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Civilización y barbarie: Las problemáticas del Facundo

 

Este trabajo propone como punto de partida intentar enhebrar la relación entre el estilo político, el proceso cultural y la expresión histórico social que se encuadran en la dicotomía civilización y barbarie expresada por Sarmiento, por ser una de las coordenadas explicativas del proyecto de Nación que se impone en la batalla de Caseros, punto nodal de nuestra historia.

Para esta tarea nos planteamos realizar una revisión de las problemáticas que Sarmiento plantea en “El Facundo”, para intentar comprender porqué la influencia de su pensamiento perdura en la historia de las ideas argentinas.

Sarmiento, para su principal obra, elige relatar la vida de un caudillo de provincia, como exponente de las problemáticas de un período de nuestra historia. Ahora bien, para entender las características de la obra sarmientina, partimos de la idea de que el devenir de la historia argentina  trazado por conflictos, guerras y antagonismos, impide que los hechos puedan ser relatados con objetividad.

El devenir de la historia no puede ser analizado como un objeto exterior a nosotros. La historia es parte constitutiva de nuestra subjetividad; de nuestra existencia. Es así que Sarmiento, formando parte de la elite ilustrada de la época, trata de dar respuesta a las inquietudes de un sector de la sociedad que ha sido desplazado del poder por Rosas; aquellos que se sienten identificados con la civilización y el progreso de la sociedad; y es por ello que su pensamiento constituye una de las expresiones histórico-sociales más influyentes de aquellos que fueron apartados del poder.

En este sentido, es válido rescatar también que, más allá de quienes detentan el poder, del refinamiento de las interpretaciones, de la descalificación de vastas culturas, de los triunfos y derrotas, de los predominios ideológicos o académicos; los grandes hechos históricos han dado siempre lugar a distintas versiones. Es por ello que nos planteamos una revisión de las problemáticas del “Facundo”, con la intención de acercarnos a las limitaciones y los desafíos contenidos en la obra sarmientina, que forman parte de la construcción de la Nación; y que hasta hoy perduran en algunos enfoques que pretenden comprender nuestra realidad actual. 

Partiendo de estas reflexiones, es fundamental para el análisis que nos proponemos, entender que no existe una única versión de los hechos, ni de la historia. En contraposición a la “historia oficial”, existen pensamientos que permanecen ocultos en el subsuelo de las ideas, negados por dicha historia oficial. Esta aparente contradicción, para Arturo Jauretche, no es más que una determinada política de la historia.

En palabras de Jauretche: “lo que se nos ha presentado como historia es una política de la historia, en que ésta es solo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación”

Desde esta concepción de la historia es que nos proponemos revisar el legado sarmientino, intentando rescatar los pensamientos que fueron marginados por ser críticos del proyecto de Sarmiento y de la historia oficial. Ello nos permitirá aproximarnos a los valores con que fuera fundada la Nación Argentina; y repensarla considerando que la construcción de la Nación es un proceso todavía inacabado.

 

Las problemáticas del Facundo

Al proponernos analizar el pensamiento político de Sarmiento desde una de sus principales obras, como es el “Facundo”; nos planteamos la necesidad de acercarnos a la comprensión de uno de los proyectos políticos que cala mas hondo en la historia de la nación argentina; y por ende a sus problemáticas.

En esta obra de carácter biográfica, el autor narra la vida de Facundo Quiroga, como recurso para expresar desde su exilio en Chile, un sentimiento social y político de una época; pero también para delinear cursos de acción propios de un militante, de un espíritu inquieto. En palabras del propio Sarmiento: “Ensayo y revelación para mí mismo de mis ideas, el Facundo adoleció de los defectos de todo fruto de la inspiración del momento, sin el auxilio de documentos a la mano, y ejecutado no bien era concebido, lejos del teatro de los sucesos y con propósito de acción inmediata y militante”.

 En este sentido, el texto presenta una compleja oscilación pendular entre un libro de combate y una representación literaria de un caudillo de provincias, asesinado en la década anterior, a través del cual el autor trata de dar cuenta, “en clave social” de los problemas y convulsiones políticas que aquejan a los países latinoamericanos. 

La intención de este libro parece ser la de describir las características de la “guerra social” entre Europa y América, entre el progreso y el arcaísmo, es decir, entre civilización y barbarie. Esta  dicotomía expresa y sintetiza una lucha abierta entre dos proyectos sociales.

Esta lucha entre proyectos sociales es manifestada por Sarmiento en la imagen “civilización y barbarie”; imagen espejo donde se refleja, una realidad común Latinoamericana y una idealidad europeizante. Así lo expresa Sarmiento cuando sostiene que: “... de las condiciones de la vida pastoril... nacen graves dificultades para una organización política cualquiera, y muchas más para el triunfo de la civilización europea, de sus instituciones, y de la riqueza y de la libertad... sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia... “.

En un primer análisis, si pensamos en el significado de los conceptos de “civilización y barbarie” por separado, encontramos una oposición franca entre ellos. Pero la intención de Sarmiento es presentar ambos términos como dos conceptos anudados, que van de la mano y se explican a partir de la existencia del otro. En este sentido, siguiendo a Maristella Svampa, civilización, hace referencia a progreso y desarrollo; es un criterio por excelencia, se juzgará en nombre de ella , se debe tomar  partido, adoptar su causa. A su vez, ella funda una condena: todo lo que no es civilización toma la figura de monstruo y de mal absoluto. El anticivilizado, el bárbaro debe ser neutralizado en su nocividad, si no puede ser educado o convertido. En cambio, barbarie es un término acuñado por los griegos para designar al extranjero; es un vocablo a través del cual se califica al Otro, estigmatizado por aquel que se sitúa desde una civilización comprendida como valor legitimante.

La intención de Sarmiento en presentarlos juntos es reconocer la lucha entre dos proyectos, que conviven en esa época, pero que son antagónicos y que no pueden coexistir. Por eso están en lucha, no se los plantea como un intento de integración del uno al otro. Así lo describe el sanjuanino: “En la República Argentina se ven a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo: una naciente, que, sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza, está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; otra que, sin cuidarse de lo que tiene a sus pies, intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea. El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas”.

Sarmiento plantea así una diferenciación geográfica entre ciudad y campaña. Es en la campaña donde él hace hincapié para describir los problemas de la incipiente Nación. Así lo expresa cuando afirma:  “El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes”. Aquí, para Maristella Svampa, se halla la oposición primera, verdadera matriz del antagonismo entre “Civilización y Barbarie”; entre Naturaleza y Cultura. Para ella, la Naturaleza es, a los ojos de Sarmiento, el rasgo que marca la alteridad radical del continente americano con respecto a la Europa civilizada. La barbarie encuentra aquí una primera precisión, pues ella designa el triunfo de la naturaleza sobre la sociedad, la cultura, en fin, sobre el hombre.

El hecho de que la naturaleza, en su extensión, sea el punto de partida del análisis de  Sarmiento, lo lleva a concebir al país como un gran espacio vacío; donde predomina la ausencia del hombre moderno y donde se genera la necesidad de engendrar aquello que se ve ausente.

Esta ausencia se produce cuando Sarmiento narra la existencia del habitante de la campaña como producto de la naturaleza. No encuentra en él las características que hacen al hombre civilizado. El comportamiento del gaucho está templado por la naturaleza; como afirma Feinmann, “... el gaucho es naturaleza y no espíritu”; es materia y no inteligencia. Así, el sanjuanino, descarta la posibilidad de creación del hombre de la campaña; y determina la incapacidad del gaucho para  transformar la realidad en la que se encuentra inmerso: la naturaleza. En palabras del propio Sarmiento; en la campaña “El progreso moral, la cultura de la inteligencia... es aquí, no solo descuidada, sino imposible... la civilización es del todo irrealizable, la barbarie es normal”.

En contraposición a la campaña, Sarmiento considera a la ciudad dentro de lo existente en ese gran vacío, como el único reducto de civilización, y a Buenos Aires, entre ellas por ser la que está en contacto directo con las metrópolis. En palabras del sanjuanino: “Buenos Aires... Ella sola, en la vasta extensión argentina, está en contacto con las naciones europeas; ella sola explota las ventajas del comercio extranjero; ella sola tiene el poder y las rentas. En vano le han pedido las provincias que les deje pasar un poco de civilización, de industria y de población europea; una política estúpida y colonial se hizo sorda a estos clamores. Pero las provincias se vengaron, mandándole a Rosas, mucho y demasiado de la barbarie que a ellas les sobraba”.

En este sentido, Rosas encarna la figura de la barbarie, del mal invadiendo la ciudad, producto de una situación que es necesario revertir. Es la encarnación de una realidad que no es aceptada; que es inversa al modelo de sociedad planteado por los intelectuales de la elite. El problema de este grupo radica en que, pensaron la Nación intentando copiar los modelos extranjeros; pero en estos esquemas no encajaba lo principal: la población existente que mayoritariamente habitaba en la campaña y que conformaba una realidad que debía ser corregida.

No creían capaz al gaucho de vivir en la sociedad que los miembros de la elite soñaban; y para poder conformar un orden social “moderno” que no sea amenazado por la barbarie, había que eliminarla. 

La imposibilidad del progreso social del gaucho está clara en Sarmiento, cuando plantea que: “La vida del campo... ha desenvuelto en el gaucho las facultades físicas, sin ninguna de las de la inteligencia... Sin ninguna instrucción, sin necesitarla tampoco, sin medios de subsistencia como sin necesidades, es feliz en medio de su pobreza y de sus privaciones”. En la campaña “la mano del hombre está por demás; su trabajo su inteligencia, su tiempo, no son necesarios para la conservación y aumento de los medios de vivir. Pero si nada de esto necesita para lo material de la vida, la fuerza que economiza no puede emplearla... fáltale la ciudad, el municipio, la asociación íntima, y, por lo tanto, fáltale la base de todo desarrollo social... en una palabra: no hay res publica”.

Esta carencia, en el autor del Facundo, es resuelta a través de la imitación de modelos de sociedades modernas. La posibilidad de realización de estos modelos en los que está pensando se encuentra directamente relacionada con las ciudades porque, para el sanjuanino, “La ciudad es el centro de la civilización argentina, española; allí están los talleres de las artes, las tiendas del comercio, las escuelas y colegios, los juzgados, todo lo que caracteriza, en fin, a los pueblos cultos. La elegancia en los modales, las comodidades del lujo, los vestidos europeos, el frac y la levita tienen allí su teatro y su lugar conveniente... El hombre de la campaña, lejos de  aspirar a semejarse al de la ciudad, rechaza con desdén su lujo y sus modales corteses, y el vestido del ciudadano, el frac, la capa, la silla, ningún signo europeo puede presentarse en la campaña. Todo lo que hay de civilizado en la ciudad está bloqueado por allí... Todo el grueso de la población está en los campos“.

El inconveniente fundamental de aprovechar las ventajas de la ciudad, es que la barbarie se ha apoderado de ella, y el esquema donde Buenos Aires era el eje unificador que expandiría el progreso al interior está imposibilitado por la presencia de Rosas. “He señalado esta circunstancia de la posición monopolizadora de Buenos Aires para mostrar que hay una organización del suelo tan central y unitaria en aquel país, que aunque Rosas hubiera gritado de buena fe ¡federación o muerte!, habría concluido por el sistema unitario que hoy ha establecido. Nosotros, empero, queríamos la unidad en la civilización y en la libertad, y se nos ha dado en la barbarie y en la esclavitud. Pero otro tiempo vendrá en que las cosas entren en su cauce ordinario. Lo que por ahora interesa conocer es que los progresos de la civilización se acumulan en Buenos Aires sólo; la pampa es un malísimo conductor para llevarla y distribuirla en las provincias y ya veremos lo que de aquí resulta”.

La imagen civilización y barbarie, a partir de los antagonismos que plantea Sarmiento en toda su obra, se convierte así, para Maristella Svampa “en una metáfora a través de la cual, la sociedad presenta sus divisiones bajo la forma de antagonismos inconciliables. Esta imagen se constituye en una suerte de matriz que parece sostener las recreaciones posteriores acerca del tema de la Argentina dividida”. Es necesario entonces, para comprender porqué el sanjuanino encuadra su pensamiento sobre antagonismos, analizar la ideología que respalda el “Facundo”.

 

Colonización mental o “Civilización y Barbarie”

Es interesante determinar que este ensayo, de tanta trascendencia en nuestra historia, estructura sus pilares explicativos en teorías europeas y sobreestima las ideas extranjeras en su capacidad explicativa de la realidad americana, por sobre las reflexiones locales, a las cuales descalifica. Nos referimos a la ideología que se expresa detrás de la dicotomía “Civilización y Barbarie”; que Sarmiento imaginara para esclarecer los problemas de la incipiente nación y utilizara como columna vertebral de su proyecto político.

Esta ideología no es otra que el Iluminismo, que Sarmiento importa de la Europa civilizada para aplicarla a la convulsionada realidad argentina. Para Fermín Chávez esta ideología es “ahistórica”; es decir, “se condena a la historia tanto en su producto actual como en su existencia pasada. El pasado es realidad irracional e injusta. Lo racional debe substituir a lo real en tanto éste es juzgado como producto absurdo de la historia... En el rígido marco del país iluminista la única cultura es la cultura purista. La cultura popular es un producto marginal que no cuenta para la nación”.

En este sentido, Jauretche sostiene que en el pensamiento sarmientino, “lo propio de su país, su realidad, está excluida de su visión. No hay ni la más remota idea de creación sobre esa realidad y en función de la misma... Como la realidad es, para él, la barbarie, la desestima. De ninguna manera intenta adecuar la ideología a ésta: es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a si misma, porque es ‘barbarie’... Si la realidad se opone a la aplicación de la ideología según se transfiere, la inadecuada no es la ideología de transferencia sino la realidad, por ‘bárbara’. ‘Identificar a Europa con la ‘civilización’ y a América con la ‘barbarie’ lleva implícita, necesariamente, la necesidad de negar a América para afirmar a Europa, pues una y otra son términos opuestos’ ”.  

Las ideologías importadas, aplicadas mecánicamente sin ser reelaboradas ante la situación nacional, impiden la reflexión política impulsada por una voluntad nacional autoconsciente; al mismo tiempo que fomentan la colonización mental. En este sentido, Chávez destaca como hecho clave en la cultura de América “la vigencia del europometrismo cultural, cuyo fondo no es otro que la prelación del hombre europeo como medida racional de todas las cosas”. La influencia del Iluminismo en Sarmiento explica porqué reniega de las raíces locales, encontrando en la barbarie la irracionalidad que tiene que ser eliminada para dar paso a la razón, entendida esta como la civilización de la ciudad.

 En este sentido, Sarmiento en el Facundo se plantea que “a la América del Sur en general, y a la República Argentina sobre todo le ha hecho falta un Tocqueville, que premunido del conocimiento de las teorías sociales , como el viajero científico de barómetros, octantes y brújulas, viniera a penetrar en el interior de nuestra vida política... Hubiérase entonces explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a aquella República”. Así, queda demostrada la imposibilidad para Sarmiento de un proceso de autocomprension de la realidad nacional y la necesidad del pensamiento extranjero para resolver los acertijos de la vida política local.

Con referencia a ello, “Jauretche demuele el lema del sanjuanino: ‘civilización o barbarie significa que la idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna, enriqueciendo la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo, para su crecimiento según Europa y no según América. La incomprensión de lo nuestro pre-existente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho anti-cultural, lleva al interminable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro y todo ajeno, importado, por serlo, era civilizado. ‘civilizar’, pues, consistió en desnacionalizar, si Nación y realidad son inseparables”.

Sarmiento, a partir de su enfoque iluminista donde lo real es lo irracional y debe dejar lugar a lo racional, expresa una profunda fascinación por la irracionalidad del caudillaje. Para éste, “un caudillo que encabeza un gran movimiento social, no es mas que el espejo en que se reflejan en dimensiones colosales las creencias, las necesidades, preocupaciones y hábitos de una nación en una época determinada de su historia”.

En el “Facundo” se refleja la influencia del Iluminismo, en un intento por revisar, a través de una biografía, la vida del caudillo Juan Facundo Quiroga con la intención de que; en palabras del propio Sarmiento: “te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgranan a tu pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!”. Buscaba la explicación de por qué la barbarie y la irracionalidad de la campaña se había apoderado de la ciudad y de la nación, encarnada en la figura de Rosas, y por qué había que lograr imponer el criterio de la razón a partir de la europeización de América.

Es así que Sarmiento llega a la conclusión de que la irracionalidad se ha apoderado del país,  ha establecido un orden particular de asociación, que se encarna en la figura de Rosas y que refleja el gran impedimento al progreso de la nación. En este sentido plantea que: “Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y en las revoluciones argentinas, en Rosas, su heredero, su complemento; su alma ha pasado a ese otro molde más acabado , mas perfecto; y lo que en él era solo instinto, iniciación, tendencia, convirtiese en Rosas en sistema, efecto y fin; la naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambiose en esta metamorfosis en arte, sistema y en política regular, capaz de presentarse a la faz del mundo como el modo de ser de un pueblo encarnado en un hombre que ha aspirado a tomar los aires de un genio que domina los acontecimientos, los hombres y las cosas.”

Fermín Chávez, al analizar el pensamiento de Alberdi plantea que ”la imposición del enfoque ‘civilización y barbarie’ para Alberdi imposibilitó la filosofía nacional que reclamaba en 1837, a fin de arribar a la conciencia “de lo que es nuestro y debe quedar, y de lo que es exótico y deba proscribirse”, como paso principal de emancipación y desarrollo. La fórmula iluminista , con su escisión fundamental de la Argentina hirió de muerte el proyecto de nación autoconsciente que fue entrevisto un tiempo por Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría... Europeizar significó, para ellos, liquidar los valores hispánicos de América, para dar paso a los valores e ideales anglosajones, representativos de la encarnación iluminista”.

Para Alberdi, Sarmiento confundía civilización con progreso material. Para éste la noción de civilización no es absoluta, sino que siempre es relativa “Hay una barbarie letrada mil veces más desastrosa para la civilización verdadera , que la de todos los salvajes de la América desierta”. Para Alberdi, Sarmiento invirtiendo el concepto griego de barbarie (que se refiere al extranjero), había declarado como bárbaro a lo americano y vernáculo; y en este sentido le señala que las campañas podían ser civilizadas.

El hecho de que Rosas ocupara el poder por tantos años es incomprensible para Sarmiento, como lo es también el instinto de las masas bárbaras que veía mas claro que la razón ilustrada de los hombres civilizados que pretendían dirigir la revolución, criticando a Rivadavia, en este sentido, por haber permitido que las masas barbaras tomaran el poder encarnados en la figura de Rosas. 

Norberto Galasso afirma que: “El mismo Ricardo Rojas- quien será un sarmientino más- refuta esa fórmula: ‘civilización y barbarie... expresa, pues, un inicio ‘europeo’, puesto que transpira desdén por las cosas americanas y nosotros queremos ver nuestro pasado como hombres de América. Bárbaros, para mí son los ‘extranjeros’ del latino y no pueden serlo quienes obraban con el instinto de la patria, así fuera un instinto ciego. Por eso yo diré en adelante: el ‘exotismo’ y el ‘indianismo’ porque esta antítesis, que designa la puja o el acuerdo entre lo importado y lo raizal, me explica la lucha del indio con el conquistador por la tierra, del criollo con el realista por la libertad, del federal con el unitario por la constitución y hasta del nacionalismo con el cosmopolitismo , por la autonomía espiritual... Esa barbarie tan calumniada por los historiadores, fue el más genuino fruto de nuestro territorio y de nuestro carácter. La montonera no fue sino el ejército de la independencia luchando en el interior y casi todos los caudillos que la capitaneaban habían hecho su aprendizaje en la guerra contra los realistas... ’. Por eso Rojas repudia a quienes quieren ‘el progreso a toda costa’ aceptando para ello que la raza sucumba entregada, en pacifica esclavitud al extranjero y en cambio postula la defensa de la ‘civilización’, pero como cultura propia en desarrollo, enlazada al progreso de la humanidad, es decir, ‘el progreso con un contenido de civilización propia que no se elabora sino en sustancia tradicional' “.

Vimos, con Sarmiento, como la Argentina es un país acostumbrado a pensarse desde la mirada del extranjero, desde teorías importadas. En este sentido, no nos planteamos una hostilidad a lo extranjero, pero sí creemos necesario una revalorización de nuestra propia cultura; una integración donde lo extranjero se acerca a lo nativo generando una síntesis, en la confluencia de ambos en una situación de equilibrio, donde predomina lo nativo. Esto es fundamental cuando nos proponemos refundar la Nación sobre nuevos valores; proceso que, como ya dijimos, sigue aún inconcluso.

 

Bibliografía

CHAVEZ, Fermín. “Historicismo e iluminismo en la cultura argentina”. Ed. Centro Editor de América Latina, Bs. As. 1982.

FEINMANN, José Pablo. “Filosofía y Nación”. Ed. Legasa, Bs. As. 1986.

GALASSO, Norberto. “Imperialismo y pensamiento colonial en Argentina”. Ed. Roberto Vera Editor, Bs. As. 1985. 

SARMIENTO, Domingo Faustino. “Facundo o civilización y barbarie”. Ed. Hyspamerica; Bs. As. 1982.

SVAMPA, Maristella. “El dilema argentino: civilización o barbarie”. Ed. El cielo por asalto; 1994.

 

Agustín Prospitti

agustinprospitti@yahoo.com.ar