya acordado en el pacto de la palabra dada, ya que no existe compromiso escrito.

 

 (*)Este trabajo es una parte de un ensayo que abarca las relaciones políticas, económicas y sociales, expuestas con mayor amplitud, y publicado parcialmente en ‘Cristiano Rosacruz (Nº40/41), y esta temática referida en artículos aparecidos en distintos medios de comunicació