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EL PASE DEL PSICOANALISIS EN ARGENTINA

 

SANDRA ROCHEL

sandrarochel@yahoo.com.ar

 

La intención de este trabajo es recordar a dos figuras, que en el campo de la psicología, mas específicamente del psicoanálisis, nos llevaron a recordar que la obra de Freud  y su arribo a la Argentina significaba mucho más que una simple moda intelectual de la época, como se había convertido en un tiempo, y que ser  psicoanalista en Europa, de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, era mucho más que respetar un ritual del consultorio con fines lucrativos. Para esto he decidido empezar con una breve introducción de lo que fue el psicoanálisis en sus comienzos, cómo llegó a la Argentina, para poder dar paso al objetivo final que es resaltar los grandes aportes de Enrique Pichon Riviére y  Oscar Masotta, dos personajes realmente importantes dentro de la historia intelectual de este país.

 

Hablar de la historia del psicoanálisis en Argentina nos remite casi automáticamente a la historia de la A.P.A. Pero, si bien, la asociación psicoanálitica argentina fue la primera institución que reconoció y dio a luz importantes figuras de este movimiento, su creación representó en aquel entonces, el resultado de la llegada de diferentes ideas, algunas de tipo  político que habían conmovido a la sociedad argentina de años anteriores.  La idea para empezar, es mostrar algunas cosas que en aquellos años atrajeron el interés de varios intelectuales (además de Pichon Riviére y Masotta) que se destacaron realizando fundamentales aportes, en el campo de la psiquiatría, psicología, investigación social y otras disciplinas, que impulsaron muchas de las grandes ideas del Pensamiento Argentino.

 

Muchas veces me pregunté por qué pareciera que aún hoy en día, Argentina es el único país en latinoamérica, en donde los movimientos psicoanalíticos permanecen más vivos.  No quiero decir que en los otros países no se hable más de Freud, o de Lacan, sino que la influencia de esta corriente teórica sigue arrastrando mas seguidores aquí que en otros lugares.  Para esto, sería interesante darle una mirada a las circunstancias que posibilitaron el arribo y germinación del psicoanálisis, teniendo en cuenta la crítica y los diferentes puntos de vista que provienen de varios investigadores.[1]

 

Entre quienes antecedieron a la A.P.A., es decir,  los que a comienzos del siglo XX fueron seducidos por la obra de Freud, podemos encontrar a José Ingenieros.  Este médico psiquiatra, realizó estudios en Europa para especializarse.  En 1904 publicó su libro “Los accidentes histéricos y las sugestiones”, basado en Charcot y Janet, quienes fueron los primeros en estudiar las enfermedades histéricas.  En ese libro, Ingenieros, retomaba algunos apotes de Freud y Breuer, este último fue la gran motivación del Freud de Estudios sobre la Histeria. “ Ingenieros propuso por primera vez abrir consultorios externos e instituciones públicas para el tratamiento hospitalario de neurastenias, histerias y otras enfermedades mentales que no requerían internación.  Decía que el hospital público servía para la práctica y enseñanza.”[2]

 

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En 1914 regresó a Argentina y, cinco años después, empezó a venderse su libro sobre la histeria, reeditado varias veces.  Luego se alejó un poco de la psicoterapia, para comenzar a

preocuparse sobre las demencias como fenómeno social, empezó a dedicarse a los estudios sociológicos y a indagar la identidad nacional.  A todo esto, en ese entonces muchos intelectuales argentinos iban y venían de Europa, sobre todo París, y entre ellos iba creciendo el interés por el inconciente y los fenómenos oníricos.

 

Al mismo tiempo, en Europa, la psicología experimental, al igual que el psicoanálisis, empezaba a mostrarse como una nueva disciplina, a la que también se le iban sumando seguidores. “Cuando Wundt en Alemania, abre el primer laboratorio de psicología experimental, y Charcot en Francia, inaugura sus investigaciones sobre el hipnotismo en las histéricas.  En la misma época, poco más o menos, M. Ribot, funda la Revue Philosophique, y da un vivo impulso a los estudios de la psicología experimental en Francia”.[3] En aquel momento la influencia del pesamiento francés sobre la cultura, la educación y la política en Argentina, hace que la inclinación de la Psicología sea la observación clínica, aquí estaríamos hablando de 1902, cuando Horacio Piñero en su clase inaugural del Curso de Psicología, en la Escuela de Psicología de Buenos Aires, enseñaba que “la observación clínica y la investigación experimental dan a la psicología su preciada autonomía.”[4]

 

En uno de sus libros publicados, Piñero comenta cómo la psicología experimental, tal cual como la proponía el propio Wundt, no tuvo mucha repercusión sobre la Psicología en Argentina en aquella época, más bien fue mejor recibida en América del Norte, mientras que aquí, la psicología experimental tuvo una fuerte influencia de la psicopatología francesa, dando como resultado una psicología experimental y clínica.  Con esto, no podemos afirmar que la causa de que, posteriormente, se desencadenara un fuerte movimiento psicoanalítico fuera el desarrollo de este tipo de psicología, pero sí podríamos afirmar que lo que le preocupaba a la psicología experimental y clínica, o sea el problema de la clínica psicopatológica y del sujeto enfermo, luego aparecerá como tema privilegiado por el psicoanálisis. Cuando la obra de Freud empieza a ingresar a Argentina, se inscribe en un campo de investigaciones que ya los médicos estudiosos de la psicología, venían planteándose años atrás.   Es decir; que la reticencia del psicoanálisis es un fenómeno posterior, que se afianza cuando  la práctica del psicoanálisis presupone el análisis didáctico. 

 

Entonces, antes de 1942 (cuando se creó la A.P.A.) después de una cierta resistencia política e ideológica hacia el psicoanálisis, su aceptación en Argentina fue parte de un reafirmamiento de aquello que los estudiosos de la psicología venían trabajando en base a la influencia de la escuela de psicopatología francesa.  Es así, como queda el terreno

 

SANDRA ROCHEL

 

 

 

abonado para su futura cosecha, que no fue más que el prolongamiento de la atención a los problemas, que desde los tiempos de Horacio Piñero ya eran enteramente familiares.

 

 

 

 

La Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.):[5]

 

La APA fue fundada el 15 de diciembre de 1942 por:

 

-Angel Garma, psiquiatra con formación psicoanalítica en Berlín. En el año 39 al poco tiempo de abrir su consultorio, tomó en análisis a Pichón Riviére y Arnaldo Rascovsky.

 

-Celes Cárcamo. También estudió en Europa (París) y volvió a la Argentina en el 39.

 

-Marie Langer, nacida en Viena, donde estudió Medicina, tuvo que emigrar de Europa a América (militante comunista).  Llegó a Buenos Aires en el 42.

 

-Guillermo Ferrari Hardoy, otorrinolaringólogo, trabajó con Rascovsky en el hospital de niños y participa de las reuniones que hacían en casa de Rascovsky.  En el 45 viajó a EE.UU y no regresó.

 

-Enrique Pichon Riviére.  Trabajó en el Asilo de Torres. (o Colonia Montes de Oca), en donde descubrió que los locos eran marginados y que allí no había un “tratamiento metódico” con ellos. Empezó a trabajar el concepto de conducta, y a dar la idea de que el Sujeto “interioriza el paisaje”, la cual complejizará después con la noción de mundo interno que adoptará del pensamiento psicoanalítico.[6]  Pichon Riviére siempre mantuvo una relación ambigua con la APA; que con el tiempo, el entusiasmo de los primeros años (sus trabajos con la locura, etc.) fue disminuyendo hasta alejarse completamente.  Veamos como fue la historia de Pichon Riviére con esta institución y el psicoanálisis, y hasta qué punto influyó para su separación definitiva de la APA y el surgimiento de otros planteamientos que causaron revuelo en la sociedad psicoanalítica de la época.

 

 

En un principio, sobre todo durante los diez primeros años, la estructura de la APA tendió hacia la horizontalidad, no hubo controles externos.  Promovía un estilo de psicoanálisis terapéutico y didáctico, la enseñanza, las supervisiones, eran coherentes con los de la

 

 

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I.P.A[7], seguían la esencia, aunque no siempre se ajustó a sus reglas.  Luego de esto la APA empezó a recibir visitas de analistas europeos, principalmente kleinianos; como por ejemplo, Hanna Segal, quienes con sus ideas y fundamentaciones hicieron que la APA se transformara en una institución de enseñanza y práctica rígida.  La rigidez de las técnicas:

sesiones de 50 minutos tiempo reloj, 4 dias por semana, análisis de 10 años, terapeuta de traje gris con consultorio de paredes blancas, etc.  Esto logró que profesionales serios y éticos como Pichón Riviére se alejaran poco a poco de la asociación.  A raíz de estos desencuentros con el psicoanálisis ortodoxo, es como Pichon Riviére en 1960 funda la Primera Escuela Privada de Psiquiatría Dinámica.  En 1966, a pesar de que el área de estudios sobre psicosis, en el marco de esa institución, llevaba el nombre de Pichon Riviére (que aún hoy en día lo lleva), fue expulsado de la presidencia argumentándose que ya no daba seminarios, ni iba a los eventos y además no pagaba.  La pregunta aquí sería, ¿cómo no lo nombraron Miembro Honorario, siendo que durante varios años de trabajo y estudio Pichon Riviére fue uno de los personajes más destacados en el núcleo de la comunidad científica de la época?

 

Vemos aquí, hasta qué nivel de rigidez y verticalidad llegó la institución pionera por excelencia del psicoanálisis en Argentina.  La ceguera intelectual de sus miembros, mezclada con preocupaciones sobre poderes, llevó a los psicoanalistas de la institución a lanzar argumentaciones tales como que Pichon Riviére “llegó a una punta extrema de teorización psicoanalítica previa al movimiento que lo va a llevar más y más a la Psicología Social”.  En este lapso de tiempo; o sea,  a finales de los ’50 y principios de los ’60, los pos-kleinianos llegaban a estas tierras, e iban haciendo interpretaciones (varias fuertemente criticadas) de la teoría de Klein, a su vez que marginaban más y más Pichon Riviére.  Este; paradógicamente, se encontraba en su momento más kleiniano.  Sus aportes sobre la técnica analítica, eran una reivindicación del proceso en espiral (Klein).  Pichon Riviére les recuerda a los psicoanalistas de la época la importancia de la dimensión histórica implicada en el proceso interpretativo, que gracias a los trabajos de los pos-kleinianos se fue desdibujando.

 

 

Baranguer, W. (1979),[8] comenta que “la lectura de Freud por Pichon Riviére y de Melanie Klein –me parece más fecunda que muchas lecturas actuales de uno y otra, y más abierta para que nuevos investigadores agarren la antorcha.-”  Y le reconoce a Pichon dos méritos fundamentales.

Poner en primer lugar la dialéctica específica del procedimiento analítico en la temporalidad, la vigencia de la dimensión histórica del sujeto, no teniendo miedo de ir más allá de la propia Melanie Klein que no llegó a demarcar claramente su diferencia.”  Aquí lo que Baranguer le reconoce a Pichon Riviére, es su aporte para la dirección de la cura,

 

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señalando que la llamada posición depresiva (Klein), no debe ser tomada como “la brújula que designa la dirección del análisis, sino que lo incluye como uno de sus momentos.”[9]

Otro mérito que se le reconoce es el llamado “punto de emergencia”, también lo hace ir más allá de la teoría de Klein, propone una nueva forma de abordar el tema de la locura.  Para Klein el punto de urgencia es la interpretación para que pueda continuar el análisis, mientras que para Pichon, la urgencia está en la propia emergencia de la locura.

 

Estos aportes son significativos para las nuevas prácticas análiticas que empezaron a surgir en los ’60, en donde el psicoanálisis casi distorsionado del modelo freudiano había llegado a imponerse a través de la institución, pero que gracias a una figura como Pichon Riviére, empezaron a cuestionarse estas formas rígidas de abordaje y a plantearse nuevas formas de intervención en el campo de las enfermedades mentales, que revolucionaron a la comunidad científica de la época.

 

Ya en ese entonces, se empezaban a vislumbrar nuevos fenómenos sociales y políticos, que comenzaron a conmover tanto a los intelectuales como a la sociedad en general.  En aquella época la APA, para muchos era considerada una institución poderosa y prestigiosa, que detentaba el monopolio del psicoanálisis, que hacía parte de una clase media acomodada, y que con repecto a los fenómenos sociales, el psicoanálisis no tenía nada qué decir.  Al mismo tiempo, las nuevas generaciones de psicólogos casi con el título en la mano, se dieron cuenta de la estafa que representaba ir a la Facultad. Gracias a las buenas intenciones de un docente que pretendía que sus alumnos reflexionaran sobre su posición ética, y se separaran del Otro que les decía qué decir, qué pensar, qué hacer.  Este docente que le ocasionaba angustia a sus estudiantes, no conocía a Masotta, pero éste ya encarnaba perfectamente la utopía que anhelaba transmitirle a sus alumnos.[10]

 

 

En 1956, con 26 años y mientras muchos de sus pares van a la Universidad, Oscar Masotta escibe un ensayo publicado en la revista Contorno[11]: “Sur o el antiperonismo colonialista”, en el que proponía los nuevos criterios para una pedagogía que se salía de los estatutos de la educación clásica, esta misma crítica hacia la educación era la que en ese momento aquel docente de buenas intenciones trataría de transmitir a sus estudiantes.  Poco a poco, Masotta se iba incorporando a la prestigiosa esfera intelectual, dando a sus escritos un punto de vista crítico con respecto al psicoanálisis; no dejando de lado el pensamiento político, el cual va a hacer parte de sus ideas durante toda su vida. En un reportaje realizado a Jacques-Allain Miller[12], reconoce que su pensamiento político (maoísmo) fue una "posición dogmática de fe en la voluntad de rebeldía de lo que se concebía como pueblo". Luego, sostiene que como dicha posición no se verificó quedó abandonada en el tiempo”.  Independientemente

 

 

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del lugar desde donde se hizo esta afirmación, nos sirve para darnos cuenta hasta dónde, aspectos significativos del pensamiento de Masotta se han echado al olvido.

 

A fines del 60 fallece su padre y empieza su propio análisis personal.  Al darse cuenta que su analista también se dejaba contaminar por las falencias teóricas, que afectaban a la mayoría de los psicoanalistas de aquel momento, decide abandonar el análisis. Pichon Riviére, que ya lo conocía, lo recibe en su casa, le alcanza los seminarios autografiados de Lacan, y luego le da un espacio en su Escuela para hablar de Jacques Lacan. En 1964, Masotta lee, en el Instituto de Psiquiatria Social, su comunicación sobre Lacan y el

Inconsciente en los fundamentos de la filosofía.  Ya en este tiempo, en la Facultad empezaron a egresar los primeros grupos de psicólogos, que venían descubriendo el fracaso de la enseñanza tradicional.  Es así como Masotta se convierte en el héroe de los excluídos, y a partir de este momento nacen los famosos grupos de estudio, que en un comienzo eran coordinados por Oscar en los intersticios de la APA y de la Universidad.[13]

 

Poco a poco fue aumentando el número de grupos de estudio, y con el tiempo, dentro de la misma APA, se produjeron divisiones. A todo esto, Oscar Masotta empezaba a trabajar en los Cuadernos de Sigmund Freud, siempre tratando de entender de qué manera el psicoanálisis podría convertirse en una manera diferente de hacer la política.  La introducción del psicoanálisis francés en Agentina y su continua labor de transmitirlo, le dá a Oscar Masotta un reconocimeinto especial debido al carácter novedoso y revolucionario de su emprendimiento, ya que “por primera vez la APA no lidera el movimiento de introducción de una posición teórica que se impone masivamente, sino que este viene a ser liderado en Buenos Aires por Oscar Masotta, un filósofo ajeno a la APA y a la carrera de psicología.”[14].

 

Si bien después de Oscar Masotta y la Escuela Freudiana de Buenos Aires, el psicoanálisis en la Argentina sigue dando a luz nuevas figuras; es importante que reanimemos la historia y rescatemos las ideas de estos dos personajes, que con su espíritu de entrega y su constante lucha por la libertad de pensamiento y expresión, lograron trascender la hegemonía de un saber que culminaba en una producción estéril.  Las obras de Enrique Pichon Riviére y de Oscar Masotta, apuntaron a desarticular ese discurso hegemónico, atacando las estructuras profundas que son aquellas que sostienen la ideología.[15]

 

Si hoy podemos seguir luchando por esas libertades, oriéntandonos por el camino que trazaron los que comprendieron ese derecho, para poder recuperar el sentido de una misión crítica que nos permita romper con las ataduras que deforman el conocimiento, podríamos empezar a tener un gesto ético en un momento en el que el vicio del profesionalismo comienza nuevamente a rondarnos.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BECERRA, Héctor. El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10

 

FABRIS, Fernando.   Pichon Riviére a comienzos de los años ’30.  Revista Acheronta. N° 10. 

 

GILIO, María Ester.  Yo soy el periodista de Lacan.  Página 12,  11/11/1999

 

GREGO, B. Y KAUMANN, I.  El rol del psicólogo.  Citado por Héctor Becerra en El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10. 

 

 

KLAPPENBACH, Hugo.  Revista Gaceta Psicológica, N° 90.  Los orígenes del picoanálisis en la Argentina y la psicología experimental y clínica de principios de siglo.  Buenos Aires, 1990. 

 

LOPEZ, Rosa.   El estilo y la transmisión del psicoanálisis.  Pichon Riviére, su relación con el psicoanálisis.  Revista Acheronta. N° 13. 2001

 

PUIG, Inés Josefina.  Historia del psicoanálisis en la Argentina. Revista Dinámica.  Año 3, vol. 2.  N° 1. Buenos Aires, 1997

 

 

 

 

 

FUENTE:

 

www.acheronta.com



[1] PUIG, Inés Josefina.  (1997).Historia del psicoanálisis en la Argentina. Revista Dinámica.  Año 3, vol. 2.  N° 1.  Abril 1997.

[2] Idem.

[3] BINET, 1894, pág. 17.  Citado por KLAPPENBACH, Hugo, en la revista Gaceta Psicológica, Los orígenes del picoanálisis en la Argentina y la psicología experimental y clínica de principios de siglo.  Julio 1990, N° 90.  Pág. 36.

[4] Idem.

[5] LOPEZ, Rosa. (2001) El estilo y la transmisión del psicoanálisis.  Pichon Riviére, su relación con el psicoanálisis.  Revista Acheronta. N° 13, julio 2001.  www.acheronta.com

[6] FABRIS, Fernando.  (1999). Pichon Riviére a comienzos de los años ’30.  Revista Acheronta. N° 10.  www.acheronta.com

[7] Asociación Internacional de Psicoanálisis, fundada por Sigmund Freud.

[8] Citado por López Rosa.  (2001) El estilo y la transmisión del psicoanálisis.  Pichon Riviére, su relación con el psicoanálisis.  Revista Acheronta. N° 13, julio 2001.  www.acheronta.com

 

[9] Idem.

[10] BECERRA, Héctor. (1999). El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10.  www.acheronta.com

[11] Revista dirigida por David e Ismael Viñas, que durante esos años se enfrentó ideológicamnete a la revista Sur, de Victoria Ocampo.

[12] Reportaje realizado por María Ester Gilio, titulado Yo soy el periodista de Lacan.  Página 12,  11/11/1999.

[13] BECERRA, Héctor. (1999). El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10.  www.acheronta.com

[14] GREGO, B. Y KAUMANN, I. (1973). El rol del psicólogo.  Citado por Héctor Becerra en El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10.  www.acheronta.com

[15] BECERRA, Héctor. (1999). El pase de Oscar Masotta.  Revista Acheronta. N° 10.  www.acheronta.com